El triunfo electoral de la Lista Estudiantil de Serbia refleja un profundo deseo de formas más democráticas de hacer política. El desafío ahora es ver cómo pueden colaborar las distintas fuerzas dentro del movimiento para cambiar las instituciones del país
Pie de foto: Simpatizantes de la Lista Estudiantil asisten a una celebración de su victoria por mayoría en las elecciones generales anticipadas en Belgrado, Serbia, el lunes 26 de octubre de 2026. (Oliver Bunic / Bloomberg vía Getty Images)
Nina Djukanović
Jacobinlat.com/30/10/2026Traducción: Natalia López
El domingo, el movimiento estudiantil más grande y más sostenido de Europa alcanzó su punto culminante. Tras dos años de protestas y organización, este otoño los estudiantes de Serbia lanzaron un desafío electoral al ex presidente Aleksandar Vučić, quien esta vez se presentaba como candidato a primer ministro. Sus planes se vieron frustrados: la Lista Estudiantil ganó con más de la mitad de los votos y puso fin a catorce años de gobierno del Partido Progresista Serbio (SNS) de Vučić.
Dado que el proceso electoral serbio está tradicionalmente marcado por irregularidades, compra de votos, presiones sobre los trabajadores públicos para que voten al partido gobernante, cobertura mediática unilateral y otros intentos de manipular los resultados, los estudiantes enfrentaban una tarea enorme. Estaba lejos de ser claro si Vučić reconocería y aceptaría su derrota en caso de que los estudiantes ganaran. La tensión fue alta durante toda la jornada electoral, y en especial hacia la noche, cuando se difundieron los informes de que el centro de la capital, Belgrado, se estaba llenando de policías, vehículos antidisturbios y matones oficialistas.
Un factor decisivo fue la participación electoral, que alcanzó el 69 por ciento, frente al 58,7 por ciento de 2023. Una participación tan alta recordó las históricas elecciones de septiembre de 2000, cuando finalmente fue derrotado Slobodan Milošević, un dictador ultranacionalista responsable de muchos de los crímenes de guerra de la década de 1990. El domingo, la gente hizo fila durante horas en los centros de votación de toda Serbia y del mundo, donde también participó la diáspora. En muchos centros de votación había gente esperando desde las 5 o las 6 de la mañana, antes de que abrieran. El movimiento estudiantil también tuvo éxito en movilizar a observadores electorales que cubrieron casi todos los centros de votación, lo que hizo mucho más difícil cualquier intento de manipular los resultados.
Después de que los centros de votación cerraron a las 8 de la noche, Aleksandar Vučić se dirigió a la nación unos noventa minutos más tarde. «Está claro que perdimos estas elecciones. La lista de los estudiantes bloqueadores ganó. Tendrán entre 135 y 140 diputados; nosotros tenemos alrededor de 105», anunció. Aunque Vučić todavía usó en su discurso la descripción peyorativa de los candidatos de la Lista Estudiantil como «bloqueadores», como lo había hecho durante toda su campaña, su aceptación relativamente rápida de la derrota resultó una sorpresa. La Lista Estudiantil logró una victoria abrumadora, con una mayoría absoluta del 52,65 por ciento frente al 39,2 por ciento del SNS de Vučić.
Una victoria así ofrece inspiración a otros movimientos estudiantiles de Europa y del mundo. El movimiento estudiantil serbio se convirtió en una fuerza política singular en tres aspectos importantes: construir un poder colectivo y «sin líderes», volver a poner en el centro la ciencia, la experticia y las instituciones, y reconstruir la confianza en la democracia, en particular mediante el énfasis en los principios de la democracia directa y la toma colectiva de decisiones.
