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LA ANTÁRTIDA AL DESCUBIERTO

Un mapa revolucionario revela qué se oculta bajo la Antártida: miles de montañas, valles y cicatrices enterradas bajo kilómetros de hielo durante millones de años
Durante décadas, el mayor continente helado del planeta ocultó su verdadera forma bajo kilómetros de hielo; ahora, por primera vez, ese paisaje empieza a revelarse.

Un nuevo mapa revela por primera vez el paisaje que la Antártida ha ocultado bajo su hielo durante millones de años. Recreación artística. Foto: ChatGPT-4o/Christian Pérez

Christian Pérez
Redactor especializado en divulgación científica e histórica
muyinteresante.okdiario.com/Creado: 8.02.2026 | 11:27

Durante décadas, la Antártida ha sido una paradoja científica: uno de los lugares más estudiados del planeta y, al mismo tiempo, uno de los más desconocidos. Sabemos con enorme precisión cómo es su superficie helada, cómo se mueven sus glaciares y cómo responden al calentamiento global. Pero justo debajo de esa inmensa capa de hielo —que en algunos puntos supera los cuatro kilómetros de espesor— se escondía un mundo casi invisible. Hasta ahora.

Un nuevo trabajo científico ha conseguido algo que parecía fuera de alcance: reconstruir, con un nivel de detalle sin precedentes, el paisaje completo que yace bajo el hielo antártico. Montañas, valles, canales excavados por agua, crestas afiladas y colinas que nadie había visto antes emergen por fin en un mapa continuo del continente. No es solo una hazaña cartográfica. Es una pieza clave para entender cómo se comportará el mayor reservorio de hielo del planeta en un clima cada vez más cálido.

El continente que no podíamos ver

La dificultad es fácil de imaginar. Mapear un territorio sepultado bajo kilómetros de hielo es como intentar deducir el relieve de una ciudad cubierta por una manta gruesa y rígida. Durante años, la principal herramienta ha sido el radar, con equipos transportados en aviones o trineos que “ven” hacia abajo y devuelven una imagen muy precisa… pero solo justo bajo su trayectoria. El problema es que esas trayectorias están separadas, a menudo, por decenas o incluso cientos de kilómetros.

El resultado era un puzle incompleto. Entre líneas de datos muy fiables, enormes zonas quedaban rellenas mediante interpolaciones estadísticas que suavizaban el terreno. El paisaje subglacial aparecía así como una versión demasiado plana de la realidad, perdiendo detalles cruciales que influyen en cómo se mueve el hielo.

Comprender con mayor precisión el relieve que sostiene el hielo antártico permite afinar las estimaciones sobre la velocidad a la que sus glaciares se derriten y elevan el nivel del mar. Foto: Istock

Leer el hielo para entender la roca

La novedad del nuevo mapa no está en haber enviado más radares, sino en cambiar el punto de vista. En lugar de mirar directamente al fondo, los investigadores han aprendido a “leer” la superficie del hielo. Porque el hielo no fluye de forma caprichosa: su movimiento está condicionado por lo que hay debajo.

Cuando una masa de hielo pasa sobre una montaña enterrada, un valle profundo o un cambio brusco de pendiente, esa interacción deja huellas sutiles en la superficie, como pequeñas ondulaciones, variaciones en la velocidad del flujo, cambios casi imperceptibles en la topografía. Gracias a los satélites, hoy esas señales pueden medirse con una precisión extraordinaria en todo el continente.

Aplicando las leyes físicas que describen cómo se deforma y fluye el hielo, el equipo ha podido invertir el problema. A partir de la superficie, han reconstruido el relieve oculto. El resultado es un mapa continuo del lecho antártico, calibrado con los datos de radar existentes para asegurar que no se aleja de la realidad conocida.

Un paisaje más accidentado de lo esperado

Lo que aparece bajo el hielo es cualquier cosa menos uniforme. El nuevo mapa revela decenas de miles de colinas y crestas que no figuraban en los modelos anteriores, así como sistemas de valles y canales que se extienden durante cientos de kilómetros. Algunos de estos canales, con paredes abruptas y varios kilómetros de ancho, sugieren la acción prolongada del agua en el pasado, cuando el clima de la Antártida era muy distinto al actual.

También se distinguen con claridad regiones que recuerdan a paisajes alpinos, con valles en forma de U y redes de drenaje complejas, junto a grandes cuencas profundas rellenas de sedimentos. En muchos casos, los límites entre estos mundos —entre macizos rocosos y llanuras enterradas— aparecen ahora definidos con una nitidez que antes no existía.

Este nivel de detalle no es solo una curiosidad geológica. La “rugosidad” del terreno controla la fricción entre el hielo y el sustrato, un factor clave para determinar la velocidad a la que los glaciares avanzan hacia el océano.

Por qué importa para el nivel del mar

La Antártida contiene suficiente hielo como para elevar el nivel del mar global en decenas de metros. Nadie espera que eso ocurra de golpe, pero incluso pequeñas variaciones en la velocidad de los glaciares pueden tener consecuencias significativas a escala humana.

Los modelos climáticos y glaciológicos dependen críticamente de cómo se representa el lecho rocoso. Un glaciar que se desliza sobre un terreno liso y sedimentario puede acelerar con facilidad. Otro que avanza sobre un fondo abrupto y montañoso encontrará más resistencia. Hasta ahora, muchas de esas diferencias se diluían en mapas demasiado suavizados.

Con el nuevo retrato subglacial, los científicos pueden identificar con mayor precisión qué regiones son potencialmente más inestables y cuáles podrían actuar como frenos naturales al flujo del hielo. En otras palabras, se reduce una de las grandes incógnitas a la hora de proyectar la contribución futura de la Antártida al aumento del nivel del mar.

El paisaje enterrado no solo habla del futuro, sino también de la historia profunda del continente. Las formas ahora visibles apuntan a episodios antiguos de glaciación alpina, a periodos en los que el agua líquida esculpió canales bajo el hielo y a fases en las que grandes capas de sedimentos se acumularon en cuencas interiores.

Al comparar estas estructuras con paisajes hoy expuestos en otras partes del mundo, los geólogos pueden reconstruir cómo evolucionó la Antártida antes de quedar atrapada en su actual estado helado. Es una ventana a millones de años de cambios climáticos y tectónicos, preservados como en una cápsula del tiempo bajo el hielo.

Durante años, gran parte de los mapas del subsuelo antártico se obtuvieron arrastrando sensores de radar sobre el hielo con motos de nieve. Foto: NASA ICE

No es el final del camino

Pese al salto cualitativo, los propios investigadores subrayan que este no es el mapa definitivo. Hay límites físicos claros: las irregularidades más pequeñas, de tamaño inferior al grosor del hielo, no dejan señal detectable en la superficie. Para captarlas, el radar seguirá siendo imprescindible.

Sin embargo, el nuevo enfoque cambia las reglas del juego. Ahora se sabe dónde el terreno es especialmente complejo y dónde conviene concentrar futuras campañas de medición directa. Es, en cierto modo, como encender la luz en una habitación oscura antes de decidir dónde mirar con lupa.

La Antártida sigue siendo un territorio extremo y difícil, pero ya no es un enigma completamente opaco. Bajo su manto blanco se esconde un continente tan variado como cualquier otro, y entenderlo mejor puede marcar la diferencia entre prever con acierto el futuro del nivel del mar… o caminar a ciegas hacia él.

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Referencias

Helen Ockenden et al. , Complex mesoscale landscapes beneath Antarctica mapped from space. Science 391, 314-319 (2026). DOI:10.1126/science.ady2532

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Fuente:

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