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lunes, 23 de octubre de 2017

LA REVOLUCIÓN, UNA NECESIDAD HISTÓRICA Y POSIBLE

La revolución, necesaria y posible 

Carlos Gutiérrez M.


“¡Las revoluciones son la fiesta de los pobres!” (1). No hay duda de que así es. Esos momentos de gran ebullición social, de insurrección popular, de voces a todo cuello que exigen respeto por la dignidad de los siempre negados, momentos donde se pierde el temor que despierta el uniforme policial y militar, y el arma desfundada, cuando la autoestima calienta ánimos y dispone fuerzas, son el único momento en sus vidas en que los más pueden ver satisfechas sus más imperiosas necesidades, así como realizados parte de sus sueños.

Esa fiesta puede durar unos pocos meses, como ocurrió en 1871 en la Comuna de París, o prolongarse por varios años, dependiendo del control efectivo que logren los más del aparato estatal, su principal conquista inmediata, usurpada en todos los casos conocidos hasta hoy por la burocracia de profesión, la misma que termina actuando en provecho propio, y traicionando los intereses de quienes dice depender.

La fiesta puede tomar la forma de carnaval al prolongarse por meses y años, como ocurrió en la Revolución Rusa, en la cual durante sus primeros 10 años los siempre tomados como menos lograron igualdad de derechos entre hombres y mujeres, concreción de ese derecho aún en litigio por doquier de que, entre mujeres y hombres, “a igual trabajo igual salario”; derecho al aborto; licencia laboral paga para todas las mujeres, dos meses previos a dar a luz y dos meses posteriores a la gestación; reconocimiento y despenalización de la homosexualidad y la libertad sexual en general; realización del sueño –a partir de expropiar a sus propietarios– de millones de campesinos de acceder a la tierra y de los obreros de controlar las fábricas a través de los Consejos de obreros, campesinos y soldados (sóviets); control del Estado y todas sus instituciones, de manera directa, por el conjunto social; acceso a la educación de quienes estuvieron por siempre excluidos de esa bella conquista de la humanidad... (ver Halimi, página 40).

Conquistas hechas realidad porque en este alzamiento social millones de seres humanos se dispusieron a la movilización, con todos sus sentidos prestos para realizar sus sueños; millones desplegando imaginación y creatividad sin par, como clara expresión de su identidad con la superación del fardo histórico que sobrellevaban por supuesto ‘designio divino’. Millones dispuestos a dar lo mejor de sí por el beneficio de todos, concretando aquello de que “hay días que condensan años...”.

Revolución, ¿posible?, ¿pertinente?

Para muchos, tal gesta es imposible de repetición en los tiempos que corren; otros contradicen con pasión. En medio del debate, interminable, es evidente que pocos sueños despiertan tanta energía y opiniones dispares como el de revolución, sobre todo luego de cien años de esa inmensa gesta de obreros, campesinos y soldados que llevó a cabo la Revolución de Octubre y lo sucedido finalmente con la misma.

Para unos, para quienes consideran que el sistema capitalista tiene la capacidad de autorreformarse, es innecesaria; para quienes así piensan, es suficiente con las reformas que otorgan cada tanto las clases dominantes –siempre como respuesta y contención a inmensas protestas sociales–, concediéndoles un poco más a los marginados de siempre.

Para otros, es un imposible, pues a través de su fase neoliberal, el capitalismo controla y regula sin medida. El mundo es un todo sometido a los controles militares, redes de espionaje, acuerdos multilaterales con los cuales los Estados-nación han perdido márgenes de soberanía; leyes globales, etcétera, dictadas y supervisadas por el 1 por ciento, esa prepotente minoría que cada día acumula más en sus bancos y tensiona más sus hilos de control en los Estados sometidos al chantaje de sus corporaciones financieras y organismos similares. La caridad para unos, la intervención de ONG para otros, suplirán parte de las necesidades que agobian a los excluidos del sistema. Entonces, ¿para qué una revolución?

Para no pocos, las lecciones negativas dejadas por una burocracia que expropió a su sociedad del poder alcanzado en 1917, con todo el legado de libertades y derechos abrazados, es prueba irrefutable de que el capitalismo es invencible.

Para otros, en cambio, en tanto que la revolución es el más bello de los procesos que puede asumir una sociedad, la misma se constituye en un imperativo ético, moral, político, único camino para construir entre toda la humanidad el sueño de justicia, igualdad, libertad, en que debe vivir y recrearse como especie. Se trata de un imperativo mucho más motivante a partir de rememorar lo alcanzado en pocos años (1917-1928) por esa inmensa gesta de los pobres que, multiplicados por millones, habitaban el país más extenso de la tierra. Derechos conquistados y extendidos a la diversidad de naciones integrantes de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) y que, de igual manera, terminaron abriéndose paso en los años 30 en muchas de las sociedades capitalistas –Europa y Estados Unidos– como aceptación defensiva de sus clases dominantes para contener las demandas de sus pueblos y no permitir que avanzara el “mal ejemplo ruso”.

Los retos del 17, actual

En los cien años transcurridos desde el asalto al Palacio de Invierno por un pueblo que reivindicaba “pan, paz y tierra”, muchos son los cambios ocurridos en las sociedades capitalistas, algunos de los cuales transmiten la sensación de que cada vez es más difícil revolucionar una sociedad, cualquiera que sea. La verdad es que cada generación humana se enfrenta a retos, dilemas y circunstancias que hacen de cada proceso revolucionario un suceso irrepetible.

En estos cien años (1917-2017) el capitalismo desplegó, hasta en sociedades y pueblos habitantes de tierras recónditas, las lógicas y las formas mercantiles, transformando al mundo entero en una aldea y un gran supermercado. En ese despliegue, acelerado por su lógica antropocéntrica, impuso la flecha de un supuesto desarrollo siempre creciente, sin límites, sustentado en una visión única y depredadora de todo lo que habita, una visión única sobre la vida, para hacer posible la cual toda la Tierra quedó sumida y asumida como un objeto/cosa explotable y por consumir. El más voraz individualismo se constituye en una de sus expresiones más manifiestas.

La cabeza de esta visión del mundo, los Estados Unidos, en su carrera por imponer el american dream, concentró en la ciencia y la tecnología, aplicadas a las cosas más sencillas de la vida diaria, una buena parte de sus esfuerzos. El resultado de ‘superioridad’ sobre el socialismo lo materializó en los años 50 en los hogares gringos, al dotarlos de un conjunto de instrumentos (estufa, licuadora, brilladora, nevera, etcétera) que liberan el tiempo de la “ama de casa”, haciendo su vida más llevadera y abriendo por esta senda las condiciones para su incorporación al mundo del trabajo.

A la par, impuso un modelo urbano que atomiza a los pobladores de las ciudades modernas, subsumiéndolos en la rutina casa-trabajo-casa, viviendo “la felicidad” del automóvil, así haya que pasar el resto de la vida cancelando las cuotas de esa ‘felicidad’, como las de la vivienda hipotecada o las del estudio universitario, pues eso es el capitalismo: el reino de los derechos... si tiene con qué pagarlos.

El individualismo más acendrado, y por esta vía la atomización social, son el resultado que cosecha este modelo, haciendo de la revolución una quimera ‘imposible’ de materializar. La imposición de un efectivo control social completa este logro, sin nunca desechar el espionaje y la criminalización de los sectores inconformes, como lo concretó el macarthismo en los años 50, ofensiva violenta llevada a un campo más abierto en los años 60 con el asesinato de los disidentes del sistema.

Pese a todo esto, llegarían el alzamiento obrero, negro, juvenil, femenino, de 1968, que conmocionaría a Europa (Francia, Alemania, Checoslovaquia), Estados Unidos, México; todo un grito de ruptura con ese capitalismo depredador, y toda una demanda de justicia y verdadera democracia. Sus rupturas y enseñanzas para la izquierda serían nodales, al cuestionar el liderazgo hasta ese momento indiscutible de la vanguardia obrera industrial y del partido único, y al denunciar de manera abierta el rampante autoritarismo dominante en la URSS. Desde entonces será reconocida la existencia de diversidad de movimientos y reivindicaciones sociales, otras formas de encarar la cotidianidad y el porvenir, con sujetos novedosos como las mujeres, los jóvenes, viviendistas y pobladores urbanos en general, y de su mano reivindicaciones múltiples, mucho más allá del mundo del trabajo, entre las cuales se destacan la defensa y la protección de la Tierra.

Desde entonces, ganaron espacio preguntas como “¿Es posible lograr un significativo cambio político sin tomar el poder? ¿Existen formas del poder social cuya conquista es más valiosa que el poder ‘político’?”, las cuales tienen respuesta, años después –es claro– en la lucha hoy liderada por el zapatismo, por ejemplo. Y una más: “¿Existe una vía significativa por la cual podamos llegar a la abundancia (o, al menos, a tener lo suficiente) sin el productivismo?” (2), con eco en diversidad de respuestas brindadas por movimientos como los ambientalistas, los animalistas y otros similares, pero también por los pueblos indígenas y otras minorías nacionales ligadas a la tierra.

Una vez silenciado el alzamiento social del 68, en unos casos vía policial y/o militar, encarcelamiento de líderes o similares medidas, y en otros vía cooptación, la pugna entre socialismo realmente existente y capitalismo prosigue por otras rutas; también la necesidad de revolucionar la sociedad. Es una lucha silenciosa que, tras otras dos décadas, tiene como resultado el desplome de la URSS, el repliegue de las ideas socialistas y la imposición a todo galope del neoliberalismo, nueva etapa del capitalismo avasallante.

