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martes, 13 de septiembre de 2016

UNA RADIOGRAFÍA MARXISTA DE LA GLOBALIZACIÓN

Una radiografía marxista de la globalización

Olmedo Beluche

En este siglo XXI, siete mil millones de seres humanos vivimos bajo el signo de lo que se ha llamado "globalización". Este concepto procura captar una realidad compleja pero concreta, que determina, cual si de Dios se tratase, nuestras vidas: empleo, pobreza, migraciones, democracia, identidad, gustos, formas de pensar, etc. ¿Dónde está la esencia de este fenómeno multidimensional? ¿Qué es lo determinante: el proceso económico, el político - institucional, sus resultados sociales o sus consecuencias culturales?

"Marxismo y globalización capitalista", de Roberto Ayala Saavedra, profesor de sociología de la Universidad de Costa Rica, aborda de manera brillante este complejo problema y lo hace, como indica desde su título, con el método del materialismo histórico, "una teoría de la totalidad social,..., que busca fundar racionalmente la acción y que se construye en esa acción,..., una praxis transformadora que quiere ser consciente y racional".

De la generación de cientistas sociales centroamericanos de este inicio del siglo XXI, Roberto Ayala es uno de los más capacitados para acometer la titánica tarea de arriesgar una radiografía de la globalización bajo la lupa del método marxista. Ayala es una persona que ha combinado la lucidez de un pensamiento crítico, basado en una sólida formación teórica, con una vida de compromiso militante desde hace 40 años.

"Praxis transformadora" que Roberto ha sostenido inquebrantable desde que lo conocimos como brillante estudiante de secundaria y dirigente estudiantil, a mitad de los años 70; pasando por sus años de formación académica y política en Brasil; que lo llevó a ser uno de los fundadores del Partido Socialista de los Trabajadores de Panamá; y que ha sostenido por 20 años en Costa Rica, donde emigró y ha continuado combinando su labor académica con el compromiso militante hasta el día de hoy.

Globalización, un proceso abierto y en disputa

"Marxismo y globalización capitalista" es una obra extraordinaria, que disecciona al "capitalismo del siglo XXI" o "capitalismo tardío" (concepto tomado de Ernest Mandel), en una reflexión crítica que polemiza con enfoques teórico metodológicos de diversas corrientes de la Ciencia Social. Cada momento del análisis concreto va acompañado de una explicación metodológica, uno de sus mejores aportes, en que Ayala demuestra un dominio sobre el método hegeliano-marxista. El libro está compuesto por cinco capítulos y su conclusión: capitalismo global; América Latina: reconsideración del problema de la dependencia; globalización y cambio cultural; cuestión social y capitalismo; neoliberalismo y ética.

Desde la Introducción, Ayala se aleja de interpretaciones mecanicistas y metafísicas, para señalar que la globalización: "...es un proceso abierto y en disputa, cuya ulterior conformación depende de la relación de fuerzas entre diversas clases..." (Pág. 5). Siendo que una característica del capitalismo es su expansión sin fronteras y que desde el siglo XVI existe lo que I. Wallerstein llama "sistema mundo", Ayala se focaliza en las características específicas del capitalismo bajo la globalización actual.

De manera que define a la globalización como una realidad "compleja, multidimensional y móvil", estructurada y jerarquizada, no una "amalgama", que tiene "su base y condición general de posibilidad... , su anatomía, en la economía política..." (Págs. 26 y 27). La globalización tiene cuatro dimensiones: económica, política, tecnológica y cultural, según Ayala.

Las cuatro dimensiones de la globalización

Respecto de la dimensión económica, llama a repudiar lo métodos que se focalizan sobre aspectos incidentales, abusando de la fenomenología y el método individualista, deshistorizando lo real. Por ende, a partir de la cita de Marx ("el problema de la historia es la historia del problema"), invita a comprender la globalización a partir de la historia del capitalismo como un sistema de explotación de clases.

Al abordar la dimensión tecnológica, propone repudiar la "fetichización tecnológica" que se niega a ver que todos los desarrollos en esta dimensión tienen como objetivo el aumento de la productividad del trabajo, es decir, la explotación de clase.

Sobre la dimensión político - institucional, Roberto Ayala recuerda que el objetivo de la ideología liberal, y neoliberal por extensión, no es otro que la "naturalización" del mercado ("reificación", diría Lukacs). La globalización ha implicado una "ofensiva capitalista en la lucha de clases" (J. Hirsh), bajo los criterios neoliberales. Pero esta ofensiva es velada a través de una institucionalidad internacional (ONU, OMC, UE, OEA, etc.) que opera como legitimadora de las decisiones, impulsando métodos políticos que han reducido la democracia a una práctica restringida y una ciudadanía con derechos humanos reducidos.

En el plano de la cultura, "las industrias culturales (audiovisuales), organizan la canalización del placer hacia formas y ámbitos compatibles con la reproducción económica y social del orden vigente" (Pág. 52). A la vez que promueven un hiperindividualismo, la indiferencia social, el consumismo cosificante con derrapes escapistas.

La globalización desplaza a las burguesías 'nacionales' de su propio mercado interno

El capítulo 2, donde se aborda el problema de la dependencia en América Latina, es uno de los más brillantes y donde se hacen aportes novedosos. Luego de polemizar con la teorías desarrollistas y de la dependencia, defendiendo la marxista teoría del imperialismo, Roberto Ayala sostiene que la fase de la globalización implica una nueva situación, un salto adelante de la internacionalización del sistema capitalista y dependencia de nuestros países.

La globalización implicaría un desplazamiento de los capitales nacionales en favor de los multinacionales imperialistas, una "tendencia general que desplaza a una posición subordinada, en su propio mercado 'nacional'... su participación en el excedente internamente producido se reduce a una porción bastante menor... Desplazamiento en su propio mercado por el capital metropolitano..." que implica la derrota del proyecto capitalista autónomo en la periferia (Pág. 104 y 105).

Esta nueva realidad marca los límites y determina lo que pueden hacer los gobiernos "neodesarrollistas", que algunos llaman "populistas" o "progresistas".

