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martes, 28 de marzo de 2017

HISTORIA OCULTA DE LA RIQUEZA

La historia oculta de la riqueza

John Martínez


Detrás de cada gran fortuna hay un gran crimen
Balzac

La sociedad los considera superhombres capaces de lograr proezas épicas sin ayuda de nadie y contra todo obstáculo; a ellos este mes, como cada año, la revista Forbes les dedicó un listado en el que aparecen los más grandes entre los grandes, los más ricos del mundo, aquellos que han logrado conseguir, por sus propias capacidades, más de mil millones de dólares. Una fortuna en ocasiones heredada, en otras, estructuralmente la mayoría, lograda con el látigo y el despojo de miles, tal vez de cientos de miles; para ello se valen de métodos non sanctos ni nada heroicos como la explotación (o apropiación de plusvalía), la usura y la corrupción.

Detrás de toda fortuna generalmente existe una historia, más bien, miles de historias, de crímenes. Y ello porque el primer método al que recurren los capitalistas para su acumulación de dividendos es a la explotación laboral. Se quedan con el valor agregado de cada mercancía y dejan a los trabajadores solamente con lo básico para sobrevivir por poco tiempo. Eso quiere decir, en términos más precisos, que los capitalistas roban a los trabajadores lo que estos producen, bajo la excusa de ser los dueños de los medios de producción. Pero ¿Cómo se apropiaron de esos medios? Por la violencia. Recordemos que el oro con el que se forjó la gran revolución industrial les fue arrebatado a las comunidades indígenas de las américas, a las cuales sometieron y dominaron. También les quitan a los campesinos sus tierras, obligándolos a convertirse en jornaleros, peones, y obreros de fábricas, así como trabajadores informales.

Un ejemplo fresco de esto se visibilizó en el 2014 cuando miembros del pueblo Nasa «ingresaron de manera pacífica a los predios de cuatro haciendas: Granadita, García Arriba, Miraflores y Quebrada Seca. Haciendas que suman 4.000 hectáreas llenas de cultivos de caña del ingenio Manuelita, empresa que hace parte del emporio económico de Carlos Ardila Lulle” . Dichos predios fueron ocupados por la empresa mencionada luego de que paramilitares asesinaran a integrantes del pueblo Nasa y luego de desplazar a otros. Por hechos relacionados «la Sala de Justicia y Paz decidió trasladar copias a la Fiscalía para que investigue a la empresa de gaseosas (Postobón)» luego de que, Armando Madriaga Picón afirmara que la empresa financió a un grupo paramilitar de las AUC.

Así, fruto de todo tipo de métodos violentos es como logran acumular el capital necesario para comprar, simultáneamente, la mayor cantidad de conciencias políticas como para hacer del Estado su principal botín y aliado. Es esta relación, capital y Estado, la que determina el éxito real de un capitalista. Sólo quien más tenga a políticos, partidos y gobiernos en su bolsillo, podrá seguir acumulando y, sobre todo, concentrando la mayor cantidad de capital. Llegados a este punto, los capitalistas han concentrado suficiente poder político y económico, tanto como para conformar empresas destinadas a invertir en diversidad de negocios gracias todo ello a la información privilegiada obtenida de sus aliados políticos, los cuales son quienes definen en qué, cómo, cuándo, y dónde se invertirán los recursos del Estado.

Ese es el camino seguido por las familias más poderosas del país y que ahora hacen parte de la famosa lista Forbes. Recordemos que la Familia Santo Domingo comenzó acumulando capital a partir de cervecería Bavaria, la cual llegó a eliminar la competencia gracias a su relación con el Estado, hasta conformar un monopolio. Luego, en 1997 en una reconversión estratégica acorde con la financiarización dominante crean el grupo Valórem con el que comienzan a dejar el mundo industrial para adentrarse en sectores como medios y entretenimiento, financiero, la agroindustria y el inmobiliario, entre otros.

Igual comportamiento ha tenido Carlos Ardilla Lülle con Postobón, una de las pocas empresas que logró frenar la invasión de Coca Cola en algún país de nuestro continente.

Dentro de esta gama de capitalistas, lugar especial ocupa hoy el sector bancario tanto en el país, con Sarmiento Angulo a la cabeza de los más ricos, como en el mundo. Este sector se ha convertido en la economía más pujante en las últimas décadas gracias a los avances tecnológicos conseguidos con, precisamente, inversión pública. Los gobiernos, sobre todo los más poderosos, gastan gran cantidad de recursos en ciencia e innovación con resultados asombrosos, pero luego son apropiados por empresas privadas, cuando debería ser de uso y conocimiento público. En ese sentido las nuevas tecnologías, impulsadas por la financiación estatal, han permitido acelerar el flujo de dinero, hasta hacer del mismo algo instantáneo. La multiplicación de dinero, favorecida por la maquinaria gringa para hacerlo sin estar sometida a ningún control, es enorme, demencial, hasta el punto que ahora el papel dinero no tiene equivalencia con producción alguna, es decir, está soportado sobre la nada; es un papel que los humanos aceptamos darle un valor x o y, no más; esa es la equivalencia sobre la cual está soportada la creciente riqueza acumulada por lo banqueros. Entre más transacciones mayores ganancias, entre más especulación en la bolsa –hasta que no reviente– mayor acumulación.

¿Superhombres? Por el contrario, son usurpadores de lo que es de todos y lo consiguen gracias a la protección de los estados. Su fortuna es producto de la explotación de los trabajadores, la especulación y de una relación inapropiada con el Estado, entre otros métodos equivalentes. Todos estos son los componentes que han generado riquezas como la de Bill Gates, Carlos Slim, entre otros. Es tanta la fortuna de los más ricos del mundo que, como el recién fallecido David Rockefelle, pueden “donar” cientos de millones de dólares a fundaciones, no sin antes declararlas en sus estados de cuenta para así rebajar sus impuestos y seguir siendo multimillonarios.

Fortunas en proporción mucho menor, ahora como clara expresión de la desigualdad salarial que soportan nuestras sociedades, empiezan a erigirse a través de los sueldos que devengan los grandes ejecutivos de diversidad de empresas. Para el caso de Colombia, uno de ellos, incluso de empresas públicas como ETB, Ecopetrol y otras, puede recibir cada mes 60 y más millones de pesos, a lo cual deben sumarle comisiones y otras arandelas, según la empresa.

Tampoco, por el contrario, se trata de demonizarlos. Son humanos con vicios y virtudes, lo cual significa que su personalidad no está en discusión, el problema es el papel que cumplen dentro del sistema capitalista, papel que lleva a cometer grandes crímenes.

https://www.desdeabajo.info/economia/31157-la-historia-oculta-de-la-riqueza.html

sábado, 25 de marzo de 2017

EL PRESUPUESTO DE LA POLÍTICA DE “EE.UU PRIMERO” DE TRUMP SON CRUELES RECORTES CONTRA EL PUEBLO Y RAPAZ DESTRUCCIÓN AMBIENTAL DEL PLANETA

El presupuesto de “Estados Unidos primero” de Trump es como el propio Trump: ¡¡una cagada fascista y racista que pone en peligro al planeta entero!!


Los crueles recortes se dirigen al pueblo
El presupuesto de Trump cortará $ 1.200 millones de fondos para programas de horario postescolar en que participan más de 2 millones de niños
El presupuesto de Trump recortará los fundos del Programa de Nutrición Especial de WIC
Se recortarán profundamente los fondos para la educación pública
Se recortarán o se eliminarán muchos de los programas de asistencia para la vivienda
Matar el arte y los medios públicos
No les importa nada de la exquisita diversidad en el medio ambiente y en la tierra, y los tesoros que tienen, a menos que puedan convertir esto en ganancias para sí mismos

El régimen de Trump y Pence dio a conocer su primer presupuesto el 16 de marzo. Su título, “America First: A Budget Blueprint for Make America Great Again” [Estados Unidos primero: un plan presupuestal para hacer que Estados Unidos vuelva a tener grandeza] y tiene una introducción de Trump en que escribe que el presupuesto estadounidense es “una de las formas más importantes en que el gobierno federal establece las prioridades”. De hecho, dos cifras básicas del presupuesto dejan claras “las prioridades” del régimen de Trump y Pence: un aumento de 54.000 millones de dólares para las fuerzas militares — y correspondientes recortes de 54.000 millones de dólares; recortes que amenazan todos los aspectos de la vida de los de abajo en esta sociedad, especialmente los negros, latinos, pueblos indígenas y otros oprimidos, así como las mujeres, y aceleran la destrucción del medio ambiente.

El aumento de $ 54.000 millones en gastos militares es una parte clave de la promesa de Trump de poner “Estados Unidos primero”, un eslogan fascista de los años 1940 que Trump revivió en su discurso inaugural hitleriano y que ahora se ha sellado en la portada de su presupuesto. Trump y su régimen han dejado claro que pretenden amenazar agresivamente al mundo entero con el brutal poderío y guerra yanqui, lo que incluye el uso de armas nucleares. El director de la Oficina de Gestión y Presupuesto de Trump, Mike Mulvaney, dijo: “Este es un presupuesto de poder duro, y hecho de forma deliberada. El presidente quiere enviar un mensaje muy claro a nuestros aliados y a nuestros potenciales adversarios de que ésta es una administración de poder fuerte”.

A la vez que el régimen de Trump y Pence pone el mundo en su mira, se moviliza rápida y decisivamente para transformar en el fascismo la forma de gobierno en Estados Unidos. El gasto interno que el presupuesto de Trump planea es parte de esto. Los aumentos grandes en el gasto interno se dedican a expandir y desencadenar dramáticamente a los agentes armados de la ley y el orden, más fondos para intensificar la represión contra los inmigrantes por medio de: construir el muro fronterizo entre Estados Unidos y México; contratar a 1.500 policías más para el Departamento de Seguridad Nacional dedicados a “hacer cumplir las leyes de inmigración”; construir más centros de detención para inmigrantes; y más. Incluye también un mayor gasto para las agencias policiales a nivel local.

Los crueles recortes se dirigen al pueblo

Pero para el resto del gobierno: recortes draconianos — contra los organismos y programas gubernamentales en todos los departamentos, recortes que tendrán consecuencias crueles y devastadoras en la vida de decenas de millones de personas, especialmente los pobres, los ancianos, las mujeres, y la gente oprimida negra, latina, indígena y de otras nacionalidades que ya viven en el borde de la ruina en el presente sistema. Los recortes desalmados también implicarán más sufrimiento para la gente pobre blanca, inclusive en los mismos lugares donde muchos fueron engañados y votaron por Trump, como los Apalaches.

Estos recortes en el presupuesto van junto con otras medidas que viene adoptando el Congreso, como el desmantelamiento de la Ley de Cuidado de Salud a Bajo Precio establecida bajo Obama que se calcula que resultará en que 14 millones de personas pierdan toda clase de seguro médico en el próximo año, entre ellas los que habían recibido el Medicaid (el programa gubernamental de asistencia médica para gente de bajos ingresos). Una vez más, va a impactar a los pobres, los oprimidos y las mujeres más duro; por ejemplo, el Medicaid cubre la mitad de los nacimientos en Estados Unidos. El régimen de Trump y Pence también pretenden quitarle fondos a Planned Parenthood / Planificación Familiar, lo cual es un grave ataque al derecho de las mujeres al aborto y al control de la natalidad, pero también a muchos otros servicios de salud, especialmente para los millones de mujeres pobres, negras, latinas y de otros grupos oprimidos.

Los recortes presupuestarios de Trump también tienen el fin de debilitar o eliminar totalmente investigaciones y programas cruciales relacionados con el cambio climático y otro trabajo científico, así como el arte y los medios no comerciales.

El presupuesto de Trump cortará $ 1.200 millones de fondos para programas de horario postescolar en que participan más de 2 millones de niños. Arriba, niños en un programa así en Kentucky en 2012. (Foto: AP)

Una familia hace compras en Lafayette, Indiana con cheques de WIC, el programa para Mujeres, Bebés y Niños con que puede comprar varios alimentos que satisfacen ciertas reglas. El presupuesto de Trump recortará los fundos del Programa de Nutrición Especial de WIC. (Foto: AP)

En el presente sistema de capitalismo-imperialismo, no existe ningún “derecho a comer” o “derecho a la vivienda” o “derecho a la atención médica”. Si una persona no puede ganar un sueldo al ser explotada rentablemente o encontrar otra forma de mantenerse, le dejan con hambre, sin hogar, o privada de la atención médica, no importa la gravedad de la necesidad. Si bien esto sí pasó bajo Obama, los funcionarios de su administración solían expresar la retórica de una preocupación por las personas en situaciones desesperadas y alguna forma de reconocimiento oficial de que existía la desigualdad y la discriminación en la sociedad que afectaban a las minorías y las mujeres. Y adoptaron algunas medidas para proporcionar un nivel mínimo de una “red de seguridad social” para los pobres, por inadecuada que fuera.

Ahora, los recortes en los programas internos que manda el presupuesto de Trump señalan un enfoque muy distinto. He aquí sólo unos de los recortes de Trump:
  • Se eliminará totalmente el Programa de Subvenciones en Bloque para el Desarrollo Comunitario, que otorgó fondos a los estados para la vivienda asequible, para programas contra la pobreza, para alimentos y otros programas. Un programa afectado sería Meals on Wheels, que les lleva comida a su casa a los ancianos.
  • $ 1.200 millones en “ahorros” resultarán de la eliminación de fondos para programas escolares después de las clases en que participan más de 2 millones de niños. Mulvaney afirmó que “no hay evidencia demostrable” de que estos programas realmente ayuden a los niños, ¡como si mejores resultados en exámenes fueran necesarios para “justificar” comida para niños hambrientos! (Además, estudios académicos sí han demostrado que esos programas reducen la cantidad de niños que abandonan la escuela, y tienen otros efectos positivos).
  • Se reducirán los fondos para el Programa Especial de Nutrición para Mujeres, Bebés y Niños (WIC). Los latinos representan el 40% de los beneficiarios de WIC, los negros alrededor del 20% y las personas indígenas alrededor del 12%.
  • Trump le quitaría los fondos a la Corporación de Servicios Legales, la cual provee subvenciones a organizaciones sin fines de lucro que proveen ayuda legal a la gente pobre en casos como el desalojo injusto.
  • Se recortarán o se eliminarán muchos de los programas de asistencia para la vivienda, entre ellos el Hábitat para la Humanidad, la ayuda para personas sin hogar y, en general, programas del Departamento de Vivienda y Desarrollo Urbano.
  • Se recortarán profundamente los fondos para la educación pública; pero hay fondos adicionales para los programas de “elección de escuela” lo que va de acuerdo con los objetivos de Trump y su secretaria de Educación DeVos para destripar aún más las escuelas públicas y promover las escuelas privadas para adoctrinar a los niños en la perspectiva fascista cristiana.
Sigue casi sin fin la lista de cortes mezquinos y crueles que afectarán lo más y en formas horribles a los más oprimidos de la sociedad. Y van de la mano con las medidas del régimen de Trump y Pence para reafirmar la abierta supremacía blanca como la “norma” en la sociedad, como parte de su agenda fascista en general.