Como ave fénix, solamente cinco años después, en 1994, el alzamiento zapatista contra el Tratado de Libre Comercio (Tlcan) firmado entre su país, Estados Unidos y Canadá, recuerda que el sueño de una revolución, siempre necesaria, permanece intacto. La reivindicación de la tierra, de la cosmogonía indígena que recuerda que el centro de nuestras vidas descansa en la tierra, así como una visión integradora que armoniza lo material y lo inmaterial, lo físico y lo espiritual, lleva a la reivindicación del derecho a ser y existir de los pueblos más diversos sin someterse al ya mencionado antropocentrismo imperante, el mismo que los Estados Unidos pretenden llevar al extremo en su afán acumulador sin límite, así como homogeneizador de usos y consumos, en que los distintos pueblos que habitan el planeta quedan sometidos a la máquina del capital.

Tras otros pocos años de resistencias y reconstrucción de imaginarios e idearios políticos, en disputa contra un capitalismo que se bate en una crisis sistémica de profundas consecuencias –con expresiones económicas, ambientales, financieras, éticas, políticas, sistema que al mismo tiempo acerca a la humanidad de manera acelerada hacia su autodestrucción, de lo cual dan cuenta el cambio climático y la pérdida de la biodiversidad–, el renacer del ideal revolucionario toma forma de la mano de todos aquellos sectores sociales minoritarios y marginados hasta el alzamiento social de 1968, con lo cual gana espacio una visión plural de la vida.

A la par de estas transformaciones, ahonda sus impactos globales la revolución tecnocientífica en marcha, afectando las más tradicionales formas hasta ahora conocidas en los relacionamientos humanos. Con ella, la producción material, como factor fundamental del mundo del trabajo, da paso al imperio de la especulación y la acumulación financiera, con lo cual la concentración de la riqueza se cierra sobre cada vez menos bolsillos. Asimismo, el crecimiento de las desigualdades sociales, la pérdida de derechos hasta ahora bien valorados, como el de la privacidad, el fortalecimiento del militarismo como último recurso de los millonarios para defender sus privilegios, dan al traste con la democracia liberal, sumiendo a diversidad de Estados en dinámicas cada vez más autoritarias. ¿Contra todo ello, para evitar que se consuma nuestra autodestrucción como especie, existirá un camino diferente del de la revolución?

Es por ello que, en la reivindicación de nuevas formas de producción y de relacionamiento social, asciende como eje articulador la defensa de la vida, constituyéndose a la vez en faro de la acción política, “[...] una política para la vida –y ya no simple y llanamente para el Estado, el gobierno, el poder, el cumplimiento de la ley o el interés de la economía [...]” (3).

Ahora, en tal reto y en tal reivindicación, una concepción biocéntrica (centrada en la Tierra) da paso a imaginar que el universo no es un espacio inerte por ser ocupado sino un todo vivo donde habitar (4). De modo que “[...] la política ya no se definiría de cara a las preocupaciones y las especificidades de los seres humanos sino, mucho mejor, de la vida en general, esto es, de la vida conocida, tanto de la vida tal-y-como-podría-ser-posible”. Si así es, todo ello significa que la política está en el propio centro de una revolución, que está cambiando su sentido de manera radical, sobre todo cuando se la mira con los ojos del pasado (5).

Estamos, de esta manera, en un espacio en el cual se presenta la vida contra la muerte, la que sí garantizan los malos gobiernos al frente de la mayoría de los países, los cuales, por ello mismo, no merecen respeto ni tienen derecho de permanecer. De todo ello, para garantizar la vida, la de las presentes generaciones y la de las venideras, deberán dar cuenta los millones que habitan el planeta, en una concreción de alzamientos nacionales sin par, sin satisfacerse por el triunfo local de los mismos, en una dinámica internacionalista para concretar la idea de una magnífica revolución mundial que, luego de intensa disputa cultural, enterrará por siempre al capitalismo, comprobación plena de que “las revoluciones son la locomotora de la historia” (6). 
________________
1. Lenin, V.I., Obras escogidas, Editorial Progreso, Moscú, 1969, p. 124.
2. Wallerstein, Emmanuel, “1968: revolución en el sistema-mundo. Tesis e interrogantes”. https://es.scribd.com/document/288620942/Wallerstein-1968-Revolucion-en-el-sistema-mundo.
3. Maldonado, Carlos Eduardo, Política + Tiempo = Biopolítica. Complejizar la política, Ediciones Desde Abajo, Bogotá, (en impresión).
4. Escobar, Arturo, Otro posible es posible, Caminando hacia las transiciones desde Abya Yala/Afro/Latino-América, Ediciones Desde Abajo, Bogotá, (en impresión).
5. Maldonado, Carlos Eduardo, op. cit.
6. Lenin, V.I., Obras escogidas, op. cit., p. 124.

Fuentehttps://www.desdeabajo.info/mundo/32686-la-revolucion-necesaria-y-posible.html

LA URSS, EJEMPLO DE CÓMO RESOLVER EL PROBLEMA NACIONAL

POR RO


“No hay término medio: los principios vencen, los principios no se «concilian». Tenemos, pues, el principio de la unión internacional de los obreros como punto indispensable para resolver la cuestión nacional”.

Stalin

Enfrentar y resolver el problema de la opresión nacional rusa en el viejo Estado multinacional de los zares, fue otro de las grandes logros y enseñanzas de la Revolución de Octubre.

La Rusia zarista era una cárcel de pueblos, donde la unión de distintas naciones dentro de un mismo Estado fue impuesta por la fuerza de la opresión nacional, de los privilegios de la nación dominante y de las trabas y cercenamiento de los derechos de las minorías nacionales. La Revolución de febrero de 1917 derribó la dictadura de la autocracia zarista pero no liquidó el poder reaccionario de la burguesía y los terratenientes; estas clases quedaron al mando del Estado. Fue la victoria insurreccional de los obreros, campesinos y soldados en la Revolución Proletaria de Octubre la que derrocó el poder político de la burguesía, destruyó el viejo Estado reaccionario e instauró del poder de los Soviets, el poder del nuevo Estado de Dictadura del Proletariado.

El problema nacional del vasto país de los Soviets, estaba sin resolver y era además sumamente complejo, si se entiende que es el problema de la independencia, la libertad, la autodeterminación, el derecho a conformar un Estado propio de “una comunidad estable, históricamente formada, de idioma, de territorio, de vida económica y de sicología, manifestada en la comunidad de cultura”, pero donde minorías nacionales se habían dispersado por todo el viejo Estado zarista y estaban enclavadas dentro de otras definidas unidades regionales; tal era el caso de los judíos en Polonia, los letones en Lituania, los rusos en el Cáucaso, los polacos en Ucrania…

Teniendo en cuenta que el paso del capitalismo de su fase de libre competencia a la fase superior imperialista, cambió en extensión y profundidad la forma de abordar el problema nacional de la primera fase, donde la burguesía de la nación oprimida al frente de las masas del pueblo se levantaba en movimiento nacional contra la burguesía de la nación opresora, y aunque su interés de clase era suprimir la opresión nacional que la limitaba para competir en el mercado, presentaba tal interés como el interés de todas las clases de la nación oprimida. En la fase imperialista donde la exportación del capital pasó a primar sobre la exportación de mercancías, la misma burguesía se encargó de derribar las fronteras nacionales que antes había construido, y entonces, el viejo problema nacional se fundió con el nuevo problema colonial del imperialismo que dividió al mundo en un puñado de países imperialistas, opresores, explotadores, esclavizadores, y una inmensa mayoría de países oprimidos, explotados y esclavizados en las redes del capital financiero.

Desde entonces, ha existido una aguda lucha de líneas entre la forma burguesa, pequeñoburguesa y chovinista de resolver el problema nacional a la vieja usanza, exasperando el nacionalismo y sin tocar el poder del capital, y la forma proletaria y marxista de resolverlo de acuerdo al principio del internacionalismo que preserva la unión internacional de los obreros y liga la solución a la opresión nacional con la solución de la opresión de clase, esto es con el problema del derrocamiento del poder del capital.

La experiencia soviética fue una demostración palpable de esa lucha y una escuela en la solución internacionalista del problema nacional. Una lucha contra la concepción chovinista que pretendía reducir la cuestión nacional en Rusia al respeto de la autonomía cultural-nacional sin inmiscuirse en el problema del poder del capital, acentuando el deslinde nacional y las particularidades de minorías nacionales que de hecho, en la vida real, ya no estaban agrupadas en una misma nación, y conllevando a la separación del proletariado por nacionalidades.

El poder de los Soviets enfrentó el problema nacional en Rusia desde el punto de vista del internacionalismo proletario, donde para liquidar la opresión nacional no había que separar a los hombres por naciones ni reforzar las barreras nacionales, sino por el contrario, acentuar el deslinde de clases, reforzar la unidad de los obreros de todas las naciones y nacionalidades contra toda la burguesía, reforzar la alianza de los obreros y campesinos contra la alianza de la burguesía y los terratenientes, reforzar la unidad de los pueblos de todas las naciones y nacionalidades contra la intervención de los imperialistas apoyados por las clases contrarrevolucionarias, consolidar la derrota del poder del capital para garantizar la unidad de las naciones sobre una nueva base.

Así, los tres primeros decretos del nuevo Estado de los Soviets fueron sobre la paz (proponiendo a los Estados imperialistas acabar la guerra y firmar la paz sobre la base de igualdad de derechos), sobre la tierra (liquidando la casta de los terratenientes, aboliendo la propiedad privada sobre la tierra y entregando en usufructo 150 millones de hectáreas a los trabajadores) y sobre el poder (todo a manos de los Soviets, a la Republica Soviética) como en efecto ocurrió en todas las ciudades y nacionalidades de Rusia, donde las masas armadas derrocaron el poder de la burguesía y los terratenientes e instauraron el nuevo poder de los Soviets.

La expropiación de los expropiadores aterró a los imperialistas, quienes en alianza con los burgueses y terratenientes expropiados emprendieron una intervención armada contra el Poder Soviético. Los primeros años de la Revolución de Octubre fueron de heroica guerra popular revolucionaria de los obreros y campesinos, mediante la cual derrotaron la intervención imperialista y la guerra civil contrarrevolucionaria.

