Existe una combinación crítica de vulnerabilidad en la cadena de suministro y volatilidad de precios provocada por el desequilibrio entre oferta y demanda
Mariela León
cambio16.com/16/02/2026
El mercado mundial de baterías de litio, ese motor invisible que impulsa desde el smartphone en tu bolsillo hasta la red eléctrica de una ciudad entera, se encuentra en una encrucijada. Lo que hace apenas unos años se presentaba como una autopista despejada hacia la energía limpia, se ha transformado en un terreno minado de incertidumbres donde los riesgos no dejan de crecer. Circunstancia que podría frenar el ritmo de la transición energética global.
El primer gran riesgo es una paradoja económica: la volatilidad extrema de la oferta. Resultado de un desajuste estructural entre la rapidez con la que el mundo quiere «electrificarse» y la lentitud con la que la industria minera y química puede reaccionar. Construir una planta de baterías toma entre 2 y 3 años y abrir un yacimiento de litio operativo y con todos los permisos ambientales suele tardar entre 7 y 10 años. Este desfase genera «ventanas de escasez» donde las fábricas están listas para producir millones de baterías pero no tienen suficiente materia prima para alimentarlas.

Esta situación disparó los precios y la incertidumbre. El mercado del litio ha sido víctima de su propio éxito pues entre 2024 y 2025 hubo un exceso de oferta que desplomó los precios. Esto provocó que muchas minas detuvieran sus proyectos de expansión por falta de rentabilidad. Al frenarse la inversión en años anteriores, la oferta no crece al mismo ritmo que la demanda actual de almacenamiento de energía y vehículos eléctricos, creando un déficit repentino que vuelve a desestabilizar el mercado.
Complejidades del mercado mundial de baterías
Aunque el litio se extrae en varios países con amplias reservas como es el caso de Australia, Chile y Argentina, el procesamiento químico — el paso donde el mineral se convierte en material de grado batería— está concentrado mayoritariamente en China. Cualquier fricción comercial, arancel o cambio en la política de exportación del gigante asiático actúa como un torniquete en la arteria principal del suministro mundial, generando pánico y volatilidad en los precios globales.
Señala la Agencia Internacional de Energía que a medida que las baterías adquieren mayor importancia para los sistemas energéticos y la economía en general, los riesgos estratégicos en sus cadenas de suministro se acentúan. Las empresas chinas, coreanas y japonesas son los principales impulsores de la producción mundial de celdas de baterías de iones de litio, representando casi la totalidad de la producción global. China sigue encabezando la lista, fabricando más del 80 % de todas las baterías en 2025. La Unión Europea y Estados Unidos representan la mayor parte de la producción restante, con una contribución similar cada una.

Las factorías de baterías en Europa y Estados Unidos dependen en gran medida de las importaciones para la mayoría de sus componentes de batería, que provienen principalmente de China. Revela el informe que la falta de inversión en las cadenas de suministro intermedias plantea un riesgo para la seguridad del suministro en el mercado mundial de baterías.
La capacidad de producción y la experiencia técnica para componentes esenciales, como materiales activos y sus precursores, siguen estando muy concentradas en China. Corea y Japón son los únicos otros países con industrias notables de baterías intermedias, lo que ofrece oportunidades para diversificar algunas fuentes de componentes.
Las baterías, ¿el petróleo de este siglo?
El mercado mundial de baterías de iones de litio superó los 150.000 millones de dólares en 2025, lo que supone un aumento de más del 20 % con respecto a 2024. Sin embargo, su importancia económica y estratégica va mucho más allá del tamaño del mercado. Las baterías se están convirtiendo en un pilar fundamental del sector automovilístico, una fuente crucial de flexibilidad para los sistemas de energía. Y una fuente de energía de respaldo cada vez más importante para la infraestructura digital, como los centros de datos y la inteligencia artificial.

Más allá de la energía, las baterías siguen siendo indispensables para una amplia gama de aplicaciones industriales y estratégicas, desde la electrónica portátil y los sistemas de defensa no tripulados hasta tecnologías emergentes como los robots humanoides. A medida que las aplicaciones se diversifican y los costos siguen bajando, las baterías se están convirtiendo en un componente fundamental de las economías modernas, indica el documento. Este cambio tiene implicaciones de gran alcance para la competitividad económica, la seguridad del suministro y la política industrial, ya que las cadenas de suministro de baterías siguen estando concentradas y tecnológicamente complejas.
El despliegue mundial de baterías de iones de litio en 2025 fue seis veces mayor que en 2020. Los vehículos eléctricos siguen siendo el principal impulsor de la demanda, con ventas globales que alcanzan un nuevo récord y representan uno de cada cuatro automóviles vendidos a nivel mundial. Estos autos representan más del 70 % del despliegue total de baterías de iones de litio. Le sigue el almacenamiento de energía en baterías, con más del 15 %, lo que refleja el creciente papel de las baterías en la flexibilidad de los sistemas eléctricos.
Ventajas muy bien aprovechadas por China
Es improbable que este desequilibrio estructural cambie a corto plazo, sostiene la AIE. Abordarlo requeriría un aumento sustancial de la inversión y una mayor cooperación internacional en toda la cadena de valor de las baterías. Los controles de exportación que China ha implementado desde 2023 sobre componentes clave de baterías subrayan estas debilidades, ya que se centran precisamente en los eslabones más vulnerables.
Los esfuerzos por diversificar esta cadena deberán sustentarse en fundamentos económicos sólidos para tener éxito, sugiere la agencia. Europa y Estados Unidos han atraído inversiones significativas en la fabricación de celdas de batería, respaldadas por grandes industrias automotrices que ofrecen fuentes de demanda predecibles. Condiciones similares se aplican en otras partes de la cadena de suministro: ampliar la capacidad de producción intermedia requiere una demanda estable y a gran escala que justifique la inversión, con una base de fabricación de baterías competitiva y confiable como pilar fundamental.

Sin embargo, la competitividad en costes sigue siendo un reto clave. Incluso excluyendo las medidas de apoyo público, los costes de producción en Europa y Estados Unidos siguen siendo hasta un 50 % superiores a los de China, lo que dificulta los esfuerzos para establecer una industria intermedia competitiva.
Lograr eficiencias de fabricación comparables a las de China, donde el rendimiento promedio de producción supera con creces el 90%, requerirá tiempo e inversión sostenida. Cuando un nuevo productor inicia operaciones, la proporción de producción no apta para la venta suele ser mucho mayor que la necesaria para lograr la rentabilidad.
En las regiones sin una sólida base industrial de baterías, el progreso dependerá de una inversión constante, un compromiso a largo plazo y la colaboración con fabricantes experimentados y países ricos en recursos.
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