Este sistema y aquellos que gobiernan no son capaces de llevar a cabo desarrollo económico que cumpla con las necesidades de la gente ahora, balanceado con las necesidades de generaciones futuras y de proteger el medio ambiente. No les importa nada de la exquisita diversidad en el medio ambiente y en la tierra, y los tesoros que tienen, a menos que puedan convertir esto en ganancias para sí mismos.... Ellos no son capaces de ser quienes cuidan este planeta.

Eliminar las restricciones contra la rapaz destrucción ambiental

Bajo Obama, si bien el sistema capitalista continuó con la destrucción ambiental como la masiva emisión de gases de efecto invernadero de la quema de combustibles fósiles que está llevando al globo hacia una catástrofe climática, se oía retórica sobre la necesidad de lidiar con el calentamiento global y unas medidas secundarias para promulgar algunos límites a las emisiones y para firmar acuerdos climáticos internacionales. Ahora, el presupuesto de Trump esencialmente destripa la Agencia de Protección Ambiental (EPA) con un recorte de fondos del 30%. Estos recortes afectarán los supuestos deberes de la EPA como la limpieza de la contaminación por plomo, lo que resultará en más personas envenenadas y dañadas neurológicamente como los niños en Flint, Michigan. Y los recortes afectarán los programas relacionados con el cambio climático como el de monitorear las emisiones de metano de la industria de petróleo y gas. Los recortes en otros organismos bajo el presupuesto de Trump tiene el fin esencialmente de terminar las investigaciones gubernamentales sobre el cambio climático. Si se permite que estos recortes se realicen, constituirán una pesadilla total para el planeta y el bienestar humano en un momento en que segmentos del mundo natural ya se están derrumbando.

Otro recorte en el presupuesto de Trump lanza un ataque a la salud del pueblo y a la investigación científica: un recorte del 20% en los fondos para los Institutos Nacionales de Salud (NIH), un organismo que apoya la investigación sobre el cáncer, la enfermedad de Alzheimer y otros problemas médicos que afectan a muchísimas personas aquí y en todo el mundo. El vicerrector de política científica de la Universidad de California en San Francisco, una institución líder de investigación médica que hace importante trabajo financiado por los NIH, calificó los recortes como “tremendamente estremecedores”.

Matar el arte y los medios públicos

Si bien las relaciones supremacistas blancas y patriarcales siempre han caracterizado el capitalismo-imperialismo estadounidense, Obama y el sector de la clase dominante asociada con los demócratas aseveran que defienden, y en cierta medida manifiestan, el “multiculturalismo”, la “inclusividad” y la secularidad liberal que están bajo embestido total de parte de los fascistas de Trump y Pence que promueven y movilizan abiertamente a una base social fascista en torno a una rabiosa celebración de “Estados Unidos primero”, del poderío militar estadounidense y una actitud violentamente represiva hacia todos aquellos que no “se encajan” en la nueva norma de fascismo cristiano blanco que intentan imponer sobre la sociedad, o que no se someten a esa norma.

En el presupuesto de Trump, una de las formas en que se expresa lo anterior es la eliminación completa de la Fundación Nacional para las Artes y la Fundación Nacional para las Humanidades y la eliminación de los fondos para la Corporación de Difusión Pública (CPB). Los fascistas de Trump y Pence describen tales programas de cultura y medios públicos como “derrochadores”. Pero la razón fundamental por la que están bajo ataque es que los fascistas los ven como vehículos de otros sectores de la clase dominante con los que tienen algunos conflictos agudos, al mismo tiempo que comparten los objetivos generales de proteger y extender el imperio estadounidense. Y los fascistas quieren aplastar estas instituciones y áreas en la sociedad donde artistas, cineastas y otros progresistas y radicales han tenido un espacio limitado, pero todavía importante, para hacer su trabajo y llegar al público.

Una monstruosidad inexorable fascista

Estos salvajes recortes en los programas sociales, la protección del medio ambiente, las artes y medios públicos, etc. son sin precedentes. Y el régimen de Trump y Pence quieren deliberadamente que generen el shock, como parte de la lógica de esta monstruosidad inexorable fascista. Para avanzar su programa y lo que ven como la única solución a las profundas y urgentes contradicciones y peligros que enfrenta el capitalismo-imperialismo estadounidense, tienen la necesidad de aplastar lo que antes se consideraban las “normas” de la sociedad.

Como dice “Algunos puntos de orientación estratégica para el período entrante” del Comité Central, Partido Comunista Revolucionario, Estados Unidos:

La imposición de diferentes y más opresivas normas aglutinadoras en la sociedad, los ataques intensificados, violentos y vilmente crueles contra sectores de la población, la trituración de los derechos civiles y legales, y la movilización de bases sociales fascistas violentas requieren, contribuyen y son parte de esa dinámica e impulso de la monstruosidad inexorable fascista. Precisamente debido a esta dinámica, esta monstruosidad inexorable fascista en marcha está socavando el alcance y el espacio para la protesta y hasta el disentimiento, y constantemente debilita la base para que las masas populares luchen y resistan — ¡al mismo tiempo que se aceleran y agravan los horrores del fascismo!

Por las razones antemencionadas, ¡cabe EXPULSAR al régimen fascista antes de que se consolide! ¡Así es la NECESIDAD del momento!

Periódico Revolución | revcom.us

http://revcom.us/a/483/el-presupuesto-de-trump-es-una-cagada-fascista-y-racista-que-pone-en-peligro-al-planeta-entero-es.html

jueves, 23 de marzo de 2017

EL HAMBRE BAJO EL CAPITALISMO Y LAS MENTIRAS CONTRA EL SOCIALISMO


POR RO 

La muerte de millones de personas por física hambre, al lado del frenético incremento de la productividad de alimentos en el planeta, es uno de los tantos hechos que reflejan la irracionalidad del sistema económico actual. Ejemplo de esto es que en el mundo, mientras la cosecha de maíz en 2017 superó el récord de 1010 millones de toneladas alcanzado en la cosecha 2014-2015 (Ver: el mundo podría tener la mayor cosecha de toda su historia), según cifras oficiales hay casi 800 millones de personas que no tienen alimentos suficientes y 66 millones de niños estudiantes de primaria asisten a clases con hambre.

Las cifras son tan dramáticas y escandalosas que motivaron un Editorial del periódico El Espectador del 12 de marzo de 2017, alertando que “El mundo está a punto de vivir una tragedia sin precedentes en los últimos 70 años. ‘Desde principios de año estamos enfrentándonos a la mayor crisis humanitaria desde la creación de las Naciones Unidas. Hay más de 20 millones de personas en cuatro países que sufren inanición. Sin esfuerzos globales y coordinados, morirán de hambre’”… “Es, sin lugar a dudas, la mayor crisis humanitaria desde la terminación de la Segunda Guerra Mundial en 1945”, a lo que se suma que aproximadamente 5.6 millones de niños menores de 5 años mueren cada año por desnutrición y “cada diez minutos fallece un niño por una enfermedad prevenible”. Paradójicamente, la misma publicación denuncia que ante esta situación en “Estados Unidos se anuncia el aumento del gasto militar en US$54 billones y un recorte sustancial a la cooperación externa para países en desarrollo que tanto la necesitan.”

Curiosamente los señores de El Espectador se rasgan las vestiduras para mostrarse “humanistas” ante esta tragedia mundial, mientras callan que el 60% de la población urbana y el 86% de la población rural de Colombia vive en los límites del hambre y de la pobreza; y que según el Instituto Nacional de Salud – INS, entre enero y mayo del año pasado, habían muerto en el país 94 niños por desnutrición; eso al lado de la existencia del mayor presupuesto para la nación, que hoy encabeza el asesino Juan Manuel Santos.

Los “humanistas” del diario bogotano, se muestran preocupados por la muerte por hambre en los países africanos y del Oriente, pero callan respecto a que en Colombia actualmente 17 millones de litros de agua se gasta la empresa imperialista El Cerrejón para regar sus carreteras, mientras que a los indígenas Wayuu se les han muerto casi 5000 infantes por desnutrición en los últimos años, apenas pudiendo acceder a 0.7 litros de agua de consumo diario. Según otro informe oficial reciente, que también callan los editores del periódico en mención, 5700 niños menores de cinco años murieron en los últimos cinco años por desnutrición, donde la mayoría de los casos se concentra en los departamentos de La Guajira y Cesar, con pacientes que fallecen, por lo general, en instituciones públicas, pero también en plena calle. Mientras tanto, Santos recorrió hace algunas semanas las comunidades de la Alta Guajira prometiendo agua, puestos de salud y kits de alimentación, pero los niños siguen muriendo, lo cual es una muestra más de la democracia burguesa: efectiva para favorecer a los poseedores, demagogia y represión para los pobres.

La burguesía y sus escritores, expertos en tergiversar la historia, se han dedicado a ocultar o minimizar los grandes desastres humanos causados por su insaciable sed de ganancia; y una de las argucias más utilizadas es la de inculpar a los comunistas por supuestas grandes matanzas contra la humanidad; que aún si fueran ciertas tamañas calumnias, serían ínfimas comparándolas con las reales y dramáticas soportadas bajo el feudalismo y el capitalismo, centuplicadas además desde que llegó a su fase imperialista. Un ejemplo de ello es la calumnia contra la revolución china y personalmente contra Mao Tse-tung: en el siglo pasado, cuando China era una colonia de ingleses, franceses y gringos, está documentado un desangre entre 1850 y 1864, de estos reaccionarios en alianza con los gobernantes imperiales chinos, de entre 20 y 40 millones de personas. A Mao Tse-tung y al Partido Comunista de China les adjudicaron gratuita y perversamente una hambruna que supuestamente dejó 14 millones de personas muertas entre 1959-1961. Como si esta campaña de cifras falsas fuera poca, en primera lista de sus buscadores en internet, señalan a Mao como un terrible inquisidor que mató a 70 millones de personas.

Así también vilipendiaron la Dictadura del Proletariado en Rusia, cuando rodeados de 14 potencias imperialistas y con una furiosa resistencia de los campesinos ricos desde adentro, a la nueva patria socialista se le impuso una lucha desesperada entre la vida y la muerte para someter la resistencia capitalista y expulsar a los imperialistas de las fronteras, cargando además con la miseria que dejó el zarismo a la sociedad; los medios de comunicación al servicios de los reaccionarios, les imputó a los bolcheviques, de dos a tres millones de muertos por hambrunas y a Stalin lo muestran como otro dictador que sólo crucificó a unos cuantos cientos de miles de personas menos que Hitler.
La Revolución Socialista en Rusia y China mostró el camino y la solución

Todo lo contrario de la falacia que propagan los reaccionarios, fue en la campaña de El Gran Salto Adelante liderada por el Partido Comunista de China, con Mao Tse-tung a la cabeza, donde se tomaron medidas económicas, sociales y políticas con el objetivo de transformar esa economía agraria milenaria, dependiente y atrasada hasta 1949, en una socialista, con una rápida y fuerte industrialización y colectivización de la agricultura. Dicha campaña, desarrollada entre 1958 y 1961, logró romper el cerco económico capitalista y la pérdida de la ayuda de la Unión Soviética, ya en manos de la nueva burguesía.

Tal fue el progreso del socialismo que en unas cuantas décadas pudo igualar la producción de alimentos de las grandes potencias imperialistas, conseguida luego de por lo menos dos siglos de dominio en el mundo occidental. En 1937 la Unión de Repúblicas Soviéticas Socialistas (URSS) producía más en alimentos que EE.UU. y Canadá juntos (para alimentar a la población, no para producir combustibles). En 1938 la URSS en cifras mundiales produce: la tercera parte del total del trigo, la mitad de la producción de avena y el 80% de la producción de centeno, además de ocupar el primer lugar en la producción de azúcar de remolacha. Pero esta verdad la acallan los reaccionarios porque su interés es prolongar la infernal dominación de clase burguesa. En cuanto a la revolución socialista de China, de 1949 a 1976, generó enormes mejoras en la vida del pueblo chino. De 1949 a 1975 la esperanza de vida se duplicó de 32 a 65 años. ¡A comienzos de los años 70, Shanghai tenía una tasa de mortalidad infantil menor que Nueva York! Con Mao, la economía industrial china tuvo un crecimiento impresionante, un promedio de 10% al año, incluso durante la Revolución Cultural. Entre 1949 y 1976 China, el supuesto “enfermo de Asia”, se transformó en una potencia industrial importante, con una tasa de desarrollo igualada solamente por los grandes auges de crecimiento de la historia y lo logró sin explotación ni ayuda extranjera y en medio de un ambiente internacional hostil.

En cuanto a la Revolución de Octubre de 1917, logró en lo social el primer sistema sanitario gratuito y universal, que elevó la esperanza de vida de los soviéticos, de menos de 40 años en 1917, a llegar a los niveles de occidente en los 80 (70 años). Los logros del sistema sanitario y de la erradicación del hambre se pueden comparar igualmente con la estatura media de los soviéticos, en 1917 1.60 m., en los 80 casi 1.80 m. Este sistema sanitario descubrió el parto sin dolor y realizó los primeros trasplantes de órganos en el mundo.

Jamás la burguesía podrá resolver los problemas sociales de la humanidad, porque su sistema económico social está basado en la propiedad privada y en la ganancia individual, por lo que entre más se produzca y más ricos sean los monopolios, más hambre y miseria habrá entre los oprimidos y explotados. Solo el socialismo, basado en la producción colectiva y con el máximo objetivo de elevar incesantemente el bienestar de los trabajadores, puede resolver los grandes problemas que padece la humanidad, para esto es que se requiere la Revolución Proletaria y la Dictadura del Proletariado, para poder garantizar este inevitable avance social hacia la verdadera libertad y el progreso al servicio de la humanidad.

http://www.revolucionobrera.com/actualidad/el-hambre-bajo-el-capitalismo-y-las-mentiras-contra-el-socialismo/

miércoles, 22 de marzo de 2017

LA “ÉLITE” PODRIDA Y EL CAMINO REVOLUCIONARIO PARA ACABARLA



POR RO

A propósito de los artículos del periodista Daniel Emilio Mendoza

En Colombia el monopolio de los grandes medios de información se corresponde con el monopolio de la vida política y económica en la sociedad. Las riquezas de los enormes grupos parásitos capitalistas que gobiernan el país le han puesto mordaza a la prensa, de una forma tan terrible que es denunciado por las mismas fuentes de información de la burguesía. Los odiados capitalistas Luis C. Sarmiento, Carlos Ardila y Alejandro Santodomingo controlan el 57% de la televisión, radio e internet. En dichos medios se habla de todo cuanto conviene al poder y la concepción ideológica de los ricos. Desde allí se lleva el mensaje de que los poderosos merecen la dominación y los oprimidos y explotados son seres despreciables, sucios, infames y que no les corresponde más de lo que padecen en este infierno.

Artículo va y artículo viene, programas y más programas se hacen para infundir el temor de la dominación capitalista, justificar la represión del Estado y aceptar la intensificación de la dictadura de clase de los ricos contra el pueblo. Las noticias, que más parecen novelas, infunden el temor en todas las familias frente a la terrible descomposición social. Se acusa al lumpen de ser el enemigo y se muestra al Estado y su represión como la salvación.