La derrota del poder del capital o lo que es lo mismo, la consolidación de la Dictadura del Proletariado, posibilitó que en diciembre de 1922 el primer Congreso de los Soviets de toda Rusia, fundara la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) sobre la base de su libre voluntad, con derechos iguales y conservando cada una de ellas la facultad de abandonar libremente la Unión Soviética. Un Estado Soviético formado por la unión socialista fraternal y voluntaria de todas las nacionalidades, en el cual inicialmente se unieron la República Federativa Soviética de Rusia, la República Soviética Socialista de Ucrania, la República Soviética Socialista de Bielorusia, las Repúblicas Soviéticas Socialistas de Transcaucacia (Azerbaidzhán, Georgia y Armenia), y más tarde se unieron las Repúblicas Soviéticas Federales de Ubekistán, Turkmenia y Tadzhikistán.

El poder de los Soviets, el poder de la Dictadura del Proletariado, la hermandad de los obreros y la unión de los pueblos de todas las nacionalidades y naciones soviéticas, la alianza entre los obreros y campesinos, fueron las bases para la fundación de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas que iniciaron de lleno la construcción del socialismo en 1925 con una economía que se conservaba en el grado de desarrollo de 1914 al ser devastada por la primera guerra mundial y por la guerra civil contrarrevolucionaria, pero que en pocos años avanzó aceleradamente superando el desarrollo económico de los países capitalistas atascados en la gran depresión de 1929.

El poderoso Estado de Dictadura del Proletariado en la URSS no solo mostró las bondades de la unidad y colaboración nacionales para un portentoso avance en la construcción del Socialismo, sino que también mostró la fuerza para defender el país de los Soviets ante la embestida nazi y decidir el fin de la segunda guerra mundial imperialista derrotando a la bestia hitleriana.

Lo que no pudieron lograr las fuerzas reaccionarias del capital desde el exterior, fue urdido desde el interior de la URSS, en el Estado y en el Partido, donde la nueva burguesía del socialismo con ropaje comunista, logró socavar la Dictadura del Proletariado y restaurar el capitalismo y la dictadura de la burguesía.

La Revolución de Octubre mostró en la práctica de la URSS que en la fase imperialista, en los Estados multinacionales, sólo el Socialismo y la Dictadura del Proletariado pueden proporcionar la base material para la igualdad nacional, la plena libertad de separación o de unión de las naciones y la libertad de las naciones a existir como Estados independientes. Esta verdad fue corroborada de forma inversa: cuando se restauró el capitalismo y el poder de la burguesía, se restauró también la opresión nacional, la división nacional de la clase obrera, los odios y guerras nacionales entre los pueblos de la antigua Unión Soviética. Al final, la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas fue destrozada y sus conquistas socialistas fueron convertidas en botín de las nuevas burguesías nacionales, pero tal derrota no puede negar el gran logro de la Revolución de Octubre de unir en la construcción del socialismo a 170 millones de personas de 50 diferentes nacionalidades de 11 repúblicas soviéticas, enseñando en la práctica el camino para resolver el problema nacional en esta época del capitalismo imperialista.

Fuente: http://www.revolucionobrera.com/efemerides/la-urss-ejemplo-de-como-resolver-el-problema-nacional/

REFUTACIONES DE LAS MENTIRAS MÁS GRANDES SOBRE EL COMUNISMO. REFUTACIÓN #1

Poner las cosas en claro sobre el comunismo y la revolución socialista

REFUTACIONES DE LAS MENTIRAS MÁS GRANDES SOBRE EL COMUNISMO


La idea de una “naturaleza humana que no cambia” es completamente errónea, y la idea de que la gente es egoísta por naturaleza es solamente otra tautología. Como Marx y Engels señalaron en el Manifiesto Comunista, eso solo equivale a decir que, con la dominación del modo de producción burgués, el modo de pensar y las formas de actuar dominantes estarán en conformidad con los dictados del modo de producción burgués. Como el Manifiesto también expresa, las ideas dominantes de cualquier época no han sido nunca más que las ideas de la clase dominante — y se propagan estas ideas y tienen gran influencia, no solo al interior de la misma clase dominante, sino también en otros sectores de la población, entre ellos la clase (o clases) más explotadas y oprimidas por la clase dominante. Sin embargo, como ya se ha indicado, de una época a otra de la historia humana y también dentro de los límites de la época del dominio capitalista, en los auges de la lucha de masas, las personas experimentan grandes cambios en su modo de pensar y de relacionarse entre sí. En un sentido básico, esto es, y solo puede ser, temporal y parcial, mientras no haya una revolución triunfante y un cambio cualitativo y radical en la sociedad en su conjunto. No obstante, especialmente en circunstancias de grandes levantamientos sociales y luchas contra el orden establecido, las personas experimentan grandes cambios en su modo de pensar y de relacionarse entre sí. Si no fuera así, las revoluciones nunca serían posibles y no se cambiarían nunca las relaciones sociales como resultado de la acción consciente del pueblo. Pero, al repasar la historia de los seres humanos y sus sociedades, esto ha ocurrido con frecuencia —han sucedido repetidamente cambios radicales en la sociedad en su conjunto— y esto ocurrirá de nuevo, de una manera mucho más grande y radical, con la revolución comunista.

Bob Avakian, Lo BAsico 3:36

Un sistema económico socialista, porque está organizado en torno a las necesidades sociales, en contraposición a las ganancias privadas, fomenta, refuerza y posibilita nuevas formas colectivas y cooperativas en que las personas pueden interactuar. En la imagen, las comunas populares organizaron un comedor colectivo en China, 1959. 

MENTIRA #1: La naturaleza humana socava e invalida los objetivos del comunismo, por nobles que sean sus principios, o por sinceras que sean las intenciones de sus defensores.

Esta es probablemente la “evidencia” más popular y más aceptada contra el comunismo. Pero carece completamente de ciencia y le sirve únicamente al estatus quo. Bob Avakian (BA) ha destacado la observación de Marx de que toda la historia humana no ha sido sino la constante transformación de la “naturaleza humana”. Las sociedades cambian, y la manera de pensar de la gente cambia. Cambian las nociones imperantes de lo que es “naturaleza humana” — tal como la proyecta e inculca la superestructura (o sea, las instituciones, la cultura, los valores, las ideas, etc.) de cualquier sociedad dada.

La gente, la sociedad y la conciencia cambian

Lo que hace que los seres humanos sean únicos de entre todas las especies sobre este planeta es lo que se conoce como nuestra “plasticidad”. En lugar de nacer “programados” y de únicamente tener la capacidad de seguir los mismos patrones de comportamiento una y otra vez, los seres humanos nacen con un enorme potencial de cambiarse y adaptarse constantemente a nuevas circunstancias y de aprender cosas nuevas a lo largo de su vida, especialmente al cambiar esas circunstancias y al interactuar con otras personas. BA señala que los seres humanos tienen “la capacidad de responder de una variedad de maneras a las cosas, y la capacidad de cambiar la manera en que ven y responden a las cosas, cuando cambian su situación y cambian a sí mismos en relación dialéctica con esto”.

La cooperación ha sido absolutamente necesaria para el desarrollo de la sociedad humana. Por ejemplo, en las sociedades primitivas de cazadores y recolectores, antes de que surgieran las clases, los seres humanos no podían existir ni un día sin la cooperación para resguardarse de los peligros de la naturaleza, de los animales salvajes a los peligros del clima y el hábitat, etc. Y eso es cierto para la mayor parte de la historia de la humanidad. Los seres humanos no pueden sobrevivir sin ciertas formas de cooperación. Por ejemplo, los bebés humanos requieren la ayuda y cuidados de otros seres humanos. No se puede operar una guardería o un jardín de infantes sin formas de cooperación. Las sociedades modernas no podrían sobrevivir sin redes complejas de producción entrelazada que requieren que las personas de hecho trabajen juntas en todo el mundo. Así que las personas son plenamente capaces de cooperar y de organizar sociedades en torno a dicha cooperación. Pero en la actualidad, toda esta cooperación existe dentro del marco de la propiedad privada y la lucha competitiva en el sistema del capitalismo-imperialismo.

El capitalismo y la lógica de “cuidarse del número uno”

El capitalismo está organizado en torno a la propiedad privada y la competencia y la acumulación privada de riqueza. No siempre ha sido así — pero lo es en esta época (o sea, en este período de la historia), y esta realidad de la economía capitalista penetra todo aspecto de la existencia humana — las relaciones sociales, las instituciones y los valores.

Debido a que este sistema está organizado en torno a la acumulación competitiva de la riqueza basada en la explotación y la opresión, mide y compensa de acuerdo a unas normas que fomentan esa explotación. Así que constantemente promueve y refuerza los valores de la competencia, la codicia, el individualismo y el “cuidarse del número uno”, hasta que parezcan “naturales”.

Tome un momento y piense en qué tan ridícula que lo es esta lógica. En realidad, los seres humanos son capaces de una amplia gama y diversidad de comportamientos, como violar, asesinar y cometer genocidio… pero también la compasión, el sacrificio por el bien de todos y el altruismo (o sea, ayudar de manera abnegada a otros aun cuando haya riesgos personales). Así, se dice, el socialismo va contra la “naturaleza humana”. Pero ¿por qué tener leyes y reglamentación en contra del homicidio y la violación en la sociedad capitalista? ¿No sería eso legislación en contra de la “naturaleza humana”?

Y, está la realidad de la producción socializada, el hecho de que la humanidad del mundo depende más que nunca de los esfuerzos objetivamente entrelazados de millones de seres humanos. Todos los productos; los servicios; la infraestructura; la ciencia, la medicina y la tecnología del mundo de hoy dependen de la cooperación. Todo esto se destaca en especial en tiempos de desastres naturales como durante los terremotos y los huracanes. La noción del “individuo que lo logra todo solito” nunca ha sido más absurda y a la vez más ampliamente abrazada que hoy.

