El exceso de glutamato y la disminución de dopamina, según estudios, explican la fatiga mental que se agudiza con el uso constante de pantallas y contenido digital
Visualización de la sobrecarga cognitiva: el glutamato se acumula en la corteza prefrontal tras horas de exposición a pantallas, alterando el cálculo cerebral entre esfuerzo y recompensa. / IA/T21
Redacción T21
epe.es/Madrid/09 FEB 2026
¿Cuántas horas necesitas para recuperarte de un día de trabajo mental? Menos de las que crees. La neurociencia ha mapeado exactamente qué restaura el cerebro y qué solo aplaza el problema.
La escena se repite millones de veces cada día: tras horas frente a la pantalla, cualquier decisión —incluso trivial— se vuelve agotadora. No es pereza ni falta de voluntad. Es química cerebral alterada, y la ciencia comienza a descifrar por qué ocurre y qué podemos hacer al respecto.
En 2022, el neurocientífico Mathias Pessiglione, del Instituto del Cerebro de París, y su equipo, publicaron en Current Biology un hallazgo revelador: después de varias horas realizando tareas cognitivas exigentes, se acumula glutamato —el principal neurotransmisor excitatorio del cerebro— en la corteza prefrontal lateral, región crucial para la memoria de trabajo y la toma de decisiones. Este exceso altera el cálculo que el cerebro hace constantemente sobre costes y beneficios, inclinando las decisiones hacia opciones de bajo esfuerzo y recompensa inmediata.
Lo que debes saber sobre la fatiga mental
- Es química, no pereza. El glutamato se acumula en la corteza prefrontal tras trabajo cognitivo intenso, alterando cómo el cerebro evalúa esfuerzo vs. recompensa. La fatiga es un mecanismo de protección contra el daño metabólico.
- Las redes sociales la amplifican. Revisamos el teléfono 96-160 veces al día. Los ciclos dopaminérgicos (anticipación → "like" → caída) generan "niebla mental"—el término "brain rot" de Oxford 2024.
- El sueño profundo es clave. El sistema glinfático elimina glutamato durante las ondas lentas. Importan más los ritmos circadianos que dormir 8 horas en horarios irregulares.
- Digital detox funciona rápido. Dos semanas sin pantallas mejora atención como revertir 10 años de declive. Cuatro días en naturaleza mejoran creatividad un 47-50%.
- Las soluciones tienen límites. Las terapias cognitivo-conductuales (TCC) ayudan (40% respuesta), suplementos (B12, NAC) prometen, pero cada patología requiere abordaje distinto.
- Aún no está probado qué causa exactamente la fatiga. El glutamato es una hipótesis correlacional, no causal. Quedan grandes preguntas sin responder.
Círculo vicioso
El glutamato es vital para el funcionamiento cerebral normal, pero en concentraciones elevadas resulta potencialmente tóxico para el tejido nervioso. La fatiga actuaría entonces como un mecanismo de protección: el cerebro nos obliga a parar antes de sufrir daños metabólicos reales.
Matthew Apps, de la Universidad de Birmingham, citado por la revista Nature, añade otra pieza al rompecabezas: la dopamina. Tras un esfuerzo mental sostenido, los niveles de este neurotransmisor descienden, reduciendo la disposición a invertir energía cognitiva. Es un círculo que se retroalimenta: menos dopamina significa menor motivación, lo que a su vez dificulta mantener el control cognitivo.
La era del "brain rot"
El problema se ha agudizado en la última década. "Brain rot" —término elegido por Oxford como palabra del año 2024— describe precisamente la fatiga mental derivada de la exposición constante a contenido digital de baja calidad. Los datos respaldan la percepción: un estudio reciente entre universitarios pakistaníes descubrió correlaciones significativas entre tiempo de pantalla, fatiga mental y "niebla cerebral".
La arquitectura de las redes sociales explica parte del fenómeno. Estas plataformas activan ciclos dopaminérgicos similares a los de sustancias adictivas: anticipación, subida de dopamina con cada "like", caída posterior, necesidad de repetir.
El resultado: revisamos el teléfono entre 96 y 160 veces al día, fragmentando continuamente la atención. Este cambio constante de tareas sobrecarga la memoria de trabajo y los sistemas atencionales, produciendo la sensación de "niebla mental" donde pensar resulta literalmente más lento.