Al respecto señala: "Cualesquiera que sean los avances puntuales, justamente apropiados y defendidos por los trabajadores y sectores populares como conquistas, en absoluto modifican la estructura socioeconómica interna ni las relaciones con la economía mundial, los mecanismos de la dominación permanecen inalterados... el neodesarrollismo no rompe con la lógica del sistema, se limita a buscar estrategias y políticas económicas heterodoxas que impulsen el crecimiento, mitiguen la desigualdad... No va más allá, aún en su versión de retórica más radical, de una variante de gestión del capitalismo periférico" (Pág. 119).

Las subjetividades moldeadas por la industria cultural

En lo que atañe a la globalización y el cambio cultural, Ayala empieza por señalar que tratar el tema de la cultura como una entidad separada de "las condiciones generales de existencia" es metodológicamente incorrecto porque rompe la unidad compleja de los social y lleva a caer en la metafísica idealista.

Las relaciones individuo / sociedad "se dan mediadas por objetos simbólicos, climas culturales,..., que refuerzan tendencias estructurales ,.., las subjetividades adaptadas, integradas..." (Pág. 142). De ahí que proponga que una teoría de la acción social no puede despreciar los contextos históricos, que dan sentido a la acción, en esa perspectiva Ayala rescata el interaccionismo simbólico de G. H. Mead, y la fenomenología de Berger y Luckmann.

En una sociedad de clases como la globalizada capitalista, la industria cultural fabrica el clima cultural en que se forman las subjetividades individuales. " La modernidad burguesa se funda en el impetuoso desarrollo de las fuerzas productivas, pero se apoya en la colonización de la subjetividad. La interiorización naturalizada y mayormente inconsciente de las relaciones sociales imperantes" (Pág. 150).

Pero también se producen resistencias culturales, acciones subversivas y lucha de los oprimidos que no se reduce a la acción política o económica, sino que también es cultural. Estas respuestas son producidas por las evidentes contradicciones del sistema, en el que el gran desarrollo de fuerzas productivas no hace más feliz al ser humano, sino que la mayoría padecen sumidos en una vida frustrada por la miseria y el trabajo alienante (cuando lo consiguen).

Resistencias reaccionarias y resistencias revolucionarias

Ahora bien, el lado positivo del proceso en la visión de Ayala, es que "la globalización no es solo hamburguesas y coca cola, comporta todo un amplio espectro de normas y valores, ideologías y representaciones... (la) transculturización de los valores..." (Págs. 196 y 197). Esos valores no solo reproducen las relaciones sociales capitalistas, sino también conquistas democráticas que pertenecen a la humanidad y que confrontan valores y costumbres tradicionalistas, conservadoras y fundamentalistas arcaicas, pero que aún perviven.

De ahí que Ayala rescata el concepto de "sociedad abierta", pese a provenir de uno de los más grandes voceros del liberalismo, Karl Popper. Y lo hace en el sentido siguiente: "El capitalismo da lugar a una forma social incomparablemente abierta respecto de todas las formas que le antecedieron, impulsando de esta manera un proceso de individuación y secularización..." (Pág. 203).

Por eso no hay que confundirse, no todas las resistencias son progresivas. Nos propone Ayala que diferenciemos de las diversas resistencias que genera la globalización aquellas que son de tipo reaccionario ("conservatismo atávico, exaltación teológico-trascendentalista, escapismo neorromántico, nihilismo epistemológico posmoderno o ingenuidad primitivista") de las resistencias que, basadas en el pensamiento crítico, defiendan las conquistas democráticas de la modernidad, "sin el oscuro costado del capitalismo".

De la caridad cristiana al enfoque neoliberal de las políticas sociales

En el capítulo IV se traza la historia de las doctrinas sociales, desde los siglo XIV al XVI, cuando se emitieron las primeras "leyes de pobres", época en que se interpretaba la pobreza como castigo divino, y asignaba a las parroquias el deber de auxiliarla, mientras que el objetivo de esa legislación consistía en obligar a la fuerza de trabajo desplazada del campo a disciplinarse de manera forzosa en las nacientes manufacturas y la vida urbana, so pena de cárcel y virtual esclavitud.

El análisis histórico pasa por la consolidación del capitalismo en el siglo XIX, en que el problema social adquiere dos perspectivas coetáneas: la liberal ascética, que percibe la riqueza como premio al trabajo (Mandeville), pero que promueve un individualismo insolidario que llega al paroxismo con el darwinismo social de Spencer; por otro lado, como subproducto de la Revolución Francesa se visualiza el problema desde la "dignidad humana" que no debe permitir la degradación social extrema, de la cual surgirá perspectiva de Bismarck, que busca atenuar el conflicto social con políticas de mitigamiento en las que la atención a la pobreza se desplaza de las parroquias a un deber del Estado.

La crisis posterior a la Primera Guerra Mundial, la Revolución Rusa (primer intento concreto de construir una sociedad sin explotación de clases), la quiebra de 1929 y los dramáticos acontecimientos políticos de ese período, parieron el Estado Benefactor (J. M. Keynnes) como una forma de salvar al capitalismo de sí mismo, regulando la economía y las relaciones sociales desde el estado, dando origen así a la verdadera "política social". Pero el Estado Benefactor seguía siendo un estado capitalista que no podía superar sus contradicciones, dando paso el "boom" de la post guerra al estancamiento económico.

De esa crisis abierta en los años 70, se impone en la lógica del capital la doctrina neoliberal y su particular manera de enfocar el problema social, la cual arrecia a partir de la desaparición de la URSS, una de las amenazas a las que el estado de beneficio intentaba responder.

En "...la nueva fase de despliegue del capitalismo... la cuestión social sufre un replanteamiento correlativo...: retirada del estado, limitación fiscal, focalización, centralidad de la gestión de la pobreza (...), protagonismo del llamado tercer sector (ONG's), alejamiento de los sectores medios de los servicios públicos y reorientación hacia el mercado, desplazamiento semántico de 'igualdad' a 'equidad'", con el consiguiente aumento de la pobreza y la desigualdad (Pág. 321).

En fin, que la política social no ha escapado al objetivo de reproducir las condiciones de existencia del capitalismo administrando la cuestión social.

