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sábado, 24 de junio de 2017

COLOMBIA, ESPEJO NEOLIBERAL AL DESNUDO

COLOMBIA: EL ESPEJO NEOLIBERAL AL DESNUDO


POR FEDERICO KUCHER Y PABLO WAHREN

El modelo económico de Colombia es un espejo para los nuevos Gobiernos conservadores de la región. Michel Temer anunció en Brasil un congelamiento del gasto público por los próximos 20 años imitando las reglas fiscales que aplica el equipo económico de Santos. Los funcionarios de Mauricio Macri festejan en la Argentina la política de tipo de cambio flexible y metas de inflación que aplican las autoridades colombianas. El Banco Central argentino utiliza las conferencias de prensa para poner de ejemplo a Colombia y asegura que su hoja de ruta se basa en las políticas monetarias de ese país.

La estrategia de austeridad en los gastos y la obsesión por tener una baja inflación no puede ser un ejemplo para ningún proyecto político con objetivos económicos que apunte a defender los intereses de las mayorías. Colombia es el segundo país que menos recursos destina a la educación de la región (4,4% del PBI). Los colombianos consiguieron frenar los precios sacrificando la movilidad social ascendente y manteniendo uno de los salarios más bajos de América Latina. La tarea de analizar en detalle las tensiones que atraviesa la sociedad colombiana es central para comprender la estafa de la propuesta neoliberal.

LA CRISIS DEL TRABAJO Y LA PRODUCCIÓN

Los sectores que viven del trabajo y la producción quedaron desprotegidos ante la apertura comercial indiscriminada, la desregulación de los movimientos de capitales especulativos y el protagonismo de los negocios financieros.

El salario mínimo de los colombianos se ubica en los 250 dólares, un 36% por debajo de la media regional. Nueve de cada diez trabajadores gana menos de dos salarios mínimos y sólo el 1 por ciento de la población tiene ingresos mensuales por encima de 3000 dólares.
El desempleo se encuentra estancado hace cuatro años en torno al 10% y entre las mujeres jóvenes asciende a casi el 25 por ciento. Unos 13 millones de individuos viven en condición de pobreza monetaria y la mitad de los trabajadores se desempeña en la informalidad. La lista de los indicadores que reflejan la falta de bienestar social es interminable.

La industria, con la entrada masiva de productos del extranjero, perdió la mitad de su peso en el PBI en los últimos años (pasó de 20,5% en 1993 a 11,2% en 2016) y en el campo no sólo se registraron caídas en la superficie sembrada sino que siguió concentrándose la propiedad de la tierra (el 70% de las unidades productivas ocupa apenas el 5% de toda el área rural). Cuatro de cada diez hogares rurales atraviesan una situación de inseguridad alimentaria.

EL AUGE DE LOS BANCOS Y LA ESPECULACIÓN

Los ganadores del modelo económico colombiano son los bancos y las multinacionales dedicadas a explotar los recursos naturales. La minería, el petróleo y las finanzas explican una porción cada vez mayor del PBI y los beneficios extraordinarios de estos negocios son embolsados por unos pocos conglomerados.

Los hombres más ricos de Colombia son dueños de los principales grupos financieros del país y en los últimos años diversificaron sus actividades para pasar a controlar los medios de comunicación tanto gráficos como audiovisuales. Las políticas no sólo impulsaron a la banca sino que le permiten a las empresas extranjeras que explotan minerales y energía conseguir importantes beneficios impositivos elevando las ganancias. La última reforma impositiva elevó el impuesto al valor agregado (de 16 a 19%) al mismo tiempo que mantuvo intactas las exenciones fiscales.

EL CÍRCULO DE LA DEPENDENCIA Y LA POBREZA

La decisión del Gobierno de favorecer los intereses de sectores financieros y multinacionales, al tiempo que se deja a la intemperie la producción local frente al ingreso irrestricto de las importaciones, no resulta gratuita para la sociedad colombiana.

En los últimos años aumentó en forma exponencial el déficit de las cuentas comerciales, que cerraron el año pasado con un rojo de más de 10 mil millones de dólares, el equivalente a 3 puntos del PBI. Las cuentas fiscales, con un sector público que le regala al sector privado la renta extraordinaria de la intermediación financiera, la minería y el petróleo, sumaron fuertes distorsiones, con un rojo del presupuesto equivalente a 3 puntos de PBI.

El endeudamiento público fue la principal fuente de financiamiento del Estado para cubrir los desequilibrios de la macroeconomía. La deuda externa redondea los 120 mil millones de dólares, una cifra superior al 40 por ciento del Producto Bruto Interno. El endeudamiento es acelerado, tan solo hace cinco años representaba el 20 por ciento y se estima que seguirá subiendo en 8 mil millones de dólares al año.

La necesidad de acudir a los mercados globales de crédito para sostener el modelo económico potencia la dependencia del país ante los intereses extranjeros y adelanta un mayor ajuste sobre los sectores vulnerables de la población. Colombia no puede ser más el espejo de los Gobiernos conservadores de la región. Necesita avanzar urgente en cambios estructurales que le permitan reordenar el caos de su economía y priorizar a las mayorías.

CELAG, junio de 2017

http://www.cronicon.net/paginas/edicanter/Ediciones122/nota4.htm

viernes, 23 de junio de 2017

ESTADO Y REVOLUCIÓN

El Estado (colonial) y la revolución

"El Estado es "un órgano de dominación de una clase", por lo que no es apropiado hablar de Estado libre o popular". 
"Estamos ante estados que fueron creados contra y sobre las mayorías indias, negras y mestizas, como órganos de represión de clase".
"...la realidad del mundo ha cambiado en el siglo anterior, pero esos cambios no han modificado el papel del Estado".


Raúl Zibechi


Ha transcurrido un siglo desde que Lenin escribiera una de las piezas más importantes del pensamiento crítico: El Estado y la revolución. La obra fue escrita entre las dos revoluciones de 1917, la de febrero que acabó con el zarismo, y la de octubre que llevó a los soviets al poder. Se trata de la reconstrucción del pensamiento de Marx y Engels sobre el Estado, que estaba siendo menoscabado por las tendencias hegemónicas en las izquierdas de aquel momento.

Las principales ideas que surgen del texto son básicamente dos. El Estado es "un órgano de dominación de una clase", por lo que no es apropiado hablar de Estado libre o popular. La revolución debe destruir el Estado burgués y remplazarlo por el Estado proletario que, en rigor, ya no es un verdadero Estado, puesto que ha "demolido" el aparato burocrático-militar (la burocracia y el ejército regular) que son sustituidos por funcionarios públicos electos y revocables y el armamento del pueblo, respectivamente.

Este no-verdadero-Estado comienza un lento proceso de "extinción", cuestión que Lenin recoge de Marx y actualiza. En polémica con los anarquistas, los marxistas sostuvieron que el Estado tal como lo conocemos no puede desparecer ni extinguirse, sólo cabe destruirlo. Pero el no-Estado que lo sustituye, que ya no cuenta ni con ejército ni con burocracia permanentes, sí puede comenzar a desaparecer como órgano de poder-sobre, en la medida que las clases tienden también a desaparecer.

La Comuna de París era en aquellos años el ejemplo predilecto. Según Lenin, en la comuna "el órgano de represión es la mayoría de la población y no una minoría, como siempre fue el caso bajo la esclavitud, la servidumbre y la esclavitud asalariada".

Véase el énfasis de aquellos revolucionarios en destruir el corazón del aparato estatal. Recordemos que Marx, en su balance sobre la comuna, sostuvo que "la clase obrera no puede simplemente tomar posesión del aparato estatal existente y ponerlo en marcha para sus propios fines".

Hasta aquí una brevísima reconstrucción del pensamiento crítico sobre el Estado. En adelante, debemos considerar que se trata de reflexiones sobre los estados europeos, en los países más desarrollados del mundo que eran, a la vez, naciones imperiales.

En América Latina la construcción de los estados-nación fue bien diferente. Estamos ante estados que fueron creados contra y sobre las mayorías indias, negras y mestizas, como órganos de represión de clase (al igual que en Europa), pero además y superpuesto, como órganos de dominación de una raza sobre otras. En suma, no sólo fueron creados para asegurar la explotación y extracción de plusvalor, sino para consolidar el eje racial como nudo de la dominación.

En la mayor parte de los países latinoamericanos, los administradores del Estado-nación (tanto las burocracias civiles como las militares) son personas blancas que despojan y oprimen violentamente a las mayorías indias, negras y mestizas. Este doble eje, clasista y racista, de los estados nacidos con las independencias no sólo no modifica los análisis de Marx y Lenin, sino que los coloca en un punto distinto: la dominación estatal no puede sino ejercerse mediante la violencia racista y de clase.

Si aquellos consideraban al Estado como un "parásito" adherido al cuerpo de la sociedad, en América Latina no sólo parasita (figura que remite a la explotación), sino que es una máquina asesina, como lo muestra la historia de cinco siglos. Una maquinaria que ha unificado los intereses de una clase que es, a la vez, económicamente y racialmente dominante.

Llegados a este punto, quisiera hacer algunas consideraciones de actualidad.

La primera, es que la realidad del mundo ha cambiado en el siglo anterior, pero esos cambios no han modificado el papel del Estado. Más aún, podemos decir que vivimos bajo un régimen donde los estados están al servicio de la cuarta guerra mundial contra los pueblos. O sea, los estados le hacen la guerra a los pueblos; no estamos ante una desviación sino ante una realidad de carácter estructural.