En estos medios, especialmente en programas que se emiten los domingos en la noche (cuando las familias se reúnen alrededor del televisor), se da la idea de que en el pueblo abundan los abusadores, los violadores y ladrones, que el Estado es quien protege la población contra estos flagelos y que la clase gobernante es quien tiene en sus manos el control para extirpar los males de esta inmunda sociedad. Pero no se habla de los capitalistas, de los dueños del poder, de su concepción ideológica, de su corrupción, de su descomposición y del origen de sus riquezas.

Tomando las sentidas denuncias del periodista Daniel Emilio Mendoza, expulsado infamemente de la Casa Editorial El tiempo, propiedad de quizá el más rico zángano colombiano, Revolución Obrera aprovecha para reforzar la acusación a los centenarios enemigos capitalistas y a su sistema de hambre, superexplotación, miseria y opresión.

En el artículo “Uribe Noguera, el Club El Nogal y la sociopatía institucional”, como en otros que le siguen, Mendoza denunció cómo el conocido pedófilo pertenece al círculo social dominante que discrimina a los oprimidos considerándolos seres despreciables, unos “guisos” (sirvientes); donde estos parásitos actúan como amos frente a los trabajadores y sus familias, a quienes tratan como objetos diseñados para servirles o para satisfacer sus más elementales deseos ─lo que se les pase por la mente, incluido violar y asesinar una niña indefensa como Yuliana Samboní.

Uribe Noguera es apenas una de las muchas personalidades de la burguesía que goza de sus actos contra los oprimidos. Es apenas un caso, pues como ya se ha denunciado por los mismos paramilitares, los altos mandos del ejército pedían muertos para cuadrar sus ascensos frente a los superiores y ganar condecoraciones, viajes y demás dádivas. En la época de La Violencia lo hacían los gobernantes exigiendo orejas de las víctimas a los jefes de la policía y el ejército como prueba del cumplimiento de la orden de desangrar el campo colombiano. La burguesía colombiana, a la que pertenece Uribe Noguera, pasa por encima de los oprimidos y explotados como un derecho adquirido. Es el poder político y económico de los capitalistas lo que les permite violar a las hijas de los trabajadores, desaparecer a los débiles, condenar a la drogadicción a millones de jóvenes, desplazar a por lo menos 7 millones de campesinos, matar cientos de miles de personas para mantener su inmundo estado de cosas… Por esto, si los trabajadores no quieren seguir soportando tal clase zángana, parásita y asesina, deben decidirse a conformar su propio partido político independiente y revolucionario que, siguiendo el Programa Socialista, encause todo el torrente de lucha de los oprimidos y lo conduzca por el camino de la lucha de clases, hacia la Huelga Política de Masas y por la Revolución, hasta derrocar todo el poder del capital, para instaurar sobre sus ruinas el Estado de Obreros y Campesinos, único capaz de someter por la fuerza de la Dictadura del Proletariado a quienes hoy tienen condenado al pueblo colombiano al asesinato, la desaparición, la hambruna y la miseria general.

Mientras el Estado capitalista siga en pie, se les asegurará libertades y derechos a los miembros de la clase dominante como a Uribe Noguera, los Moreno, los Uribe, los Sarmiento… Ni la constitución ni la ley burguesa se les aplica con efectividad a los miembros de la clase poseedora, porque la democracia popular en el reino del dinero no es más que una forma de encubrir la dictadura de la infame minoría explotadora sobre la inmensa mayoría trabajadora. Por ello los capitalistas podrán seguir en el país como en su feudo y tratando a los trabajadores y a sus hijos como sus siervos, a quienes se les niega cualquier tipo de derecho real. El pasado y el presente de Colombia como país capitalista oprimido es el de una sociedad sometida a una doble opresión y explotación: la del imperialismo y del capitalismo, que en una alianza de clases enemigas, someten al pueblo colombiano al peor de los suplicios en toda su historia.

En Colombia no hay ley para los ricos, ni mucho menos aplicación de su engañosa justicia para ellos y sus familias. La libertad de expresión no existe para quien acuse a los explotadores de sus crímenes, ni se puede apelar efectivamente a los “derechos fundamentales” ante ningún poder, ni mucho menos exigir la aplicación del código penal para los miembros de la clase dominante.

Los miembros de la clase burguesa son protegidos por este Estado opresor y corrupto, hecho a su imagen y semejanza; son intocables por el poder de su dinero y la institucionalidad no es más que su servil maquinaria. Por esto el Estado no es quien pueda imponerles linderos a los ociosos propietarios, cuyo poder les da derecho para hacer lo que les dé la gana con los trabajadores del campo y la ciudad, siendo este la fuente de donde emergen pedófilos como los curas pederastas, los Uribe Noguera y sus congéneres.

Por lo anterior es que si se quiere luchar contra esa clase y su dominación, no basta denunciar a sus clubes o directivos, ni despreciar parte de su ideología opresora; es necesario unirse a la lucha de la clase obrera, organizándose clandestinamente, ayudando al derrocamiento del poder político de los capitalistas mediante la revolución. La única manera de poner freno a una clase que no tiene límite en su genocidio y opresión contra el pueblo, es mediante la organización y rebelión de los trabajadores, pasando de la resistencia a la guerra popular hasta alcanzar el triunfo de la Revolución Socialista.

Tenemos no solo “una élite sociópata, sin linderos, rapaz, inhumana, perversa, una élite descompuesta por los millares de simbolismos que la hacen injusta, corrupta y desconsiderada…”, como denuncia el periodista Mendoza sino toda una clase capitalista, que en Colombia está conformada por unos cuantos miles que monopolizan el capital y la tierra, los principales responsables de todos los crímenes sociales.

Los obreros y campesinos solo dejarán de ser tratados por la burguesía como los “guisos inferiores”, las “bestias incultas, sin gusto” y los “animales cochinos”…, cuando sometan a esa clase parásita a las exigencias populares mediante la democracia de los obreros y campesinos armados, que confisque la gran propiedad de los explotadores, les condene sus crímenes ejemplarmente y les someta a tener que trabajar para comer.

Escritos como el presente jamás saldrán en las plataformas inmensas y reconocidas de la burguesía, no serán del alcance internacional que dan herramientas como las que tiene el poder del capital, pero con el trabajo independiente y revolucionario se lleva la conciencia socialista a los trabajadores, hasta convencerlos de la justeza de su lucha, de sus intereses y propósitos inmediatos y futuros. Por esto Revolución Obrera llama a los escritores honestos, a los que empujan los dedos del teclado con los más recónditos sentimiento populares, con el impulso que proporciona la sed de justicia, con el alma puesta en el porvenir de la humanidad, para que hablen a los trabajadores a través de las herramientas del proletariado revolucionario, inspirados por el Programa Socialista, y confiando en la clase más sana y con futuro que tiene la sociedad colombiana: la clase obrera.

Un medio como éste no está al servicio de la manipulación social, como sí lo están todos los grandes medios oficiales de la burguesía, quienes están abierta o solapadamente al servicio del poder. Desde aquí, sí se pueden difundir libremente las ideas y la información que sirve al pueblo para elevar su nivel de conciencia, liberarse de la “élite” podrida y lograr su emancipación definitiva.

http://www.revolucionobrera.com/actualidad/la-elite-podrida-y-el-camino-revolucionario-para-acabarla/

A PROPÓSITO DE LA MUERTE DE UN “FILÁNTROPO” DESALMADO


POR RO

El último de los barones de la dinastía Rockefeller murió a los 101 años. A pesar de los esfuerzos por evitarlo, no pudieron seguir prolongando su detestable vida. El sistema que representa esta familia, también agoniza constriñendo el desarrollo social; la propiedad privada y la explotación del trabajo asalariado, sobre las que descansa el capitalismo, se han convertido en un estorbo para el libre desarrollo de la humanidad y se necesita ayudarlo a morir para que vuelva a florecer la vida.

Las clases dominantes de la sociedad perduran más allá de los individuos y sus intereses económicos y políticos prevalecen, hasta que sean sometidos por una revolución que haga avanzar la historia e impulse el desarrollo. Esa es una ley inexorable. De ahí que la filantropía de los burgueses como David Rockefeller, quien donó la mitad de su riqueza a los pobres, sea un gesto hipócrita para maquillar la profunda desigualdad social creada por el poder de la clase capitalista y las leyes de este sistema en agonía, que ha ocasionado la acumulación de la riqueza en una minoría parásita a cambio de la expropiación, la superexplotación, el hambre y la miseria general en la humanidad.

Muchos reformistas pregonan como salida al desastre social y al peligro de existencia de la vida misma en el planeta, con que amenaza la dominación capitalista, pueden remediarse haciendo conciencia en magnates como Rockefeller, convenciéndolos de permitir que el mundo avance al uso de energías limpias, refinanciando las entidades dedicadas a la ayuda contra la desigualdad mundial, controlando las emisiones de monóxido de carbono, la deforestación, la caza indiscriminada, la usura, las guerras, etc., etc., pero la vida y obra de estos emblemáticos zánganos explotadores, es una muestra de que antes muertos que renunciar a su poder económico y político.

Los Rockefeller son la representación de la guerra y la muerte que ha traído el petróleo en la sociedad capitalista, pero no solo esto, son además la personificación de cómo se maneja el poder burgués en los clubes de ricos y poderosos como el Bilderberg, el poder detrás del parlamento y la presidencia, pues es allí donde se resuelve el qué hacer para fortalecer los intereses monopolistas en el orbe. Los atentados terroristas en New York en 2011 y achacados a Al-Qaeda, están vinculados con la propiedad y los intereses económicos de este señor y su familia. De esto no hablan los biógrafos burgueses interesados en mostrar la filantropía y la austeridad de David Rockefeller, de su divorcio del poder político y de los cargos en el Estado como lo principal de su vida, cuando por el contrario, esto es secundario y apenas una tapadera de lo que era en realidad: calculador, inhumano, avaro, asesino, explotador y destructor de la naturaleza, tanto, como el sistema que representó.

El proletariado debe aprender que la única manera de acabar con el infierno de la explotación asalariada y la opresión imperialista es mediante la revolución. La voluntad y la naturaleza devoradora y depredadora de las clases dominantes y sus representantes no se cambia, porque la ganancia es el ADN que identifica la clase capitalista, nacida de la expropiación y sometimiento de los pueblos, a quienes ahogó en sangre para surgir en la historia como clase dominante.

Es ilusorio pensar que los reaccionarios como Rockefeller un día dejarán toda su fortuna y renunciarán a su dominación de clase por las buenas, como se quiere mostrar al resaltar la labor humanitaria que hacía esta familia en los últimos años de su siniestro abuelo David. Lejos está la llamada voluntad política de los explotadores para resolver los grandes problemas que han creado; por el contrario, así los muestren como filántropos los loros cagatintas, su voluntad política real está en el fortalecimiento de su dictadura de clase por todo el mundo y en todos los países; por ello, este no es el momento de abandonar las armas para quienes luchan contra el Estado opresor como lo hacen los jefes guerrilleros colombianos, pues la rebelión se justifica y con ella la lucha armada contra la dominación de los expropiadores; no es un momento para la conciliación y concertación con los patronos como pregonan los traidores jefes sindicales, sino para azuzar la pelea independiente y revolucionaria de la clase obrera en fiera defensa de sus intereses; no es un momento para condolerse de la crisis general de un sistema que agoniza y esperar a que los representantes del poder como los herederos Rockefeller y los nuevos monopolios más poderosos que esta familiar petrolera y banquera, decidan cambiar la política, salvar la sociedad y la vida.

Los obreros deben tomar la iniciativa histórica y acometer el futuro con la fuerza de sus propias manos, sin la esperanza que sus bandidos enemigos se arrepentirán y cambiarán su postura de clase antagónica, renunciando a su maquinaria de muerte y a su fábrica de billetes con que han sometido y empobrecido a la sociedad. Este es un momento para la lucha revolucionaria; para la organización independiente en un partido político revolucionario del proletariado; para la preparación del levantamiento popular por el camino de la Huelga Política de Masas y la Revolución Socialista, como parte de la Revolución Proletaria Mundial. Este es el tiempo de la crisis económica del sistema mundial capitalista y del avance de la revolución.

http://www.revolucionobrera.com/actualidad/a-proposito-de-la-muerte-de-un-filantropo-desalmado/

EEUU Y LA CONFRONTACIÓN LETAL ENTRE DOS FORMAS DE IMPERIALISMO

EEUU presencia una confrontación letal entre dos imperialismos


James Petras

El ejército estadounidense ya es la fuerza de combate más poderosa del mundo y Estados Unidos gasta mucho más que cualquier otro país en defensa.

El militarismo de Estados Unidos ha crecido exponencialmente a lo largo de las dos primeras décadas del siglo XXI, amparado tanto por los presidentes demócratas como por los republicanos. La histeria con la que los medios de comunicación de masas se han hecho eco del aumento del gasto militar del presidente Trump ignora deliberadamente la enorme expansión que tuvo el militarismo, en todas sus facetas, bajo la presidencia de Obama y de sus dos predecesores, Bill Clinton y George Bush Jr.

En este artículo procederemos a comparar y analizar el ininterrumpido aumento que ha experimentado el militarismo en los últimos diecisiete años. Luego demostraremos que el militarismo es un rasgo estructural esencial mediante el cual el imperialismo estadounidense se inserta en el sistema internacional.

Militarismo

Los enormes incrementos en el gasto militar han sido una constante con independencia de quién fuera el presidente de EE.UU. y de la retórica utilizada en campaña sobre el recorte del gasto militar para dedicar más recursos a la economía interna.

Bill Clinton incrementó el presupuesto bélico de 302 mil millones de dólares (m$) en 2000 a 313 mil m$ en 2001. Bajo el presidente Bush hijo, el gasto militar se disparó de 357 mil m$ en 2002 a 465 mil m$ en 2004 y a 621 mil m$ en 2008. Bajo el presidente Obama (el “candidato de la paz”), el gasto militar siguió creciendo de 669 mil m$ en 2009 a 711 mil m$ en 2011 para luego “descender” a 596 mil m$ en 2017. En la actualidad, el recién instalado presidente Trump ha solicitado un incremento hasta los 650 mil m$ para 2018.

Es necesario clarificar algunas cosas: el presupuesto militar de Obama en 2017 no incluía el coste de diversos departamentos del gobierno “relacionados con la Defensa”, entre ellos el aumento de 25 mil m$ para el programa de armas nucleares del departamento de energía. El gasto militar total de Obama para 2017 ascendió a 623 mil m$, es decir, 30 mil m$ menos que la propuesta de Trump. Además, el presupuesto asignado por Obama a las Operaciones de Contingencia en el Exterior (OCO, por sus siglas en inglés), que no se incluye en las propuestas presupuestarias anuales, se disparó durante su mandato. Esta partida se destina a pagar las guerras de EE.UU. en Afganistán, Irak, Siria, Yemen, Libia y muchos otros países. La realidad es que, en sus ocho años de presidencia, Obama superó en más de 816 mil m$ el gasto militar de George Bush hijo.

El aumento del gasto militar propuesto por Trump está en consonancia con la trayectoria del presidente demócrata, al contrario de lo que afirman los medios de comunicación de masas. Claramente, tanto demócratas como republicanos han aumentado tremendamente su dependencia del ejército como fuerza impulsora del poder mundial. El presupuesto bélico de Obama incluyó siete mil 500m$ para “operaciones contra el ISIS” (un aumento del 50%) y ocho mil m$ para la ciberguerra y el (contra)terrorismo, pero el mayor incremento fue el destinado a aviones de combate indetectables por radar, submarinos nucleares y portaaviones, claramente destinados a enfrentamientos con Rusia, China e Irán. Las tres cuartas partes del presupuesto fueron destinadas a la Armada y la Fuerza Aérea.