Frente a la ética individualista del capitalismo la ética de la solidaridad, única garantía de la libertad individual

El capítulo dedicado al neoliberalismo y la ética inicia analizando la filosofía del grupo de Mont Pelerine, y su ideólogo, Fiedrich von Hayek, para quienes el "igualitarismo" del Estado Benefactor mataba la libertad individual porque la desigualdad era un valor positivo, ya que alentaba la competencia, de la que depende el progreso social, en la perspectiva neoliberal.

Bajo la lógica liberal el individuo lo es todo, la sociedad o colectividad o no existe, o es una coerción contra el primero. Cita a Mario Vargas Llosa: "La libre elección está en la base del pensamiento liberal. Y lo está como manifestación de su individualismo, de su cerrado rechazo del colectivismo, de la defensa que hace, frente a la pretensión ideológica de convertir lo social en una instancia moral o política superior a los hombres y mujeres particulares". En palabras de Margaret Tatcher: "'la sociedad no existe', sería un invento de los comunistas" (Pág. 354).

Ayala señala que en vez de libre elección, esta nefasta ideología liberal es egoísmo social, que pretende elevar a la ética las reglas convenientes al orden social capitalista. esa ética liberal pretende naturalizar la desigualdad social y pone como su norte la competencia, y la división del mundo entre ganadores y perdedores, como algo "normal".

Esa perspectiva egoísta del capitalismo es introducida por el clima cultural en la mente de los oprimidos "mediante una sutil operación de fragmentación (demolición) de la estructura de la personalidad del individuo... y el consecuente desarrollo de los rasgos de carácter típicos, timidez, vida interior pobre, reverencia ante el poder, subordinación servil, baja autoestima y pobre autoconfianza, formas estereotipadas de pensamiento, inclinación al pensamiento mágico y a la superstición, resentimiento, canalizado con violencia en la relaciones personales, o en la situaciones de anonimato del individuo-masa,..., desprecio hacia los de su propio entorno..." (Págs. 368 y 369).

De manera que la lucha por una sociedad superior al capitalismo sólo puede construirse desde una ética en que "la libertad personal está en función de sí misma, mediada por la aspiración y la lucha por la emancipación humana y el enriquecimiento de la vida. Lo cual quiere decir que solo se torna realizable, alcanzable, sobre la base de una sociedad emancipada (de la explotación y las desigualdades estructurales) y emancipadora" (Pág. 375).

"El liberalismo es una falsa defensa de la libertad y la defensa de una falsa libertad", dictamina Ayala. Para él, "el yo humano solo puede actualizarse y ser entendido en el contexto condicionante y posibilitador del nosotros (la solidaridad es indispensable para el desarrollo de la individualidad); la consciencia/autoconsciencia solo puede surgir en la interacción; fuera de la interacción no hay sujeto humano..." (Pág. 382).

Crisis de la civilización es el fracaso de encontrar una salida al capitalismo

En sus conclusiones finales Roberto Ayala reflexiona sobre los grandes desgarramientos sociales, miserias y desigualdades que son producidos por este capitalismo del siglo XXI, llamado globalización o "capitalismo tardío". Reiterando, con Rosa Luxemburgo, que la disyuntiva humana actual está entre conquistar el socialismo o retroceder a la barbarie. La incapacidad hasta ahora demostrada para conseguir el primer objetivo es lo que explica los síntomas de la llamada "crisis civilizatoria".

"... sólo la acción consciente y decidida de los trabajadores, de todos los explotados y oprimidos, junto a la intelectualidad crítica y comprometida, siempre crucial, de todos aquellos, en fin que aspiran a un futuro de libertad, igualdad y solidaridad, puede abrir el horizonte a posibles vías de superación progresiva de la crisis civilizatoria a la que ha conducido el orden capitalista", concluye.

Panamá, 11 de septiembre de 2016

http://www.alainet.org/es/articulo/180220

lunes, 25 de abril de 2016

POLÍTICAS EDUCATIVAS NEOLIBERALES, EXPLICAN RECOLONIZACIÓN IMPERIALISTA, CAUSA DEL ATRASO EN COLOMBIA


Políticas educativas neoliberales en Colombia explican proceso de recolonización imperialista que condenan al país al atraso productivo y científico: Robledo


La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), institución propagandística de las buenas prácticas neoliberales con sede en París, busca imponer los lineamientos de la política educativa en Colombia, dejó entrever el senador del Polo Democrático Alternativo, Jorge Enrique Robledo, durante la presentación que hizo del libro La educación de la colonia al siglo XX. Confrontaciones ideológicas y políticas, de autoría del profesor José Fernando Ocampo, publicado por Ediciones Aurora.

Robledo, en la presentación de este trabajo bibliográfico en la 29 Feria Internacional del Libro de Bogotá el pasado 14 de abril, dijo que “es digno de resaltar el rechazo del Colegio Nacional de Academias –Cuerpos Consultivos del Gobierno Nacional–, al proyecto de Documento Conpes sobre Ciencia, Tecnología e Innovación que promueve Juan Manuel Santos, al que valora tan mal que considera que hay que cambiarlo por uno nuevo, porque no tiene arreglo, entre otras razones porque “el documento parece hecho para cumplir con los requisitos de la OCDE y no para construir una verdadera política de desarrollo científico y tecnológico de largo plazo para el país”. Al paso que vamos, la OCDE le va hacer más daño a Colombia que el Banco Mundial y el FMI sumados”.

El libro de Ocampo, filósofo, politólogo, docente universitario, con amplia experiencia en el activismo gremial en defensa de la educación pública en Colombia, hace un recorrido desde el siglo XVIII con el virrey Francisco Moreno y Escandón y el impulsor de la Expedición Botánica, José Celestino Mutis, quienes no obstante siendo fieles a la corona española promovieron las ideas de la ilustración, pasando por el agudo debate que sostuvieron Bolívar y Santander en torno al papel laico de la educación, hasta llegar al siglo XX con los logros obtenidos por los movimientos sociales, como por ejemplo, la autonomía de los contenidos educativos frente al Estado.

