Tomar café (pero no cualquier café) podría proteger tu memoria durante décadas
Un estudio a gran escala revela que el consumo moderado de café o té se asocia con menor riesgo de demencia y un leve impulso en la función cognitiva, pero conviene ajustar tanto la dosis como el tipo de café
El café podría combatir el deterioro cognitivo
Sergio Parra
Periodista científico, muyinteresante.okdiario.com/11.02.2026
Nacido entre las sombras de las tierras altas de Etiopía y extendido por rutas comerciales que olían a especias y misterio, el café no siempre fue la bebida funcional que hoy asociamos al despertar. Su origen está envuelto en leyendas (como la de Kaldi, el pastor que notó cómo sus cabras danzaban tras masticar los frutos rojos del cafeto), pero su historia es también la de una infusión que inspiró revoluciones, iluminó cafés filosóficos y alimentó la lucidez de generaciones de escritores, místicos y científicos.
Más allá de su efecto estimulante, el café también encierra un perfil químico fascinante: contiene más de mil compuestos bioactivos, incluidos antioxidantes, ácidos fenólicos y diterpenos que interactúan con procesos celulares profundos, desde la inflamación hasta la autofagia. Durante siglos fue símbolo de alerta y creación; hoy, comienza a revelarse también como posible protector de la memoria y centinela del deterioro cognitivo.
Es lo que atestigua un nuevo estudio, publicado en JAMA recientemente y realizado a lo largo de más de cuatro décadas, sugiere que un consumo moderado de bebidas con cafeína se asocia con un menor riesgo de demencia y una ligera mejora en las capacidades cognitivas.
El análisis abarcó a más de 130.000 profesionales de la salud (86.606 mujeres y 45.215 hombres) que fueron seguidos durante un periodo máximo de 43 años. Aquellos que bebían entre dos y tres tazas diarias de café con cafeína, o entre una y dos de té, mostraron una menor incidencia de demencia que quienes apenas consumían estas bebidas o preferían opciones descafeinadas. El riesgo fue un 18% menor en el grupo de mayor consumo frente al de menor, una diferencia modesta pero consistente.
Un estudio minucioso
Aunque este hallazgo no es completamente nuevo, el estudio destaca por su envergadura y rigor metodológico: los participantes actualizaron su información sobre dieta y estilo de vida cada dos a cuatro años, lo cual permitió a los investigadores realizar ajustes estadísticos minuciosos para minimizar la influencia de factores externos. En total, se documentaron más de 11.000 casos de demencia a lo largo del estudio, lo que permitió establecer patrones de asociación con solidez estadística.
Las evaluaciones cognitivas objetivas, aplicadas a través de pruebas telefónicas en una cohorte femenina, también sugirieron una pequeña ventaja para quienes consumían más cafeína. En promedio, sus puntajes fueron apenas superiores, una diferencia modesta pero coherente con la hipótesis de un efecto protector. No obstante, el estudio remarca que estos beneficios no aumentan con un mayor consumo: dosis excesivas de cafeína podrían anular cualquier ventaja.
Entre los mecanismos biológicos propuestos para este efecto protector, la literatura científica apunta a la acción de la cafeína como antagonista de la adenosina, un neurotransmisor inhibidor que afecta negativamente la memoria y la activación neuronal.
Esta interferencia podría favorecer la actividad de sistemas cruciales como la dopamina o la acetilcolina, ambos esenciales para la cognición y que suelen deteriorarse en las fases iniciales de enfermedades neurodegenerativas. Además, se han encontrado correlaciones entre un mayor consumo de cafeína y menores niveles de placas amiloides, hallazgo relevante en el contexto del Alzhéimer.

A pesar de los prometedores indicios, no todo café ofrece el mismo resguardo para la mente. El estudio traza una línea clara: los beneficios observados se limitan al café con cafeína. Por contrapartida, el descafeinado no mostró ningún beneficio y, en ciertos análisis, se vinculó con un empeoramiento leve en funciones como la memoria verbal subjetiva.
Aunque esta asociación no implica necesariamente un daño causado por el descafeinado en sí, los investigadores advierten que podría reflejar patrones más complejos: muchas personas transitan al café sin cafeína como respuesta a problemas de salud ya existentes (como trastornos del sueño o hipertensión), los cuales, a su vez, también están ligados a un mayor riesgo de demencia.
El proceso para eliminar la cafeína también podría extraer o alterar otros compuestos bioactivos del café, como ciertos antioxidantes o polifenoles. Aunque esto no ha sido estudiado en profundidad, se plantea como una hipótesis potencial: que el café descafeinado simplemente no conserva la misma riqueza molecular que la versión completa, y por eso no ofrece los mismos beneficios neuronales.
¿Causa o correlación?
Con todo, los autores también advierten que este vínculo no implica una relación causal porque, además, el estudio es de carácter observacional. Es decir, no prueba que el café cause una reducción en el riesgo de demencia, sino que se limita a observar una asociación estadística.
Como subraya Mohammad Talaei, experto en epidemiología del ciclo vital en Queen Mary University of London, existe el riesgo de causalidad inversa: es posible que una reducción en el consumo de cafeína sea consecuencia (y no causa) del deterioro cognitivo incipiente.
Sin embargo, incluso en análisis que consideraron retrasos de hasta 12 años entre la exposición y el diagnóstico, la relación inversa persistía, lo que da mayor credibilidad al hallazgo. Además, los investigadores intentaron controlar múltiples variables (desde consumo de alcohol y tabaco hasta factores dietéticos), pero siempre queda la posibilidad de que estilos de vida más saludables, comunes entre consumidores moderados de café o té, expliquen parte del efecto.
Otros expertos destacan que la magnitud de la diferencia en riesgo es relativamente pequeña. Así, aunque este tipo de estudios refuerza la idea de que la cafeína puede ser parte de una estrategia de prevención, no sustituye hábitos clave como la actividad física, una dieta equilibrada, el abandono del tabaco y el control de enfermedades cardiovasculares.
A la espera de resultados más concluyentes, el estudio introduce una idea sencilla: el consumo cotidiano de café o té podría estar asociado, de forma discreta, a un cierto cuidado de la salud cognitiva futura. Más allá del hábito o del placer, la taza diaria aparece aquí como un gesto pequeño, repetido, potencialmente relevante para la memoria a largo plazo.
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Referencias
Zhang Y, Liu Y, Li Y, et al. Coffee and Tea Intake, Dementia Risk, and Cognitive Function. JAMA. Published online February 09, 2026. doi:10.1001/jama.2025.27259
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