La segunda es que, tratándose de destruir el aparato estatal, puede argumentarse (con razón) que los sectores populares no tenemos la fuerza suficiente para hacerlo, por lo menos en la inmensa mayoría de los países. Por eso, buena parte de las revoluciones son hijas de la guerra, momento en el cual los estados colapsan y se debilitan en extremo, como sucede en Siria. En esos momentos, surgen experiencias como la de los kurdos en Rojava.

No tener la fuerza suficiente, no quiere decir que deba darse por bueno ocupar el aparato estatal sin destruir sus núcleos de poder civil y militar. Todos los gobiernos progresistas (los pasados, los actuales y los que vendrán) no tienen otra política hacia los ejércitos que mantenerlos como están, intocables, porque ni siquiera sueñan con entrar en conflicto con ellos.

El problema es que ambas burocracias (pero en particular la militar) no pueden transformarse desde dentro ni de forma gradual. Suele decirse que las fuerzas armadas están subordinadas al poder civil. No es cierto, tienen sus propios intereses y mandan, aún en los países más "democráticos". En Uruguay, por poner un ejemplo, los militares impidieron hasta hoy que se conozca la verdad sobre los desaparecidos y las torturas. Tanto el actual presidente, Tabaré Vázquez, como el anterior, José Mujica, se subordinaron a los militares.

Es muy poco serio pretender llegar al gobierno sin una política clara hacia las burocracias civil y militar. Las más de las veces, las izquierdas electorales eluden la cuestión, esconden la cabeza como el avestruz. Luego hacen gala de un pragmatismo sin límites.

Entonces, ¿qué hacer cuando no hay fuerza para derrotarlos?

Los kurdos y los zapatistas, además de los mapuche y los nasa, optaron por otro camino: armarse como pueblos, a veces con armas de fuego y otras veces con armas simbólicas como los bastones de mando. No es cuestión de técnica militar sino de disposición de ánimo.

http://www.jornada.unam.mx/2017/06/23/politica/017a1pol?partner=rss

CRISIS CAPITALISTA Y ANTESALA DE UNA NUEVA GUERRA MUNDIAL IMPERIALISTA

Crisis del capitalismo y antesala de una nueva guerra mundial imperialista


El Colectivo Amauta de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, de Perú, ha elaborado un interesante video dónde se explica la inevitabilidad de la crisis del imperialismo (sistema económico-político de la fase final del capitalismo, como ya explicara meridianamente Lenin hace 100 años) a través de los grandes teóricos marxistas, como Marx, Engels o Lenin.

Las inevitables y cíclicas crisis del capitalismo, más intensamente en su fase imperialista, solo pueden ser resueltas por la burguesía, citando a Marx, a través de la destrucción de fuerzas productivas y, a la vez, por la conquista de nuevos mercados y la explotación más intensa de los viejos. En la globalización, expresión de la fase imperialista actual, la extensión de la socialización de la producción choca, entra en contradicción, con una mayor concentración de la riqueza monopolística.

La crisis actual, que continua y se agrava a pesar de los maquillajes de la burguesía, intentando ocultarla, e indefectiblemente acabará en el incremento de los choques entre las potencias imperialistas por el control de los mercados y zonas de influencia, mientras en casa se aumenta la opresión y la explotación para poder hacer frente a la competencia.

Lenin ya afirmaba que la única forma de resolverse las contradicciones en el capitalismo es por la fuerza, a través de la guerra (la guerra como fase final de un conflicto económico-político que, como ya explicara el líder de la URSS, es en realidad una guerra encubierta a través de empréstitos a cambio de dependencia, endeudamiento de las colonias y, en definitiva, control de los recursos e injerencia en los países colonizados (de manera militar o mediante aparentes alianzas forzadas).

¿Qué tiene que hacer un comunista ante la evidente e inevitable situación de que la crisis lleva a el aumento de los conflictos entre las potencias imperialsitas? ¿Ponerse de un lado o de otro? En realidad, hay que oponerse a la guerra imperialista, pero, como explicaba Mao Tse Tung, si los imperialistas se enfrentan en una guerra por el nuevo reparto del mundo, no hay que temerla. Al contrario, las guerras mundiales han sido la antesala de los grandes pasos del socialismo en la historia: de la Primera Guerra Mundial nacería la Unión Soviética, primer estado obrero del mundo; de la Segunda, triunfaría la Revolución China y el Socialismo se extendería por el mundo…

Los comunistas no son pacifistas, aunque deseen la paz, porque también han de tener claro que el capitalismo es sinónimo de violencia, represión, guerras cíclicas; los comunistas, al contrario, saben que la única paz durable solo tendrá lugar cuando el socialismo se extienda en todo el mundo y el capitalismo, hoy en su fase final imperialista sea destruído, y ese ha de ser su principal objetivo.


Citando a Mao, “…Puede afirmarse que si, a pesar de todo, los imperialistas desencadenan una tercera guerra mundial, otros centenares de millones pasarán inevitablemente al lado del socialismo, y a los imperialistas no les quedará ya mucho espacio en el mundo.”

Así que, opongámonos a la guerra, pero si estalla, hemos de tener claro quien es nuestro verdadero enemigo: la clase capitalista de cualquier país, empezando por la del nuestro, esté esta en uno u otro bando en el conflicto interimperialista (sin repetir los errores de algunos partidos comunistas en la Primera Guerra Mundial cayendo en el nacionalismo y abandonando el internacionalismo, y teniendo en cuenta que hoy ya no hay ningún estado socialista al que apoyar como si lo había en la Segunda Guerra Mundial). Como afirmaba Lenin, y ejemplificaron hace 100 años los bolcheviques rusos, “!Convirtamos la Guerra Imperialista en Guerra Civil!”

O como recordaba Mao:

“En todos los países se discute ahora si estallará o no una tercera guerra mundial. Frente a esta cuestión, también debemos estar espiritualmente preparados y examinarla de modo analítico. Estamos resueltamente por la paz y contra la guerra. No obstante, si los imperialistas insisten en desencadenar una guerra, no debemos sentir temor. Nuestra actitud ante este asunto es la misma que ante cualquier otro ‘desorden’: en primer lugar, estamos en contra; en segundo, no lo tememos. Después de la Primera Guerra Mundial apareció la Unión Soviética, con doscientos millones de habitantes; después de la Segunda Guerra Mundial surgió el campo socialista, que abarca a novecientos millones de seres. Puede afirmarse que si, a pesar de todo, los imperialistas desencadenan una tercera guerra mundial, otros centenares de millones pasarán inevitablemente al lado del socialismo, y a los imperialistas no les quedará ya mucho espacio en el mundo; incluso es probable que se derrumbe por completo todo el sistema imperialista”.

En el video del Colectivo Amauta, que os invitamos a ver, se puede disfrutar de una explicación didáctica de la crisis imperialista actual, sus razones y su desarrollo:
VÍACUESTIONATELOTODO
https://cuestionatelotodo.blogspot.com.co/2017/06/crisis-del-capitalismo-y-antesala-de.html

jueves, 22 de junio de 2017

HAY UN PAÍS QUE RESISTE A SER CENIZA

Venezuela, país que resiste

Por: Marco Teruggi 

Quieren sacar al gobierno de Nicolás Maduro en el más corto plazo a través de la vía que sea posible -todas son válidas, la dirección de la derecha venezolana que frentea con furia. 

Caracas 7am, 19 de junio. El día amanece fresco, es época de lluvias, de chorros poderosos de agua con un poquito de aire -así decía Mayakovsky de los aguaceros en el Caribe. El mate está listo, los pronósticos políticos del día no son buenos: la derecha anunció una gran movilización a la capital. Reviso redes sociales, declaraciones, amenazas públicas de alguno de sus dirigentes. Habrá un muerto, es casi seguro, lo dice la costumbre de rojo que nos han impuesto desde hace 80 días.

El chavismo marchará también. Será en el oeste de la ciudad, zona donde la derecha intenta incursiones tanto de día como de noche desde hace una semana, por ahora sin demasiado éxito, salvo el de generar violencia, incertidumbre, sentido -para ellos- de épica. La violencia, a veces, parece un objetivo en sí dentro de su plan. ¿Cuál es realmente su plan?

Quieren sacar al gobierno de Nicolás Maduro en el más corto plazo a través de la vía que sea posible -todas son válidas. Queda claro al seguir los movimientos del gobierno norteamericano, sus piezas internacionales como la Organización de Estados Americanos (OEA), las petroleras que tienen sus porcentajes apostados en Venezuela, la dirección de la derecha venezolana que frentea con furia, aunque no tenga la correlación de fuerzas dada. Para ese plan tienen menos de 40 días. Así dicen algunos de sus voceros. Ese lapso corresponde a la votación de la Asamblea Nacional Constituyente que será el 30 de julio. 

19 de junio. Pasaron dos meses desde el 19 de abril, fecha que anunciaban como día final. Pareciera que fue hace tanto. El tiempo se ha quebrado en este país. Tomo un mate, la concentración inicia frente al metro Colegio de Ingenieros. Salgo.

Somos muchos. Es una respuesta a su intento de dominio del espacio público. La marcha llega hasta la cercanía de la Asamblea Nacional. Transcurre en calma, con esa alegría que no se ha olvidado. Cerca de las 12 a.m. ya se sabe de la activación de grupos de choque de la derecha en el este de la ciudad, zona gobernada por ellos. Siempre la mayor violencia ocurre en municipios con alcaldes opositores: Valencia, Socopó, Barinas, San Antonio de Los Altos, San Cristóbal, Los Teques, Chacao. Ahí el territorio es liberado por las policías locales, tienen carta blanca.

