El campo magnético terrestre podría estar condicionado desde hace 265 millones de años por lo que ocurre a casi 3.000 kilómetros bajo tierra
Fuente: ChatGPT
Un estudio revela que enormes estructuras calientes en el manto profundo han modulado el campo magnético terrestre durante cientos de millones de años, con implicaciones para la historia del planeta.
Eugenio M. Fernández Aguilar
Físico, escritor y divulgador científico
muyinteresante.okdiario.com/Creado: 4.02.2026
El campo magnético de la Tierra suele describirse como un escudo invisible que protege la vida frente a la radiación procedente del espacio. Gracias a él, la atmósfera no ha sido barrida por el viento solar y los seres vivos han podido desarrollarse durante miles de millones de años. Sin embargo, aunque sus efectos son bien conocidos, su origen profundo y su comportamiento a lo largo del tiempo siguen siendo uno de los grandes enigmas de la geofísica.
Una investigación publicada en Nature Geoscience aporta ahora una pieza clave para entender ese enigma. El estudio demuestra que estructuras gigantescas y extremadamente calientes situadas en la base del manto terrestre (capas de la Tierra) han influido en el campo magnético durante al menos los últimos 265 millones de años. No se trata de un detalle menor: estos resultados cuestionan la idea de que el campo magnético promedio de la Tierra haya sido siempre un simple imán alineado con el eje de rotación del planeta y abren la puerta a reinterpretar aspectos fundamentales de la historia geológica y climática de la Tierra.
El límite entre el manto y el núcleo, una frontera decisiva
El interior de la Tierra está organizado en capas, pero pocas son tan importantes como el límite entre el manto y el núcleo. A casi 2.900 kilómetros de profundidad, esta frontera separa las rocas sólidas del manto del núcleo externo líquido, compuesto principalmente por hierro fundido. Es en ese núcleo líquido donde se genera el campo magnético, gracias a los movimientos del metal conductor, un proceso conocido como geodinamo.
Durante mucho tiempo se asumió que el manto actuaba como una envoltura relativamente pasiva. Sin embargo, la investigación muestra que el manto inferior no es homogéneo, sino que presenta enormes contrastes térmicos. En particular, existen dos regiones colosales, una bajo África y otra bajo el océano Pacífico, conocidas como grandes provincias de baja velocidad sísmica. Estas zonas son más calientes que su entorno y ocupan áreas comparables al tamaño de continentes.
El nuevo trabajo demuestra que esas diferencias de temperatura modifican el flujo de calor que pasa del núcleo al manto, alterando la dinámica del hierro líquido que genera el campo magnético. De este modo, el campo no solo depende de lo que ocurre en el núcleo, sino también de cómo el manto profundo regula ese intercambio de energía.

Distribución global de patrones magnéticos antiguos comparados con estructuras profundas del interior terrestre. Fuente: Nature Geoscience
Qué nos dicen las rocas sobre campos magnéticos antiguos
Para reconstruir el comportamiento del campo magnético en el pasado, los científicos recurren al paleomagnetismo. Cuando ciertos tipos de rocas se forman, los minerales magnéticos que contienen se orientan según el campo magnético existente en ese momento. Esas orientaciones quedan registradas como una especie de fósil magnético, que puede leerse millones de años después.
El estudio combina grandes bases de datos paleomagnéticos con simulaciones numéricas avanzadas. Al analizar rocas formadas a lo largo de cientos de millones de años, los autores identificaron patrones persistentes en la variación del campo magnético. En particular, observaron que la dispersión de los polos magnéticos virtuales no es uniforme en todas las longitudes, algo difícil de explicar si el campo hubiera sido perfectamente simétrico durante largos periodos.
Estos patrones, lejos de ser ruido o errores de muestreo, encajan con la influencia de las grandes estructuras térmicas del manto inferior. La coincidencia entre los registros de las rocas y los modelos computacionales refuerza la idea de que el campo magnético ha estado “condicionado” por la estructura profunda del planeta durante una parte significativa de su historia.