Cómo la revolución de China cambió radicalmente la “naturaleza humana” hacia lo mejor

Para que esto quede más concreto: podemos ver en China una especie de “laboratorio socio-histórico” de cómo se puede cambiar la “naturaleza humana” hacia lo mejor... pero también cómo puede dar marcha atrás hacia lo peor.

En 1949, la revolución china llegó al poder. Mao Zedong dirigió a millones de personas a ponerse de pie y a poner fin a siglos de explotación, pobreza agobiante y desesperanza. En el campo, los campesinos vivían bajo el dominio de terratenientes crueles. Durante las hambrunas y los años difíciles, para pagar sus deudas muchos tuvieron que comer las hojas y la corteza de los árboles y hasta vender a sus hijos. En las ciudades, también hubo una terrible lucha para sobrevivir: las personas a duras penas y desesperadas buscaban ganarse el sustento y estaban enfrentadas las unas a las otras en una sociedad que en una minoría explotadora controlaba los recursos.

La revolución socialista de China de 1949 cambió todo eso. Posibilitó el desarrollo de una economía para servir a las necesidades de la gente. Usó los recursos en beneficio de la sociedad y del avance de la revolución mundial. Las nuevas instituciones sociales y la cultura revolucionaria promovieron la cooperación y el trabajo por la mejora de la humanidad. La gente juzgaba su vida y evaluaba las acciones de otros según la orientación de “servir al pueblo”. No es que fue perfecta ni que no tuvo problemas. Pero un nuevo etos echó raíces. Las personas cambiaron… y se estaban cambiando a sí mismas.

Pero en 1976 unas nuevas fuerzas capitalistas montaron una contrarrevolución y llegaron al poder. Restauraron las viejas relaciones económicas del capitalismo de comer o ser comido. Fomentaron la consigna “enriquecerse es glorioso”. Así es la China de hoy. La gente compite por trabajos, vivienda y los demás… con el señuelo de “salir adelante”. La gente, y los valores imperantes, han cambiado otra vez… de regreso al gastado y trillado “yo en contra de ti” y “cada quien en lo suyo”. Pero no se debe a que alguna “naturaleza humana” inalterable volvió a establecerse, sino a que ¡la sociedad ha vuelto al capitalismo!

Un sistema económico socialista, porque está organizado en torno a las necesidades sociales, en contraposición a las ganancias privadas, fomenta, refuerza y posibilita nuevas formas colectivas y cooperativas en que las personas pueden interactuar. Y la sociedad socialista promueve los valores de la cooperación y maximiza la capacidad de la gente de contribuir a una sociedad liberadora y a la emancipación de la humanidad. Una sociedad socialista puede desarrollar el potencial de la producción social por la creación de una sociedad libre de explotación y escasez.
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Fuentes
De los discursos, entrevistas y escritos de Bob Avakian:
* The Problem, the Solution, and the Challenges Before Us (El problema, la solución y los retos ante nosotros). En inglés. Verano de 2017.
* LO QUE LA HUMANIDAD NECESITA: La revolución, y la nueva síntesis del comunismo, Una entrevista a Bob Avakian. 2012 (vea las páginas 12-13, 70 y 72-73 de la versión en línea en revcom.us)
* Habla BA: ¡REVOLUCIÓN, Y NADA MENOS! (en inglés). Primer disco: “¿Por cuánto tiempo continuará esta pesadilla de opresión y brutalidad? Primer capítulo. Ni ningún dios, ni ninguna ‘naturaleza humana que no cambia’, ni ninguna conspiración… UN ENFOQUE CIENTÍFICO PARA CONOCER LA REALIDAD”. Otoño de 2012.
* Los pájaros no pueden dar a luz cocodrilos, pero la humanidad puede volar más allá del horizonte, Primera parte: “Revolución y el estado”. El capítulo sobre: “La noción de la ‘naturaleza humana’ — como un reflejo de la sociedad capitalista”. Noviembre de 2010.
* Revolución y comunismo: Fundamento y orientación estratégicos. Primera parte. “Hacer la revolución y emancipar a la humanidad: Cambios en la sociedad, cambios en la ‘naturaleza humana’”. 1º de mayo de 2008 (vea las páginas 15-16).
* Revolución: por qué es necesaria, por qué es posible, qué es. El capítulo sobre “¿El problema no es la ‘naturaleza humana’?”. 2003.

Otras fuentes esenciales:
* La ciencia de la evolución y el mito del creacionismo: Saber qué es real y por qué importa, de Ardea Skybreak, 2006 (vea las páginas 161-170 de la edición en español).
* CIENCIA Y REVOLUCIÓN: Sobre la importancia de la ciencia y la aplicación de la ciencia a la sociedad, la nueva síntesis del comunismo y la dirección de Bob Avakian, Una entrevista a Ardea Skybreak. 2015 (vea las páginas 103-104 del pdf en revcom.us).

Fuente: http://revcom.us/a/513/refutaciones-de-las-mentiras-mas-grandes-sobre-el-comunismo-numero-1-es.html

EE. UU ACENTÚA POLÍTICA NEOCOLONIAL EN AMPERICA LATINA PARA CONTROLAR RECURSOS, PERSONAS Y OPERACIONES MILITARES

Más tropas de EEUU en A. Latina: señales de una invasión anunciada

Martín Pastor

Un nuevo ejercicio militar en la amazonia da luz sobre el resurgimiento de la presencia estadounidense en Latinoamérica.

El ejército estadounidense acentuará su presencia militar en la Amazonia latinoamericana. Bajo la iniciativa Amazon Log 2017 del gobierno golpista de Michel Temer en Brasil, la Operación ‘América Unida’ juntará a los ejércitos de Estados Unidos, Brasil, Perú y Colombia del 6 al 13 de noviembre del 2017 en la ciudad tri-fronteriza de Tabatinga. Este ejercicio es una señal de un sustancial incremento de militarización extranjera en la región.

La iniciativa es liderada por el Comando de Logística del Ejército Brasileño y está inspirada en el ejercicio logístico militar realizado por la Organización del Tratado Atlántico del Norte (OTAN) en Hungría en 2015, que tuvo un despliegue de aproximadamente 1700 militares. Para esta versión latinoamericana, los objetivos, según la página oficial del Ejército Brasileño, son crear una base logística multinacional temporal para realizar operaciones de control de migración ilegal, asistencia humanitaria, operaciones de paz, acciones contra narcotráfico y cuidados ambientales.

Sin embargo, como lo señaló el diario brasileño Gauchazh, enseñar a un ejército extranjero a combatir en territorio nacional debería ser considerado “alta traición”. Aunque para el Ministerio de Defensa brasileño esto no es traición sino una oportunidad que permitirá unir a los ejércitos de ambos países.

El problema de este ejercicio es la magnitud y apertura que se ha dado a los Estados Unidos en ingresar a la selva latinoamericana. Por lo que uno de los riesgos es que la base ‘temporal’ se convierta en permanente como sucedió en Hungría, tras los ejercicios de la OTAN. Aunque las autoridades brasileñas lo niegan.

Este interés de los Estados Unidos en la región debe ser medido con la historia del imperio del norte. El altruismo, cuidado a la naturaleza o lucha contra el narcotráfico estandartes para su presencia en la región hacen eco a inserciones en otras partes del mundo, especialmente Medio Oriente, y la realidad es que ahí estos no son ni fueron sus objetivos. Detrás de toda acción militar norteamericana siempre se encuentra el fin de apoderarse de recursos para lograr sus intereses nacionales.

En el caso de América Latina, la abundancia de recursos naturales da razón a la presencia norteamericana. Según el Banco Mundial, la región cumple un rol global en la problemática del cambio climático ya que posee “las reservas de agua dulce más grandes del mundo”.

Una noticia ‘agridulce’ para los latinoamericanos ya que para varios analistas, inclusive el ex candidato presidencial demócrata Bernie Sanders, “las guerras del futuro serán por el agua”. Entre los diez países con mayores reservas se encuentran Brasil (1ro), Colombia (6to) y Perú (8vo), coincidentemente los tres involucrados en la Operación ‘América Unida’.

En la Oficina de Evaluación Neta (Office of Net Assesment) del Departamento de Defensa cuyo objetivo es analizar el futuro del ejército y sus amenazas. Andrew Marshall, ex director (1973-20015) comisionó en 2004 un reporte confidencial a Peter Schwartz, consejero de la CIA y ex Director de Planificación del grupo Royal Dutch/Shell; y Doug Randall, del Global Business Network.

En las conclusiones finales, los autores argumentan que el cambio climático y la escasez de agua son una amenaza a la seguridad nacional de Estados Unidos y razones para futuras conflictos militares. Trece años más tarde de dicho reporte, Estados Unidos se prepara para asentar una base más en orilla del Amazonas.

Pero el agua no es el único interés de este país en la región. Telma Luzzani, periodista argentina, explica en su libro ‘Territorios Vigilados’, que “en el Amazonas se encuentra el 95% de las reservas de niobio, fundamental para el acero de las naves espaciales y de los misiles intercontinentales, y el 96% de las reservas de titanio y tungsteno, utilizados en la industria aeronáutica espacial y militar, además de ser rica en petróleo, gas, uranio, oro y diamantes”.

Es por esto que el próximo ejercicio militar es solo una pieza más dentro de un patrón creciente de militarización y amenazas regionales. Solo en lo que va del 2017 se han realizado otros dos ejercicios militares en el Pacífico y el Caribe: Teamwork South con Chile y Tradewinds frente a las costas de Venezuela con 18 países y más de 2500 militares.

La libertad de estas acciones militares demuestra un resurgimiento de la presencia estadounidense en la región, la cual se había reducido durante los distintos mandados de gobernantes progresistas neodesarrollistas en la América Latina. Aunque el asentamiento de bases en América Latina y el Caribe ha pasado por diferentes etapas desde la posguerra es a finales del siglo XX que toma su rumbo actual.