Esa partición caraqueña es habitual. De un lado, su lado, un despliegue de su base social acompañada por los factores financiados/entrenados para la confrontación; del otro, el nuestro, la marcha compuesta de trabajadores de instituciones, gente de a pie, organizaciones populares -en ese orden de cantidades. El oeste, bastión chavista, sigue abierto a quienes quieran acercarse. El este no: cualquiera que sea sospechado de ser afín al gobierno puede ser linchado, prendido de fuego, como pasó en varios casos. Basta un grito y un señalamiento: “es un infiltrado”, para que se desate la violencia cobarde que mata sin asumir ninguna responsabilidad.

80 días, 90 fallecidos, más de 1 diario. Hoy 19 de junio se suma una víctima más: 91. Esta vez, al parecer, le disparó un Guardia Nacional con arma de fuego. De corroborarse, sería el octavo asesinado por cuerpos de seguridad en los 80 días -para lo cual hay 29 efectivos detenidos o solicitados. ¿Los 83 muertos restantes? La derecha no asume responsabilidad alguna y acusa al gobierno de todos los actos del mal que ella genera. Pocas veces en la historia se ha visto una clase política tan cobarde y cínica.

No es casualidad, es estrategia. Buscan polarizar hasta el odio, el rencor, hasta la negación y destrucción de otro, ese otro que es el chavismo. Funciona literalmente: matan. La sociedad se desencuentra, pierde herramientas para dialogar, reconocerse. Algo se deshace de manera peligrosa en el tejido social.

En estos 80 días hemos visto imágenes de opositores incendiando a personas sospechosas de ser chavistas, una de esas personas internada relatando sus gritos de “no me maten, quiero vivir”, un joven con el pecho arrancado y los órganos vuelto ceniza, autopsias de jóvenes -casi todos los muertos lo son- en primer plano, un asesinato con pistola de perno -utilizada para matar vacas-, madres opositoras y chavistas llorando a sus hijos, un Guardia Nacional ensangrentado y luego muerto atado de manos con el torso desnudo, motorizados tirados en el piso por haber resbalado en el aceite puesto -para eso- en las barricadas, personas sospechosas de ser chavistas golpeadas en centros comerciales, un conductor de camión con el cráneo abierto por no dejarse robar por los grupos de choque, la quema de un hospital maternal, de instituciones con guarderías y niños dentro, hombres con capuchas y armas de fuego controlando territorios durante horas o días. Para nombrar solo algunos casos.

¿Dónde quedan esas imágenes? ¿qué modifican en lo profundo del país?

El plan de la derecha no es solamente quitar al gobierno de Nicolás Maduro. Es hacerlo a través de la inyección de terror en la sociedad, del daño sobre las psiquis, el ensayo del caos, la validación en un sector de la eliminación de los chavistas. La forma en la cual llegarían a su objetivo condicionaría las posibilidades de la revancha y la resistencia.

19 de junio, 10pm. Quisiera no haber tenido razón con el pronóstico del muerto. Su fallecimiento no ha servido para modificar la correlación de fuerzas a favor del Golpe de Estado. Solo aumenta otro escalón la rabia, la injusticia, el desencuentro cada vez más ancho. La derecha hará de su nombre el de un mártir, igual que el de cada joven muerto, aún y sobre todo los que ella misma mata de manera directa e indirecta -el cinismo más hondo.

Tampoco la reunión extraordinaria de la OEA en México logró romper la correlación de fuerzas. El resultado no fue el esperado para la derecha. El ataque internacional por la vía “legal” no da los números esperados. Seguirán con el intento, y, en paralelo, con el financiamiento vía ONG a la derecha y su estructura paramilitar. El momento para lograr su plan es este junio/julio, por eso aprietan: han generado legitimidad internacional -incluso entre algunos intelectuales de izquierda-, un cerco geopolítico, una violencia con capacidad de despliegue en varios puntos del país, fuerzas entrenadas que han asediado pueblos durante días, el acuerdo de la clase dominante venezolana -religiosa, económica y política.

Termina otro día en Venezuela. La costumbre de rojo, pienso. De escribir otro muerto, también cambiado yo mismo por haber visto tanta imagen. Mañana tendremos una nueva asamblea en el barrio para debatir sobre la Asamblea Nacional Constituyente, ver cómo enfrentar la subida indetenible de precios -que afecta en particular a los más humildes-, para encontrarnos y conjurar la negación del otro. Hay un país que resiste a ser ceniza.

http://www.telesurtv.net/opinion/Venezuela-pais-que-resiste-20170620-0059.html

miércoles, 21 de junio de 2017

COLOMBIA, ESTADO FALLIDO, ES NECESARIO UN NUEVO MODELO DE ESTADO

Colprensa/

Colombia es un Estado fallido

“No podemos celebrar un 20 de julio nuestra independencia cuando solo hemos cambiado de amo, pero servimos siempre a intereses de otros”

"Lo peor es que la corrupción y la ignorancia parecen ser un círculo vicioso, porque mientras seamos ignorantes votaremos por corruptos, y mientras los corruptos estén en el poder la educación pública no pasará de ser más que un medio de control social".

"...es necesario un nuevo modelo de Estado"

Por: Michael Andres Ramos Bedoya
 
Foto: Marca País Colombia

El presidente de Venezuela Nicolás Maduro tal vez en uno de los pocos actos de lucidez que ha tenido ha dicho una verdad a todos los colombianos, y es que nuestro país es un Estado fallido. Eso lo podemos evidenciar todos los días, pero es mucho más notable con el paro nacional del magisterio, el de los sectores del agro, el de los transportadores, el de la rama judicial, el de la salud, y todos demás sectores que se han pronunciado por medio de la protesta social. Colombia es el país de los paros, porque cada vez que uno se levanta, ya hay fecha para que el mismo se realice el otro año y es por una sencilla razón, las soluciones que se dan para que los paros se levanten son paños de agua tibia frente a los problemas estructurales y sistemáticos de nuestro país.

El magisterio da una justa lucha para que se destine un mayor presupuesto para la educación, sin embargo, la carencia de recursos es un problema considerable, pero se debe mirar mucho mas allá y es que educación es la que queremos financiar. La educación es una institución de control social y un medio del poder estatal, a los gobiernos no les interesa hacer de las escuelas unos espacios de debate y posiciones críticas, porque para ellos esto se resume considerablemente en menos votos para quienes han hecho del fisco público su patrimonio privado, y hoy nos debe alegrar de sobremanera que los maestros estén dando a sus estudiantes la mejor clase que recibirán en la vida, y es la lucha en las calles, por aquello que no solo nos permite avanzar como individuos sino a todos como sociedad, que es la educación.

Sin embargo, debemos ser coherentes con lo que pedimos y con lo que hacemos, si los maestros exigen recursos para mejorar la calidad de la educación (que es un trabajo de todos los colombianos y es desde donde los acompañamos), también debemos mejorar la calidad de los maestros, pueden ustedes ir a su pasado y recordar a sus profesores, cuántos de ellos incidieron realmente en su formación académica, y cuantos otros no merecían si quiera ser maestros. Ser profesor es una responsabilidad social inmensa, y se merecen un gran salario, pero no todos aquellos que tengan un pregrado en licenciatura o cualquier normalista puede decir que es un profesor. El punto es que la lucha no solo se debe dar por mayores recursos para la educación, sino también por replantear totalmente esa educación con la cual se debe contar con más recursos; los filtros para ser profesor deben ser aún más exhaustivos, lamentablemente esta carrera es considerada hoy de bajo perfil, pero toca recobrar la importancia que tiene para la sociedad, haciendo que sus estudiantes la reivindiquen; y no menos importante su salario debe crecer exponencialmente. Lo anterior sumado a que, el profesor y alumno deben comenzar a manejar una relación horizontal de respeto, y abandonar la arcaica relación jerárquica de autoridad, el maestro tiene que dejar de mostrarse como el emisor activo de conocimiento y el estudiante como el receptor pasivo de aquel, es un nuevo papel del profesor, el que necesita una nueva educación.

Es una entera necesidad de refundar la patria, de reestructurar todos sus sistemas, como se organiza el gobierno y también es necesario un nuevo modelo de Estado. Ecuador nos lleva años luz como país, su modelo de Estado Plurinacional constitucional de Derechos, no es más que el resultado de un proceso descriptivo de sus necesidades. En Colombia la mitad de las políticas públicas y económicas son realizadas por organizaciones internacionales como el FMI y la OCDE, demostrando así que nuestros gobernantes tienen una gran incapacidad de reconocer nuestros procesos históricos y evidenciar las verdaderas necesidades del pueblo colombiano. Rafael Correa cuando asumió su gobierno se encontró ante un panorama económico desolador, lo primero que hizo fue renegociar la deuda externa, hoy ecuador en la bola de nieve esta entre los países menos endeudados del mundo, además era urgente la necesidad de una reforma tributaria, y lo que hizo fue que combatió la evasión de impuestos de las familias ricas del ecuador, y dijo que con esto era más que suficiente para no poner el peso tributario en las espaldas del pueblo ecuatoriano. En Colombia, Juan Manuel Santos y los otros gobiernos, han endeudado al país y se puso la carga tributaria en el pueblo colombiano, cuando solo basta con luchar contra la evasión de impuestos de las grandes familias oligarcas del país, por ejemplo, que no pasara lo de panamá pappers con los hijos de Uribe, ni las zonas francas en Mosquera Cundinamarca con los mismos sujetos.

En Colombia el equilibrio de poderes esta entredicho, el Congreso es la extensión del brazo del presidente, con algunos pocos dedos amarillos y verdes que se mueven de manera contraria a como se les ordena. El congreso elige a los Magistrados, y los Magistrados hacen parte de partidos políticos, así que el partido que tenga mayor bancada en el congreso ese será el Magistrado sin importar su idoneidad para el cargo, habrá independencia en los magistrados cuando el congreso es quien elige a las altas cortes, es la pregunta que nos queda. La democracia en Colombia y Latinoamérica es apenas una construcción, y tal vez una palabra que suscite mucho en la ingenuidad de los colombianos, pero podemos revisar la historia y llegar a la conclusión de que nuestro país es una oligocracia, donde las mismas familias con las mismas estrategias nos han gobernado durante más de 150 años.