Bajo la presidencia de Obama, la escalada de armamento no tuvo como objetivo el combate contra “grupos terroristas” sino contra China y Rusia. Washington tiene la determinación de llevar a la bancarrota a Rusia, con el fin de retornar al vasallaje de la época anterior a Putin. La feroz campaña de la CIA (Obama) y del Partido Republicano contra Trump se fundamenta en su apertura hacia Rusia. La clave para alcanzar la dominación unipolar que EE.UU. lleva décadas intentando lograr depende ahora de que pueda despojar a Trump de su poder y de su gabinete, los cuales se considera que socavan, parcial o totalmente, la estructura del imperialismo estadounidense basado en la potencia militar que han intentado lograr las previas cuatro administraciones.

Aparentemente, el incremento del gasto militar de Trump responde a que quiere convertirlo en una “baza de negociación” de su plan para expandir las oportunidades económicas estadounidenses, llegando a acuerdos con Rusia y renegociando el comercio con China, Asia Oriental (Singapur, Taiwán y Corea del Sur) y Alemania, países acreedores de la mayor parte del déficit comercial anual de Estados Unidos, cifrado en cientos de miles de millones de dólares.

Los repetidos contratiempos de Trump, la presión constante ejercida sobre los cargos que ha nombrado y los estragos que han causado en todas las facetas de su persona y de su vida personal los medios de comunicación de masas, a pesar del ascenso histórico del mercado de valores, indican la existencia de una profunda división en el seno de la oligarquía estadounidense sobre el manejo del poder y sobre “quién gobierna”.

Desde el final de la Segunda Guerra Mundial no habíamos presenciado unas divisiones tan fundamentales en torno a la política exterior. Las anteriores discusiones partidistas han quedado desfasadas. La prensa financiera (el Finantial Times y el Wall Street Journal) está descaradamente alineada con los militaristas, mientras que los agentes financieros de Wall Street respaldan los programas internos favorecedores del empresariado y la apertura conciliatoria con Rusia y China. La mayor parte de la maquinaria de propaganda, es decir, los llamados laboratorios de ideas o think tanks, con sus establos de académicos, “expertos”, editorialistas e ideólogos liberales y neoconservadores, promueven una agresión militar contra Rusia. Mientras tanto, los medios de comunicación populistas, los seguidores de base de Trump, los empresarios nacionales y las cámaras de comercio del país presionan para conseguir rebajas fiscales domésticas y medidas proteccionistas.

El ejército está a favor de Trump y de su concepto de guerras regionales que logren beneficios económicos. Por el contrario, la CIA, la Armada y las Fuerzas Aéreas, que se beneficiaron enormemente con los presupuestos bélicos asimétricos de Obama, buscan una política de confrontaciones militares globales con China y Rusia y múltiples guerras contra sus aliados, como Irán, sin considerar la devastación que provocarían tales políticas en la economía interna.

El concepto de imperialismo de Donald Trump se basa en la exportación de productos y la captura de los mercados, al tiempo que atrae el capital de las corporaciones multinacionales de regreso a Estados Unidos para que reinviertan sus beneficios (actualmente cifrados en más de un billón de dólares que se quedan en el extranjero) en el mercado interno. El nuevo presidente se opone a las alianzas económicas y militares que han incrementado el déficit comercial estadounidense, en contraste con las anteriores administraciones de militaristas que aceptaron gigantescos déficits comerciales y un gasto desproporcionado en intervenciones militares, bases en el exterior y sanciones contra Rusia y sus aliados.

El objetivo de Trump de obligar a que Europa Occidental contribuya económicamente con una mayor cuota de los gastos de la OTAN (reduciendo así la dependencia europea de los gastos militares estadounidenses) cuenta con el rechazo de ambos partidos políticos. Cada uno de los pequeños pasos acometidos por Trump para mejorar las relaciones con Rusia ha levantado la ira de los imperialistas militaristas que controlan las direcciones de demócratas y republicanos.

El imperialismo militarista ha ofrecido unas pocas concesiones tácticas a los aliados de Rusia: los acuerdos inestables con Irán y el Líbano y los endebles acuerdos de paz en Ucrania. Al mismo tiempo, Washington está ampliando sus bases militares desde las regiones nórdicas-bálticas hasta Asia. Y amenaza con apoyar golpes militares en Brasil, Venezuela y Ucrania.

La finalidad estratégica de estas acciones belicosas es rodear y destruir a Rusia como potencial contrapeso independiente a la supremacía global estadounidense.

Las políticas iniciales de Trump tienen como objetivo convertir Estados Unidos en una “fortaleza”: el aumento del presupuesto militar, el reforzamiento del poder policial y militar a lo largo de la frontera mexicana y en los estados del Golfo ricos en petróleo. La agenda de Trump pretende reforzar el poder del ejército en Asia y otros lugares con el fin de mejorar la posición económica de Estados Unidos de cara a una negociación bilateral con el objetivo de aumentar los mercados para la exportación.

Conclusión

Cuatro tanques del ejército de los Estados Unidos se aproximaron a la frontera de Rusia por Estonia, como parte de una maniobra de la OTAN. Foto: David Mdzinarishvili/ Reuters.

Estados Unidos está presenciando una confrontación letal entre dos imperialismos muy polarizados.

El militarismo, la forma asentada del imperialismo estadounidense, está profundamente arraigado dentro del aparato permanente del Estado. En este se incluyen los 17 organismos de inteligencia, los departamentos de propaganda, la Armada y las Fuerzas Aéreas, así como el sector de alta tecnología y las élites económicas capitalistas que se han beneficiado de las importaciones extranjeras y de la mano de obra cualificada barata a expensas de los trabajadores estadounidenses. Su historial está repleto de guerras desastrosas, pérdida de mercados, reducción de los salarios, deterioro del nivel de vida y traslado de empleos bien remunerados al extranjero. En el mejor de los casos, lo único que han conseguido es asegurarse la lealtad de unos pocos regímenes vasallos débiles, pagando un precio enorme.

La pretensión del régimen de Trump de diseñar una alternativa imperialista se basa en una estrategia más sutil: utilizar el poder militar para mejorar el mercado laboral interno y conseguir el respaldo de las masas para realizar intervenciones económicas en el extranjero.

Ante todo, Trump es consciente de que no es posible aislar a Rusia de sus mercados europeos ni derrotarla mediante sanciones. Esto le ha llevado a proponer la negociación de un acuerdo global que permita tratos comerciales a gran escala, lo que favorecería a los bancos estadounidenses, así como a los sectores del petróleo, la agricultura y la alta industria.

En segundo lugar, Trump es partidario del “imperialismo social”, gracias al cual los mercados de exportación basada en la industria local, mano de obra y bancos estadounidenses producirían un aumento de los salarios y de los beneficios para las empresas y los trabajadores de este país. El imperialismo de EE.UU. no dependería de invasiones militares costosas y destinadas al fracaso, sino de “invasiones” del extranjero a cargo de las industrias y bancos estadounidenses que luego retornarían sus beneficios a EE.UU. para poder invertir e impulsar el mercado de valores ya estimulado por sus planes anunciados de desregulación y recortes fiscales.

La transición del presidente Trump hacia este nuevo paradigma imperial se enfrenta a un adversario formidable que hasta el momento ha conseguido bloquear su agenda y que amenaza con derribar su régimen.

Trump no ha sido capaz, desde el principio, de consolidar el poder del Estado, un error que ha socavado su administración. Aunque la victoria electoral le situó en la Oficina de la Presidencia, su régimen es solo un aspecto del poder del Estado, vulnerable a la erosión y destitución inmediata por parte de las ramas coercitiva y legislativa, determinadas a provocar su defunción política. Las otras ramas del gobierno están llenas de remanentes del régimen de Obama y de los anteriores y completamente comprometidas con el militarismo.

En tercer lugar, Trump no ha conseguido movilizar a sus partidarios entre las élites y a su masa de seguidores en torno a unos medios de comunicación alternativos. Sus “tuits de primera hora de la mañana” son un contrapeso muy débil al ataque concentrado de los medios de comunicación sobre su forma de gobierno.

En cuarto lugar, aunque Trump ha logrado algunos apoyos internacionales tras sus encuentros con gobernantes de Japón e Inglaterra, dio marcha atrás a sus negociaciones con Rusia, fundamentales para socavar a sus adversarios imperiales.

En quinto lugar, Trump no ha conseguido conectar sus políticas de inmigración con un programa eficaz para relanzar el empleo interno ni sacar a la luz y capitalizar las draconianas políticas antiinmigración puestas en marcha por la administración Obama, mediante las cuales se encarceló y se expulsó del país a millones de personas.

En sexto lugar, Trump ha fracasado a la hora de comunicar el vínculo entre sus programas económicos favorecedores del mercado y el gasto militar y su relación con un paradigma totalmente diferente.

Como consecuencia de todo ello, el éxito del ataque militarista liberal-neoconservador al nuevo presidente ha puesto en retirada su estrategia central. Trump se encuentra sometido a un asedio que lo pone a la defensiva. Aunque consiga sobrevivir a este ataque concentrado, su concepción original de “reconstruir” la política imperial y la política interna de EE.UU. está destruida y los pedazos de esta mezclarán lo peor de ambos mundos: Sin la expansión de los mercados exteriores para los productos estadounidenses y un programa de empleo interno que logre el éxito, las perspectivas de que Donald Trump vuelva a las guerras en el extranjero y abra paso a la caída del mercado no dejan de aumentar.

(Tomado de Humanidad en Red)

https://www.desdeabajo.info/politica/31074-eeuu-presencia-una-confrontacion-letal-entre-dos-imperialismos.html

domingo, 19 de marzo de 2017

146 AÑOS DE LA COMUNA DE PARÍS, LECCIONES DEL PRIMER GOBIERNO OBRERO DE LA HISTORIA

DOSSIER: HISTORIA DE LA CLASE OBRERA



Lecciones de la Comuna de París

por CCI 

El artículo que sigue ha sido escrito por un simpatizante muy próximo a la CCI. Realiza un esfuerzo notable de recuperación de la memoria histórica del proletariado. La Comuna de París fue una de las grandes experiencias de lucha proletaria que debe ser conocida y estudiada críticamente por las generaciones actuales. De esta manera encontrarán armas para hacer frente a la situación actual y las grandes dificultades que hoy padece la clase obrera.

CCI
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Como ocurre con casi todos los acontecimientos históricos protagonizados por el proletariado, la Comuna de París es un acontecimiento sobre el que muchos pretendidos historiadores, de todas las ideologías, han vertido la tinta de sus plumas abundantemente.

La Comuna de 1871 no es sino otro de los tantos episodios de la historia de la clase obrera que ésta debe recuperar y comprender dentro del periodo histórico que la alumbró y por los protagonistas que tuvo. Al igual que ocurre con la revolución rusa o la alemana del periodo revolucionario de 1917-23, la experiencia de la Comuna supone una importante lección para el proletariado, si de verdad quiere repropiarse de su perspectiva histórica y despejar la niebla bajo la que la ha situado la contrarrevolución estalinista, a coro con la propaganda general del izquierdismo y las plumas a sueldo del Estado de los ''expertos'' marxólogos de academia.

Hace 145 años, el 28 de mayo de 1871, tenían lugar en las faldas de Belleville los últimos combates de los comuneros contra el ejército francés comandado por Thiers desde Versalles. ¿Qué importancia puede tener una insurrección, tan súbitamente sofocada (la Comuna apenas sobrevivió dos meses) para la perspectiva de los proletarios hoy día? La clave a esta pregunta está en las lecciones que extrajeron los revolucionarios contemporáneos a esa experiencia y sucesores del movimiento que la vertebró. Si algo supuso la Comuna, fueron dos cosas:
la confirmación de que el movimiento del proletariado tenía unas características y una iniciativa propias y específicas, más allá de como meros protagonistas “de ala izquierda” de las guerras nacionales revolucionarias de la burguesía contra la aristocracia feudal
la salida a flote de lecciones fundamentales sobre el Estado y lo que la lucha proletaria tiene que decir en cuanto al Estado

A lo largo de este artículo traeremos a colación los principales escritos de Marx, Engels, Lenin y las organizaciones de la Izquierda Comunista al respecto, para ayudarnos a contribuir en la clarificación de tan importante acontecimiento histórico, que supuso un genuino punto de inflexión en la comprensión que la teoría revolucionaria tenía del movimiento del proletariado y el futuro que este depara a la sociedad, en especial a la máquina del Estado.

Los antecedentes de la Comuna

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En 1871, el proletariado francés ya había pasado por varias experiencias revolucionarias relativamente recientes en la primera mitad del siglo XIX. Aun profundamente marcadas por la gran revolución burguesa de 1789, las revoluciones francesas de 1830 y sobre todo de 1848, en cuyo mes de junio el proletariado entabló su primer combate masivo contra la burguesía de la cual había sido aliado político, hasta entonces, contra los vestigios sociales e históricos del feudalismo, marcaron la entrada en la historia del proletariado como una clase con iniciativa histórica y una perspectiva propias, aún imposibles de realizarse materialmente en su totalidad, en sus consecuencias directamente revolucionarias[1].

Es así como Engels describe lo que fue la señal de salida de la historia del último combate de clases entre las dos fuerzas principales de la naciente sociedad burguesa (los capitalistas y los proletarios), combate que antes sólo existía de forma solapada, latente: esto es, los inicios de la aparición del movimiento autónomo y consciente del proletariado, con sus reivindicaciones y características propias enfrentadas al resto de las clases de la sociedad burguesa, opuestas a los intereses de una joven burguesía con la que había mantenido una muy delicada alianza contra la reacción feudal:

“Era, pues, lógico e inevitable que nuestra manera de representarnos el carácter y la marcha de la revolución «social» proclamada en París en febrero de 1848, de la revolución del proletariado, estuviese fuertemente teñida por el recuerdo de los modelos de 1789 y de 1830. Y, finalmente, cuando el levantamiento de París encontró su eco en las insurrecciones victoriosas de Viena, Milán y Berlín; cuando toda Europa, hasta la frontera rusa, se vio arrastrada al movimiento; cuando más tarde, en junio, se libró en París, entre el proletariado y la burguesía, la primera gran batalla por el poder; cuando hasta la victoria de su propia clase sacudió a la burguesía de todos los países de tal manera que se apresuró a echarse de nuevo en brazos de la reacción monárquico-feudal que acababa de ser abatida, no podía caber para nosotros ninguna duda, en las circunstancias de entonces, de que había comenzado el gran combate decisivo y de que este combate había de llevarse a término en un solo período revolucionario, largo y lleno de vicisitudes, pero que sólo podía acabar con la victoria definitiva del proletariado.”[2]

En la introducción a la misma obra antes citada, Marx también deja entrever una idea parecida cuando afirma que lo que sucumbía en estas derrotas no era la revolución. Eran los tradicionales apéndices prerrevolucionarios, resultado de relaciones sociales que aún no se habían agudizado lo bastante para tomar una forma bien precisa de contradicciones de clase: personas, ilusiones, ideas, proyectos de los que no estaba libre el partido revolucionario antes de la revolución de febrero y de los que no podía liberarlo la victoria de febrero, sino sólo una serie de derrotas[3].