En 1999, como parte del acuerdo Torrijos-Carter, la base militar Howard en Panamá que albergaba al Comando del Sur, rama del ejército encargada en operaciones para la región, se desmanteló. Esto llevó al que Departamento de Defensa de Estados Unidos replantee su estrategia de defensa y política exterior. Bajo el estandarte del Plan Colombia, la ‘Guerra contra la Droga’ y operaciones humanitarias, se aplicó dos modelos de bases militares en Latinoamérica.

La primera, Main Operating Base (MOB), una base militar con infraestructura y acuerdos aprobados por los gobiernos: Guantamo en Cuba, Soto Cano en Honduras y varias en Puerto Rico. A pesar de que estas siguen activas, el modelo fue desechado por que genera rechazo por parte de los habitantes nacionales y un costo elevado en infraestructura y logística.

Es por esto que se aplicó un segundo modelo llamado Foward Operating Locations (FOL) o Bases de Operaciones de Avanzada, que se caracterizan por mantener poco personal militar pero la capacidad de “escalar” su presencia si fuera necesario. Las cuatro reconocidas y oficiales en la región, iniciaron sus actividades en 1999 y son: Aruba, Curazao, El Salvador, y Manta (que no renovó el contrato en 2009).

Como lo explica Robert Kaplan, ex asesor del Pentágono (2009-2011), “a menudo, el papel clave en la gestión de un FOL es desempeñado por un contratista privado. Él alquila las instalaciones en la base del ejército del país anfitrión, y luego cobra una tarifa a los pilotos de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos que transitan por la base. Oficialmente es un negocio privado, lo que le gusta al país anfitrión porque puede afirmar que no está realmente trabajando con el ejército estadounidense. Por supuesto, nadie, incluidos los medios locales, cree esto. Pero el mismo hecho de que una relación con las fuerzas armadas de los Estados Unidos sea indirecta en lugar de directa facilita las tensiones”.

Pero el nombre nuevo tampoco convenció a los locales, quienes comenzaron a sospechar y rechazar estas intervenciones en territorio. Por lo que la denominación FOL cambió a Cooperative Security Location (CLS), Puesto de Seguridad Cooperativa. Sin embargo, son lo mismo y en la región las bases siguen aumentando.

En la actualidad y ante la falta de cifras oficiales se conocen 75 bases aproximadamente, algunas son MOBs, FOL/CLS, y otras llevan nombres como Centro de Operaciones de Emergencia Regional (COER) en el caso peruano. Los países que encabezan la lista Panamá (12), Puerto Rico (12), Colombia (9) y Perú (8).



Bases militares de EE.UU. y la OTAN en Latinoamérica y el Caribe

A su vez, Colombia suscribió un acuerdo de cooperación en 2016 con la OTAN para el intercambio de información, estrategias y protocolos del ejército colombiano con los miembros de esta organización, entre los que se encuentra los Estados Unidos. Mauricio Macri, presidente argentino, anunció que volverá a permitir la instalación de bases militares permanentes en Argentina, una en la triple frontera con Paraguay y Brasil y otra en Tierra del Fuego en Ushuaia. En Brasil, el gobierno de Temer incrementó un 36% al presupuesto militar, meses después de aprobarse el PEC 55 que congeló el presupuesto de salud y educación pública durante 20 años.

Estas acciones legitiman la presencia militar extranjera una vez a niveles gubernamentales. Además con estos nuevos enfoques en Defensa, se afianzará las alianzas militares con Estados Unidos, algo que abrirá la puerta para una nueva fase de adoctrinamiento en las fuerzas armadas latinoamericanas, donde Brasil cumple un rol crítico.

Según Héctor Luis Saint Pierre, coordinador de Seguridad Internacional, Defensa y Estrategia de la Asociación Brasileña de Relaciones Internacionales, "hay un respeto en Sudamérica por la escuela militar brasileña. Entonces, Brasil es un socio estratégico para la formación doctrinaria de los militares del continente. Si Estados Unidos tiene buena relación con la armada brasileña, es más fácil difundir su mensaje entre los militares de la región”.

Un escalofriante recuerdo que remonta al funcionamiento de la Escuela de las Américas, institución de adoctrinamiento militar e ideológico de los Estados Unidos, encargada de formar a escuadrones de tortura y muerte en toda Latinoamérica durante los años 70, 80 y 90. Volver a modelos de defensa de corte colonial solo representa un retroceso y peligro para el proceso de integración regional y la paz.

Inclusive iniciativas como el Consejo de Defensa Suramericano (CDS), creado por UNASUR en 2008 para encargarse en implementar políticas en materia de cooperación militar, acciones humanitarias y operaciones de paz, industria y tecnología de la defensa; será observador oficial de la Operación América Unida. “De ese modo, se legitiman los espacios en los que participa el Pentágono y se diluyen los espacios propios de la región sudamericana”, comenta Raúl Zibechi, periodista uruguayo.

Con la presencia estadounidense socavando las soberanías nacionales, apoyados por el retorno de líderes de ‘derecha’ y la deslegitimación sistémica de los proyectos progresistas de la región, la idea de Latinoamérica unida sin imposiciones imperialistas se convierte nuevamente en un sueño. De forma alarmante la región se sigue llenando de bases estratégicas de los Estados Unidos para controlar recursos, personas y operaciones militares, y entonces ¿si eso no es colonialismo qué es?

Fuentehttp://www.hispantv.com/noticias/opinion/357196/america-latina-base-militar-invasion-amazonia

domingo, 22 de octubre de 2017

ESTADOS UNIDOS, CRONOLOGÍA DE DOS SIGLOS DE INVASIONES Y CRÍMENES DE GUERRA

CRONOLOGÍA DE DOS SIGLOS DE INVASIONES Y CRÍMENES DE GUERRA 

Las intervenciones de Estados Unidos, ayer y hoy

Antonio Gershenson

El gobierno de Estados Unidos está impulsando intervenciones en diferentes países y continentes. Esto tiene mucha historia, y vamos a analizar solamente algunos casos importantes.

Las intervenciones pasadas fueron múltiples, y sólo mencionamos ejemplos. En México se dieron la de Veracruz en 1914, la que persiguió a Pancho Villa inútilmente, en 1916-1917. Y entre las anteriores, estuvieron las guerras de 1846 a 1848 en las que arrebató casi la mitad de su territorio a México, desde Texas hasta California.

Ya después de la Segunda Guerra Mundial, intervinó con la primera guerra de Corea, invadiendo Corea del Norte y, casi llegando a la frontera con China, que había logrado el fruto de la revolución y la independencia un año antes del principio de esa guerra. China movilizó su ejército, causó importantes bajas a los soldados estadunidenses, y los empujó hasta el Paralelo 38, frontera anterior a la guerra entre las dos Coreas.

Ahora busca una nueva guerra de Corea, incluso con entrenamiento militar conjunto con Corea del Sur.

Fue la primera derrota después de la Segunda Guerra Mundial. La mayor posterior a ésta fue la de la guerra de Vietnam. De 1959 a 1975, esta guerra causó muchos muertos a los vietnamitas, pero éstos lograron su unidad y su independencia, y los soldados estadunidenses que sobrevivieron huyeron con muchos heridos y fue el principio de una serie de derrotas de su presencia en Asia. Indonesia, Filipinas, Irán, Qatar y Turquía se han estado independizando de Estados Unidos.

Veremos el caso de Irán, que hasta 1935 fue conocido en Occidente como Persia, aunque hoy este nombre sigue siendo válido y aceptado junto con el actual. Limita con Pakistán y Afganistán por el este; Turkmenistán por el noreste; el mar Caspio por el norte; Azerbaiyán y Armenia por el noroeste; Turquía e Irak por el oeste y, finalmente, con la costa del golfo Pérsico y el golfo de Omán por el sur.


Es el decimoctavo país más extenso del mundo con un millón 648 mil 195 kilómetros cuadrados, Irán tiene una población de casi 80 millones de personas. La capital es Teherán, además de ser el centro político, industrial, comercial y cultural del país. Este país es una potencia regional al que sus grandes reservas de hidrocarburos (cuarta reserva de petróleo y primeras de gas a escala mundial) confieren una situación de potencia energética reconocida y le reportan desde hace décadas una sustancial renta petrolera.

Irán es miembro fundador de Naciones Unidas, Movimiento de Países No Alineados, Organización para la Cooperación Islámica y la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP). Su sistema político está basado en la Constitución de la República Islámica de 1979, que regula las relaciones entre los distintos órganos de gobierno. La máxima autoridad estatal es el Líder Supremo de Irán, aunque la dirección cotidiana de la administración corre a cargo del presidente Hasán Rouhaní, desde 2013. La lengua oficial del país es el persa.

Hubo una polémica en torno al programa de Irán de energía nuclear. Se acusaba a este país de tratar de tener la bomba atómica. Se llegó a un acuerdo entre los principales seis países de las Naciones Unidas, incluido Estados Unidos por supuesto, e Irán, que definieron el programa nuclear de este último país. Se trataba de un programa, de uso pacífico, de uranio y en general radiación nuclear del país en cuestión.

Ahora, el presidente estadunidense dice que siempre no. Que no acepta el acuerdo firmado por su país y otros. Y se lanza contra Irán, como lo ha hecho contra Corea del Norte, Venezuela y otros países. En otros tiempos, los que dirigían militarmente a Estados Unidos decían que no se debía sostener guerras en diferentes regiones del mundo al mismo tiempo, para no dispersar las fuerzas militares de su país; pero ahora sí se preparan guerras así.


Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2017/10/22/opinion/016a2pol

CRONOLOGÍA 
EE.UU.: dos siglos de invasiones y crímenes de guerra




Desde su mismo nacimiento como país, las agresiones militares de los Estados Unidos de América en el resto del mundo han sido tan numerosas como arbitrarias. Esta cronología comprende intervenciones militares directas (invasiones, guerras, envío de fuerzas) e indirectas (sostén logístico de gobiernos o de movimientos, actividad del servicio de espionaje, instigación de golpes de estado). La lista no es un desvarío de “elementos terroristas y antisistema”, sino que está basada en el Informe RL30172 de Servicio de Investigación del Congreso de los EE.UU. sobre Relaciones Internacionales.
Intervenciones militares

1775-1776: En Canadá y en el Atlántico en el curso de la Guerra de Independencia de los Estados Unidos.

1798-1800: Cuasi-guerra y conflicto naval con la Francia Revolucionaria. Mar de las Antillas y las costas del Atlántico. Acaba con el Tratado de Mortefontaine o Convención de 1800.

1801-1805: Guerra entre los Estados Unidos de América y Trípoli (1801-1805) más conocida bajo el nombre de Guerra Bereber; el rey de Trípoli y sus aliados de Túnez y de Argel declaran la guerra a los Estados Unidos, que no querían más pagar el tributo para el paso de sus embarcaciones.

1815: Expedición naval contra la regencia de Argel, dirigida por el Comodoro Stephen Decatur, que fuerza al rey Omar a firmar un tratado que pone fin a los ataques de embarcaciones estadounidenses por los corsarios bereberes.

1831: Argentina. El 28 de diciembre, enarbolando bandera francesa, la corbeta Lexington arribó a Puerto Soledad. Una partida desembarcó y destruyó el asentamiento, tomando prisioneros a la mayoría de sus habitantes.

1846-1848: Intervención estadounidense en México. Los Estados Unidos de América invaden y se anexionan la mitad del territorio mexicano. Este territorio ahora es repartido en estados: Texas, California, Nevada, Utah, Arizona, Nuevo México, y una parte de Colorado, Oklahoma y Wyoming.

1852-1853: Argentina. Infantes de marina se instalan en Buenos Aires para proteger los intereses estadounidenses frente a una revolución.

1853: Nicaragua. EE.UU. envía tropas para la protección de los ciudadanos e intereses estadounidenses durante trastornos políticos.

1853-1854: Japón. El comodoro Matthew Perry obliga a Japón a abrirse a Occidente mediante la firma del Convenio de Kanagawa en 1854. Isla Ryukyu e Islas de Bonin. El contralmirante Perry utiliza la fuerza de disuasión de su flota naval hacia las autoridades de Naha, en la isla de Okinawa, que le concede la gestión de una concesión minera, las islas de Bonin, así como facilidades comerciales.

1854: Nicaragua. En represalia por una supuesta ofensa al representante estadounidense en Nicaragua, destruyen la ciudad de San Juan del Norte.

1855: Uruguay.

1859: China. Tropas para la protección de los intereses estadounidenses en Shangai.

1859: Paraguay. El Congreso autorizó a un escuadrón naval a exigir reparación por el ataque a un buque militar en el río Paraná durante 1855. Las disculpas se presentaron después de un gran despliegue de fuerza.

1860: Angola. Intervención para proteger a los ciudadanos y bienes estadounidenses en el marco de una rebelión indígena en Kissembo contra Portugal.

1891: Chile. Intervención de fuerzas navales con el fin de proteger a los ciudadanos y bienes estadounidenses en el momento de una revolución en Valparaíso.

1893: Hawai. Con el fin de proteger las vidas y los bienes estadounidenses, ocupan el país y colocan un gobierno provisional bajo la autoridad de Sanford D. Dole. Su anexión definitiva se produce en 1898.

1894: Nicaragua Intervención en Bluefields con el fin de proteger los intereses de los Estados Unidos en respuesta a una revolución.

1898: Guerra Hispano-estadounidense. Instalación de una base militar tras la descolonización española de Cuba. Los Estados Unidos imponen la posibilidad de inversiones financieras y un derecho de injerencia en los asuntos interiores del país.

1898: Anexión de Puerto Rico, Hawai, Filipinas, Wake, y Guam.

1900: China. Intervención militar para sofocar la Rebelión Boxer.

1914: México. En respuesta a la detención de unos marineros americanos borrachos en el puerto de Tampico, la armada estadounidense invade Veracruz, masacrando a la población civil.

1915: Tropas de ocupación en Haití

1916: Tropas de ocupación en la República Dominicana.

1917: El presidente estadounidense Woodrow Wilson envió tropas a México encabezadas por el General “Black Jack” Pershing, el mismo que comandaría las fuerzas estadounidenses en la Primera Guerra Mundial, para capturar al líder revolucionario Pancho Villa. La expedición fue un fracaso.

1918: Participación estadounidense en la Primera Guerra Mundial

1926: Tropas de ocupación en Nicaragua

1941-1945: Participación estadounidense en la Segunda Guerra Mundial, en Europa y en el oceano Pacífico.

1945-1946: Envío de tropas y bombardeos en China.

1946: Filipinas. Tropas para sostener el gobierno frente a una insurrección.

1947: Grecia. Sostén logístico y militar del régimen colocado por el Reino Unido.

1950-1953: Guerra de Corea. Bombardeos en China.

1953: Irán. La CIA organiza el golpe de Estado.

1954: Guatemala. Caída del gobierno de Jacobo Arbenz.

1958: Bombardeos en Indonesia.

1958-1975: Guerra de Vietnam. Intervención en Laos, Vietnam del Norte y Camboya; invasión de Camboya.

1960: Bombardeos en Guatemala.

1961: Cuba: Invasión de Bahía de Cochinos964. Panamá: represalia por los sucesos del 9 de enero.

1965: Indonesia: ayuda al gobierno en la represión de un complot prochino. República Dominicana: EE.UU. envía 42.420 soldados para intervenir en su guerra civil.

1967-1969: Guatemala: bombardeos.

1970: Omán. Ayuda logística a Irán para oponerse a una insurrección a petición de este país.

1975-1999: Timor Oriental: sostén de la junta militar de Indonesia; posteriormente, de las fuerzas de la ONU para proteger su independencia.

1980-1990: El Salvador: ayuda militar al gobierno.

1980-1990: Nicaragua: estructuración y apoyo militar a los Contras para derrocar a la Revolución Sandinista liderada por el FSLN.

1983: Líbano. Ocupación al frente de la fuerza multinacional. Invasión de Grenada.

1986: Libia. Bombardeo de varias ciudades y bases militares.

1989: Filipinas: ayuda al régimen contra un golpe de estado. Panamá: derrocamiento y captura del general Manuel Noriega.

1990-1991: Guerra del Golfo Persico (Operación Tormenta del Desierto) en respuesta a una demanda de Kuwait (ocupado por Irak) en la ONU. Con sostén de la ONU y de varios países de OTAN.

1993-1994: Somalia. Intervención militar para apoyar las operaciones de la ONU.

1994: Haití. Intervención para instalar al presidente Jean-Bertrand Aristide.

1995: Bosnia-Herzegovina: apoyo y dirección de las fuerzas de la ONU y la OTAN.

1998: Irak: bombardeos indiscriminados.

1998: Bombardeo de una fábrica de medicinas (por la sospecha de pertenecer a Bin Laden) en Sudán, y de campos de entrenamiento en Afganistán.

1999: El gobierno de Bill Clinton ordenó los bombardeos genocidas sobre Serbia.

2001-2003: Invasión de Afganistán en respuesta a los atentados del 11 de septiembre de 2001.

2002: Filipinas. Intervención en apoyo del gobierno filipino, bajo la excusa de la “guerra contra el terrorismo”.

2003: Guerra de Irak: invasión de Irak, derrocamiento y captura de Saddam Hussein.

2004: Haití. Los Estados Unidos, en una intervención militar (con la apoyo de Francia, Chile, y Reino Unido) deponen al presidente haitiano Jean-Bertrand Aristide, en el marco de la operación MINUSTAH.

2011: Invasión de Libia con el apoyo de la OTAN; derrocamiento y asesinato de Gadaffi.
Operaciones encubiertas, golpes, consejeros militares, etc.

1903: Panamá: control del canal.

1946-1949: Grecia. Apoyo logístico en la Guerra Civil Griega.

1964: Brasil. Instigación y colaboración con el golpe de estado.

1970-1973: Chile. Apoyo a la oposición al gobierno de Salvador Allende. Documentos desclasificados de la CIA pusieron en evidencia su apoyo desde los primeros días de su proclamación como presidente electo.

1973: Uruguay. La CIA apoya el golpe de estado perpetrado por Juan Maria Bordaberry. Los servicios de inteligencia estadounidenses instruyen a los servicios uruguayos en la aplicacion de la tortura, participando de la Escuela de las Américas.

1975-1980: Sudamérica. Colaboración por parte de la CIA en los intentos de puesta en marcha de la Operación Cóndor.

1976: Argentina. Colaboración en el golpe de estado e implantación de la dictadura militar.

1981-1988: Nicaragua. Apoyo logístico y financiero a la oposición del régimen sandinista.

1989: Paraguay. La CIA organiza y apoya el golpe de estado en Paraguay, para el derrocamiento del régimen de Alfredo Stroessner por Andrés Rodríguez Pedotti.

2002: Venezuela. La CIA organiza y apoya el golpe de estado en Venezuela para derrocar al presidente Hugo Chávez.


Fuente: https://qkantton.wordpress.com/2013/09/14/ee-uu-dos-siglos-de-invasiones-y-crimenes-de-guerra/

sábado, 21 de octubre de 2017

APOYAR Y PROPAGAR LA FURIA CONTRA EL ABUSO SEXUAL

Una cuestión de posición y orientación básica

Bob Avakian


El fenómeno del acoso sexual y el asalto sexual —que incluye, pero no se limita al abuso sexual de las mujeres por los hombres que ocupan posiciones de poder sobre ellas— tiene una larga y extensa historia en toda esta sociedad supremacista masculina, y lo refuerza la cultura pútrida que esta sociedad ha engendrado. El torrente de indignación contra este abuso sexual y contra los acompañantes encubrimientos y complicidad institucionales tan comunes, y la demanda de un cambio radical en la cultura —que han dado un gran salto en relación con las acusaciones contra Harvey Weinstein y ahora se han extendido mucho más allá de eso, con la participación de millones de mujeres, en un ámbito tras otro por todo Estados Unidos y en otros países también— es justo y justificado y desde hace tiempo necesario, y se debe apoyar, alentar, propagar y defender de contraataques.