Nuestras relaciones exteriores tenemos que entrar a revisarlas, no podemos celebrar un 20 de julio nuestra independencia cuando solo hemos cambiado de amo, pero servimos siempre a intereses de otros, no podemos gritar Colombia patria libre, independiente y soberana, cuando tenemos 4 bases militares estadounidenses en nuestro territorio, cuando lo que dice el Gobierno Estadounidense es Ley y Orden para nosotros. Mucho que aprender de soberanía con el Ecuador y hago mención a Rafael Correa de nuevo que expulsó de su país una base militar norteamericana cuando el Gobierno Estadounidense no permitió que nuestro país hermano instalara una base militar en Miami para igualar las condiciones. Colombia seguirá siendo esclavo, aun así, cuando cada 20 de julio salgamos a gritar con nuestras cadenas, independencia.

Lo más importante aún para que cambie Colombia, es que cambien los colombianos, y para ello necesitamos de una educación de calidad, pero no con fundamentos de conformismo como lo es en este momento, sino con posiciones críticas frente a los actos del Gobierno. Hoy los colombianos tienen un problema de conceptualización y de imposibilidad de reconocimiento muy grave, y es que temen al socialismo, pero es el capitalismo el que siempre nos ha gobernado y nos viene acabando poco a poco el sector agropecuario, a la pequeña y mediana empresa, a todo aquello en lo nos basamos y somos, cada vez Colombia es menos de los colombianos.

Lo peor es que la corrupción y la ignorancia parecen ser un círculo vicioso, porque mientras seamos ignorantes votaremos por corruptos, y mientras los corruptos estén en el poder la educación pública no pasará de ser más que un medio de control social. Un nuevo país, una posición reestructuralista es lo que propongo, una constituyente, pero no en este momento, porque sería suicida, pero tampoco en el 2018, en realidad no hay un momento definido, porque solo cuando los colombianos se cansen de que los roben, de que los puestos se consigan por clientelismo, de la corrupción en general, entonces en ese momento Colombia necesitara de algo nuevo, pero si algo hemos demostrado los colombianos es que somos de un conformismo y una paciencia casi inagotable.

https://www.las2orillas.co/colombia-estado-fallido/

TUMACO, ESPACIO Y SOCIEDAD ENCALLADOS. NI EL ESTADO NI LA IGLESIA

Tumaco, espacio y sociedad encallados


Más allá del abandono y la pobreza, una historia de desencuentro entre los territorios del Pacífico y un proyecto de nación católico y excluyente. Geografía, economía y cultura en esta trama de oportunidades perdidas. 

Óscar Almario García*
Tormenta perfecta

Los paros cívicos en Chocó y Buenaventura que hasta hace pocos días ocuparan las primeras páginas de los medios parecieron sorprender a la opinión y a las autoridades nacionales. Pero los paros en realidad fueron precedidos por una serie de señales del malestar que se extendía por toda la región Pacífica y que desembocó en la decisión de adelantar esas protestas masivas. 

Las primeras señales de alarma provinieron del extremo sur de la región, de Tumaco, donde desde comienzos del año se estaba incubando una “tormenta perfecta” a raíz del posconflicto, como la llamó un informe periodístico. La razón: el vacío territorial dejado por las FARC a consecuencia de los acuerdos empezó a ser llenado por otros actores armados y la delincuencia, fenómeno que, sumado a la crisis social de amplias proporciones que se ha instalado en este puerto, amenaza con reciclar la violencia hasta un nivel insospechado.

El drama

Cultivos ilícitos en Tumaco. Uno de los municipios que tiene más cultivos de coca en el país. Foto: Gobernación de Nariño

Tumaco, con 200 000 habitantes, 100 000 de ellos repartidos en 300 veredas ribereñas y en esteros, es el municipio de Colombia con más cultivos de coca en la actualidad (20 000 hectáreas sembradas); padece una oleada de homicidios por la presencia de bandas enfrentadas por el territorio y los negocios ilícitos, conectadas con el crimen transnacional que compra la producción; un desempleo absoluto que condena a 100 000 jóvenes al rebusque; la violencia, el miedo y la falta de oportunidades se han instalado como cotidianidad a pesar del aumento del pie de fuerza en policía y ejército; mientras que la debilidad institucional frente a esta situación es patética, los niveles de confianza y la economía legal mínimas y la ciudadanía impotente.

Estos fenómenos golpean especialmente a los jóvenes que no encuentran destino para sus vidas distinto de la delincuencia o el rebusque y a las mujeres que han sido víctimas de la violencia sexual y social. Una parte del campesinado, que tiene entre otras actividades la siembra de la coca, se resiste a la política gubernamental de erradicación y aspersión con presencia militar, y busca alternativas como la sustitución de cultivos, ha recurrido a la movilización y bloqueos a la carretera Pasto-Tumaco, donde se produjeron choques violentos con la fuerza pública durante varios días.

Lo que hay detrás

La espectacular geografía del Pacífico sur colombiano relaciona sierra y costa en forma fluida, cuenta con los diez ríos que desembocan en la rada de Tumaco y una línea de manglar que protege la tierra de los embates del mar y donde se forma un laberinto de esteros. Esta disposición del espacio, que en el pasado fue una bendición para los asentamientos, suministró recursos y facilitó la vida social, ahora parece operar sobre todo como venganza.

La espectacular geografía que en el pasado fue una bendición ahora parece operar como venganza. 

En efecto, ese espacio, en cuyo centro se encuentra Tumaco como población y puerto, funciona hoy a favor del proyecto narcotraficante que ha copado y está desintegrando la sociedad regional. Siembra, raspa, pastificación, cristalización, empacado y envío de coca (200 toneladas año, según cálculos oficiales) forman la única cadena productiva completa en el territorio, en la que concurren la geografía, la situación social y el acceso al comercio mundial. Esta cadena ha permitido que la cultura del dinero fácil socave la tradición laboriosa, sencilla y pacífica de sus gentes. Rupturas en el tejido social, brechas generacionales, pérdida de valores colectivos y vulnerabilidad de jóvenes y mujeres agravan el deterioro social.

La paradoja consiste en que mientras se producía el cambio de Tumaco en las últimas décadas (crecimiento, urbanización, pérdida de la vocación pesquera y portuaria) y fracasaban los tímidos planes para su desarrollo proyectados desde el Gobierno (como el Plan Quinquenal del gobierno Santos) y los sectores empresariales (las emblemáticas industrias de la pesca y la palma), el crimen internacional fue definiendo su territorio como un nodo para sus intereses.

De esta manera se entrecruzaron las tendencias globales del crimen organizado con la demanda creciente de recursos y la logística del conflicto interno, tal como lo ha puesto de manifiesto en los últimos años la enconada lucha por el control del territorio y las rutas de comercialización de la droga. Es una suerte de globalización invertida.

Oportunidades perdidas

No hay que olvidar que las sedimentaciones del pasado se materializan en el espacio.
Así, lo que debió funcionar en favor de la integración de la región con otras dinámicas virtuosas no ha ocurrido y no está ocurriendo, como en el caso de la relación sierra-costa. El eje Pasto-Barbacoas-Tumaco como articulador del espacio social, después de la decadencia de Barbacoas, la mítica ciudad del oro, se simplificó en un centro político en Pasto y una periferia portuaria en Tumaco, pero con las nefastas secuelas del centralismo, clientelismo, corrupción política, dependencia y no complementariedad. El ferrocarril Tumaco-El Diviso, construido en los años veinte del siglo pasado como conexión expedita con Pasto, demostró con su fracaso que los diseños de región y de nación predominantes no admiten la diversidad como principio.

La integración promisoria entre los tres grandes ecosistemas del sur, selva amazónica, Andes y Pacífico, no ha contado con los liderazgos adecuados y, a su modo, el oleoducto Transandino (Orito-Tumaco), que es fuente de otras prácticas ilegales con la gasolina, es testimonio de la constante pérdida de oportunidades.

La integración fronteriza con el Ecuador es otra de las oportunidades desperdiciadas, como lo indica el caso de la carretera binacional Colombia-Ecuador que debe unir a Tumaco con Esmeraldas, porque mientras que el Ecuador ya terminó la parte que le corresponde, Colombia está si acaso a un año de concluir sus labores y con sistemáticas interrupciones de la obra.

La Universidad Nacional de Colombia proyectó la apertura de una sede en Tumaco al amparo de la Ley de Fronteras y de las políticas de integración proclamadas por los países de la región, pero hasta ahora no ha recibido apoyo para construir la primera infraestructura de los Gobiernos nacional ni departamental, y en cambio sí de los de Japón y Holanda.

Ni el Estado ni la Iglesia

Puerto de Tumaco. Foto: Wikimedia Commons 

En el marco de la Constitución de 1886, los territorios del Pacífico, como otros donde predominaban los pueblos indígenas, negros y mulatos, fueron considerados “Territorios Nacionales” -léase auténticas fronteras internas, étnicas, culturales y morales-, en las cuales el Estado renunció a su control, que le fue endosado a distintas órdenes religiosas católicas.