Sin embargo, era evidente que el proletariado no tardaría en manifestarse como una fuerza independiente dentro de la sociedad burguesa y que evidenciaba la existencia de intereses irreconciliables en el seno de ésta. La Comuna fue entonces una de las primeras experiencias que manifestaron, de forma llamativamente clara (tras el primer combate de la revolución de febrero de 1848), las premisas y características definitorias del movimiento del proletariado. Y este movimiento histórico sólo empezaba a definirse en sumo detalle, no como un complemento o un proveedor de carne de cañón para el movimiento revolucionario de la burguesía democrática, sino como el movimiento de una clase portadora de la destrucción de la sociedad de clases y su sustitución por la comunidad humana universal del comunismo.

El contenido de la Comuna

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Engels subraya en el prefacio de 1872 de la edición alemana del Manifiesto Comunista:

“Este programa ha quedado a trozos anticuado por efecto del inmenso desarrollo experimentado por la gran industria en los últimos veinticinco años, con los consiguientes progresos ocurridos en cuanto a la organización política de la clase obrera, y por el efecto de las experiencias prácticas de la revolución de febrero en primer término, y sobre todo de la Comuna de París, donde el proletariado, por vez primera, tuvo el Poder político en sus manos por espacio de dos meses. La comuna ha demostrado, principalmente, que “la clase obrera no puede limitarse a tomar posesión de la máquina del Estado en bloque, poniéndola en marcha para sus propios fines””.

Estas palabras tienen un gran significado teniendo en cuenta que hasta el momento, la mayor parte del socialismo contemporáneo a las revoluciones de 1848 y 1871 estaba compuesto o bien por los socialistas utópicos owenianos y fourieristas, o bien por escuelas del socialismo como la alemana de Lasalle, de quien Engels decía que sus partidarios no pasaron más allá de su exigencia de cooperativas de producción con crédito del Estado[4]. Es el mismo Engels el que hace notar que fueron experiencias como la Comuna las que dejaron a estas expresiones del socialismo utópico[5], productos de una época anterior, en un estado agonizante que no se correspondía con un nuevo periodo en el que el proletariado empezaba a entrar en la escena de la historia con toda su fuerza, demostrando que el contenido de su movimiento era bien distinto de todas las recetas y cataplasmas sociales salidos de las ''geniales'' mentes de individuos que ya lo tenían todo resuelto en su propia cabeza.

¿Y qué fue lo que puso al proletariado en marcha a un nivel nunca visto hasta entonces, del que sólo se tuvo un reflejo en junio de 1848? La guerra. Aunque siempre hay que precaverse de análisis mecanicistas en este sentido, puesto que nunca hay un ''disparo de salida'' en las grandes revoluciones proletarias, sino que lo que conduce a ellas es un proceso acumulativo de experiencias, contradicciones y derrotas, es cierto que la miseria y la presión causadas por la invasión prusiana y el cerco de París pudieron ser un potente catalizador de las energías de los obreros. Al igual que ocurriría con la revolución rusa y la alemana en el periodo de 1917-23, el intento de la burguesía por embarcar a los obreros en sus conflictos inter-capitalistas no condujo sino a la explosión, en un determinado momento, de todas las frustraciones acumuladas en la clase por la explotación y la alienación de sus vidas y el recuerdo de las derrotas sangrientas a las que la burguesía los había sometido hacía un par de décadas[6].

Quiso la historia que fuera en marzo de 1871 que los obreros parisinos protagonizaran una rebelión masiva y plantaran una bandera roja en el Hôtel de Ville. A partir de aquí, surge la gran contradicción en torno a la que girará toda la experiencia histórica de la Comuna y que será el pilar maestro de este escrito:
Por un lado, el programa proletario, el movimiento específicamente por y para la clase de los obreros, se manifiesta dejando vislumbrar los métodos y formas específicos de disponer de su propia fuerza armada, física y políticamente, que la clase obrera habrá de asumir en sus luchas revolucionarias directas y que volverán a reproducirse en posteriores experiencias revolucionarias a un nivel mucho mayor (en 1905, en 1917...): destrucción de la burocracia estatal y el ejército permanente, organización masiva, permanente y consciente de los obreros armados, vertebración de un cuerpo de delegados elegibles y revocables en todo momento, responsables de sus decisiones ante todos los obreros y sin cobrar más por sus funciones que un obrero cualificado. Es decir: la primera experiencia de la dictadura revolucionaria del proletariado que en el futuro volvería a redefinirse a un nivel muy superior.
Por otro lado, la inevitable permanencia en las mentes de los obreros (que no era sino reflejo de la misma realidad histórica) de las reminiscencias del programa de la burguesía revolucionaria que no podía sino seguir presente en el periodo de ascendencia histórica del capitalismo, que llevarían a Marx a saludar a la Comuna como un organismo de instituciones verdaderamente democráticas y al proletariado que la articulaba como la verdadera fuerza realizadora de la unidad de la nación contra la reacción, y a Engels a reconocer, quizá más lúcidamente que su colega, que la Comuna no hizo en muchos ámbitos sino cumplir con las reformas que la burguesía francesa debía haber cumplido frente a los vestigios semi-feudales aún presentes en el tejido económico.

En cuanto a lo que la Comuna aportó en la definición del contenido del movimiento proletario, que fue mucho, encontramos lecciones cruciales en torno a las cuestiones del Estado y de la articulación de la dictadura del proletariado:

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“Los proletarios de París –decía el Comité Central en su manifiesto del 18 de marzo–, en medio de los fracasos y las traiciones de las clases dominantes, se han dado cuenta de que ha llegado la hora de salvar la situación tomando en sus manos la dirección de los asuntos públicos... han comprendido que es su deber imperioso y su derecho indiscutible hacerse dueños de sus propios destinos, tomando el Poder''. Pero la clase obrera no puede limitarse simplemente a tomar posesión de la máquina del Estado tal como está, y a servirse de ella para sus propios fines.

El Poder estatal centralizado, con sus órganos omnipresentes: el ejército permanente, la policía, la burocracia, el clero y la magistratura –órganos creados con arreglo a un plan de división sistemática y jerárquica del trabajo–, procede de los tiempos de la monarquía absoluta y sirvió a la naciente sociedad burguesa como un arma poderosa en sus luchas contra el feudalismo. Sin embargo, su desarrollo se veía entorpecido por toda la basura medioeval: derechos señoriales, privilegios locales, monopolios municipales y gremiales, códigos provinciales. La escoba gigantesca de la Revolución Francesa del siglo XVIII barrió todas estas reliquias de tiempos pasados, limpiando así, al mismo tiempo, el suelo de la sociedad de los últimos obstáculos que se alzaban ante la superestructura del edificio del Estado moderno, erigido en tiempos del Primer Imperio, que, a su vez, era el fruto de las guerras de coalición de la vieja Europa semifeudal contra la Francia moderna. [...] Al paso que los progresos de la moderna industria desarrollaban, ensanchaban y profundizaban el antagonismo de clase entre el capital y el trabajo, el Poder estatal fue adquiriendo cada vez más el carácter de poder nacional del capital sobre el trabajo, de fuerza pública organizada para la esclavización social, de máquina del despotismo de clase. Después de cada revolución, que marca un paso adelante en la lucha de clases, se acusa con rasgos cada vez más destacados el carácter puramente represivo del Poder del Estado. La Revolución de 1830, al dar como resultado el paso del Gobierno de manos de los terratenientes a manos de los capitalistas, lo que hizo fue transferirlo de los enemigos más remotos a los enemigos más directos de la clase obrera. Los republicanos burgueses, que se adueñaron del Poder del Estado en nombre de la Revolución de Febrero, lo usaron para provocar las matanzas de Junio, para probar a la clase obrera que la República "social" era la República que aseguraba su sumisión social y para convencer a la masa monárquica de los burgueses y terratenientes de que podían dejar sin peligro los cuidados y los gajes del gobierno a los “republicanos” burgueses. Sin embargo, después de su única hazaña heroica de Junio, no les quedó a los republicanos burgueses otra cosa que pasar de la cabeza a la cola del Partido del Orden, coalición formada por todas las fracciones y fracciones rivales de la clase apropiadora, en su antagonismo, ahora abiertamente declarado, contra las clases productoras. La forma más adecuada para este gobierno de capital asociado era la República Parlamentaria, con Luis Bonaparte como presidente. Fue éste un régimen de franco terrorismo de clase y de insulto deliberado contra la vil muchedumbre. Si la República Parlamentaria, como decía el señor Thiers, era “la que menos los dividía” (a las diversas fracciones de la clase dominante), en cambio abría un abismo entre esta clase y el conjunto de la sociedad situado fuera de sus escasas filas. Su unión venía a eliminar las restricciones que sus discordias imponían al Poder del Estado bajo regímenes anteriores, y, ante el amenazante alzamiento del proletariado, se sirvieron del Poder estatal, sin piedad y con ostentación, como de una máquina nacional de guerra del capital contra el trabajo.”[7]

Cuán diferentes son estas palabras y muchas que le siguen en el Manifiesto del Consejo General de la AIT[8] sobre la guerra civil en Francia, a las pantomimas programáticas, electoralistas o no, pero democráticas y nacionalistas en todo caso, de las organizaciones izquierdistas actuales, desde las estalinistas y maoístas a las ''reinventadas'' a lo Podemos o Syriza, pasando por las trotskistas y demás. El proletariado, aún sin poder desarrollar por entonces órganos propiamente suyos y radicalmente diferentes a los órganos de representación oficiales de la sociedad burguesa para el ejercicio consciente de su dictadura (como sí lo haría en la forma de los soviets y consejos obreros a partir de 1905), teniendo que ejercer su acción a través de la elección de los consejos municipales parisinos, dejaba claro, incluso con tales limitaciones, para Marx y sus contemporáneos, que su acción revolucionaria no iba orientada sino a la destrucción de esa máquina de guerra nacional del capital contra el trabajo que es el Estado. Y no se habla aquí del Estado como un gabinete de una legislatura particular presidido por un grupo de burgueses particulares, sustituibles por ''otro'' gobierno ''menos'' reaccionario o “menos” contrario a los intereses de la clase obrera, sino que como vemos y veremos, se habla del Estado en su más radical origen como forma de organización social histórica nacida en los últimos estertores del feudalismo (o mejor dicho, en los primeros albores de la joven burguesía) y que bajo el régimen del capital se potencia hasta sus últimas consecuencias como guardián y centinela de la explotación de clase.

“El Poder del Estado, que aparentemente flotaba por encima de la sociedad, era, en realidad, el mayor escándalo de ella y el auténtico vivero de todas sus corrupciones. Su podredumbre y la podredumbre de la sociedad a la que había salvado, fueron puestas al desnudo por la bayoneta de Prusia, que ardía a su vez en deseos de trasladar la sede suprema de este régimen de París a Berlín. El imperialismo es la forma más prostituida y al mismo tiempo la forma última de aquel Poder estatal que la sociedad burguesa naciente había comenzado a crear como medio para emanciparse del feudalismo y que la sociedad burguesa adulta acabó transformando en un medio para la esclavización del trabajo por el capital.

La antítesis directa del Imperio era la Comuna. El grito de "República social", con que la Revolución de Febrero fue anunciada por el proletariado de París, no expresaba más que el vago anhelo de una República que no acabase sólo con la forma monárquica de la dominación de clase, sino con la propia dominación de clase. La Comuna era la forma positiva de esta República.”[9]

Aún con todo, Marx es capaz de ver, aún de forma intuitiva y poco desarrollada, que la Comuna, entendiéndose en su más radical sentido como el movimiento consciente de los proletarios, más que como algo representado en instituciones permanentes, se distanciaba de las formas parlamentarias de proceder en la organización de los asuntos sociales, afirmando que la Comuna no había de ser un organismo parlamentario, sino una corporación de trabajo, ejecutiva y legislativa al mismo tiempo, y que el régimen comunal habría devuelto al organismo social todas las fuerzas que hasta entonces venía absorbiendo el Estado parásito, que se nutre a expensas de la sociedad y entorpece su libre movimiento[10].

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Engels tuvo la oportunidad de analizar el movimiento en retrospectiva, con varias décadas de distancia, lo que casi siempre permite hacer un balance más sesudo y que abarque todos los aspectos de los fenómenos históricos, sin verse el militante que se ha envuelto directamente en los tumultos que hacen avanzar o retroceder el acontecimiento que sea del movimiento obrero.

Fue así que, como mencionábamos anteriormente, Engels fue capaz, aún de forma no muy desarrollada, de delimitar dentro del levantamiento comunero el contenido netamente proletario y que se situaba en la línea de la perspectiva revolucionaria de la clase obrera, de aquéllos aspectos de la Comuna que no eran otra cosa sino la implantación de reformas que la burguesía sólo había aspirado a implantar, pero que no lo había hecho por “echarse en brazos de la reacción” al enfrentarse al nacimiento del movimiento autónomo del proletariado: “Así, el carácter de clase del movimiento de París, que antes se había relegado a segundo plano por la lucha contra los invasores extranjeros, apareció desde el 18 de marzo en adelante con rasgos enérgicos y claros.

Como los miembros de la Comuna eran todos, casi sin excepción, obreros o representantes reconocidos de los obreros, sus decisiones se distinguían por un carácter marcadamente proletario. Estas, o bien decretaban reformas que la burguesía republicana sólo había renunciado a implantar por cobardía pero que constituían una base indispensable para la libre acción de la clase obrera, como, por ejemplo, la implantación del principio de que, con respecto al Estado, la religión es un asunto puramente privado; o bien la Comuna promulgaba decisiones que iban directamente en interés de la clase obrera, y en parte abrían profundas brechas en el viejo orden social. Sin embargo, en una ciudad sitiada, todo esto sólo pudo, a lo sumo, comenzar a realizarse. Desde los primeros días de mayo, la lucha contra los ejércitos del Gobierno de Versalles, cada vez más nutridos, absorbió todas las energías.”[11]

La importancia de estas palabras recobran su fuerza cuando el panorama político con el que casi todos los obreros suelen encontrarse de bruces es el de las organizaciones izquierdistas, cuya existencia deben y se debe al mantenimiento de un Estado en cuyo seno llaman a los obreros a buscar la laicidad, a buscar la elección de ''mejores'' representantes, etc. Y lo justifican con un sentido del pragmatismo y del ''realismo'' que no es otro que el del dirigente político burgués que debe velar más por el pago de las cuotas para mantener en alza, a toda costa, la actividad de su organización, que por la búsqueda honesta de principios y la indagación en la evolución verdadera de la teoría revolucionaria al calor de las grandes experiencias de lucha del proletariado.

Basta leer a un Marx y a un Engels con su pluma espoleada por uno de los primeros movimientos directamente revolucionarios de la clase obrera, animados a exprimir el jugo de tal experiencia, para darse cuenta de lo mucho que los separa de las organizaciones mencionadas.