Este nuevo trabajo bibliográfico de José Fernando Ocampo “podría ser también un modelo de enseñanza de la dialéctica. A partir de las contradicciones que se van presentando y de su desenlace, el lector va conociendo el método correcto para abordar el estudio de la sociedad en su historia y su presente”, señala en la presentación del libro, el analista y escritor Aurelio Suárez Montoya. Y agrega: “podría decirse que este texto, además de su propósito general enunciado, es de utilidad para aprender a hacer el análisis de los distintos problemas de la sociedad que, visto así, no tendría solo como objeto la historia de la educación en Colombia en los últimos dos siglos y medio, sino el saber: ¿Cuáles son los aspectos de cada contradicción en cada periodo?, ¿cómo se desarrollan?, ¿cuál es el aspecto principal?, ¿cuál es su desenlace?, ¿cómo se transforma para la época subsiguiente?

La historia de la educación, pero también económica, social y política de Colombia

El senador Robledo al presentar el libro del profesor Ocampo hizo una sinopsis general de su contenido. Resaltó que en su texto no solo se analiza la historia de la educación en Colombia sino también el devenir económico, social y político del país con todas sus vicisitudes. 

El texto de la presentación de este imprescindible trabajo investigativo por parte del senador del Polo Democrático, es el siguiente:

El libro que tengo el honor de presentar del profesor José Fernando Ocampo –profesor, sí, a mucho honor, aun a riesgo de ser abducido por la alta burocracia santista–, tiene una primera gracia nada fácil de alcanzar: lleva a leerlo de una sola sentada, de un tirón, como se dice, porque se trata de una historia apasionante y bien contada, como solo puede hacerlo quien conoce el tema a profundidad, lo ha explicado incontables veces y se esfuerza por hacerlo comprensible –sin que por ello pierda rigor y profundidad–, pues lo escribió para fortalecer la lucha por la transformación democrática del país.

Quien lea este libro se encontrará con la historia de La Educación en Colombia, de la Colonia al Siglo XX, y, al mismo tiempo, con la historia económica, social y política de Colombia. Las dos juntas, como deben ser las historias de los sectores, que no pueden comprenderse sin entender el todo del que hacen parte, y más si se trata de la educación de un país, del sistema principal mediante el cual los pueblos logran el insustituible objetivo de transmitir y crear conocimientos, siempre y cuando se lo ganen con la lucha, porque hasta en estos asuntos, como en todos, se enfrentan las concepciones democráticas con las reaccionarias, que se atraviesan como mulas en el camino del progreso.

Esta historia se remonta al curioso esfuerzo de Francisco Antonio Moreno y Escandón en el siglo XVIII, alto funcionario de la Corona española en la Nueva Granada, que inspirado por lo que ocurría en Europa planteó reformas que modificaran el espantoso oscurantismo educativo que en esos días lastraba toda forma de progreso. Y se refiere también al gran papel del Sabio Mutis y de su Expedición Botánica, quien, por la vía de aumentar el conocimiento ciudadano sobre las ciencias naturales –de la enseñanza de las matemáticas, la botánica y la física, por ejemplo–, jugó un papel clave en la formación política –política, repito– de muchos de los jóvenes que dirigieron la revolución de Independencia de España.

Explica también el texto las coincidencias entre Bolívar y Santander sobre la importancia que le concedieron a la educación en la construcción del nuevo país, al igual que sus diferencias de criterios –acerca de si apelar a los métodos científicos o a la escolástica– como bases de las políticas educativas. Y se detiene en las enconadas controversias del siglo XIX–con guerras incluidas por su causa– entre los dos partidos políticos de entonces sobre cómo debía ser la educación, confrontaciones que concluyeron con el triunfo de Núñez y de Caro, que impusieron una política educativa calculada para estancar por varias décadas, como en efecto ocurrió, educativa, económica y socialmente a Colombia.

Al adentrarse en el siglo XX, el libro señala los notables avances de la educación en contra del gran atraso que le habían impuesto, pero también explica cómo estos fueron, al mismo tiempo, estimulados y lastrados por la toma de Colombia por los Estados Unidos, que los impulsó porque sus intereses le exigían modernizar en algo al país, pero no hasta el punto de desatarle por completo toda su potencialidad de desarrollo, no fuera que se escapara de su órbita. Ay de aquel, decía Francisco Mosquera, que crea que lo salvará el mismo que le tiende la emboscada.

Además de explicar el carácter retardatario de las políticas educativas de las agencias internacionales de crédito posteriores a la II Guerra Mundial, contra las que nos levantamos los estudiantes en 1971, José Fernando Ocampo trata las luchas del magisterio colombiano dirigido por Fecode que conquistaron el Estatuto Docente y la Ley General de Educación, dos triunfos de gran importancia en el esfuerzo por dotar al país de un sistema educativo que cimiente el verdadero progreso del país, victorias en las que él, como dirigente sindical, hizo aportes determinantes.

Expresan mucha ignorancia o muchos prejuicios quienes no reconocen que el magisterio colombiano, además de luchar, y con toda justicia y derecho, por mejorar sus condiciones de vida y de trabajo, también ha batallado sin cesar por una educación universal, es decir para todos, pública y gratuita, para que pueda ser universal, y de alto nivel científico y pedagógico, la consigna más avanzada, en Colombia y en cualquier país, para orientar el desarrollo del conocimiento a su máxima expresión.

Concluye esta obra, que todo interesado en la educación debe leer, con certeros comentarios sobre las políticas educativas neoliberales a partir de 1990, cuya naturaleza particularmente retardataria explica como parte del proceso de recolonización imperialista que impone al libre comercio, en su estrategia de mantener al país en el atraso productivo y científico y tecnológico.

Sobre este último aspecto es digno de resaltar el rechazo del Colegio Nacional de Academias –Cuerpos Consultivos del Gobierno Nacional–, al proyecto de Documento Conpes sobre Ciencia, Tecnología e Innovación que promueve Juan Manuel Santos, al que valora tan mal que considera que hay que cambiarlo por uno nuevo, porque no tiene arreglo, entre otras razones porque “el documento parece hecho para cumplir con los requisitos de la OCDE y no para construir una verdadera política de desarrollo científico y tecnológico de largo plazo para el país”. Al paso que vamos, la OCDE le va hacer más daño a Colombia que el Banco Mundial y el FMI sumados.