Primero agustinos recoletos y después carmelitas descalzos, entre finales del siglo XIX y hasta bien entrada la segunda mitad del XX, forjaron un proyecto civilizatorio cristiano que, con matices y diferencias que no es del caso detallar, intentó modificar la cultura ribereña y mareña de los descendientes de africanos y de los grupos indígenas, concentrándolos en poblados para controlarlos mejor, dotarlos de capillas y servicios educativos, de salud y asistencia, e induciendo cambios en los ritmos del trabajo, los hábitos de vida y las relaciones afectivas. 
Aprender a convivir con una Iglesia cercana pero distinta de su modo de ser e identidad,

Resumiendo mucho, esos territorios y sus gentes se formaron por lo menos durante dos grandes oleadas de población. La primera, durante el siglo XIX, cuando fueron marginados por un Estado nacional que se construía allende la cordillera; y la segunda, durante buena parte del siglo XX, bajo la presión e influencia de las misiones católicas.

De acuerdo con esos ritmos, tuvieron que aprender a convivir con un Estado distante pero irrenunciable y con una Iglesia más cercana pero finalmente distinta de su modo de ser e identidad, por lo cual ajustaron esta a la identidad política nacional y la identidad religiosa católica, pero sin renunciar del todo a sus prácticas, rituales, fiestas y maneras de ser.

Conflicto y esperanza

A constantes como el abandono estatal y la intervención de misiones católicas, cabe adicionar otra de larga duración que ha marcado la historia del territorio: la de los modelos extractivos con actividades como el oro, la pesca, las pieles y otros beneficios de la fauna, las maderas finas y otros productos forestales.

Aparte de las características económicas del extractivismo (ciclos depredadores del medio ambiente, establecimiento de enclaves productivos, sobreexplotación de la fuerza laboral local, ausencia de cadena de valor tecnológico), este se soporta en discursos y prácticas que se mantienen y transforman con el tiempo y se ajustan a los cambios sociales y políticos.

En efecto, los imaginarios decimonónicos del Pacífico como naturaleza a explotar se han ido modificando por la invención del Tercer Mundo, el desarrollismo y el ambientalismo, con los que se quiere ahora garantizar el control de recursos estratégicos.

El antiguo prejuicio frente a negros e indígenas como obstáculos al progreso y el desarrollo ha cedido en parte su lugar a la idea de la utilidad de “poblaciones originarias” que contribuyan a la preservación de ecosistemas complejos.

El predominante racismo de otros tiempos coexiste con discursos edulcorados sobre la diversidad étnica y cultural pero siempre y cuando no amenace los poderes de siempre.

Basado en dicho modelo extractivista de variados ciclos, Tumaco experimentó unos cincuenta años de bonanza y crecimiento (1920-1970), cuando se configuró una élite blanca dirigente de origen extranjero y presenció el ascenso de grupos mulatos que se mezclaron en parte con los primeros. Ambos grupos se hicieron al control del poder, los cargos estatales, la administración portuaria, los beneficios de la industria pesquera y el comercio, y de los productos extraídos. Durante este período aumentaron las exportaciones, la cobertura de la educación y otros servicios públicos, complementados por el control religioso y político.

La actual decadencia económica y precariedad institucional que caracteriza al territorio tumaqueño sintetiza un largo proceso de desencuentro entre la nación, la región y los grupos étnicos. El Estado nacional desconoció el aporte de negros e indígenas a la construcción del país y el proyecto cristiano los redujo a poblaciones a transformar.

Sin embargo, el agotamiento de los ciclos extractivos, la incapacidad de los servicios tipo enclave (como el puerto) para incluir ampliamente a la población y la limitada evangelización de la población estimularon el reconocimiento del territorio como opción de vida y de futuro, anunciando una fase esperanzadora.

Lo anterior tomó plena forma con el movimiento étnico-territorial que desataron la Constitución de 1991, la Ley 70 de 1993 y sus decretos reglamentarios, que reconocieron el carácter multiétnico de la nación colombiana y validaron los derechos territoriales de las comunidades afrodescendientes en los ríos, autorizando la titulación colectiva.

Sin embargo, el conflicto interno iba a interferir de manera grave estas dinámicas aplazando la transformación regional y agregando nuevos elementos a la crisis social.

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* Doctor en Antropología social y cultural de la Universidad de Sevilla, profesor titular de la Facultad de Ciencias Humanas y Económicas de la Universidad Nacional de Colombia, Sede Medellín.


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martes, 20 de junio de 2017

LOS CIVILIZIONARIOS, MODERNIDAD ALTERNATIVA O GLOBALIZACIÓN DE LA ESPERANZA

Los civilizionarios

http://www.jornada.unam.mx/2002/12/01/Images/mas-manos.jpg

Víctor M. Toledo

“Una nueva sociedad civil planetaria,vinculada por una misteriosa fraternidad nocturna, surge de los escombros del Estado-Nación. Se opone de forma radical al imperio de los depredadores. Organiza la resistencia. La componen una multiplicidad de frentes de rechazo. Sus luchas alumbran una esperanza inmensa” (Jean Ziegler, Los nuevos amos del mundo, 2013). Son los civilizionarios. Los nuevos actores de la transformación civilizatoria, los que luchan por la emancipación de la humanidad, los que defienden al planeta. Son sujetos sociales novedosos para la historia. Poco a poco, brotan, crecen, se multiplican. Son hijos de la crisis de la modernidad, pero también de las innovaciones tecnológicas, que hoy facilitan la información, la comunicación y el transporte. Aunque poseen una conciencia planetaria, un sentido de especie, porque saben que, a pesar de su inmensidad, la Tierra como sistema es sumamente frágil y delicada, ellos actúan a muy pequeña escala. Son como diminutas hormigas con las antenas levantadas para registrar lo que sucede en el resto del mundo y actuar. De su conciencia doble, que es social y ecológica, brota una ética. Los civilizionarios trabajan permanente y arduamente a la escala doméstica para lograr un hogar autosuficiente. Captan agua de lluvia, transforman la energía solar en eléctrica o en calor, aprovechan el viento, buscan producir buena parte de sus alimentos, utilizan materiales adecuados, reciclan, cierran circuitos. Cuando consumen lo hacen de manera responsable. Pero también participan y muchas veces encabezan iniciativas de organización barrial o comunitaria, cooperativas y asociaciones.

Ejemplos de civilizionarios son cada vez más abundantes. Los millones que se manifiestan en las calles contra Monsanto, contra el cambio climático o en nombre del planeta. Los movimientos feministas y por la equidad sexual que cimbraron al mundo a principios del año. Los contingentes de ciclistas que exigen la abolición del transporte individual y basado en petróleo, es decir, que cuestionan la religión del automóvil, los que practican la agroecología como productores rurales o como habitantes urbanos y que sólo en Latinoamérica ya suman varios millones, los que batallan por un consumo consciente y responsable de alimentos sanos. Dos proyectos de organización global de los civilizionarios son el movimiento llamado de Pueblos en Transición (Transition Towns), que hoy alcanzan mil 200 en 50 países (ver) y que buscan vivir sanamente y sin petróleo, y La Vía Campesina, una coalición de 164 organizaciones en 73 países de África, Asia, Europa y América, que agrupa a unos 200 millones de campesinos y campesinas, pequeños y medianos productores, pueblos sin tierra, indígenas, migrantes y trabajadores agrícolas de todo el mundo. La Vía Campesina defiende la agricultura ecológica y a pequeña escala como un modo de promover la justicia social y la dignidad, y se opone firmemente a los agronegocios y a las multinacionales que están destruyendo los pueblos y la naturaleza (ver).

Seis valores claves de los civilizionarios son la diversidad (el mundo es pluriverso), la autosuficiencia (no la dependencia), la cooperación (no la competencia), la descentralización, la democratización (de la información, el conocimiento y la tecnología) y la pequeña escala, los cuales caminan a contracorriente de la actual civilización industrial. Aunque son poco visibles, irrumpen en los momentos claves y participan activamente en acciones políticas ahí donde consideran que debe actuarse.

Los civilizionarios encuentran en los pueblos originarios o indígenas sus mayores fuentes de inspiración, y participan junto con ellos en diversas resistencias. Igualmente atienden y abrazan el legado de Oriente (taoísmo, budismo, gandhismo) en su intento por conectar sentimiento y pensamiento.

Tres ejemplos de ilustres civilizionarios son J. Assange, E. Snowden y Ch. Manning, quienes se jugaron la vida por la transparencia de la información. José Mujica, ex presidente uruguayo, y su esposa serían buen ejemplo de civilizionarios. Filósofos que abonan a esta visión son Edgar Morin y el brasileño Leonardo Boff, pero también Ivan Illich, André Gorz y Vandana Shiva. Un civilizionario convencido es el papa Francisco y su encíclica Laudato si, un verdadero manifiesto de ecopolítica ante la crisis global que ya está movilizando a contingentes de católicos de todo el mundo.

Los civilizionarios vislumbran la necesidad de una transformación cualitativamente mayor, no un mero recambio de cosas, inducen a identificar la existencia todavía incipiente de otra globalización o, para ser más precisos, de una contraglobalización a la que ha venido imponiendo el neoliberalismo, que no es más que la fase corporativa del capital alcanzado su máximo histórico. Ello resulta significativo porque permite ir más allá de las visiones de emancipación enclavadas todavía en las tesis, ideologías y discursos heredadas de la tradición revolucionaria que hoy no son suficientes para entender y transformar la realidad. Ello desnuda también el papel explotador y depredador de las dos instituciones que la propaganda y la publicidad consideran las dos instituciones supremas del progreso, el crecimiento y el desarrollo: el Estado y la corporación. Una deificación doble que impide justamente encontrar y construir los nuevos escenarios de la real emancipación, es decir, de la transformación civilizatoria. Ellas y ellos consideran que si hay una modernidad alternativa, hay también una globalización de la esperanza que corre a contracorriente del proceso hegemónico neoliberal, y que si la especie humana logró sobrevivir a tanta inclemencia y durante tanto tiempo (200 mil años), está vez también lo hará.