En el contexto de este auge de indignación suprimida por tanto tiempo, van a surgir algunos aspectos negativos, entre ellos algunos excesos, donde se hagan acusaciones falsas o exageradas en casos particulares; pero estos han sido (y casi seguramente, seguirán siendo) un aspecto muy secundario del fenómeno. Si es necesario y cuando sea necesario señalar algunas de esas deficiencias, se debe hacer con muy buen criterio, de una manera que no socave el carácter arrolladoramente positivo de este auge de indignación, y que de hecho contribuya a fortalecerlo.

Este auge de indignación completamente justa y suprimida por tanto tiempo no equivale a ninguna acusación particular. De hecho, se deben abordar esas acusaciones particulares a partir de una evaluación científica de la evidencia, lo que es especialmente importante donde las acusaciones no sólo alegan una mala conducta sino actos delictivos específicos, como la violación u otro asalto sexual. Pero no se debe permitir que esta diferencia, entre las acusaciones particulares y el fenómeno general, oculte o disminuya la justeza y la importancia del masivo auge de indignación contra este abuso tan extenso y profundamente arraigado y contra el enorme daño que les hace a las mujeres y a la humanidad en su conjunto.

Fuentehttp://revcom.us/a/513/bob_avakian-una-cuestion-de-posicion-y-orientacion-basica-es.html

lunes, 16 de octubre de 2017

REFLEXIÓN SOBRE EL ESTADO, VUELTA A LOS CLÁSICOS DEL MARXISMO

Una reflexión sobre el Estado: la vuelta a los clásicos del marxismo

Luis Armando González

En la sociología y la ciencia política el tema del Estado es uno de esos temas gruesos, que siempre desafía a la reflexión. Con la ola neoliberal de los años ochenta y noventa, la discusión seria y rigurosa sobre el Estado fue dejada de lado en distintos ámbitos académicos, en los cuales se reflejaban las prácticas encaminadas a reducirlo (hacerlo más pequeño o eliminarlo) que se realizaban en el ámbito público.

Pese a ello, el tema siempre siguió vivo, aunque fuera en lo márgenes de la discusión académica. Y, por supuesto, el Estado resistió, con desigual éxito, según los distintos países, la ofensiva neoliberal tendiente a desarticularlo e incluso a eliminarlo.

Ahora bien, en estas dos primeras décadas del siglo XXI, el debate sobre el Estado vuelve a ponerse a la orden del día. Y lo hace retomando una tradición sociológica y política que se vio interrumpida no sólo por la ofensiva neoliberal de los años ochenta y noventa, sino por el derrumbe del muro de Berlín, la disolución del bloque del Este y el colapso de la URSS: la tradición marxista.

Se tiene que decir, ante todo, que en la obra de Karl Marx (1818-1883) se -dibuja una aproximación al tema del Estado absolutamente moderna, es decir, una aproximación en la que se reconoce al Estado capitalista como una esfera autónoma (“relativamente autónoma”) de las otras esferas que integran un orden socio-histórico: la “esfera económica” y la “esfera ideológica” (que con justicia se puede entender como una “esfera cultural”).

La visión predominante anterior a Hegel –de procedencia contractualista— tendía a identificar Estado y sociedad: el contrato social era establecido por los individuos para formar un Estado, antes del cual no formaban cuerpo social alguno, sino que más bien estaban en una guerra de todos contra todos. En todo caso, si se aceptaba la existencia de un orden social distinto del Estado, el mismo era una creación ulterior de este último; primero se constituía el Estado y luego se creaba la sociedad, en virtud de un contrato del cual aquél era el garante último.

Marx, siguiendo a Hegel –como él mismo lo reconoce en distintos textos— no acepta ni que la sociedad sea igual al Estado ni que éste sea el creador de aquélla. Antes bien, sucede lo contrario: siguiendo a Hegel, para Marx la “sociedad civil”, como ámbito de las relaciones familiares, la actividad práctica económica y el intercambio (la sociedad civil como el “verdadero hogar y escenario de toda la historia”i) es históricamente anterior al Estado, siendo este último una derivación de los dinamismos que se generan en ella. Estos dinamismos son los dinamismos de clase, cuya raíz está en el proceso de producción material.

Es decir, “la organización social y el Estado brotan constantemente del proceso de vida de determinados individuos; pero de estos individuos, no como puedan presentarse ante la imaginación propia o ajena, sino como realmente son… tal y como actúan y como producen materialmente y, por tanto, tal y como desarrollan sus actividades bajo determinados límites, premisas y condiciones materiales, independientes de su voluntad”ii.

En la perspectiva de Marx, el Estado surge cuando se configuran las clases sociales (cuyo anclaje está en la base económica de la sociedad), una de las cuales –la dominante—necesita de él para mantener su dominio sobre las clases subordinadas. El Estado, en este sentido, es un “instrumento” de dominación; un instrumento al servicio de la clase dominante.

“La burguesía –dice Marx en La ideología alemana—, por ser ya una clase, y no un simple estamento, se halla obligada a organizarse en un plano nacional y no ya solamente en un plano local y a dar a su interés medio unas forma general. Mediante la emancipación de la propiedad privada con respecto a la comunidad, el Estado cobra una existencia especial junto a la sociedad civil y al margen de ella; pero no es tampoco más que la forma de organización a que necesariamente se someten los burgueses, tanto en lo interior como en lo exterior, para la mutua garantía de su propiedad y de sus intereses… Como el Estado es la forma bajo la que los individuos de una clase dominante hacen valer sus intereses comunes y en la que se condensa toda la sociedad civil de una época, se sigue de aquí que todas las instituciones comunes tienen como mediador al Estado y adquieren a través de él una forma política. De ahí la ilusión de que la ley se basa en la voluntad y, además, en la voluntad desgajada de su base real, en la voluntad libre. Y, del mismo modo, se reduce el derecho, a su vez, a la ley”iii.

Pero el Estado, en Marx, no es un todo uniforme, sino que consta de dos momentos: (a) el legal, formado por un corpus juridico-normativo mediante el cual se legaliza (y legitima) la desigualdad de clases existente en la esfera económica (y en el cual los desiguales aparecen como iguales); y (b) el coercitivo, que entra en acción, apelando a los recursos de fuerza que monopoliza el Estado, cuando la ley falla en su función de mantener resguardados los intereses de la clase dominante.

Así pues, el Estado es una pieza fundamental en la dominación de una clase sobre el resto de la sociedad. También lo es la ideología, pues para Marx –en la célebre definición ofrecida en La ideología alemana— la ideología dominante es la ideología de la clase dominante. O como él lo dice, “las ideas de la clase dominante son las ideas dominantes en cada época; o, dicho en otros términos, la clase que ejerce el poder material dominante en la sociedad es, al mismo tiempo, su poder espiritual dominante. La clase que tiene a su disposición los medios para la producción material dispone con ello, al mismo tiempo, de los medios para la producción espiritual, lo que hace que se le sometan, al propio tiempo, por término medio, las ideas de quienes carecen de los medios necesarios para producir espiritualmente”iv.

Por eso, la lucha contra la dominación se libra –además de en el terreno ideológico—, en el plano político, en contra del Estado y por su control, siendo esto último clave en un proceso de cambio revolucionario. Porque “toda clase que aspire a implantar su dominación, aunque ésta, como ocurre en el caso del proletariado, condicione en absoluto la abolición de toda la forma de la sociedad anterior y de toda dominación en general, tiene que empezar conquistando el poder político, para poder presentar su interés como el interés general”v.

En la visión de Marx, una de las vías posibles para hacerse del control del Estado es la vía democrático-electoral, pero ella se enmarca en la legalidad burguesa y, en consecuencia, está limitada por ella y –como dice él en la Crítica al Programa de Gotha— por su “letanía democrática”: sufragio universal, legislación directa, derecho popular y milicia del pueblovi. La otra vía es la revolucionaria, que supone el asalto violento del Estado por parte de la clase proletaria organizada en un partido comunista. Este asalto es necesario para que la clase en ascenso subordine el aparato estatal a sus propios fines. Dicho sea de paso, Friedrich Engels, en su testamento político, hizo una apuesta por la primera de las opciones apuntadas, abriendo las puertas al desarrollo de la socialdemocracia alemana.

Como quiera que sea, en la perspectiva de Marx, la conquista del Estado por parte de la clase proletaria tiene una finalidad última: conducirlo a su abolición definitiva, lo cual supone la abolición de la raíz económica de las divisiones de clase: la propiedad privada de los medios de producción. En la fase socialista del proceso revolucionario, el proletariado creará –mediante la “dictadura revolucionaria del proletariado”—las condiciones que permitan arribar al comunismo como la etapa más plena del desarrollo histórico de la humanidad, una etapa en las cual las clases sociales habrán desaparecido y, por consiguiente, el Estado será innecesario desde un punto de vista social, político y económico.

“Entre la sociedad capitalista y la sociedad comunista –escribe Marx— media el periodo de transformación revolucionaria de la primera en la segunda. A este periodo corresponde también un periodo político de transición, cuyo Estado no puede ser otro que la dictadura revolucionaria del proletariado”vii. Sólo después se transitará a la sociedad comunista, “donde cada individuo no tiene acotado un círculo exclusivo de actividades, sino que puede desarrollar sus aptitudes en la rama que mejor le parezca, la sociedad se encarga de regular la producción general, con lo que hace cabalmente posible que yo pueda hoy a esto y mañana a aquello, que pueda por la mañana cazar, por la tarde pescar y por la noche apacentar ganado, y después de comer, si me place, dedicarme a criticar, sin necesidad de ser exclusivamente cazador, pescador, pastor o crítico, según los casos”viii.