Gracias, José Fernando, por persistir en el esfuerzo de toda su vida, por seguir dándoles a los jóvenes y a los colombianos ejemplo de coherencia, de lo que es valorar de verdad el estudio, el conocimiento, para poder comprender la sociedad y transformarla. Gracias, además, por su actitud ejemplar de descender de las cómodas torres de cristal de la academia –como también lo hizo Carlos Gaviria–, para jugársela en los con frecuencia procelosos caminos de la actividad política y gremial, que es donde al final se define la suerte de los pueblos y de si estos pueden o no transmitir y crear los conocimientos de alto nivel suficientes, sin los cuales no es posible escapar de la trampa del atraso, el desempleo y la pobreza.

Muchas gracias.




eria Internacional del Libro de Bogotá, Corferias, 24 de abril de 2016.

domingo, 26 de julio de 2015

EL LADO OSCURO DEL IMPERIO: LA VIOLACIÓN DE LOS DERECHOS HUMANOS POR EEUU, EL LIBRO DE ATILIO BORON Y ANDREA VLAHUSIC

Boron: “El lado oscuro del Imperio: la violación de los Derechos Humanos por EEUU”



Atilio A. Boron y Andrea Vlahusic, El lado oscuro del Imperio – La violación de los Derechos Humanos por Estados Unidos,
Ediciones Luxemburgo

HASSAN DALBAND 

 – Atilio A. Boron y Andrea Vlahusic son dos investigadores y académicos de origen argentino. Atilio A. Boron politólogo y sociólogo de orientación marxista, especializado en el concepto de imperialismo de corte leninista [2] ; ha sido director de varios centros académicos de la Universidad de Buenos Aires; autor de diversos libros y de centenares de artículos; fue reconocido por la UNESCO en 2009 con el Premio Internacional José Martí. Su más reciente libro, América Latina en la geopolítica del imperialismo fue publicado en 2014 por la Universidad Nacional Autónoma de México.

Andrea Vlahusic, abogada, especialista en Derecho Internacional Público y en Derechos Humanos; ha sido directora ejecutiva de la Escuela de Capacitación en Derecho Internacional (ECADI) en Argentina; consultora jurídica de varias instituciones de ese país, entre ellas, el Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO).

Ambos investigadores han escrito El lado oscuro del Imperio: la violación de los derechos humanos por Estados Unidos,un libro donde analizan rigurosa y minuciosamente, aspectos políticos, económicos, jurídicos y de orden internacional; para ello recurren a inmensas fuentes en castellano e inglés como artículos, ensayos, libros y entrevistas, así como al discurso del expresidente estadounidenses, George W. Bush, para demostrar, la ficción y la verdad detrás de la política estadounidense en el contexto de Derecho Internacional y de los Derechos Humanos, tanto en el interior de Estados Unidos como a nivel internacional.

Vlahusic y Boron, ofrecen argumentos para demostrar cómo Estados Unidos, o mejor dicho, el imperialismo estadounidense, ha violado sistemáticamente los Derechos Humanos tanto en su propio territorio como en el ámbito internacional; para los autores, lo peor de todo, es que Estados Unidos se ha conducido con una total impunidad ante todos los organismos internacionales de Derechos Humanos, incluso hacia la Organización de las Naciones Unidas (ONU).

La obra proporciona evidencias y hechos concretos de cómo y con qué métodos, instrumentos y mecanismos, Estados Unidos, ha invadido y ocupado países enteros para someter a los pueblos del mundo a su dominación imperialista; desde golpes de Estado, la Operación Cóndor con 400 mil víctimas, la Escuela de las Américas que preparó torturadores y asesinos profesionales, sobre todo, en los países del Cono Sur (Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Paraguay, Uruguay); hasta llegar a la violación sistemática de los Derechos Humanos de tales pueblos, con el principal objetivo de asegurar su dominación y el saqueo de recursos naturales y humanos del planeta por sus transnacionales imperialistas, afirmando así, la permanencia y sobrevivencia del capitalismo mundial bajo su mando. [3]

La estructura de la obra consta de un prólogo, cuatro capítulos, una conclusión, un posfacio, y un apéndice cronológico de las intervenciones militares de Estados Unidos en América Latina y el Caribe. El prólogo a esta edición argentina presenta un contexto sobre la llegada de Barak Obama a la Casa Blanca, y cuestiona, si ello implicó una “nueva era” o “un cambio en la política exterior”. Todo ello bajo el marco del respeto a los Derechos Humanos que demuestra una evidente violación a la dignidad humana y a la legislación internacional.

Los autores se refieren a las promesas incumplidas de Obama, como el cierre de la base naval de Guantánamo, comparada con un campo de concentración nazi; a la publicación de fotos prohibidas de las cárceles ilegales estadounidenses en Irak y Afganistán y al retiro de tropas; a la política de “obediencia debida”, olvido e impunidad, respecto a la transparencia e información sobre el uso de tortura en los “sitios negros” del sistema carcelario de los Estados Unidos en el exterior; a la continuidad o cambio en la política estadounidense, ante poderes facticos como el complejo militar-industrial. Terminan su introducción con las relaciones Estados Unidos-América Latina, o lo que Obama debe hacer, según los escritores, para mejorar las relaciones en el continente, concretamente en Cuba y México.

Boron y Andrea Vlahusic se refieren en su primer capítulo sobre Estados Unidos como “garante” de la libertad y el respeto a los derechos humanos, a los informes que en materia de derechos humanos emite anualmente el gobierno estadounidense sobre los países que según éste, violan derechos humanos, pero en los cuales, paradójicamente, nunca se incluye dicho país. Analizan el Informe 2007 y cuestionan la omisión de criterios y procedimientos de Estados Unidos para asumir la “responsabilidad” sobre estándares internacionales de Derechos Humanos; lo que contraviene el sistema de la Organización de Naciones Unidas (ONU), que cuenta con esa función internacional a través de mecanismos de protección, normas específicas y expertos que vigilan el cumplimiento de tratados internacionales de los estados miembros en esa materia.

