¿No hay fuerza sobre la Tierra que pueda parar a estos supremacistas de aquí a noviembre, o de aquí a la próxima década?
Pensar que este mundo va a solucionarse en noviembre, en las elecciones intermedias en Estados Unidos, puede ser un acto de candor imperdonable
Aunque así fuera: “ganar tiempo” durante nueve meses (en el caso de que Trump vaya, en efecto, a elecciones, y no incendie antes a Estados Unidos) puede seguirle costando la vida a mucha gente inocente
Federico Bonasso
diario-red.com/10/02/2026
Todo lo que no hagamos hoy para detener el plan genocida de las oligarquías que controlan parte del mundo será perder tiempo, no ganarlo. Esa es la tesis que anima estas breves reflexiones. Veamos.
Según denuncia el rector de la Universidad de Glasgow, el cirujano Abu-Sittah, cuerpos de palestinos devueltos a Gaza mostraban señales de extracción “profesional” de órganos.
Estaríamos ante una “cosecha de órganos”, crimen que se suma a una larga lista de atrocidades cometidas por Israel y denunciadas en diferentes foros, destacando los informes de la relatora especial Francesca Albanese.
Una funcionaria de la ONU que ha corrido con mejor suerte que algunos de sus compañeros, asesinados por Israel. Ella por lo pronto solo ha sido objeto de persecución financiera y mediática.
Genocidio, apartheid, crímenes de guerra, crímenes de lesa humanidad. Esas son las causas contra la democracia Israelí, suspendidas en la Historia por un mundo que se esconde de la evidencia y de los propios tratados que ha firmado.
Crímenes que han devenido categorías, categorías que han perdido “impacto” mientras gozamos del Super Bowl o seguimos organizando un Mundial con un gobierno que tiene en campos de concentración a nuestros propios paisanos.
“Ayúdennos a crear una base de datos de las atrocidades contra los habitantes de Minnesota”. Esta no es la frase de un militante de la “izquierda radical”, sino de un gobernador de Estados Unidos. Tim Walz, de Minnesota.
A horas del “triunfo de Petro” tal como calificaron muchos el encuentro de Petro con el “gringo franco”, Trump bombardeó en el Pacífico oriental otra lancha, cerca de Colombia, asesinando a dos personas. Sin duda lo hizo con enorme franqueza.
Ser un darwinista social es hoy motivo de entusiasmo para la banda de sociópatas que ha tomado el poder en tantas latitudes
Acaso esa ventaja de nuestra época, los videos que se graban en el celular y han sido la principal fuente de indignación contra el eje supremacista Israel-Estados Unidos-secretariado latinoamericano y europeo, tengan su talón de Aquiles.
Son tantos los videos del horror; es tanta la evidencia que presentan y es tan lacerante, que hemos empezado a protegernos de ellos. Los hemos incorporado a la nueva noción de mundo en el que vivimos. “De alguna manera, así son las cosas ahora, y la verdad…sólo podemos ganar tiempo”.
Las imágenes de la represión a jubilados y discapacitados el miércoles pasado en Argentina hielan la sangre. Se dijo siempre: el plan de ajuste de Milei y el FMI requiere reprimir la protesta que emanará de ese mismo plan. Sólo que ahora esa represión no se oculta y disimula, sino que se comunica con orgullo.
Ser un darwinista social es hoy motivo de entusiasmo para la banda de sociópatas que ha tomado el poder en tantas latitudes. Porque hay que decirlo: no sólo el imperio está en decadencia.
Lo están también sus colonias; también está en decadencia Europa, y qué se puede decir de Rusia. Mientras China mira, desde su éxito económico, desde lejos y con algo que se parece bastante a la indiferencia del autointerés.
Y tampoco oculta Israel su burla al Plan de Paz. Tampoco oculta Trump su racismo (mucho más que con los videos de Obama y Michelle convertidos en monos, lo hace ampliando los campos de concentración secuestrando latinos y gente de piel oscura).
México debe ganar tiempo hasta junio, donde se atenderá lo que quede del TMEC. Colombia hasta mayo, porque hay elecciones. Todos apuestan a noviembre, rogando a Dios que el trumpismo encuentre un freno en las urnas de una democracia amenazada.
Para lo que sucede en Gaza, cada vez más cerca de una siniestra “solución final”, ni siquiera se apela ya al tiempo. La claudicación de la comunidad internacional parece no tener reversa. “Nunca ha habido un genocidio tan documentado, y a la vez, menos combatido” (Albanese).
Pensar que este mundo va a solucionarse en noviembre, en las elecciones intermedias en Estados Unidos, puede ser un acto de candor imperdonable. Aunque así fuera: “ganar tiempo” durante nueve meses (en el caso de que Trump vaya, en efecto, a elecciones, y no incendie antes a Estados Unidos) puede seguirle costando la vida a mucha gente inocente.
La magnitud del crimen en Palestina es equivalente a la magnitud de nuestro fracaso como humanidad. Y el genocidio amenaza con tener un segundo capítulo, ahora en el Caribe. ¿Vamos a permitir estos crímenes en América Latina, con niños cubanos?
Entonces ¿no hay fuerza sobre la Tierra que pueda parar a estos supremacistas de aquí a noviembre, o de aquí a la próxima década?
Concluyamos: la magnitud del crimen en Palestina es equivalente a la magnitud de nuestro fracaso como humanidad. Y el genocidio amenaza con tener un segundo capítulo, ahora en el Caribe.
¿Vamos a permitir estos crímenes en América Latina, con niños cubanos?
Si la respuesta es no, hay que organizarse con urgencia y de otra manera. Como pueblos y como naciones. Hay que actuar de inmediato y coordinadamente, reavivando las instancias de cooperación regionales como la CELAC y revitalizando a las Naciones Unidas, no apostando por su extinción.
No hay razón para pensar que seguir cediendo calmará las apetencias de la administración Trump.
Parece por ahora, sin embargo, que se ha instalado la noción de que cada país debe ver por sí mismo. Ha ganado una filosofía de la prudencia, que se basa en un hecho incontrastable: somos muy débiles y el imperio es muy fuerte -una realidad a la que, sin embargo, no se le reconocen sus propias fisuras-.
No se puede “ganar tiempo”, porque el darwinismo social ya no es un plan, sino un programa en marcha. Dirigido por el trumpismo, ejecutado con pasión por Israel, y con Argentina y El Salvador como alumnos avanzados
Esta postura, que se parece más al fatalismo que a una estrategia, se traduce ya en cesiones concretas, como el nuevo acuerdo de minerales críticos que promueve México, como los cambios en la Ley de Hidrocarburos chavista.
Pero no se puede “ganar tiempo”, porque el darwinismo social ya no es un plan, sino un programa en marcha. Dirigido por el trumpismo, ejecutado con pasión por Israel, y con Argentina y El Salvador como alumnos avanzados.
Apostar al “sálvense quien pueda” parece suicida ante lo que ya no son señales sino crímenes concretos y cotidianos. Cuanto más se tarde en confrontarlo más daño causará.
Si Colombia o México ven amenazada de manera directa su propia soberanía, tendrán que confrontar a Estados Unidos tarde o temprano. Tendrán que decir NO en algún momento.
La pregunta es: ¿le dirán NO antes o después del castigo colectivo a Cuba? Desde luego, el otro camino -eludir esa confrontación- será, simplemente, gestionar la derrota.
Cuba será la medida de nuestra propia soberanía latinoamericana.
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