Los civilizionarios se despiertan escuchando con atención cómo los pájaros se platican sus sueños, y se acuestan navegando los sonidos del mundo sintonizando Radio Garden, que da acceso a unas 12 mil estaciones de todo el mundo. Y usted, querid@ lector@, ¿ya se convirtió encivilizionari@?


http://www.jornada.unam.mx/2017/06/20/opinion/016a1pol

lunes, 12 de junio de 2017

EMPATE HEGEMÓNICO EN AMÉRICA LATINA

DEBATE:
 
Empate hegemónico en América Latina


Por José Natanson

Edición Nro 216 - Junio de 2017
EDITORIAL EDICIÓN ESPECIAL

Durante una década y media, Venezuela y Brasil funcionaron como los modelos polares de la izquierda latinoamericana, como las referencias de los respectivos ejes bolivariano y lulista. La diferencia no radicaba tanto en la política económica, porque procesos de estilo chavista como el de Bolivia y Ecuador se acercaron más en este aspecto a la prolija ortodoxia brasileña que al zafarrancho venezolano, ni en el carisma de los líderes, verificable en Hugo Chávez tanto como en Lula, ni en la enorme revolución simbólica que implicó la llegada de un político sin educación formal al poder, como fue el caso de Lula y Evo pero no de Correa y Chávez.

La diferencia fundamental pasaba por la decisión de convocar, apenas iniciado el mandato, a una reforma constitucional que sentara las bases para una refundación del país, como sucedió en Venezuela, Bolivia y Ecuador pero no en Brasil, Argentina, Uruguay o Chile. El reseteo institucional bolivariano habilitó un programa más radical, no en términos sociales, porque el impulso de inclusión de Argentina o Brasil fue igual de exitoso que el de Venezuela o Ecuador, sino políticos, en la medida en que habilitó un margen de acción más amplio para sus líderes, a su vez menos condicionados por estructuras partidarias fuertes como el PT o el peronismo.

Quince años después, una mirada de conjunto sugiere que la izquierda bolivariana todavía se mantiene en el gobierno mientras que los presidentes más moderados han sido desplazados del poder: en términos de continuidad, no necesariamente de resultados, el chavismo le ganó al lulismo.

Pese a ello, los dos países simbólicamente más emblemáticos del giro a la izquierda se encuentran atravesando largas crisis políticas. La de Venezuela es, por su carácter violento, anómico y desesperanzado, la más grave: así como el proceso chavista fue el que llegó más lejos en su afán de radicalizar el rumbo de cambio, el que creó más programas sociales, estatizó más empresas y se declaró más anti-imperialista, fue también el que se alejó más kilómetros del modelo de democracia liberal, el que tensionó sus límites con más fuerza, y el único que admite la reelección indefinida.

¿La radicalidad de la reforma socioeconómica venezolana se relaciona con su creciente autoritarismo institucional? En otras palabras, ¿cuál es el vínculo entre contenido y método? Sin aventurar una respuesta definitiva, apuntemos que la situación se encuentra trabada, entre un chavismo que controla la Fuerza Armada Bolivariana, que no es un aparato externo al gobierno sino una parte orgánicamente integrada a él, que cuenta con el flujo de recursos permanente de las exportaciones de petróleo y que, pese a todo, conserva cierto apoyo popular –como dice Pablo Stefanoni, los pobres no bajan de los cerros (1)–. Frente a un gobierno que perdió su condición mayoritaria pero que todavía aguanta, se recorta una oposición en permanente tensión y conflicto, sin un liderazgo ni un programa unificados.

En ambos bandos hay sectores recalcitrantes que buscan salidas autoritarias o desestabilizadoras, en ambos bandos hay grupos armados sustraídos al control de los liderazgos, en ambos bandos hay ánimo de venganza. La principal responsabilidad le cabe al gobierno, porque controla al Estado y porque, a diferencia de otros momentos de furia, no está dispuesto a abrir una salida democrática a través de elecciones. La convocatoria a la Constituyente anunciada por Nicolás Maduro podría haber sido una oportunidad, sólo que no está claro que el esquema electoral, un curioso mix de representatividad y corporativismo, ofrezca garantías de limpieza (2). Una democracia implica que haya elecciones, pero también que no se sepa de antemano quién las va a ganar. Sin incertidumbre no hay democracia.

El panorama brasileño es menos sangriento pero no menos deprimente. Surgido de un impeachment contra Dilma Rousseff que cumplió prolijamente todos los procedimientos legales pero que olvidó el detalle de que no había delito que lo justificara, el gobierno de Michel Temer se propuso un amplio programa de reformas destinado a completar, con leyes regresivas en materia fiscal, previsional y laboral, el giro neoliberal iniciado por Fernando Henrique Cardoso en los 90. Sin embargo, la alianza entre sectores del Poder Judicial, los grandes medios y la Policía Federal, cuyas impactantes investigaciones habían resultado útiles como marco para impulsar el juicio político, se autonomizó hasta involucrar a prácticamente toda la clase política. El genio se salió de la botella y nadie sabe cómo meterlo de nuevo. Al cierre de esta edición, los principales actores políticos y económicos brasileños no habían conseguido un Duhalde, y Temer, aunque agonizante, seguía en el poder.

Brasil y Venezuela son países muy diferentes, experimentaron el giro a la izquierda de manera distinta y eligieron caminos opuestos –la conversión a la ortodoxia de Dilma, la profundización del “socialismo con capacidades especiales” en el caso de Maduro– para enfrentar la recesión económica. El hecho de que ambos, que durante años fueron el espejo en el que los otros países se miraban, atraviesen crisis severas, sugiere que estamos asistiendo a un retroceso amplio de la izquierda, confirmado por el resultado de las elecciones presidenciales argentinas del 2015, la derrota de Evo Morales en el referéndum para habilitar su reelección indefinida y las perspectivas de un triunfo de Sebastián Piñera en los próximos comicios presidenciales en Chile.

¿Cómo se explica este declive? Un repaso rápido incluiría el fin del superboom de los commodities, que terminó con la prosperidad de la última década e hizo más dificultoso y lento el crecimiento; el estancamiento de los progresos sociales, que detuvo o incluso revirtió los notables avances en materia de indigencia y pobreza y en menor medida desigualdad; y la dificultad para atender nuevas demandas ciudadanas, en particular aquellas vinculadas a los servicios públicos urbanos, como seguridad, transporte y educación. De hecho, casi todas las explosiones de descontento popular que estallaron en los últimos años en la región tuvieron a los servicios públicos en el centro de los reclamos.

En este contexto gris, el agotamiento de la imaginación política de la izquierda se intentó compensar con una sobrecarga retórica. La tensión entre, por un lado, los límites impuestos por los modelos extractivistas y, más en general, por el capitalismo global con el que ninguno de los gobiernos de izquierda terminaron de romper, y, por otro, cierta desmesura discursiva terminó resultando chocantes. Este exceso adoptó formas tragicómicas en el populismo caribeño venezolano, expresadas en las rutinarias apelaciones a divesificar una economía cada día más petrolera, pero se verifica también en la creciente dificultad de los gobiernos progresistas para ofrecer algo distinto, una perspectiva de futuro que vaya más allá de la mera preservación de los avances conseguidos. La izquierda se volvió conservadora, en la primera acepción de la palabra.

El resultado es que América Latina se encuentra paralizada en un “empate hegemónico”, según la definición clásica de Juan Carlos Portantiero: una situación en la que dos fuerzas en disputa tienen suficiente energía como para vetar los proyectos elaborados por la otra, pero ninguna logra reunir los recursos necesarios para asumir por sí sola el liderazgo. En suma, ningún grupo asume la dirección política del país en el sentido gramsciano de la expresión; ninguno puede presentar sus intereses como los intereses de toda la sociedad y formar un bloque histórico que modele un sentido común que la oriente en una dirección determinada.

El bloqueo de Venezuela, donde el gobierno perdió su histórico dominio pero la oposición no logra doblegarlo, y el impasse de Brasil, donde el bloque conservador ahora parece resignado a explorar un acuerdo con el PT (3), refuerzan la idea de parálisis. Incluso en aquellos países como Argentina, donde el macrismo se impuso limpiamente en las urnas, el giro neoliberal es menos pronunciado de lo que el gobierno quisiera porque las fuerzas que lo resisten todavía conservan recursos de poder importantes.

Por eso, aunque cuando elaboró su famosa definición Portantiero estaba pensando en la Argentina de los setenta, en la que el bando liberal-exportador y el bando industrialista-redistribuidor no lograban prevalecer, la idea de empate hegemónico resulta útil para pensar la situación actual, tanto a la hora de analizar la situación interna de muchos países como en una mirada más general de la región. Mientras México y Centroamérica siguen a merced de los cambios de humor del electorado estadounidense y los países del Pacífico continúan jugando su juego aperturista, el eje bolivariano resiste en el poder, aunque con sus capacidades disminuidas, y el Mercosur aguarda una definición de Brasil, sin el cual ninguna orientación política, buena o mala, es posible.

Como si hubiera pisado cemento fresco, América Latina camina con pasos pesados, insegura y desgarbada. Tras una década y media de hegemonía, la izquierda retrocede pero la derecha todavía no tiene el futuro asegurado. 
________________
1. Ver nota en página 22.