Los autores critican la autoproclamación de Estados Unidos como “líder del mundo libre”, “policía y gendarme mundial”, pues señalan que tal país olvida los genocidios perpetrados en Vietnam, Laos y Camboya; la devastación de países por su agresión, invasión y ocupación militar; su participación en los golpes de Estado en los países del Sur (África, Asia, América Latina y el Caribe ); la práctica de tortura sistemática y desaparición forzada de miles de personas; la “capacitación” que dio a los cuerpos policías y militares, sobre todo, en América Latina, con los escuadrones de la muerte; los magnicidios y asesinatos de adversarios políticos, y otros tipos de violaciones graves de los derechos Humanos.

Los autores también se refieren al uso de bombas atómicas por parte de Estados Unidos en 1945, sobre las ciudades Hiroshima y Nagasaki, donde murieron miles de personas; todo un historial, para cuestionar ¿con qué autoridad moral Estados Unidos habla sobre Derechos Humanos y enjuicia a otros países del planeta, excepto a sí mismo y su propio territorio, donde se violan sistemáticamente esos derechos humanos?

Atilio A. Boron y Andrea Vlahusic, argumentan cómo Estados Unidos, bajo sus planes de “seguridad nacional”, ha devastado toda América Latina con las peores dictaduras militares y civiles, violando así Derechos Humanos, concretamente con Ronald Reagan y su llamada democracia liberal en todo el mundo. Afirman que el mejor pretexto para violar leyes internacionales se dio a partir de los atentados del 11 de septiembre de 2001, con el presidente George W. Bush y su combate al “terrorismo”, con la “guerra infinitiva y la guerra preventiva”. Ello ha reafirmado la militarización de su política interna e internacional, el poder absoluto del Pentágono frente el sistema político oficial estadounidense, y ha perjudicado a su propia población con controles severos, vulnerando seriamente las libertades consagradas en su propia Constitución, como la Ley Patriótica; todo un retroceso en materia de Derechos Humanos para los autores.

Un segundo capítulo expone Violación de los derechos humanos por Estados Unidos en el exterior, las guerras e invasiones a cargo de dicho país; su legalización de la tortura; el escándalo de Abu Ghraib; el caso especial de los detenidos en la base naval de Guantánamo; las cárceles secretas y traslados ilegales; y, los vuelos “ya no tan secretos” de la Agencia Central de Inteligencia de Estados Unidos, (CIA por sus siglas en inglés). Boron y Vlahusic explican cómo Estados Unidos ha militarizado la economía mundial y las relaciones internacionales a través de su política de seguridad nacional, a cargo del Pentágono y sus largas guerras contra sus “enemigos” en todo el mundo. Ante ello, se criminaliza la protesta social, se controla el mundo con fuerza militar, se “domestica” para mantener la resistencia y las luchas de los pueblos contra el imperialismo estadounidense, un status quo para asegurar su dominación capitalista. 

Para los escritores del lado obscuro del imperio, las guerras e invasiones estadounidenses de Irak -y el envío de fuerzas paramilitares- y Afganistán, constituyen la legalización de la tortura y la violación de normas internacionales y del derecho humanitario, acciones condenadas por la ONU, pues violan su propia Carta. En América Latina resaltan los secuestros, tortura, y ataques a civiles en Nicaragua, Panamá, Haití y Granada. 

Atilio A. Boron y Andrea Vlahusic señalan que la tortura ya se practicaba desde antes del 11 de septiembre de 2001, pero después de esta fecha, se volvió una práctica sistemática, se legalizó. Para evadir consecuencias legales, Estados Unidos, trasladó a sus prisioneros a cárceles clandestinas en países cómplices, donde se practica todo tipo de tortura, como las existentes en Irak, Afganistán y Guantánamo, violando así la Convención contra la Tortura y otros Tratos o Penas Crueles, Inhumanos o Degradantes vigente desde 1987 y suscrita por esa nación en 1994.

Los investigadores revelan varios métodos de tortura física y mental que el gobierno de George W Bush utilizó contra los prisioneros indefensos en 2002, sobre todo en interrogatorios. El caso de la cárcel iraquí de Abu Gharib que conmocionó en 2004 a la opinión pública mundial con las fotos que demostraban cómo militares de Estados Unidos torturaban y asesinaban de la peor manera a los prisioneros de aquel país; esto, bajo el Informe Taguba, secreto en su gran parte, del cual la organización estadounidense por los Derechos Civiles, la Unión Americana de Libertades Civiles (ALCU por sus siglas en inglés), consiguió desclasificar una sección, para enjuiciar a algunos de los responsables.

Ante estos hechos, los autores también se refieren al papel de los organismos y mecanismos protección de los derechos humanos como la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), y la ONU, que en 2007 intentaron a través de sus expertos, realizar inspecciones en la base naval de Guantánamo, lo cual fue negado por Estados Unidos, bajo condiciones humillantes para dichos organismos; sin embargo, expertos de esos organismos prepararon un informe detallado con entrevistas a algunos abogados de los prisioneros y ex prisioneros, concluyendo que existían pruebas suficientes para acreditar los actos de tortura y de violación a derechos humanos, por los diversos tratos crueles y degradantes a los que eran expuestos los prisioneros, e hicieron una serie de recomendaciones en 22 puntos.

También los escritores explican las prácticas de la CIA durante la presidencia de Clinton y George W. Bush, como el secuestro y traslado de “sospechosos” a terceros países para evitar los límites legales existentes en Estados Unidos; los cientos de vuelos clandestinos en Alemania, Macedonia, Polonia y Suecia; y sus cárceles “fantasmas” en barcos de guerra. Así como al espionaje hacia los propios ciudadanos después de 11-Septiembre de 2001, a través de la llamada Ley Patriótica; la detención arbitraria de miles de inmigrantes de origen árabe o i slámico, algunos deportados y otros, declarados terroristas.