Simulaciones del geodinamo: cuando el manto entra en juego
Uno de los pilares del trabajo es el uso de simulaciones numéricas del geodinamo. Estos modelos recrean, con superordenadores, el comportamiento del hierro líquido en el núcleo externo bajo distintas condiciones. La clave está en comparar escenarios con flujo de calor uniforme y escenarios con flujo de calor heterogéneo, impuesto por las variaciones térmicas del manto.
Cuando el flujo de calor es uniforme, las simulaciones producen campos magnéticos demasiado simétricos y estables, que no reproducen bien las observaciones paleomagnéticas. En cambio, cuando se introducen fuertes contrastes térmicos en la base del manto, los modelos generan campos magnéticos con asimetrías longitudinales y características muy similares a las registradas en las rocas.
Además, las simulaciones muestran que estas heterogeneidades ayudan a mantener un campo dominado por el dipolo magnético, evitando transiciones frecuentes hacia configuraciones caóticas. El manto profundo no solo perturba el campo, sino que contribuye a su estabilidad a largo plazo, un aspecto crucial para entender por qué la Tierra ha conservado un escudo magnético eficaz durante tanto tiempo.
Un campo magnético menos perfecto de lo que se creía
Durante décadas, muchas reconstrucciones geológicas asumieron que, en promedio, el campo magnético terrestre se comportaba como un imán ideal alineado con el eje de rotación. Este supuesto simplificaba los cálculos y permitía reconstruir la posición pasada de los continentes. Sin embargo, los nuevos resultados indican que esa aproximación puede ser incompleta.
El estudio muestra que las desviaciones del campo respecto a ese modelo ideal pueden superar los diez grados, tanto en inclinación como en declinación, y que esas desviaciones varían no solo con la latitud, sino también con la longitud. Esto implica que algunas reconstrucciones paleogeográficas podrían estar sesgadas si no se tiene en cuenta la influencia del manto profundo.
Efecto de las grandes regiones calientes del manto sobre el movimiento del hierro líquido del núcleo.Fuente: Nature Geoscience
Este hallazgo no invalida décadas de trabajo, pero sí sugiere la necesidad de refinar los modelos. Incorporar la heterogeneidad del manto podría ayudar a resolver debates persistentes sobre la configuración de supercontinentes como Pangea o sobre la deriva de ciertas placas tectónicas.
Implicaciones que van más allá del magnetismo
Las consecuencias del estudio no se limitan al campo magnético. Al demostrar que las grandes estructuras del manto han sido estables durante cientos de millones de años, se refuerza la idea de que el interior profundo de la Tierra evoluciona lentamente. Esto tiene implicaciones para la dinámica de los continentes, el vulcanismo a gran escala y la formación de recursos naturales.
Además, el campo magnético influye indirectamente en el clima y en la protección frente a la radiación cósmica. Comprender mejor su comportamiento pasado ayuda a contextualizar episodios de cambio ambiental y biológico. El magnetismo terrestre se revela así como un hilo conductor que conecta el núcleo, el manto, la superficie y la vida.
El trabajo también invita a una colaboración más estrecha entre disciplinas. La paleomagnetismo, la sismología y la modelización numérica convergen aquí para ofrecer una visión más integrada del planeta. Lejos de ser compartimentos estancos, los distintos niveles de la Tierra interactúan de formas profundas y duraderas.
Un planeta con memoria profunda
El estudio pone de relieve una idea poderosa: la Tierra tiene memoria. Las estructuras que hoy se detectan mediante ondas sísmicas han dejado su huella en el campo magnético desde hace cientos de millones de años. Esa memoria queda registrada en las rocas y puede leerse con las herramientas adecuadas.
Al mostrar que el campo magnético no ha sido un simple reflejo de procesos caóticos en el núcleo, sino el resultado de una interacción prolongada con el manto, la investigación ofrece una imagen más rica y compleja del planeta. Lo que ocurre a casi 3.000 kilómetros de profundidad no es irrelevante: ha condicionado la historia magnética, geológica y posiblemente biológica de la Tierra.
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Referencias
Biggin, A. J.; Davies, C. J.; Mound, J. E.; Lloyd, S. J.; Engbers, Y. E.; Thallner, D.; Clarke, A. T.; Bono, R. K. Mantle heterogeneity influenced Earth’s ancient magnetic field. Nature Geoscience (2026). https://doi.org/10.1038/s41561-025-01910-1.
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