Más adelante en el citado Preludio, Engels escribe: “La Comuna tuvo que reconocer desde el primer momento que la clase obrera, al llegar al Poder, no puede seguir gobernando con la vieja máquina del Estado; que, para no perder de nuevo su dominación recién conquistada, la clase obrera tiene, de una parte, que barrer toda la vieja máquina represiva utilizada hasta entonces contra ella, y, de otra parte, precaverse contra sus propios diputados y funcionarios, declarándolos a todos, sin excepción, revocables en cualquier momento”[12]. Cómo habrían de resonar estas palabras a la luz de experiencias históricas como la revolución rusa, es algo realmente impresionante de considerar. Engels afirma que la clase obrera debe precaverse contra sus propios funcionarios, a los que elige en sus organizaciones de masas de lucha directa contra el capital y el Estado en el periodo revolucionario. Esto no es otra cosa que afirmar que el corazón de los órganos de lucha de la clase en el momento de la revolución, los que utiliza para orientar su lucha contra la contrarrevolución armada y reorganizar la sociedad sobre nuevas bases, deben mantenerse independientes de ese aparato de Estado que inevitablemente surge entonces, cuya verdadera finalidad no es otra que la de disolverse a sí mismo, y que nace cuando la clase obrera organiza su dictadura revolucionaria. La fagocitosis que el aparato administrativo de los Soviets y el Partido Bolchevique realizaron hacia los consejos de fábrica, corazón y alma de la revolución rusa y mundial[13], son un buen ejemplo de la lucidez de Engels al escribir esas líneas[14].

Pero sigamos más adelante con las que son quizás las palabras más populares de este preludio.

“Según la concepción filosófica, el Estado es la "realización de la idea", o, traducido al lenguaje filosófico, el reino de Dios en la tierra, el campo en que se hacen o deben hacerse realidad la verdad y la justicia eternas. De aquí nace una veneración supersticiosa hacia el Estado y hacia todo lo que con él se relaciona, veneración que va arraigando más fácilmente en la medida en que la gente se acostumbra desde la infancia a pensar que los asuntos e intereses comunes a toda la sociedad no pueden ser mirados de manera distinta a como han sido mirados hasta aquí, es decir, a través del Estado y de sus bien retribuidos funcionarios. Y la gente cree haber dado un paso enormemente audaz con librarse de la fe en la monarquía hereditaria y jurar por la República democrática. En realidad, el Estado no es más que una máquina para la opresión de una clase por otra, lo mismo en la República democrática que bajo la monarquía; y en el mejor de los casos, un mal que el proletariado hereda luego que triunfa en su lucha por la dominación de clase. El proletariado victorioso, tal como hizo la Comuna, no podrá por menos de amputar inmediatamente los peores lados de este mal, hasta que una generación futura, educada en condiciones sociales nuevas y libres, pueda deshacerse de todo ese trasto viejo del Estado.

Últimamente las palabras "dictadura del proletariado" han vuelto a sumir en santo terror al filisteo socialdemócrata. Pues bien, caballeros, ¿queréis saber qué faz presenta esta dictadura? Mirad a la Comuna de París: ¡he ahí la dictadura del proletariado!”[15].

La perspectiva del proletariado en la reconquista de su identidad y consciencia de clase, y en el acometimiento de su misión histórica de superación de la sociedad de clases y la articulación de la comunidad material humana mundial, no concibe otra tarea con respecto al Estado que su total destrucción y la toma de consciencia de que sus propios órganos de lucha revolucionaria, los consejos obreros de los que a continuación oiremos hablar a Lenin, son órganos que no están orientados sino a la disolución de toda forma de Estado posible, incluido el aparato administrativo que inevitablemente surgirá de ellos, y que intentará aglutinar a más clases a parte del proletariado en aras de amortiguar el choque entre las clases e impedir que continúe hasta sus consecuencias finales (y no hay tarea más definitoria del Estado que ésa). A esto se refiere Engels cuando afirma que el Estado no es sino una relación social cuyas manifestaciones vivas heredará el proletariado tras articular su dictadura, como un mal que seguirá pesando tras su victoria.

De esta forma, y cumpliendo con lo que decíamos antes con respecto a la distancia temporal con la que el mismo Engels sería capaz de hacer un balance de conjunto de la Comuna de París, el revolucionario Lenin, a la luz de las nuevas experiencias de lucha del proletariado en 1905, tendría los materiales necesarios a su alcance para desarrollar el enfoque sobre la cuestión sobre nuevas bases.

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La época en la que Lenin acomete el análisis de la Comuna, en 1908, había conocido ya por vez primera y tan sólo 3 años antes el surgimiento de los órganos de lucha masivos de la clase obrera, articulados por y para ella: los consejos obreros. Más que correctamente, Lenin y los revolucionarios rusos son capaces de ver la enorme importancia de este fenómeno, que recobraría toda su fuerza en la oleada revolucionaria mundial de 1917, y de tenerlo en cuenta para sus análisis de las nuevas formas en la que se estaba desarrollando el movimiento del proletariado, de los que ya podemos encontrar alguna reminiscencia en la Comuna de París. Así de profunda fue una experiencia histórica que empezaba a marcar el camino para lo que sería un movimiento internacional revolucionario que la sucedería casi medio siglo después, y que compartiría, salvando las enormes distancias (sucesivas guerras de guerrillas entre las burguesías europeas, una guerra mundial, la entrada del capitalismo en su etapa histórica de decadencia...) rasgos comunes en cuanto a la acción libre, espontánea y autoorganizada de la clase obrera y la representación de los obreros en estos órganos asamblearios de masas que habían creado.

Como es debido en todo balance histórico de cualquier episodio en el que para bien o para mal se ve implicada la clase obrera, Lenin no teme señalar las limitaciones y defectos presentes en el momento, tanto los que imponía el momento histórico como los que cometen los protagonistas de esos actos de la historia. En esa línea, que recuerda a las precisiones hechas por Engels y en las que pusimos hincapié anteriormente, Lenin señala en su escrito sobre la Comuna: “Al sublevarse contra el viejo régimen, el proletariado asumió dos tareas, una nacional y la otra de clase: liberar a Francia de la invasión alemana y liberar del capitalismo a los obreros mediante el socialismo. Esta combinación de las dos tareas constituye el rasgo más peculiar de la Comuna”[16].

Una vez más, la confrontación entre el inicio, el despertar de los primeros esbozos del programa del proletariado consciente y las reminiscencias de las nociones democrático-burguesas radicales de lucha contra la reacción feudal que aún perduraban en el seno de la clase. La crítica de Lenin a la pervivencia de esta ideología y del nacionalismo en las mentes de los proletarios no hace concesiones, como no había de hacerlas frente a la imperiosa necesidad de aclarar y de separar la paja del trigo de lo que pertenece genuinamente a la perspectiva revolucionaria de la clase obrera y de lo que no: “La burguesía formó entonces el "gobierno de la defensa nacional”, bajo cuya dirección tenía que luchar el proletariado por la independencia de toda la nación. Se trataba, en realidad de un gobierno “de la traición nacional”, el cual consideraba que su misión consistía en luchar contra el proletariado parisiense. Pero el proletariado, cegado por las ilusiones patrióticas, no se daba cuenta de ello. La idea patriótica arrancaba de la Gran Revolución del siglo XVIII; ella se apoderó de los cerebros de los socialistas de la Comuna, y Blanqui, por ejemplo, que era sin duda alguna un revolucionario y un ferviente partidario del socialismo, no hallo para su periódico mejor titulo que el angustioso grito burgués “¡La Patria esta en peligro!”

La conjugación de estas tareas contradictorias –el patriotismo y el socialismo– constituyó el error fatal de los socialistas franceses. En el Manifiesto de la Internacional, en septiembre de 1870, Marx puso ya en guardia al proletariado francés contra el peligro de dejarse llevar del entusiasmo por una falsa idea nacional. Profundos cambios se habían operado desde los tiempos de la Gran Revolución; las contradicciones de clase se habían agudizado, y si entonces la lucha contra la reacción de toda Europa unía a toda la nación revolucionaria, ahora el proletariado ya no podía fundir sus intereses con los intereses de otras clases, que le eran hostiles […] la misión del proletariado era luchar por la emancipación socialista del trabajo frente al yugo de la burguesía[...] Pero dos errores malograron los frutos de la brillante victoria. El proletariado se detuvo a mitad del camino: en lugar de proceder a la “expropiación de los expropiadores”, se puso a soñar con la entronización de la justicia suprema en un país unido por una tarea común a toda la nación”[17]

Este internacionalismo intransigente fue el que caracterizaría a las fracciones de izquierda de la II Internacional frente a la guerra imperialista de 1914, impidiendo que las organizaciones de la clase obrera, ya profundamente gangrenadas anteriormente por el cretinismo parlamentario y sindical, pasaran en bloque al bando de la burguesía, por muy pequeñas que fueran las minorías que se despegaron de forma clara y concisa de los social-patriotas (los bolcheviques rusos, Luxemburgo, Gorter y Pannekoek en Alemania y Holanda, etc.).

Y este internacionalismo no es sólo un punto de vista desde el que criticar las limitaciones de los comuneros y de su acción en 1871, puesto que también fue una realidad patente en los días que precedieron a ese acontecimiento histórico. Con razón de la invasión prusiana de Francia, la AIT ponía de relieve en uno de sus manifiestos: “En Chemnitz, una asamblea de delegados, que representaban a 50.000 obreros de Sajonia, adoptó por unanimidad la siguiente resolución: ''En nombre de la democracia alemana y especialmente de los obreros que forman el Partido Socialdemócrata, declaramos que la actual es una guerra exclusivamente dinástica... Nos hallamos felices de estrechar la mano fraternal que nos tienden los obreros de Francia... Atentos a la consigna de la Asociación Internacional de los Trabajadores:¡Proletarios de todos los países, uníos! Jamás olvidaremos que los obreros de todos los países son nuestros amigos y los déspotas de todos los países, nuestros enemigos.””[18].

Pero evidentemente no todo estuvo marcado por la pervivencia de las ilusiones nacionales de la burguesía en su época revolucionaria, aquí la contradicción ya señalada a lo largo de todo este escrito vuelve al primer plano, al percatarse uno de que la Comuna, cuyos miembros se consideraban parte de una República del trabajo mundial, describió trazos en sus declaraciones y acciones de una vocación internacionalista acorde a su naturaleza de clase.

“[...] la Comuna puso en conmoción el movimiento socialista de Europa, mostró la fuerza de la guerra civil, disipó las ilusiones patrióticas y acabo con la fe ingenua en los anhelos nacionales de la burguesía. La Comuna enseñó al proletariado europeo a plantear en forma concreta las taras de la revolución socialista”[19].

Si algo supuso la mera existencia de la Comuna, fue la confirmación de lo que Marx y Engels habían ya por entonces empezado a vislumbrar en la elaboración de su teoría, a la luz del surgimiento mismo del proletariado como clase internacional y de lo que éste dejaba entrever en el acometimiento de su movimiento histórico: que la sociedad burguesa no estaba libre de las contradicciones de los modos de producción a los que pretendía sustituir, sino que muy por el contrario, elevaba estas contradicciones continuamente y las hacía más intensas e insolubles en su interior cuanto más se desarrollaba. No hablamos ya de la existencia de clases, sino de lo irreconciliable de sus intereses, sus métodos y su perspectiva de lo que es o debería ser una sociedad humana en el pleno sentido de la palabra.

Dejamos a Lenin con uno de sus mejores apuntes, que evidencian lo que para el marxismo es una necesidad viva, de desarrollar las bases precedentes de la teoría al calor de la evolución histórica. Fue así que en la obra ya citada, insiste en la importancia de los consejos obreros como herederos del movimiento revolucionario y en la caducidad de las ideas nacionales y de cohesión nacional de la época revolucionaria de la burguesía contra el feudalismo, que el proletariado tuvo que defender para cohesionar su situación económica en una época en la que la revolución mundial no estaba aún a la orden del día:

“La socialdemocracia supo acabar con los errores “nacionales” y “patrióticos” del joven proletariado y cuando se logró arrancar al zar el manifiesto del 17 de octubre, en lo que ella participó directamente, el proletariado comenzó a prepararse enérgicamente para la siguiente e inevitable etapa de la revolución: la insurrección armada. Libre de las ilusiones “nacionales”, fue concentrando sus fuerzas de clase en sus organizaciones de masa: los Soviets de diputados obreros y soldados, etc. Y pese a la gran diferencia que había entre los objetivos y las tareas de la revolución rusa y los de la francesa de 1871, el proletariado ruso hubo de recurrir al mismo método de lucha que la Comuna de París había sido la primera en utilizar: la guerra civil. Teniendo presente sus enseñanzas, sabía que el proletariado no debe despreciar los medios pacíficos de lucha, que sirven a sus intereses corrientes de cada día y son indispensables en el periodo preparatorio de las revoluciones. Pero el proletariado jamás debe olvidar que, en determinadas condiciones, la lucha de clases adopta la forma de lucha armada y de guerra civil; hay momentos en que los intereses del proletariado exigen un exterminio implacable de los enemigos en combates a campo abierto. El proletariado francés lo demostró por primera vez en la Comuna y el proletariado ruso le dio una brillante confirmación en el alzamiento de diciembre”[20].

Esta cita da pie a un buen número de polémicas que podrían tratarse a posteriori y a las que no podemos dar el debido tratamiento aquí, desde qué tipo de organización es la que hoy día necesitan los revolucionarios hasta si es cierto que el proletariado necesita de un exterminio implacable de sus enemigos. Acusar a la Comuna de indulgencia e inocencia con respecto a sus enemigos, cuando dio buena cuenta de los más agresivos de entre ellos y tomó las armas contra sus intentonas invasoras, puede ser un arma de doble filo. Si bien es cierto que la Comuna no persiguió y puso fin al reagrupamiento de sus enemigos en Versalles, ¿acaso no se debía la debilidad de su acción armada a la débil respuesta de los obreros del resto de Francia y Europa? Como dijera Rosa Luxemburgo, el proletariado no necesita del terror como método de lucha y desprecia el asesinato. Los izquierdistas, que en sus obtusos análisis, faltos de toda perspectiva mínimamente seria, acusan a la Comuna de no haber sido más ''fiera'' y apuntan a la ausencia de un ''Partido obrero'' como causa de sus debilidades, no hacen más que echar estiércol sobre un acontecimiento que necesita ser aclarado mediante un debate sistemático y organizado, al igual que ocurre con experiencias como la revolución rusa o la alemana. Si la Comuna acabó pereciendo, fue por la todavía patente inmadurez histórica de la clase obrera y la debilidad de la respuesta internacional del proletariado, que impidieron que se rompiera el cerco asfixiante que aislaba a los obreros parisinos. Fue un auténtico anticipo de los principios morales del proletariado[21] el que ni los miembros de la Comuna a la cabeza de la AIT ni los obreros armados de la Guardia Nacional, opusieran a las brutalidades de los versalleses contrarrevolucionarios llamamiento alguno a la masacre generalizada de sus enemigos. No había en esto debilidad alguna sino una manifestación, aún no formulada, de la conciencia de los proletarios de que sus métodos no pueden ser alcanzados mediante la propulsión del odio, la venganza y el asesinato a sangre fría, por mucho que deba armarse para defender encarnizadamente y hasta sus últimas consecuencias sus intentos de tomar el cielo por asalto.