En un tercer capítulo Atilio A. Boron y Andrea Vlahusic nos hablan del desprecio a la normativa internacional sobre derechos humanos y a los principios del derecho internacional, por parte de Estados Unidos, y analizan su papel respecto al Sistema Universal de Protección de los Derechos Humanos, sus Convenciones y Pactos Internacionales; el Sistema Interamericano de Protección de los Derechos Humanos; el boicot a la Corte Penal Internacional; y, las violaciones a los principios del derecho internacional.

La gran crítica es al autoproclamado papel de “defensor” de los Derechos Humanos del gobierno estadounidense, mismo que no ha ratificado varios de los tratados de carácter universal y regional más importantes en esta materia respecto a niños, mujeres, discriminación y, derechos económicos, sociales y culturales; ello, por considerar afectada su soberanía nacional. El doble discurso estadounidense sobre la interpretación de las normas internacionales de derechos humanos y principios de derecho internacional, las cuales ha violado y modificado para sus propios intereses imperialistas, atentando contra la democracia plural y multilateral de los países del mundo.

Es relevante la concepción de senadores y de la derecha estadounidense sobre la Corte Penal Internacional (CPI), a la que calificaron como “un monstruo y tenemos la responsabilidad de descuartizarlo antes de que crezca y acabe devorándonos” [4] según Jesse Helms. Esto explica la negativa a la construcción de este órgano jurídico internacional, el cual tendría competencia para juzgar crímenes de guerra, de lesa humanidad y genocidio, pero que según Estados Unidos, implicaría una transferencia de su soberanía; lo real era la posibilidad de someter a un proceso penal a ciudadanos estadounidenses como Henry Kissinger, considerado “un criminal de guerra suelto sin castigo”, según el escritor y periodista estadounidense Gore Vidal.

Lo anterior explica por qué Estados Unidos ha saboteado la normatividad internacional, como el Estatuto de Roma; por qué ha combatido y rechazado la firma de los Acuerdos de Kyoto para salvar el planeta de la destrucción de medio ambiente; o la introducción de la cláusula “no aplicable a los Estados Unidos sin el consentimiento de los Estados Unidos”, como lo ha referido Noam Chomsky. [5] Y el mismo caso de los Cinco Cubanos presos políticos en Estados Unidos liberados apenas en 2014, luego de 16 años. [6]

En su capítulo cuarto, Boron y Vlahusic se enfocan al estudio de la violación de los derechos humanos en territorio norteamericano, y examinan los dos grandes Pactos Internacionales, el de Derechos Civiles y Políticos, y el de Derechos Económicos Sociales y Culturales, para los autores, Estados Unidos no ha reconocido el derecho al desarrollo como parte de los Derechos Humanos y no ha ratificado las principales convenciones del Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales. 

Sobre el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, los autores se refieren a la falta de protección a la vida de los pobladores de Nuevo Orleáns durante el huracán Katrina (2005) que dejó 1833 víctimas, así como su manipulación informativa por el gobierno. El aumento de los crímenes violentos que amenazan la vida, la libertad y seguridad personal; la posesión de armas de fuego en manos de particulares, que sitúa como al país como el primero en el mundo y que se observa en las masacres con dichas armas; el abuso policial e inseguridad en las cárceles es otro rubro, con una policía estadounidense que no respeta la ley para los ciudadanos, quienes muchas veces, son víctimas de abuso, maltrato y humillación policial dentro y fuera de las cárceles, llegando incluso a morir por el maltrato.

Por otro lado, a sociedad estadounidense es vigilada por el FBI por la autoridad que escucha e interfiere sus comunicaciones telefónicas y electrónicas por considerarlas “sospechosas” sin ningún fundamento, para ello se gastan millones de dólares en cámaras de vigilancia. Asimismo, los trabajadores han sido restringidos en sus derechos sindicales como la libre organización, debido a las políticas gubernamentales antiobreras y neoliberales. Igualmente, la participación política de los estadounidenses se enfrenta a un juego sucio de los ricos y millonarios, a una plutocracia, señalan los autores al citar a Gore Vidal, Howard Zinn y Noam Chomsky. Una muestra que desnuda el carácter profundamente antidemocrático de la autoproclamada “mayor democracia” del planeta.

Respecto a los Derechos Económicos, Sociales y Culturales, los autores exhiben la pobreza y desigualdad de la sociedad estadounidense a través de estadísticas y porcentajes que muchas veces son manipulados por el mismo sistema, con sus políticas neoliberales y conservadoras a favor de la clase dominante, lo cual da como resultado ricos más ricos y pobres más pobres; el derecho a la salud es otra violación constante por la carencia de cobertura médica para la población; así como la discriminación racial, económica y judicial de los diversos grupos étnicos minoritarios, sobre todo en afrodescendientes.

Finalmente otros sectores que ven afectados sus derechos humanos en Estados Unidos son los niños y las mujeres; las afroestadounidenses son quienes más fácilmente caen en la pobreza y la miseria, según datos oficiales. La tasa de mortalidad materna está en trigésimo lugar en el mundo, las mujeres negras mueren cuatro veces más que las blancas. La situación de los niños estadounidenses también es preocupante, el país es casi el último lugar –vigésimo-, en bienestar infantil, aquí también la mortalidad infantil es mayor en la población negra en 2.5.

Otra violación grave a los derechos de la niñez en Estados Unidos es la pena de muerte para menores de edad que muy pocos Estados en el mundo realizan; los niños afroestadounidenses corren el riesgo a ir a la cárcel 5 veces más que los niños blancos; a nivel mundial, Estados Unidos sentencia más a cadena perpetua a niños, y condena a muerte a un gran número de adolescentes, pues dicho país no ha ratificado la Convención Internacional de los Derechos del Niño de la ONU.

Boron y Vlahusic concluyen en su investigación que Estados Unidos no tiene autoridad moral para proclamarse como “defensor” de los Derechos Humanos, pues ha violado y viola sistemáticamente derechos fundamentales a nivel internacional y en su propio territorio. Agregan que dicha nación y su historia, no son ningún ejemplo de democracia y libertad, “ideales” que el mismo país ha autogestionado. Todo ello lo fundamentan en su estructura de poder económico, político, militar y de inteligencia (CIA, Pentágono, NASA); en el papel de la Casa Blanca, del Congreso, de la Cámara de representantes, en sus transnacionales, en el complejo industria-militar; las industrias aeroespaciales, de gas, de petróleo; en sus instituciones de investigación (universidades); fuerzas armadas y medios de comunicación corporativos; en su gobierno corrupción y burocracia. Los autores coinciden con Gore Vidal, respecto al secuestro de la democracia estadounidense; y con el filósofo italiano Gianni Vattimo que considera a Estados Unidos una plutocracia.