2. De acuerdo al diseño elaborado por el gobierno y aprobado por el Tribunal Supremo Electoral, 176 constituyentes serán elegidos por ocho sectores (indígenas, estudiantes, campesinos y pescadores, empresarios, personas con discapacidad, pensionados, consejos comunales, comunas y trabajadores). Como éstos no son exahustivos, ya que no todos los venezolanos reúnen los requisitos para ser incluidos en alguno de ellos, una parte de la sociedad se quedaría sin representación sectorial. Los 364 constituyentistas restantes se elegirán en elecciones por municipios. Pero, tal como está planteado el esquema, con un constituyente por municipio y dos por capital de provincia, el número de representantes no guarda ninguna relación con el peso de la población. Un ejemplo: los municipios Maroa, Río Negro y Manapiare tienen derecho a un constituyente cada uno pese a que suman, en total, 7.605 electores, mientras que el municipio de Maracaibo, en Zulia, tiene derecho a elegir dos constituyentes a pesar de que cuenta con… 941.974 votantes. Aunque no siempre hay una relación automática entre la población y sus representantes, la oposición dice que el diseño le permite al chavismo obtener la mayoría con una minoría de votos, ganar perdiendo.

3. Según el diario Fohla de S.Paulo (25/5/2017), los ex presidentes Cardoso, José Sarney y Lula intentan articular una salida a la crisis.

Este artículo forma parte de la edición especial de Le Monde diplomatique: 
América Latina: Territorio en disputa

http://www.eldiplo.org/notas-web/empate-hegemonico-en-america-latina?token=&nID=1

SISTEMA PATRIARCAL Y DESARROLLO PROFESIONAL DE LAS MUJERES

Sistema patriarcal y desarrollo profesional de las mujeres


Iratxe Garay Etxaniz 

La justicia está contextualizada y es proporcional o debería serlo. El ser justos sí se basa en ser iguales, en el principio de la igualdad, pero tiene que contextualizarse ya que la igualdad no significa dotar de una posición igual y uniforme sino que significa equiparar la situación de cada uno/a en la sociedad (Miller, 2011:144). De acuerdo a este razonamiento, la defensa de la igualdad implica igualdad de oportunidades y de recursos, lo que en determinados casos exige medidas de carácter positivo que combatan las desigualdades estructurales de género.

En la medida que el sistema patriarcal ha defendido la supremacía del hombre sobre la mujer, la distribución desigual de las oportunidades y de los recursos ha redundado en ausencia de justicia. El reparto injusto del poder se exterioriza y se perpetúa en las relaciones, acciones y decisiones cotidianas. En esa relación desigual del poder, uno siempre vence al otro. Ya lo decía Sennett al explicar la autoridad, cuando decía que un soldado podría morir por un oficial de voluntad o por un oficial mediocre puesto que es el título lo que lo hace relevante; de esta misma manera se puede entender la relación desigual de poder, las mujeres en ese sentimiento de inferioridad hacia los hombres permiten que estos o el sistema que los rige las domine, siendo así la mujer el soldado que moriría y el género masculino cualquier oficial, ya que este encarna el patriarcado en sus prácticas (Sennett, 2006). Esa relación de tensión y de poder desigual supone una división de las tareas según el sexo de las personas. Los hombres encarnan el sujeto discursivo en el ámbito público, estos son las personas reconocidas en la sociedad por esa capacidad y como tal, forman parte de los agentes económicos, políticos y jurídicos que la conforman. En lo referente al ámbito privado, se caracteriza por el afecto, la sexualidad y la familia (modelo nuclear), por lo tanto no tiene ninguna validez social relevante. En este sentido, y habiendo dicho que los hombres pertenecen al ámbito público y las mujeres al privado, el género femenino se ve excluido de ese reconocimiento social, político, económico y cultural (Medina, 2013: 14).


Características de la era industrial: sinergias entre patriarcado y capitalismo

La sociedad genera y alimenta ideas que conforman una la visión de la realidad que ha seguido criterios de jerarquización y de desigualdad estrechamente relacionados con los componentes culturales, el género, la etnia y la religión. Estas desigualdades y las relaciones asimétricas de poder han supuesto un no reconocimiento de las identidades de las personas; por este motivo, las luchas se han prolongado a lo largo de los siglos con el objetivo de conseguir una igualdad y reciprocidad social, que incluso durante mucho tiempo han sido jurídicamente rechazadas. Si tenemos en cuenta que este ensayo se centra en las desigualdades de género, debemos subrayar hasta qué punto la realidad social se ha construido históricamente según las bases del sistema patriarcal, haciendo uso de diversos mecanismos de dominación. Al ser plurales las mujeres y también los contextos en los que se ejerce dicha dominación, esta puede resultar más explícita y manifiesta o más sutil y latente.

De diversas maneras, las mujeres han sido durante siglos actores sociales y ciudadanas de segunda clase y semejante situación se vio legitimada por determinados discursos filosóficos y médicos. Tomemos como ejemplo a Rousseau, uno de los padres de la filosofía y de la ciencia política moderna y prototipo del pensamiento ilustrado misógino. En su obra El contrato social (1762) afirmaba que las mujeres no son animales racionales, por lo tanto no tienen capacidad ni decisión política alguna (Rousseau, 2004). Amparándose en afirmaciones como esta, se fue generando un modelo identitario de mujer heterodesignado y dependiente tanto del cónyuge como del Estado protector. Esa dependencia supuso la equiparación de la posición social de la mujer a la de un niño, igualando así la capacidad social de la mujer a la de un actor social de inferior escala (Fraser, 2016:115).

La sociedad alienada por el sistema patriarcal repite y reproduce fallas éticas con miembros de su comunidad. Las dificultades que encuentran las mujeres a la hora de integrarse en el mundo laboral no vienen dadas per se, sino que bajo el sistema se distorsionan las capacidades que pueden tener estas, sufriendo así una cadena de serias desventajas sociales. En la segunda mitad del siglo XIX, el sociólogo Herbert Spencer replanteó la teoría evolucionista desde una nueva perspectiva. Según esta «ley», Spencer dedujo que el cuerpo humano tenía una determinada cantidad de energía que se destinaba al funcionamiento de sus órganos vitales. Esta teoría indujo a creer que las mujeres debían utilizar ese gasto de energía en beneficio de sus órganos reproductores (Calvo, 2016:33). Se trató de deducir y demostrar mediante datos empíricos y pruebas científicas que las mujeres debían olvidarse de ejercer carreras profesionales como la de maestra y dedicarse solamente a la función de reproducir y de engendrar puesto que de otra manera degeneraría la prole y por ende la sociedad.

“En 1915, el costarricense Luis Felipe González Flores, secretario de Instrucción Pública y subsecretario de estado, fundador de la Escuela Normal y hoy benemérito de la Patria, encontraba inconveniente la presencia de maestras en la escuela debido a la «idiosincrasia psicológica» de las mujeres: débiles, maleables, estacionarias, sensibles, impresionables, de voluntad oscilante y atención superficial, más imaginativas que intelectuales; de «memoria pasiva», «imaginación dispersa», incapaces «de crear, de sacar conclusiones propias» y de «inducir algo nuevo a partir de los hechos»; con «menor espíritu crítico» y «menor discernimiento» que el hombre. Por lo tanto, declara que las mujeres por «su cerebración» no soportan la carrera magisterial y, si se empeñan en ella, no lo hacen «impunemente para su salud»” (Calvo, 2016:71)

Durante siglos, las mujeres permanecieron en el ámbito privado, dedicadas a la crianza de los hijos/hijas y del marido trabajador. En ese modelo de familia dominante la independencia y la economía estaban en manos única y exclusivamente del hombre trabajador y cabeza de familia. De este modo, los varones se han visto privilegiados por la monopolización del espacio público, mediante los derechos civiles y políticos que les fueron siendo reconocidos. Por eso, históricamente, cualquier descubrimiento o aportación realizada por alguna mujer se ha menospreciado y se ha considerado como mínima, secundaria y poco relevante; de esta manera, y recluidas ya las mujeres en el ámbito privado, las decisiones que en él se tomaban no afectaban más que a la unidad doméstica, sin poner en peligro el poder dominante ni tener mayor impacto social. Así pues, el ámbito privado se ha perpetuado como esfera de lo femenino, atribuyendo a las mujeres el único objetivo de ser la mejor madre, esposa y ama de casa y el mayor logro, conseguir una familia feliz y exitosa, siguiendo los estándares de la época, lo que se conoce como una familia del sueño americano o malebreadwinner (Dones i Treballs 1, 2003).

“Habían encontrado la verdadera ocupación femenina. Como amas de casa y madres eran respetadas en la misma forma que lo eran los maridos en su mundo. Podían elegir libremente sus automóviles, sus trajes, sus aparatos electrodomésticos, sus supermercados; tenían todo lo que la mujer había soñado siempre.” (Friedan, 1965: 32)

La dependencia y la reclusión de la mujer en el ámbito privado se ha dado como correlato de la era industrial, en la que la independencia del obrero varón, blanco, que sustentaba la familia y ratificaba el ideal de salario familiar 2 estaba fundamentada en la dependencia económica de las mujeres, blancas. Es decir, la independencia económica del hombre trabajador blanco podía darse gracias a la dependencia económica de las mujeres blancas. Nos encontramos por lo tanto en un contexto en el cual la mujer es dependiente social, jurídica, política y económicamente de su esposo, en el que incluso mujeres casadas trabajadoras asalariadas no podían controlar legalmente su economía (Fraser, 2016: 119).