Tal y como se dice sobre los mejores avances de la ciencia, las experiencias revolucionarias y la misma teoría comunista también acaban siendo ''enanos a hombros de gigantes'', que avanzan a través de un balance y una crítica intransigente de las medias verdades y las vacilaciones traídas a la superficie por experiencias anteriores, desarrollando sobre nuevas bases sus plasmaciones en la teoría y en la misma historia viva de la sociedad humana. La experiencia de la Comuna fue el primer intento revolucionario de un proletariado joven, que encabezó la primera manifestación práctica de lo falsa en su raíz que es esa imagen de civilización armónica y equilibrada, albacea del desarrollo pacífico y de las artes y las ciencias con la que la sociedad burguesa pretende representarse a sí misma. De la misma forma que esta sociedad burguesa respondió ayer a la valiente Comuna con la carnicería más salvaje de sus protagonistas, hoy día aprueba la matanza indiscriminada para afianzar los intereses de uno u otro capital nacional, ya sea en Kobane o en Ucrania, representada fielmente en el Estado por las organizaciones izquierdistas y derechistas de todos los colores que responden a las denuncias de sus campañas ideológicas con la denigración continua de la verdadera perspectiva internacionalista del proletariado.

¡Aprendamos lo que verdaderamente hay que aprender de la historia! La memoria de la Comuna perdura en el subconsciente colectivo de la clase y muy especialmente, como las grandes experiencias revolucionarias del proletariado, tienen su lugar y la crítica y desarrollo concretos de sus aspiraciones en las minorías revolucionarias que han sabido acometer seria y organizadamente el balance de todas las experiencias y la producción teórica del movimiento obrero[22].

R. Rakov, mayo 2016
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[1] El capitalismo estaba, entonces, en lo que la CCI y otros sectores de la Izquierda Comunista consideramos la fase ascendente de su evolución histórica, en la que su conquista del mundo y la liquidación del feudalismo como modo de producción obsoleto estaban todavía pendientes. Esto impedía la posibilidad de la revolución proletaria mundial por el momento, aunque por supuesto no impedía, sino que impulsaba la agudización de la división entre proletariado y burguesía y la aparición del movimiento autónomo de la clase obrera, con sus características propias y definitorias. Para más información, consultar la siguiente serie de artículos de la Corriente Comunista Internacional: http://es.internationalism.org/rint/2004/118_deca.html.

[2] F. Engels, preludio a la edición de 1895 de Las luchas de clases en Francia de 1848 a 1850

[3] K. Marx, Ídem

[4] Prefacio a la edición alemana de 1890 del Manifiesto Comunista

[5] Ver Del socialismo utópico al socialismo científico de Federico Engels: https://www.marxists.org/espanol/m-e/1880s/dsusc/index.htm

[6] Nota de la CCI: Es cierto que las grandes luchas de 1871, 1905 y 1917 surgieron en respuesta a la guerra. De ahí, muchos revolucionarios de la Izquierda Comunista dedujeron –y todavía siguen sosteniendo– que la guerra sería el mejor fermento para la revolución proletaria. Sin embargo, la primera guerra mundial mostró como la guerra eliminó una parte importante de las fuerzas proletarias, creó una profunda desorientación política y una aguda crisis moral en las filas obreras y dividió a los obreros entre los de los países vencedores y vencidos, lo que dificultó la extensión del primer gran paso dado por el proletariado en Rusia 1917. La Segunda Guerra mundial vino a confirmar que la guerra no crea las mejores condiciones para la revolución. Ver “Tesis sobre la generalización” en Revista Internacional nº 26

[7] La guerra civil en Francia, cap. III.

[8] AIT: Asociación Internacional de los Trabajadores, también conocida como Primera Internacional. Existió entre 1864 y 1876.

[9] La guerra civil en Francia, cap. III.

[10] Ídem.

[11] Preludio de 1891 de La guerra civil en Francia.

[12] Íbid.

[13] Nota de la CCI: como puede verse en la Serie sobre los Consejos Obreros (ver nota 14), los Soviets eran organizaciones donde cabía toda las clases no explotadoras. En la Revolución Rusa, dentro de los Soviets convivían una multitud de organizaciones creadas por la propia clase obrera (Consejos de Fábrica, Consejos de Barrio, milicias obreras etc.). Los Soviets se vieron influidos por la presión de clases no explotadoras pero distintas de la clase obrera y con una ideología extraña al pensamiento y la conciencia proletarios. Esto dificultaba la orientación de los Soviets en un sentido acorde con las necesidades de la revolución. De ahí que en la clase obrera hubiera intentos de dotarse de Secciones Obreras de los Soviets con objeto de articular una auténtica política proletaria. Esta experiencia muestra la necesidad de que la clase obrera se dote de órganos autónomos para defender su propia política frente a las posibles desviaciones en los Soviets. Esta es un problemática muy importante frente al Estado del periodo de transición entre el capitalismo y el comunismo. Se puede ver nuestra recopilación sobre el tema en http://es.internationalism.org/series/488


[15] Íbid.

[16] Enseñanzas de la Comuna, 1908.

[17] Íbid.

[18] Primer Manifiesto de la AIT sobre la guerra franco-prusiana, 1870

[19] Las enseñanzas de la Comuna, 1908.

[20] Idem.

[21] Consultar al respecto los artículos sobre “Marxismo y ética” de la Corriente Comunista Internacional: http://es.internationalism.org/book/export/html/1139


http://es.internationalism.org/cci-online/201606/4164/lecciones-de-la-comuna-de-paris


A LA MEMORIA DE LA COMUNA

 V. I. Lenin

 ¿Por qué el proletariado, no sólo francés, sino el de todo el mundo, honra a los hombres de la Comuna de París como a sus predecesores? ¿Cuál es la herencia de la Comuna? 

La Comuna surgió espontáneamente, nadie la preparó de modo consciente y sistemático. La desgraciada guerra con Alemania, las privaciones durante el sitio, la desocupación entre el proletariado y la ruina de la pequeña burguesía, la indignación de las masas contra las clases superiores y las autoridades, que habían demostrado una incapacidad absoluta, la sorda efervescencia en la clase obrera, descontenta de su situación y ansiosa de un nuevo régimen social; la composición reaccionaria de la Asamblea Nacional, que hacía temer por el destino de la República, todo ello y otras muchas causas se combinaron para impulsar a la población de París a la revolución del 18 de marzo, que puso inesperadamente el poder en manos de la Guardia Nacional, en manos de la clase obrera y de la pequeña burguesía, que se había unido a ella. 

Fue un acontecimiento histórico sin precedentes. Hasta entonces, el poder había estado, por regla general, en manos de los terratenientes y de los capitalistas, es decir, de sus apoderados, que constituían el llamado gobierno. Después de la revolución del 18 de marzo, cuando el gobierno del señor Thiers huyó de París con sus tropas, su policía y sus funcionarios, el pueblo quedó dueño de la situación y el poder pasó a manos del proletariado. Pero en la sociedad moderna, el proletariado, avasallado en lo económico por el capital, no puede dominar políticamente si no rompe las cadenas que lo atan al capital. De ahí que el movimiento de la Comuna debiera adquirir inevitablemente un tinte socialista, es decir, debiera tender al derrocamiento del dominio de la burguesía, de la dominación del capital, a la destrucción de las bases mismas del régimen social contemporáneo. ... 

La memoria de los luchadores de la Comuna es honrada no sólo por los obreros franceses, sino también por el proletariado de todo el mundo, pues aquella no luchó por un objetivo local o estrechamente nacional, sino por la emancipación de toda la humanidad trabajadora, de todos los humillados y ofendidos. Como combatiente de vanguardia de la revolución social, la Comuna se ha ganado la simpatía en todos los lugares donde sufre y lucha el proletariado. La epopeya de su vida y de su muerte, el ejemplo de un gobierno obrero que conquistó y retuvo en sus manos durante más de dos meses la Capital del mundo, el espectáculo de la heroica lucha del proletariado y de sus sufrimientos después de la derrota, todo esto ha levantado la moral de millones de obreros, alentado sus esperanzas y ganado sus simpatías para el socialismo. El tronar de los cañones de París ha despertado de su sueño profundo a las capas más atrasadas del proletariado y ha dado en todas partes un impulso a la propaganda socialista revolucionaria. Por eso no ha muerto la causa de la Comuna, por eso sigue viviendo hasta hoy día en cada uno de nosotros. 

La causa de la Comuna es la causa de la revolución social, es la causa de la completa emancipación política y económica de los trabajadores, es la causa del proletariado mundial. Yen este sentido es inmortal. 

Publicado en Rabóchaya Gazeta No. 4-5, 15 (28) de abril de 1911

http://www.revolucionobrera.com/documentos/numeros/ro-266.pdf

A 146 años de la Comuna de París, lecciones del primer gobierno obrero de la historia

La Comuna de París fue uno de los levantamientos obreros más importantes de la historia de nuestra clase. Dado el enorme potencial de dicha experiencia, hay que analizarla con entusiasmo porque es una experiencia histórica y vigente del movimiento obrero internacional.


Rafael AR Escalante


La Comuna de París fue el resultado de las condiciones de miseria que vivían los trabajadores parisinos a causa de la expansión del capital francés, el aumento de la producción y explotación, y las condiciones impuestas por la Guerra franco-prusiana.

Precisamente este hecho ocurrió tras la caída del imperio de Napoleón III, cuando reaparece en la escena política la clase obrera francesa después de varias décadas de reflujo, a razón de la derrota de la insurrección de los trabajadores en 1848 durante la Primavera de los Pueblos.

Los comuneros parisinos tomaron la capital francesa un 18 de marzo de 1871, a partir de una crisis del Estado producto las presiones internacionales, donde el imperio colonial francés mantenía una encarnizada competencia con sus rivales europeos por la conquista de nuevos territorios. Recordemos que dichos sucesos se dan en la antesala del nacimiento del imperialismo, durante la decadencia del viejo modelo colonialista, que daba sus últimos respiros para dar paso a la siguiente fase del capitalismo, la clase obrera europea luchaba contra ese monstruo que pujaba para salir a modificar las reglas de orden mundial.

¿Qué era la Comuna de París?

La Comuna de París estuvo organizada desde el principio por los trabajadores, quienes iniciaron un experimento totalmente innovador para la época: la liquidación del aparato estatal por medio de la autogestión obrera; se sustituyeron las funciones administrativas por las decisiones de la asamblea general, la cual hizo a un lado a la burocracia gestora del Estado. También se reemplazó al ejército por una guardia nacional constituida por obreros, quienes desterraron a los profesionales de la guerra del orden burgués, para defender las conquistas proletarias por medio del pueblo armado.

La base organizativa de la Comuna eran los consejos municipales constituidos naturalmente por obreros, cuyos representantes eran elegidos por voto universal (donde las mujeres también podían participar), los cuales eran revocables y rotativos en todo momento. La asamblea general era un órgano ejecutivo y legislativo el mismo tiempo, que como ya se mencionó había reemplazado al viejo aparato estatal.

Una de las características más notables de los funcionarios de la Comuna es que sus sueldos eran los de un trabajador cualquiera y sus nombramientos revocables. Desde ahí se gestionaban las fábricas, se declaró la laicidad del Estado, se obligaba a las iglesias a ser cedes de asambleas de vecinos, a abolir las deudas de alquiler que abusivamente se habían dejado caer sobre las espaldas de los trabajadores.

Este ejercicio de democracia obrera solidificó la alianza entre los asalariados y el campesinado, ya que en torno a París existían zonas rurales que también participaron en la experiencia revolucionaria, utilizando los mismos métodos de participación que los explotados de las ciudades. Así la alianza era entre los mismos oprimidos del régimen burgués y nunca con los opresores, los dueños de las fábricas, los terratenientes y los tenderos quienes fueron excluidos de las decisiones, porque la Comuna era un gobierno obrero, el primero que existió en la historia universal.

La Comuna terminó el 28 de mayo de 1871, vía el aislamiento que la clase dominante europea ejerció sobre ella. La reacción prusiana y la derecha francesa antes enfrentadas en la guerra se unieron sin mayor problema contra la Comuna, el gobierno provisional francés dejó entrar a las tropas prusianas sin mayor inconveniente a su territorio.

El orgullo nacional demostraba ser una pantalla que escondía los intereses de los dueños de la industria, lo bancos y las grandes extensiones de tierra por encima de las fronteras, de esa manera tras un mes de asedio París cayó en manos de ellos, ahogando en sangre esta gesta, que dejó miles de muertos y desterrados de Francia.

Las lecciones de la lucha

Esta experiencia fue recogida por Marx en su célebre obra La guerra civil en Francia, en la cual describe las acciones de los trabajadores, y así acuña su famoso término “la dictadura del proletariado”, que significa que la clase obrera habiendo tomado consciencia de su papel en el capitalismo, se hace del poder del Estado mediante la insurrección. En asociación con sus aliados naturales, los sectores explotados de cada país (los campesinos por ejemplo), de modo que se apuesta por la abolición de la propiedad privada, del aparato gubernamental, el ejército y la burocracia estatal.


Esta dictadura es dictadura porque se impone por la fuerza a sus enemigos de clase, pero no esclaviza a sus miembros, por el contrario, echa por tierra las viejas barreras políticas que la burguesía impone a la participación popular, de modo que se constituye en la más amplia democracia. Compuesta por los sectores a lo que el capital explota, aboliendo los mecanismos institucionales mediante los cuales la burguesía perpetra esa explotación, como forma de liberarse de las cadenas que impone este sistema.

En ese mismo texto, Federico Engels discute en la introducción que él hizo para la obra, otra cuestión fundamental, el de la dirección política. Recogiendo lo narrado por Marx, Engels señala las debilidades que las corrientes políticas que encabezaban a la Comuna tuvieron, como es el caso del anarquismo o el blanquismo (corriente dirigida por August Blanqui) en las que estaba dividida. Precisamente porque los errores y las deficiencias de estas dos corrientes que se disputaban la hegemonía en aquel momento fueron clave, y no es que fueran completamente culpables en la derrota, pero su división restó fuerza a la Comuna.

Es esta discusión la que sería retomaba varias décadas después con el fin de analizar los sucesos revolucionarios de Rusia en 1905, con el surgimiento de los Soviets, que eran grandes asambleas de obreros rusos, cuyas características eran muy parecidas a la Comuna de París. Estos consejos de trabajadores estaban dominados por las corrientes reformistas, entre ellos los mencheviques que no se apostaban a ganar la lucha por el poder sino a conseguir paliativos para el movimiento obrero.

Es ahí donde los revolucionarios como Rosa Luxemburgo o Lenin discuten en torno a la construcción de la dirección revolucionaria, un debate... el gran referente de análisis era por supuesto la Comuna de París. Dado el enorme potencial de dicha experiencia, hay que analizarla con entusiasmo porque es un debate vigente, que ronda en torno al tipo de organizaciones que hoy necesitamos para combatir al capitalismo, que con sus métodos de explotación se ha vuelto cada vez más salvaje.

http://www.laizquierdadiario.cl/A-146-anos-de-la-Comuna-de-Paris-lecciones-del-primer-gobierno-obrero-de-la-historia


Se cumplen 146 años: ¿Qué fue la Comuna de París?



