Un estudio europeo con más de 6.000 mujeres identifica una asociación inversa entre el consumo de vitaminas del grupo B y el riesgo de desarrollar este tumor, aunque el efecto observado varía según la ingesta de alcohol
ANDREA RIVERO GARCíA
Gacetamedica.com/30 OCT 2026
Una mayor ingesta de determinadas vitaminas del grupoe B se asocia con un menor riesgo de desarrollar cáncer de mama, según un estudio publicado en la revista The American Journal of Clinical Nutrition que analiza la relación entre los nutrientes implicados en el metabolismo de un carbono, factores genéticos y el riesgo de este tumor.
La investigación, llevaba a cabo a partir de datos de la cohorte europea EPIC (European Prospective Investigation into Cancer and Nutrition), incluye a 6.134 mujeres de siete países europeos.
El trabajo está liderado por el grupo CIBERESP en la Escuela Andaluza de Salud Pública, bajo la coordinación de María José Sánchez Pérez, y cuenta con la participación de investigadores del ibs.GRANADA y de la Universidad de Granada, entre otros centros de investigación.
El papel de las vitaminas del grupo B
Los resultados muestran que una mayor ingesta dietética de vitamina B2 (riboflavina) y vitamina B12 (cobalamina) se asocia, para cada nutriente por separado, con una reducción aproximada del 6-7% en las probabilidades de desarrollar cáncer de mama por cada incremento de una desviación estándar en su consumo.
Asimismo, las mujeres con una puntuación más elevada de ingesta conjunta de vitaminas del grupo B presentaron un riesgo un 17% menor que aquellas con las puntuaciones más bajas.
La investigación se ha llevado a cabo mediante un estudio de casos y controles anidado en la cohorte EPIC, con 3.067 mujeres diagnosticadas de cáncer de mama invasivo y otras 3.067 mujeres sin la enfermedad, seleccionadas como grupo de comparación. El equipo investigador evaluó la ingesta de nutrientes relacionados con el metabolismo de un carbono, entre ellos el folato y las vitaminas B2, B6 y B12.
Este conjunto de procesos metabólicos resulta esencial par el funcionamiento celular y la regulación de la expresión génica, por lo que sus alteraciones podrían intervenir en los mecanismos biológicos implicados en la carcinogénesis.
No obstante, los investigadores subrayan que los resultados no demuestran una relación causal entre el consumo de estas vitaminas y la prevención del cáncer de mama. "Estos resultados muestran una asociación estadística, pero no permiten afirmar que consumir más vitaminas del grupo B reduzca por sí mismo el riesgo de desarrollar cáncer de mama", aclaró Dafina Petrova, investigadora co-responsable del grupo del CIBERESP.
El consumo de alcohol modifica la asociación
Otro de los aspectos analizados fue la posible influencia del consumo de alcohol en la relación entre las vitaminas del grupo B y el riesgo de cáncer de mama. Los resultados indican que la asociación inversa observada entre la puntuación de ingesta de estas vitaminas y el riesgo de desarrollar la enfermedad varía según el consumo de alcohol. En concreto, no se observó dicha asociación entre las mujeres que consumían más de 16 gramos de alcohol al día.
Este resultados podría estar relacionado con la influencia del alcohol sobre el metabolismo del folato y otros procesos vinculados a la metilación del ADN, un mecanismo que participa en la regulación de la actividad de los genes.
"En cualquier caso, los resultados no deben interpretarse como que una ingesta adecuada de vitaminas compensa los riesgos asociados al consumo de alcohol", comentó José María Gálvez Navas, primer autor del estudio e investigador del CIBERESP.
Grupo del CIBERESP liderado por María José Sánchez.Diferencias según el estado menopáusico
La investigación también examinó el papel de la predisposición genética mediante puntuaciones de riesgo poligénico (PRS), que integran información de múltiples variantes genéticas relacionadas con el metabolismo de un carbono. Para ello, se desarrollaron puntuaciones específicas de distintos tejidos, como el mamario, adiposo, hepático, suprarrenal, ovárico y uterino, vinculadas a una menor expresión de genes implicados en estos procesos metabólicos.
En el conjunto de las participantes no se observó una asociación consistente entre las puntuaciones de riesgo poligénico estudiadas y el riesgo global de cáncer de mama. Sin embargo, al analizar los resultados según el estado menopáusico, los investigadores identificaron una asociación entre una menor expresión de los genes relacionados con el metabolismo de un carbono en el tejido adiposo y un mayor riesgo de desarrollar la enfermedad entre las mujeres premenopáusicas. En este grupo, el incremento del riesgo fue del 12%. Esta asociación no se observó entre las mujeres posmenopáusicas.
“Este hallazgo apunta a que determinados mecanismos genéticos podrían relacionarse con el riesgo de cáncer de mama de forma diferente según el estado menopáusico. No obstante, se trata de un resultado específico que requiere confirmación en otras poblaciones”, explicó el equipo de investigación.
Por otra parte, el estudio no encontró interacciones significativas entre las variantes genéticas analizadas y los nutrientes estudiados en relación con el riesgo de cáncer de mama.
Los autores concluyen que una mayor ingesta de vitaminas del grupo B se asocia con un menor riesgo de cáncer de mama y que la regulación de los genes implicados en el metabolismo de un carbono podría desempeñar un papel diferente según el tejido y el estado menopáusico. Los resultados aportan nuevas evidencias sobre la relación entre nutrición, genética y carcinogénesis mamaria, aunque será necesario profundizar en estos mecanismos y confirmar los hallazgos en otras poblaciones.
ANDREA RIVERO GARCíA
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