De las protestas a las urnas
El movimiento estudiantil surgió tras el derrumbe de la marquesina de hormigón del techo de una estación de tren recién renovada en Novi Sad, la segunda ciudad más grande del país, el 1 de noviembre de 2024, que causó la muerte de dieciséis personas. En lugar de ser vista como un trágico incidente, muchos ciudadanos serbios la interpretaron de inmediato como el resultado de años de captura del Estado, nepotismo y corrupción. Las vigilias y las protestas se extendieron por todo el país, y los estudiantes de la Facultad de Artes Dramáticas de Belgrado decidieron ocupar el edificio de la facultad. La revuelta estudiantil se propagó como un reguero de pólvora y, en cuestión de días, todas las universidades y todas las facultades del país estaban ocupadas por los estudiantes. Con el paso de los meses, su resistencia atrajo a cientos de miles de simpatizantes que se reunieron en las protestas y marchas organizadas por los estudiantes en todo el país, ofreciendo apoyo, donaciones, comida y alojamiento a los estudiantes.
En las facultades ocupadas, los estudiantes se organizaron en los llamados plenums, una forma de asamblea a través de la cual se tomaban decisiones basadas en los principios de la democracia directa. En los plenums, los estudiantes han estado decidiendo sobre cuestiones vinculadas a la organización y las protestas, y cada estudiante puede plantear un tema, que luego se discute y se vota. Como resultado, hay significativamente menos jerarquía en la toma de decisiones: solo hay moderadores de los plenums (rotados con frecuencia) y grupos de trabajo a través de los cuales se manejan las tareas, como la comunicación con los medios y el público, las redes sociales, la seguridad en las protestas y cosas por el estilo. De manera crucial, los principios de la democracia directa se han extendido fuera de las facultades bloqueadas, ya que en marzo de 2025 los estudiantes convocaron al público general a organizarse también en asambleas ciudadanas llamadas zbors.
Con el tiempo, las demandas políticas del movimiento de protesta, centradas en investigar el derrumbe de la estación de tren de Novi Sad y en hacer responsables a quienes están en el poder, se transformaron en un programa político que ofrecía una nueva visión para el país. A través de plenums y de la deliberación y la toma de decisiones colectivas, el movimiento estudiantil presentó el programa político, así como la lista de los candidatos que se presentarían a las elecciones, conformada en un proceso que duró más de un año. El resultado fue una fuerza política «sin líderes» que rechazó el culto a la personalidad como fuente de poder, independientemente de la ideología. Del mismo modo que el movimiento estudiantil ha estado centrado en lo colectivo y ha rechazado a cualquier líder único que pudiera ser blanco de las autoridades, la campaña electoral puso el énfasis en el esfuerzo colectivo y no en una sola persona. Este antídoto contra el liderazgo de los hombres fuertes y la concentración del poder en manos de una sola persona, se convirtió en un movimiento colectivo que rechazó por completo las premisas de la democracia representativa basada en unos pocos individuos carismáticos.
Como escribió el movimiento estudiantil en su comunicado de presentación de la lista de 250 candidatos:
Los candidatos no fueron elegidos por líderes partidarios, ni nadie confeccionó una lista en una habitación y se la anunció al resto. En cambio, fueron seleccionados por los estudiantes a través de un proceso de toma de decisiones que construimos a lo largo de casi dos años de bloqueos, plenums, discusiones y trabajo colaborativo. Ese proceso no fue ni rápido ni simple. La democracia directa rara vez lo es. Implica diálogo, desacuerdo, argumentación, revisar decisiones y rendir cuentas ante las personas que participan en el proceso. Precisamente por eso era importante para nosotros conformar la lista electoral de esta manera. Si decimos que queremos un sistema político diferente, no tiene sentido que nuestro primer paso hacia ese objetivo sea replicar el mismo modelo contra el que luchamos.