En resumen, Marx enfatizó la dimensión instrumental del Estado, lo cual fue un acierto, pues no podemos obviar la evidencia histórica que respalda el uso del Estado por parte de grupos de poder económico. Pero la visión de Marx es insuficiente, porque el Estado es, además de instrumento de dominación, otras muchas cosas. Para el caso, no prestó atención al peso del Estado en la configuración del orden social, sobre todo en lo que hace no sólo a su influencia normativa, sino a su influencia en las conductas, hábitos, estilos de comportamiento, valoraciones y creencias de hombres y mujeres que viven bajo su jurisdicción e incluso –en el caso de estados predominantes en el escenario mundial— fuera de ella.

No hay mejor ejemplo de esto último que el enorme peso que tuvo el Estado soviético en la configuración de las sociedades del bloque del Este, desde 1945 hasta 1989. O, la contrapartida occidental de un influjo semejante por parte de Estados Unidos, el cual en la actualidad se ha extendido –muchas veces mediante mecanismos de terror y violencia—, por el mundo. Más cerca de nosotros, está el indiscutible influjo de los estados militarizados latinoamericanos –durante la mayor parte del siglo XX— sobre los hábitos, conductas y creencias de la gente. Una cultura política autoritaria germinó y se desarrolló a partir de ese influjo, sin que hasta ahora haya podido ser contrarresta por una cultura política democrática.

En la tradición marxista, el autor que más se acercó a una comprensión del Estado como generador de cultura, y no sólo cómo un instrumento de dominación, fue Antonio Gramsci (1891-1937). Cabe recordar que Vladimir Lenin (1870-1924) continuó la línea de interpretación de Marx, es decir, la de entender al Estado como un instrumento de clase. Pero Gramsci tuvo al acierto de distanciarse de esta interpretación que era (y siguió siendo la predominante durante mucho tiempo) la predominante en los círculos marxistas.

El filósofo italiano entendió al Estado como una instancia atravesada por una doble dimensión: la hegemonía y la coerción. En sus palabras: “hay que observar que en la noción general de Estado intervienen elementos que hay que reconducir a la noción de sociedad civil (en el sentido, pudiera decirse, de que Estado = sociedad política + sociedad civil, o sea, hegemonía acorazada de coacción)”ix. La sociedad civil ya no tiene que ver con las prácticas sociales –tal como lo entiende Marx— sino con la capacidad del Estado para asegurar la hegemonía de una clase sobre el conjunto de la sociedad, es decir, para asegurar que la clase en el poder no sólo “domine”, sino que también “dirija” a la sociedad. “El hecho de la hegemonía presupone, sin duda –dice Gramsci—, que se tengan en cuenta los intereses y las tendencias de los grupos sobre los cuales se ejercerá la hegemonía, que se constituya un cierto equilibrio de compromisos”x.

Ese “equilibrio de compromisos” supone la capacidad del Estado para generar consenso en torno al proyecto de la clase dominante. En virtud de ello, el Estado puede dotarse de legitimidad “convenciendo” a los ciudadanos y ciudadanas de que lo suyo es el “bien común” y el “interés general”, y no el interés de una clase o un grupo en particular. Este convencimiento da estabilidad política a la sociedad y asegura el orden social, lo cual significa que el proyecto de la clase dominante es aceptado voluntariamente por las clases subordinadas. Cuando esta capacidad de convencimiento falla, entonces entran en juego los mecanismos coercitivos del Estado, que ponen en evidencia una situación de crisis política. Cuando esto sucede, la sociedad civil es desplazada por la sociedad política, que no es otra cosa que la dimensión coercitiva del Estado.

Gramsci nos acercó, de esta manera, a una visión más compleja de la estructura del Estado y sus funciones. Lamentablemente, la visión de Lenin –convertida en dogma de fe gracias a la labor de Stalin y los hacedores de manuales de la desaparecida Academia de Ciencias de la URSS— fue la que se impuso, prácticamente hasta la desaparición de la URSS, en el debate marxista. De esta manera, se impidió que la interpretación de Gramsci se abriera paso y marcara la pauta de la discusión teórica sobre el Estado. De aquí que la recuperación de Gramsci sea uno de los desafíos más importantes en el debate marxista actual.

Pero no basta con retomar a Gramsci, para avanzar hacia aproximación teórica más rigurosa sobre el Estado. Para empezar, la interpretación del Estado como instrumento de clase debe ser revisada críticamente, para ponderar qué tan realista es suponer que el Estado sea un ente manipulable que puede ser usado por una clase para sus propios fines, o incluso que puede ser abolido por la voluntad colectiva en un determinado momento histórico.

Hay que hacerse cargo de la realidad del Estado como un aparato burocrático no sólo capaz de mantenerse en el tiempo, sino capaz de crecer y acumular poder (normativo, institucional, simbólico y material) si se lo deja a sus propia suerte, y ya no se diga si expresamente se impulsan prácticas políticas que lo hagan crecer y desarrollarse (tal como sucedió en la ex URSS, con el Estado de bienestar occidental y con los estados populistas latinoamericanos de los años 40 y 50 del siglo XX).

Pocos ataques contra el Estado han sido tan feroces como los realizados por los reformadores neoliberales, que se propusieron, en su momento de más éxito (años 80 y 90 del siglo XX), cumplir el sueño de Marx: abolir el Estado, no socializándolo –como quería el filósofo alemán—, sino privatizando sus empresas, funciones y servicios.

Pero el Estado resistió y siguió en pie. Y en estos momentos –en el marco de la actual crisis financiera mundial— se ha puesto en la mesa de discusión la necesidad de fortalecerlo, tanto en sus funciones económicas como en sus funciones sociales. Asimismo, por el lado latinoamericano, la resistencia al neoliberalismo de inicios del siglo XXI ha supuesto no sólo un protagonismo social, sino también un protagonismo estatal.

En definitiva, no se quiere decir aquí que el Estado sea una sustancia eterna e inamovible. Nada más se señala que el Estado tiene una enorme capacidad de mantenerse en el tiempo, cambiando, pero conservando su identidad fundamental. Una identidad que se ha forjado y cristalizado a lo largo de la historia de cada sociedad, lo cual convierte al Estado en una realidad resistente no a los pequeños cambios (que se suceden regularmente), sino a las grandes transformaciones, que sobrevienen en el marco de transformaciones sociales, económicas y políticas más amplias… Y aún así, suelen quedar vestigios del Estado que ha sido demolido, tal como sucedió en la Rusia revolucionaria posterior a 1917 y sucede en la Rusia actual, una vez que, después de 1991, el socialismo real fue reemplazado por el capitalismo neoliberal.

En enfoque de sistemas se impone como recurso teórico para entender al Estadoxi. Visto como un sistema, el Estado tiene una capacidad de autoreproducción propia de cualquier sistema. Cambia, pero se mantiene en su identidad. Y se desintegra totalmente, cuando ya no es capaz de autoreproducirse, o sea, cuando ya no es capaz de asimilar los recursos que el entorno le ofrece para ello. Al suceder esto, un nuevo Estado (un nuevo sistema estatal) puede entrar en escena. Estas transformaciones sistémicas-estatales no han sido tan frecuentes en las sociedades conocidas, pero cuando se han dado las han marcado de manera indeleble, reencauzándolas por trayectorias distintas a las que habían seguido hasta entonces. En suma, para la compresión teórica del Estado quizá sea útil tomar en cuenta esta afirmación de Mario Bunge acera de los sistemas.

“La estructura, en especial la interna –dice este autor—, es esencial para los sistemas. En efecto, para explicar la emergencia de un sistema debemos descubrir el correspondiente proceso de combinación o ensamblado y, particularmente, los vínculos o enlaces resultantes de la formación de la totalidad. Lo mismo vale, mutatis mutandis, para cualquier explicación de la descomposición de un sistema. En otras palabras, explicamos la emergencia, el comportamiento y la desintegración de los sistemas, no sólo en términos de su composición y entorno, sino también en términos de su estructura total (interna y externa). Y esto no es suficiente: es necesario conocer algo acerca del mecanismo o modus operandi del sistema, vale decir, del proceso que lo hace comportarse –o dejar de comportarse— del modo en que lo hace”xii.
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Texto modificado de la charla ofrecida por el autor a estudiantes de licenciatura en Sociología de la UES, en el marco del curso “Estado, gobierno y sociedad”. San Salvador, 22 de abril de 2009. Una primera versión de estas ideas se desarrolló en el curso de “Historia económica” impartido por el autor en la UCA, en el primer semestre de 2009.
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Referencias bibliográficas
i
Kart Marx, La ideología alemana. La Habana, Pueblo y Educación, 1982, p. 37

ii Ibíd., p. 25

iii Ibíd., pp. 68-69

ivIbíd., pp. 48-49.

vIbíd., p. 34.

vi Kart Marx, “Crítica al Programa de Gotha”. En C. Marx, F. Engels, Obras escogidas. Moscú. Progreso, p. 342.

viiIbíd.

viii Karl Marx, La ideología…, p. 33.

ixAntonio Gramsci, Antología (selección, traducción y notas de Manuel Sacristán). México, Siglo XXI, 1981,291.

xIbíd., p. 402.

xi Cfr., Carlos Reynoso, Complejidad y caos. Una exploración antropológica. México, UNAM, 2006, pp. 23-94; Mario Bunge, Emergencia y convergencia. Barcelona,. Gedisa, 2003, pp. 45-110.

xii Mario Bunge, Ibíd., p. 49.

Fuente: https://www.alainet.org/es/articulo/188631

 
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