COVID persistente: cuando la fatiga se cronifica
El interés científico por la fatiga cognitiva ha crecido exponencialmente desde la pandemia. Aproximadamente seis de cada cien personas desarrollan COVID persistente tras la infección, siendo la fatiga el síntoma cardinal.
La neuroimagen revela hipometabolismo —uso reducido de glucosa— en regiones frontotemporales de pacientes con COVID persistente. Curiosamente, estos pacientes muestran patrones metabólicos distintos al síndrome de fatiga crónica clásico: mientras los primeros extraen más oxígeno cerebral como mecanismo compensatorio, los segundos presentan niveles elevados de lactato cerebral, sugiriendo una disfunción mitocondrial que los empuja hacia metabolismo anaeróbico. Para quienes la padecen, la fatiga crónica resulta devastadora.
Remedios: de lo inmediato a lo estructural
La buena noticia: existen intervenciones respaldadas por evidencia. La más básica es el sueño. Durante las fases de ondas lentas, el sistema glinfático —descubierto hace apenas una década— se activa para eliminar desechos metabólicos acumulados durante la vigilia, incluido el glutamato. El líquido cefalorraquídeo fluye en grandes ondas cada 20 segundos, arrastrando proteínas tóxicas como el beta-amiloide. Sin sueño reparador, el cerebro simplemente no puede limpiarse.
Los ritmos circadianos importan tanto o más que la duración del sueño. Dormir ocho horas en horarios irregulares no garantiza recuperación adecuada. Estrategias sencillas ayudan: exposición a luz natural durante el día, reducir pantallas antes de dormir, mantener horarios consistentes.
El "digital detox" muestra beneficios mensurables. Un estudio de Georgetown publicado en 2025 descubrió que dos semanas con uso reducido de dispositivos mejora la capacidad de atención de forma equivalente a revertir aproximadamente diez años de declive cognitivo relacionado con la edad. Los primeros beneficios aparecen en 24-48 horas: mejor sueño, mayor capacidad de concentración, menor ansiedad. Y el efecto se amplifica en entornos naturales: cuatro días desconectados en la naturaleza producen mejoras del 47-50% en tareas de resolución creativa de problemas, según investigaciones de David Strayer en la Universidad de Utah.
La terapia cognitivo-conductual ha demostrado eficacia para fatiga crónica. Un meta-análisis Cochrane mostró que el 40% de pacientes con terapias cognitivo-conductuales (TCC) presentaron respuesta clínica frente al 26% con cuidado habitual. Versiones digitales supervisadas reducen hasta un 30% el agotamiento emocional en profesionales sanitarios.
Tratamientos limitados
En cuanto a suplementos, las vitaminas del grupo B (especialmente B12) y la N-acetilcisteína —precursor del glutatión antioxidante— muestran resultados prometedores en estudios recientes, aunque la evidencia aún requiere confirmación con ensayos más amplios. Nancy Klimas, del Instituto de Medicina Neuroinmune de la Universidad Nova Southeastern, también citada por Nature, recomienda a pacientes con fatiga crónica complementar con electrolitos, vitamina B12 y N-acetilcisteína para favorecer el funcionamiento de neurotransmisores y reducir el daño celular. Anna Lembke, psiquiatra de Stanford, propone un ayuno de 24 horas sin teléfono para combatir la adicción digital. Trevor Chong, neurólogo de la Universidad Monash en Australia, también citado por Nature, lamenta la escasez de tratamientos efectivos.
Lo que queda por saber
Aun así, varios análisis advierten que el resultado de Pessiglione es correlacional y que su trabajo no estaba diseñado para probar causalidad: por ahora, es una hipótesis coherente, pero falta demostrar causalidad directa entre acumulación y fatiga. ¿Por qué el glutamato se acumula en unas regiones cerebrales y no en otras? ¿Los mismos mecanismos explican la fatiga en diferentes patologías?
Mientras la investigación avanza, la pregunta esencial que plantea Matthew Apps permanece: "¿Cuándo prestamos atención a lo cansados que nos sentimos y cuándo lo ignoramos?". En un mundo que valora la productividad constante, aprender a escuchar las señales de un cerebro agotado no es debilidad. Es neurobiología básica.
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