El movimiento estudiantil se negó desde el principio a trabajar con los partidos de la oposición y con cualquier persona que tuviera experiencia previa en la política serbia, y argumentó a favor de un comienzo completamente nuevo. Un aspecto crucial del programa es la confianza en los expertos para dirigir las instituciones públicas en lugar de designados políticos. Como lo expresaron los estudiantes en el programa, buscarán «abolir el clientelismo político» y «designar a expertos probados, en lugar de a leales al partido, para encabezar las empresas públicas». Mientras que muchas sociedades occidentales han visto en los últimos años una erosión organizada de la confianza pública en la ciencia y la experticia, en particular con el ataque de Donald Trump a la ciencia del clima y las teorías conspirativas sobre el COVID-19, el movimiento estudiantil ha ido en la dirección opuesta. Como resultado, más de la mitad de los candidatos de la lista estudiantil tienen un doctorado. Muchos son profesores universitarios que apoyaron a los estudiantes durante sus bloqueos; otros son médicos, ingenieros o abogados; pero la lista también incluye periodistas, actores y artistas, así como agricultores y trabajadores agrícolas, todos expertos en sus áreas. Sin embargo, no había estudiantes ni políticos de la oposición. El movimiento estudiantil llevó adelante una campaña centrada en la lucha contra la corrupción y en favor de la democracia, así como en la reconstrucción de las instituciones, que finalmente los condujo a la victoria.
«Serbia o la mafia»
El gobierno de Vučić se caracterizó por un fuerte control del panorama mediático y por la opresión de quienes se le oponían, desde la violencia policial hasta el espionaje a estudiantes, periodistas y activistas mediante tecnología de espionaje israelí instalada en sus teléfonos. Sin embargo, el movimiento estudiantil no derrocó a un dictador aislado, sino a un líder que era un socio estratégico para una serie de actores geopolíticos. El régimen autoritario de Vučić ha resultado útil tanto para la Unión Europea como para China, los mayores socios comerciales e inversores extranjeros directos de Serbia, pero también para Estados Unidos, Rusia, Israel y muchos otros. Durante su permanencia en el poder, Vučić fortaleció los vínculos de Serbia con Rusia, así como con Donald Trump y su familia, e incrementó las exportaciones de armas a Israel en los últimos tres años, que se han multiplicado por cuarenta y dos desde 2023, cuando Israel comenzó su campaña genocida en Gaza.
En cuanto a la UE, uno de sus intereses clave en Serbia ha sido un gran yacimiento de litio, cuya explotación, sin embargo, generó una amplia resistencia debido al posible impacto ambiental de la mina planificada por la corporación minera anglo-australiana Rio Tinto. En 2024, la UE firmó una asociación estratégica con Serbia para desarrollar la cadena de valor de los vehículos eléctricos, para la cual el litio es un componente clave. En junio de 2025, en el punto álgido de las protestas estudiantiles, la UE decidió ignorar innumerables cartas abiertas y peticiones que advertían que el apoyo a la minería de litio pondría en riesgo la imagen de la UE en Serbia, y designó a la mina de litio planificada como proyecto estratégico en el marco de su Ley de Materias Primas Críticas.
El apoyo continuo de la UE a la minería de litio pese a las preocupaciones locales por el medio ambiente y la toma democrática de decisiones es una razón clave por la cual las relaciones con la UE desempeñaron un papel sorprendentemente pequeño en las elecciones. A diferencia de lo que ocurrió en las protestas prodemocráticas en Georgia o Hungría, las banderas de la UE brillaron notablemente por su ausencia en las protestas estudiantiles en Serbia. Esa es también la razón por la cual la victoria estudiantil no debería interpretarse necesariamente como un giro hacia la UE y hacia Occidente en general. Zlatko Kokanović, un agricultor que ha estado en el centro de las protestas contra el litio y que fue candidato en la Lista Estudiantil, dijo que abogaría por una prohibición permanente de la exploración y la explotación de litio en Serbia.
Sin embargo, el movimiento estudiantil no surgió de la nada. Vučić había enfrentado desafíos a su gobierno e innumerables protestas, desde las iniciadas en 2017 «Contra la Dictadura», que estallaron un día después de que Vučić ganara la elección presidencial, hasta las ya mencionadas contra la minería de litio, que se extendieron en 2021 y 2022, atrajeron a decenas de miles de personas en movilizaciones y bloqueos que forzaron al gobierno a cancelar oficialmente el proyecto minero en 2022 (aunque la cancelación fue anulada más tarde, días antes de que se firmara la Asociación Estratégica con la UE en 2024). De manera crucial, los diferentes movimientos no estaban aislados entre sí, sino que cooperaron de muchas maneras, con el movimiento contra el litio y los estudiantes convergiendo en el tema de la protección del medio ambiente. Aun así, ninguno de los movimientos de protesta logró movilizar a tanta gente como el movimiento estudiantil.