Con el fin de hacer de este tipo de familia el modelo social dominante, a lo largo de la historia se han ido creando normas específicas que la mujer tenía que interiorizar y cumplir para así poder proporcionar todo el apoyo y bienestar dirigido exclusivamente al desarrollo y éxito profesional del marido y la manutención de sus hijos e hijas. Cualquier familia que se distanciara de este modelo era tachada de desestructurada y la mujer que no cumplía las expectativas sociales definidas en semejantes términos era calificada como ser incompleto e indigno; en este sentido, la mujer tenía que encargarse del resto de las cosas que no revertían en el ámbito público, dicho en otras palabras, de la vida en todas sus dimensiones. La función primordial de la mujer era la reproducción, cuidar de los niños, darles seguridad y cariño. Manuel Castells ejemplificaba dicha función con la siguiente expresión: “vales lo que pares”. Las mujeres valían por lo que parían y por como cuidaban. Así se generó el hombre unidimensional, el del poder y la producción, y la mujer multidimensional, la que asumió el resto y se consagró socialmente la división histórica entre el dominante y la dominada.

“De esa división histórica del trabajo surgieron dos culturas, una dominante, otra dominada, que se convirtieron en esencias a través de los mitos de los masculino y lo femenino hasta parecernos lo natural” (Castells y Subirats, 2016:16).

Para hacer factible el cumplimiento de esas normas sociales y legitimar, “naturalizar” ese modelo de familia hegemónico, uno de los recursos más frecuentes ha sido el de la violencia simbólica. Esta violencia no se ha dado en general explícitamente, sino que de manera sutil y alimentando la preeminencia universal de los hombres se ha afirmado en las estructuras sociales haciendo de la división sexual del trabajo un orden social mediante el cual se le ha instigado a la mujer a interpretar una serie de roles fundados en estereotipos bajo el miedo a represalias sociales y personales Las relaciones de poder desiguales se dan entre dos sujetos, los dominados y los dominantes. En una pareja él es que tiene la posición dominante, pero no por que esta sea su posición intrínseca sino porque ellas le confieren esa posición, por la autodepreciación que ellas aplican en las relaciones de dominación. Es decir, las dominadas son dominadas por el hecho de que se les cree inferiores y ellas mismas así lo creen por la asimilación de esquemas mentales que son el producto de las relaciones de poder (Bourdieu, 2000:49). En el caso de que este tipo de violencia no fuera suficiente para controlar y adoctrinar a la mujer, entonces se ejercía y se ejerce la violencia física. En este sentido, podríamos hacer un paralelismo con el triángulo sobre la violencia de la teoría de la violencia de Johan Galtung; según esta teoría existen tres tipos de violencia: violencia directa (física, sexual y psicología), violencia estructural (techos de cristal, brechas salariales, etcétera) y violencia cultural o simbólica, paraguas legitimador de la realidad social violenta. La violencia directa es la más visible. En cambio, la violencia estructural y la cultural o simbólica son invisibles e indicen directamente en las actitudes y comportamientos de las personas.

“Se rechaza el malentendido común de que «la violencia está en la naturaleza humana». El potencial para la violencia, como para el amor, está en la naturaleza humana pero las circunstancias condicionan la realización de ese potencial. La violencia no es como comer o las relaciones sexuales, que se encuentran por todo el mundo con ligeras variaciones. La grandes variaciones en la violencia se explican fácilmente en términos de cultura y estructura: la violencia cultural y estructural causan violencia directa, utilizando como instrumentos actores violentos que se rebelan contra las estructuras y empleando la cultura para legitimar el uso de la violencia” (Galtung, 1998:15).

En esa posición de inferioridad femenina, se pueden diferenciar tres etapas históricas que muestran el progreso de la dependencia. En la era preindustrial, la dependencia no era un signo estigmatizante, era una característica más de la sociedad del momento; en la industrialización esa concepción fue cambiando y lo que antes no era malo y era lo normal se convirtió en síntoma de vergüenza. En la era industrial, sobre todo en sus inicios, existían dependencias buenas o propias de algunas personas, como mujeres y “razas oscuras”, que era intolerables para los hombres. Existían tres iconos diferentes de dependencia: a) “el indigente” – corrupto, degradado, sin voluntad por vivir de la caridad-; b) el “nativo colonial” o “el esclavo” – sometido político, salvajes, infantiles, sumisos. Su trabajo era fundamental para el progreso –; c) el “ama de casa” – pasaron de ser compañeras a parásitos -. Quienes quisieran ser miembros de la sociedad debían distinguirse de estos tres grupos.

A finales del siglo XIX es cuando el término dependencia adquiere una doble connotación desde la perspectiva moral, la dependencia buena y la dependencia mala. La dependencia buena hacía referencia a la dependencia familiar, que incluía niños y mujeres casadas. La segunda, la dependencia mala se refería a la caridad, a las personas receptoras de beneficencia. Es en la era posindustrial cuando comienzan a consolidarse los cambios impulsados por los movimientos feministas, de modo que la dependencia jurídica y política se considera ilegítima e injusta, y se cuestiona radicalmente la dependencia económica de las mujeres. En estos términos el modelo económico va alejándose del ideal del salario familiar y va centrándose más en la dependencia individualizada 3. A su vez, debido a los movimientos de liberación feminista y de gays y lesbianas, el modelo familiar dominante se ve erosionado y comienzan a surgir nuevos modelos de familia; los divorcios se extienden, se crean leyes de género que normativizan la situación de las mujeres hasta el momento; además, el ideal del salario familiar se ve desplazado con el surgimiento de alternativas económicas (Fraser, 2016).

De este modo, la sociedad patriarcal ha ido creando pautas en las que el género ha fijado una diferencia clave en el terreno de las oportunidades vitales. Se han construido disposiciones y roles diferentes para mujeres y para hombres, que han derivado en ventajas para unos y desventajas para otras. Disposiciones y roles que, por otro lado, se han naturalizado en los procesos de construcción social, actuando, a su vez, como instrumentos de legitimación del sistema patriarcal y de sus tendencias androcéntricas 4.

El género, la etnia o raza y la cultura son algunas de las variables que determinan la creación del actor social. Se pueden identificar prácticas culturales tomadas como hábitos o tradiciones que hegemonizan y legitiman el sistema patriarcal, la mayoría de estas prácticas tienen que ver con el capitalismo, sistema económico que, mediante la producción y reproducción de productos y personas, perpetúa la dependencia y las desigualdades creadas a partir del patriarcado. Por lo tanto, existe un círculo vicioso por el que capitalismo alimenta el patriarcado y viceversa. Son las mismas ideas básicas y principales las que sustentan el capitalismo y el sistema patriarcal, dicho círculo llega hasta tal punto de perversión que no se sabe cuál de los dos es el original; sin embargo, ha quedado demostrado que, sin un sistema económico capitalista, al sistema patriarcal le faltaría una pata, bastante sólida durante largos años, en la que sustentarse ya que esta se quedaría exenta del proteccionismo del Estado, el padre de las sociedades. De la misma manera, sin el sistema patriarcal, al capitalismo también le faltaría una pata. Siendo parcas en palabras, el capitalismo ha reforzado un ideal y prototipo de ciudadano en el que la raza blanca, la posición económica media- alta, hombre “cabeza” de familia y trabajador asalariado con esposa e hijos/as devotos ha sido el ideal y la razón de ser; de acuerdo a este argumento, ese ideal y ese ciudadano prototípico no se hubiera podido consolidar como tal si el sistema patriarcal no hubiera reforzado los estereotipos de género anteriormente mencionados. Estos estereotipos insertos en el sistema que hemos explicado ayudan al desarrollo de pensamientos como la poca rentabilidad de la mujer, o la poca efectividad y poco rendimiento que esta puede tener en el mercado laboral. En definitiva, una especie de círculo vicioso entre capitalismo y patriarcado que ha consolidado las sociedades que conocemos.

1 El grupo «Dones i Treballs» se creó en el año 1994 a raíz del seminario «Una visión no androcéntrica de la economía» organizado en Ca la Dona de Barcelona, con el propósito de abrir una reflexión sobre los diferentes trabajos que realizan las mujeres, tanto para el mercado como en el ámbito llamado «privado».

2 Ideal de salario familiar, dícese del concepto que emplea Nancy Fraser para definir el modelo económico de la era industrial en el que el hombre legitimaba su independencia mediante el trabajo, como persona de la que su familia depende para poder sobrevivir. La independencia económica se ve ejemplificada por el ideal de ganar un salario el cual es suficiente para mantener a una esposa y unos hijos dependientes (Fraser, 2016).

3 Término que utiliza la Nancy Fraser para hacer referencia a la inserción en el mundo laboral de los sujetos de la sociedad como seres individuales, dependientes de sus propios actos y elecciones, y no de otros sujetos.

4 “Es el patrón institucionalizado de valor cultural que privilegia los rasgos asociados con la masculinidad, al tiempo que devalúa todo lo codificado “femenino”, paradigmáticamente, pero no sólo, las mujeres” (Fraser, 2009: 92).

BIBLIOGRAFÍA

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Bourdieu, P. (2000). La Dominación masculina. Barcelona: Editorial Anagrama.

Calvo, Y. (2016). La aritmética del patriarcado. Barcelona: Bellaterra.

Castells, M y Subirats, M. (2007). Mujeres y Hombres ¿Un amor imposible? Madrid: Alianza Editorial.

Fraser, N. (2016). Fortunas del Feminismo. Madrid: Traficantes de Sueños.

Friedan, B. (1965). La Mística de la feminidad. Barcelona: Sagitario.

Galtung, J. (1998). Tras la violencia, R3: Reconstrucción, reconciliación y resolución. Afrontando los efectos visibles e invisibles de la guerra y la violencia. Bilbao: Bakeaz.

Medina, M. (2013). Habermas y feminismo: desencuentros entre la teoría critica habermasina y teoría política feminista. Forum de Recerca, Nº18, pp. 3- 26.

Miller, D. (2011). Filosofía política: una breve introducción, Madrid, Alianza.

Rousseau, J.J. (2004). El Contrato Social.: Istmo.

Sennett, R. (2006). La cultura del nuevo capitalismo. New Heaven: Yale University.

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