Este sábado se cumplen 146 años desde aquel 18 de marzo de 1871 en el que estalló el conflicto que daría origen más tarde a la conocida “Comuna de París”.

La Comuna de París (La Commune de París) fue la primera experiencia (1871) de Gobierno socialista en Europa, instaurada con la integración del proletariado como líder en diversos sectores que apostaban por la proclamación de la III República en Francia, además del rol protagónico del pueblo en la dirección de ese país.

Se realizaron elecciones en París y se creó un concilio comunal de al menos 92 delegados, obedeciendo a la conciencia colectiva del pueblo. Fue precisamente el sentir popular que levantó a la Comuna de París y en ello radica que sea uno de los hechos históricos más memorables del siglo XIX.

El monarca Napoleón III cayó preso en la guerra Franco-Prusiana (que perdió Francia), hecho que le sirvió a los diputados para aprobar la III República en 1871. Aunque la instauración de una república parezca símbolo de libertad, fue un nuevo imperio el que tomó el poder y acabó en mayo de ese mismo año con la Comuna de París.

La insurrección popular de la Comuna de París duró más de dos meses. Se originó en un contexto de miseria y explotación de la clase obrera, además del descontento que generó la derrota de Francia en la guerra con Prusia (actual Rusia). El 18 de marzo, la Guardia Nacional y los obreros se apoderaron de París provocando la huida del Gobierno.

La Comuna de París, que tenía como símbolo una bandera roja, se oponía al Gobierno de Defensa Nacional que se instauró en el Palacio de Versalles presidido por Adolphe Thiers. ¿Por qué? Thiers, fue el presidente provisional, pero pudo ser cualquier otro, la Comuna se oponía a cualquier señal de imperialismo y a partir de esa premisa pusieron en marcha varias medidas:

– El Ejército y la Policía fueron reemplazados por la Guardia Nacional, integrada por ciudadanos comunes, como artesanos, jornaleros y otras profesiones.

– Se estableció la separación entre la Iglesia y el Estado.

– Los cargos públicos eran sometidos a elección popular y se regirían por el principio de revocatoria de mandato.

– Dejaron de impartir clases de religión en los colegios, por tratarse de un tema de decisión personal.

– Las fábricas abandonadas fueron ocupadas por los trabajadores.

– París se dividió en quartiers, localidades con cierta autonomía que cooperaban con la organización central. Los funcionarios recibían un sueldo similar al de los obreros.

– El precio de los alquileres fue controlado por la Comuna.

– Las viudas y huérfanos de la Guardia Nacional fueron reivindicados con pensiones.

El pueblo cerró la ciudad de París con barricadas para proteger la Comuna, sin embargo, la represión gubernamental acabó violentamente con el esfuerzo anticapitalista, hasta registrarse un intenso combate dentro de París que tuvo su final el 28 de mayo de 1871.

La Comuna constituía un riesgo para las cúpulas de poder que rodeaban a Francia, pues estaba en peligro el poder de políticos y emperadores en Europa, lo que representa un hecho inédito en el proletariado europeo.

El fenómeno de la Comuna de París ha sido estudiado por los filósofos mas citados de todos los tiempos. Entre ellos, Carlos Marx consideraba que los comuneros perdieron demasiado tiempo en la organización de elecciones, período que pudo invertirse en acabar por completo con el capitalismo que imperaba en Versalles.

El Banco Nacional de Francia, cuna del capitalismo, estaba ubicado en París. Sin embargo, la Comuna no tomó posesión de esa institución ni de sus recursos. Esa fue una de las principales características de la Comuna y tal vez por eso generó odio en la clase media y alta: no eliminaban al enemigo, sino que hacían revolución paralelo a él. De esa manera, se registró un flujo de dinero desde París hacia Versalles, que terminó financiando al ejército que acabó con la Comuna.

Importancia de la Comuna de París

La breve duración de la Comuna de París se compensa con los alcances de las reformas que promovió. El establecimiento de la Democracia directa como forma de gobierno, esta marcó el fin definitivo del absolutismo político en Francia.

La ampliación de las formas de participación política con la conformación de los primeros partidos políticos y la integración de las mujeres a la vida política reivindicando la igualdad de derechos mediante la participación en clubes políticos. Lo que abrió las puertas al sufragio universal moderno.

La insurrección de las clases oprimidas, el derrocamiento del poder establecido y el establecimiento del primer Gobierno proletario del mundo planteó la posibilidad de una sociedad organizada desde abajo hacia arriba.

El carácter espontáneo de este movimiento ayudó en la construcción de una sociedad que cuestionaba el poder establecido. Tomando importantes medidas para garantizar derechos fundamentales como la educación, la sanidad, la vivienda, la justicia y el trabajo digno para todas las personas.

¿Qué vino después de la Comuna?

La Comuna de París fungió como inspiración a la Revolución de los Bolcheviques en Rusia y también de la Revolución Socialista en China, como continuación y profundización de los alcances del movimiento insurreccional francés.

El espíritu reformista de la Comuna propició cambios en las formas de Gobierno de Europa, así, durante el II Reich en Alemania se establecieron horas máximas de trabajo y seguros sociales en caso de accidente y jubilación, garantizando a los alemanes niveles “básicos” de seguridad social. Estas medidas fueron el inicio de lo que hoy se conoce como el Estado de Bienestar en varios países.

La Comuna de París fundó las bases de un sistema político fundamentado en la democracia participativa como eje de la administración política y social.

LibreRed | AFP | Telesur
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LAS MUJERES EN LA COMUNA DE PARÍS


Compartimos la publicación del blog Cultura Proletaria en esta semana de lucha para todas las mujeres proletarias y de los pueblos oprimidos del mundo.

Fueron el alma de la Comuna, lucharon, auxiliaron a heridos, fueron detenidas, perseguidas, asesinadas. Entre ellas destaca la líder revolucionaria y escritora Louise Michel.

“Ciudadanos de París, descendientes de las mujeres de la Gran Revolución, que, en nombre del pueblo y de la justicia, marcharon sobre Versalles, llevando cautivo a Luis XVI, nosotros, madres, mujeres y hermanas de este mismo pueblo francés, ¿soportaremos por más tiempo la miseria y la ignorancia, que hagan a nuestros hijos enemigos, que el padre contra el hijo, el hermano contra el hermano, vengan a matarse ante nuestros ojos, por el capricho de nuestros opresores, que desean la aniquilación de Paris después de haberla entregado al extranjero?

(…) Y si los fusiles y las bayonetas fueron utilizados por nuestros hermanos, todavía nos quedan piedras para aplastar a los traidores“.

Los términos de la demanda del 12 de abril de 1871, lanzada por “un grupo de ciudadanas”, expresan el espíritu que animó a la participación de las mujeres parisinas, particularmente las de clase obrera, en los episodios de la Comuna de París. La Francia de 1789, 1848 y 1871 es testimonio de que las mujeres no son seres frágiles, sin voluntad propia, que desean regresar a la paz del hogar. Al contrario, en todos estos episodios, las mujeres hicieron notar su presencia por la combatividad, la laboriosidad y la determinación.

Cuando el 18 de marzo, a las 3 de la mañana, Thiers, jefe del Poder Ejecutivo designado por la Asamblea Nacional electa en 1871, decide desarmar a la Guardia Nacional y retirar las armas de París, las mujeres son las primeras en acudir a la defensa de las armas. Manos en la cintura, interpelan a los soldados de Versalles y, acercándose a las armas, hacen una barrera con sus cuerpos, impidiendo a los versalleses inmovilizar París.

Las mujeres participaron activa y organizadamente en la Comuna durante sus 72 días. El 8 de abril fundaron la Unión de Mujeres para la defensa de París y de apoyo a los heridos. Las organizaciones de mujeres no eran una novedad, pero esta asociación nace marcada por un carácter que evidencia el reflejo del pensamiento de la Internacional y, más precisamente, de las ideas marxistas. Entre sus fundadoras, algunas están afiliadas a la Internacional: Nathalie Lemel, Aline Jacquier, Marcelle Tinayre y Otavine Tardif.

La Unión de Mujeres tiene como sus tareas esenciales la lucha contra Versalles y un nuevo orden social. La demanda del 6 de abril de 1881 expone estos objetivos: “(…) Unidas y decididas, engrandecidas y resolutas por el sufrimiento que las crisis sociales siempre traen a su paso, profundamente convencidas de que la Comuna, representante de los principios internacionales y revolucionarios de los pueblos, lleva en sí el germen de revolución social (…)”.

La actuación de la Unión se centró en tres cuestiones principales: el esfuerzo por involucrar a la mujer en el trabajo productivo; la educación de los niños y de las mujeres; y la participación en la defensa de París.

La administración y la organización de los talleres cooperativos, creados para ofrecer trabajo y producir lo que París necesitaba, estaba a cargo de la Unión. Funcionaban con mano de obra femenina. Estos organismos, a pesar de su fuerte influencia Proudhoniana, eran un intento de suprimir la explotación patronal del trabajo.

En cuanto a las cuestiones educativas, la Unión de Mujeres buscaba satisfacer a los niños, cualificar a la mujer trabajadora y suprimir la tutela clerical de la vida familiar. Estas preocupaciones, en realidad, reflejan la comprensión de que la igualdad de la mujer se llevaría a cabo por el trabajo y por la educación. Resultado tanto de las ideas marxistas como del creciente movimiento feminista del siglo XIX, que veía en la educación el medio de promover socialmente a la mujer.

La participación en la lucha por la defensa de París se materializaba en el reclutamiento de ambulancieros, enfermeras, soldados y en la atención a los heridos.

La estructura organizativa de la Unión en comités de distritos, dirigidos por un Comité Central, evidencia su carácter. En la dirección de la asociación estaban, en su mayoría, mujeres trabajadoras. Curiosamente, entre las diversas funciones existentes, había una responsable de asuntos sociales y un responsable de orientación política.

La organización de las mujeres no tuvo un programa propio, no existió un documento que detallase las reivindicaciones de la mujer hechas a la Comuna. Pero ciertas medidas, tomadas por solicitación de los parisinos, demostraron los avances llevados a cabo por el poder revolucionario en lo que respecta a los derechos de la mujer y de la familia. El decreto del 8 de abril, por ejemplo, que establecía protección a las viudas y a los niños de los ciudadanos muertos en la defensa de París, reconocía beneficios para los hijos, legítimos o no, y para las mujeres, esposas o parejas de hecho. Hay que considerar que el Código Napoleónico, válido en el Segundo Imperio, fue uno de los documentos más reaccionarios en relación con el tema de la mujer. La privaba de todo derecho, sometiéndola enteramente al padre o al esposo, no reconocía las parejas de hecho y sólo reconocía a los hijos del matrimonio oficial. Es importante destacar, también, que en el período de la Comuna, por primera vez, una mujer asume la inspectoría, es decir, la dirección de la escuela pública. Su nombre era Marcelle Tinayre.

La Unión cumplió un inestimable papel en la desmoralización de las actitudes conciliatorias y manipuladoras del gobierno de Versalles. Intentando utilizar el concepto tradicional de “madre amorosa y pacífica”, la reacción orleanista lanzó, el 3 de abril, manifiestos a favor de las mujeres, solicitando el armisticio entre París y Versalles. El 6 de abril, la respuesta inevitable es lanzada por el Comité Central de las ciudadanas: “(…) Hoy en día, una reconciliación sería una traición (…) París no reculará, porque lleva la bandera del futuro. (…)”

Fue, especialmente en la lucha real, armada, en las barricadas, donde las mujeres destacaron. Usando un “echarpe”, un sujetador o simplemente una pieza de ropa roja, las parisinas, especialmente las trabajadoras, lucharon con las armas en la mano, junto a los hombres. Reeditaron la frase de Olympe de Gouges, revolucionaria de 1789, que, adaptada a los tiempos de la Comuna, sería:

“La Tercera República, nacida de la sangre de decenas de miles de proletarios y proletarias parisinas, debería haberles reconocido su derecho a la igualdad, ya que les dio el derecho de ser arrestadas, fusiladas y deportadas por su participación en la Insurrección de París“.

Entre los 30.000 trabajadores muertos, había miles de mujeres. De los 270 condenados a muerte, 8 eran mujeres, las famosas “incendiarias”, cuyos crímenes fueron batirse en las barricadas y cuidar a los heridos. Entre ellas, Josephine Marchais y Leontine Suetens.

En los heroicos y trágicos hechos de la Comuna, se eleva Louise Michel. Fundadora de la Unión de Mujeres para la defensa de París, dirige un batallón de mujeres y se enfrenta a la reacción en las barricadas de París.


Escapa a la muerte, es detenida y presentado ante el Consejo de Guerra el 16 de diciembre de 1871. Su juicio es ejemplo de firmeza y convicción revolucionaria. Rechaza a los abogados designados y presenta personalmente su defensa, que es en realidad, la defensa de la causa de los Comuneros.

“No quiero defenderme. Pertenezco enteramenta a la revolución social. Declaro aceptar la responsabilidad por mis acciones (…). Lo que exijo de vosotros (…) es el campo de Satory, donde ya cayeron mis hermanos. Es necesario separarme de la sociedad, os dijeron que los hagáis, ¡pues bien! El Comisionado de la República tiene razón. Ya que, por lo que parece, todo corazón que late por libertad sólo tiene derecho a un poco de plomo, ¡exijo mi parte! Si me dejáis vivir, no dejaré de clamar venganza y denunciaré, en venganza de mis hermanos, a los asesinos de las Comisión de las Gracias”.

Reivindica morir en el campo de Satory. El palco del más odioso tratamiento recibido por los combatientes de París. Allí, en la noche del 27 al 28 de mayo, miles fueron masacrados por las tropas de Versalles.

Louise no fue condenada a muerte, fue deportada a Nueva Caledonia. La amnistía votada el 7 de noviembre de 1880 la beneficia. Regresó a Francia, donde asumió, imediatamente, su puesto de combate en defensa de los oprimidos. Participó y dirigió varias manifestaciones de trabajadores y desempleados. Detenida en varias ocasiones, fue condenada en 1883 a seis años de prisión. Liberada, muere en 1905. Recibió innumerables expresiones de reconocimiento por parte de los trabajadores de París y de toda Francia. Fue enterrada con el estandarte de la Comuna.

Louise Michel, a pesar de entender la cuestión de la mujer de forma unilateralmente, viéndola sólo como consecuencia directa y mecánica del fin de la opresión de clase, sin ver su dimensión específica, es un símbolo de la participación de las mujeres en las luchas sociales en defensa del progreso y del socialismo. No fue sólo una luchadora de acciones prácticas. Profesora formada, escribió varias obras donde reveló su pensamiento revolucionario, incluyendo “Memorias” y “La Comuna“, en 1898.

La Comuna de París reafirma la fuerza revolucionaria de las mujeres, ya diseñada en la revolución de 1789. Las mujeres de París contribuyeron con gran parte de la fuerza que pone en marcha la maquinaria de la revolución proletaria, indicando que ya no abandonarían la escena de la lucha de los pueblos por el progreso social, por la libertad.

Traducido por “Cultura Proletaria” de la revista “Principios”, Nº 21, Mayo, Junio y Julio de 1991.



https://periodicoelpueblo.wordpress.com/2017/03/06/las-mujeres-en-la-comuna-de-paris/

 
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