El eslogan «Serbia o la mafia» ayudó a fomentar la atmósfera de un referéndum entre dos opciones: la Lista Estudiantil por un lado y el régimen de Vučić por el otro. Esto se vio reforzado por el hecho de que la mayoría de los partidos de la oposición decidieron no presentarse, para evitar diluir el voto a la Lista Estudiantil. El movimiento estudiantil es ampliamente heterogéneo, con ideologías diversas de la izquierda y de la derecha que se reúnen, desde nacionalistas hasta liberales proeuropeos, pero unidas contra el gobierno autoritario. Aun así, el programa político estuvo claramente centrado en la lucha contra la corrupción, la libertad de prensa, la soberanía alimentaria, la protección de la salud y del medio ambiente y el apoyo a los derechos de los trabajadores, con iniciativas que incluyen una mejora del acceso a la atención médica en las zonas rurales y la modificación de la Ley Laboral para aumentar la estabilidad en el empleo. Como dijo en una entrevista uno de los candidatos de la Lista Estudiantil, Aleksandar Čupić, profesor de la Facultad de Transporte, el objetivo es «despolitizar las instituciones y politizar la sociedad. Todos deberíamos preocuparnos por la política».
Una noche de celebración y el día después
Cuando el movimiento estudiantil organizó una última concentración política antes de las elecciones el jueves 22 de octubre, que reunió a más de 150.000 personas en la plaza Slavija de Belgrado, prometió que, tras años de protestas, esa sería la última vez que los ciudadanos tendrían que reunirse en cantidades tan grandes.
Sin embargo, después de que Aleksandar Vučić reconociera su derrota el domingo por la noche, la gente inundó las calles y se reunió espontáneamente a celebrar. Slavija volvió a llenarse de decenas de miles de personas, aunque esta vez en una celebración eufórica. El ambiente era electrizante, con autos tocando la bocina en las calles, gente saliendo a los balcones, silbando y gritando de alegría. Otro día de celebración estaba programado para el lunes por la noche.
A la mañana siguiente de la victoria, la gente se reunió en el parque Pionirski, justo enfrente del Parlamento, que había estado ocupado durante un año y medio por matones oficialistas que instalaron allí sus carpas y amenazaban a los transeúntes y a los simpatizantes de los estudiantes. Aunque los matones por fin se habían ido, se había acumulado la basura. Los ciudadanos comenzaron a limpiar el parque y a arreglar el área de juegos mientras tocaban música y bailaban para celebrar, un pequeño ejemplo de todo el trabajo que tienen por delante la Lista Estudiantil y sus simpatizantes, pero también un símbolo importante de la organización ciudadana.
Sin duda, la victoria en las elecciones es solo el comienzo. Las condiciones geopolíticas que hicieron posible el gobierno de Vučić siguen en pie, al igual que las estructuras del capitalismo global. Por su parte, es poco probable que Vučić se retire de la vida política; más bien se concentrará en recuperar su poder. Dentro de la Lista Estudiantil, las diferencias ideológicas, que se dejaron de lado para derrotar a Vučić, podrían hacerse más visibles, especialmente cuando se trate de las cuestiones del nacionalismo, el enfoque sobre Kosovo y la política exterior en general.
Aun así, al ganar las elecciones, los estudiantes serbios demostraron que ningún hombre fuerte es intocable, sin importar cuán profundamente arraigado esté en el sistema ni cuán injustas sean las condiciones. El cambio tectónico en cómo la gente entiende la política y la toma de decisiones ya ha ocurrido y se está extendiendo rápidamente. El desafío global a un puñado de líderes que profundizan las desigualdades y siembran divisiones no hará más que seguir creciendo.
Nina Djukanović