En el posfacio los autores corroboran su tesis al comentar el golpe en Honduras, lo cual ratifica que no importa quien gobierne la Casa Blanca, pues existe un “gobierno permanente” consolidado después de la Segunda Guerra Mundial, que desde las sombras utiliza agentes, estructuras y organizaciones para implantar su política local e imperial. El golpe a la nación hondureña evidencia que el imperialismo y la rapiña no han cambiado, ni sus métodos brutales de dominación, lo que se corrobora con el apéndice cronológico de intervenciones estadounidenses en América Latina.

Conclusiones

Aunque han pasado ya seis años desde la publicación de El lado oscuro del Imperio: la violación de los derechos humanos por Estados Unidos, la investigación tiene actualmente más vigencia que nunca. Resulta evidente la nueva estrategia geopolítica de Estados Unidos para destruir a los gobiernos progresistas y antisísmicos de Nuestra América, los cuales ofrecen proyectos y paradigmas anticapitalistas, con cambios democráticos para la mayoría de la población. Los intentos por lograr una independencia económica en la región de países como Venezuela, Ecuador, Bolivia, Argentina, Nicaragua, Brasil y Cuba (socialista), por mencionar algunos, son totalmente contrarios a los intereses vitales estadounidenses.

Estados Unidos sigue utilizando los denominados “golpes suaves” para derrocar a los gobiernos críticos de dicha nación, a los que se refiere el escritor anticomunista estadounidense, Gene Sharp, quien según sus detractores ha sido un agente de la CIA; para ello la nación estadounidense se vale de diversos instrumentos y organismos, como lo refieren los autores. Esto es evidente en Venezuela durante el gobierno de Hugo Chávez y hoy con Nicolás Maduro, el sabotaje económico, político y mediático. [7] Al mismo tiempo, se han reanudado las relaciones diplomáticas entre Cuba y Estados Unidos, un hecho histórico y trascendente en la geopolítica de Nuestra América. Por tanto, la lectura de Atilio Boron Andrea Vlahusic, resulta ampliamente recomendada, obligada e ilustradora para entender los actuales y futuros escenarios en la geografía económica y política de nuestro continente, sobre todo, en materia de Derechos Humanos.
_______________

[1] Hassan Dalband es doctor en Ciencia Política de la Universidad de La Habana, Cuba. Actualmente es profesor investigador en la Universidad Autónoma de la Ciudad de México: dalbandh@gmail.com.

[2] Boron Atilio A, Imperio & Imperialismo – Una lectura crítica de Michael Hardt y Antonio Negri , CLACSO, Argentina, 2004. Boron Atilio A, América Latina en la geopolítica del imperialismo, UNAM, México 2014.

[3] Véase: Calloni, Estella, Operación Cóndor: El pacto criminal, Editorial, Ciencias Sociales, Cuba, 2006. Méndez Méndez, José Luis, Bajo las alas del Cóndor, Editorial, Capitán San Luis, Cuba, 2006. Allard Jean-Guy, Golinger Eva, USAID, NED y la CIA- La Agresión Permanente, Ministerio del Poder Popular para la Comunicación y la Información, Venezuela, 2010. (Nota del autor).

[4] Ibíd. P. 67: citado en: La impunidad imperial: Cómo Estados Unidos legalizó la tortura y “blindó” ante la justicia a sus militares, agentes y mercenarios, Roberto Montoya, Editorial, Ciencias Sociales, Cuba, 2006.

[5] Ibíd. P. 64.

[6] (Nota del autor).

[7] Puga Álvarez, Valeria, ¿América Latina, el nuevo escenario de los “golpes suaves”? El Telégrafo, Ecuador 23/02/2014.

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martes, 27 de enero de 2015

IMPUNIDAD COMO NORMA EN EL CAPITALISMO

La impunidad como norma en el capitalismo 
(Descargar Texto + Libro)

Julio C. Gambina
Rebelión


“…Ese capitalismo delictivo se expresa en actividades asociadas al espionaje mundial y local, que sufren los pueblos del mundo, por ser base de operaciones motorizadas por transnacionales de los medios de información o de desinformación, con el objetivo de manipular y condicionar la opinión pública o el sentido común, que con Gramsci repetimos, es el sentido común de las clases dominantes. El accionar del terrorismo de Estado en el capitalismo mundial supone la impunidad, que es lo que aparece como trasfondo y esencia continua en nuestra historia reciente…”

Resulta difícil opinar sobre cuestiones de la coyuntura económica de Argentina en momentos de gran confusión política e institucional motivada en la muerte del fiscal Nisman, muy cercano a los servicios de inteligencia y a la embajada de EEUU, y las derivaciones suscitadas en torno a la impune investigación de la voladura de la AMIA en 1994, algo que trasciende al gobierno actual.

Vale mencionar que los episodios de la AMIA, junto a la voladura de la Embajada de Israel en 1992 y del arsenal en Río Tercero en 1995, en tiempos de ofensiva neoliberal, constituyen sucesos que “ratifican” la inmersión de la Argentina en la clave articulada del capitalismo mundial, con sus tendencias históricas caracterizadas por la militarización, el espionaje y el terrorismo de Estado mundial. Afecta la tradición constitucional desde 1983 y desde mucho antes en nuestra historia.

Aludimos a “ratificar” y a nuestra historia, porque la inserción en esa lógica capitalista no es coyuntural, sino estructural, sistémica, y de origen en el desarrollo del capitalismo local. Remite a la conquista y colonización, como a las invasiones inglesas, o la intervención estadounidense en diferentes momentos de nuestra historia más reciente. A instancias del Instituto Espacio para la Memoria, con la autoría conjunta de Osvaldo Bayer y Atilio Boron, escribimos en 2009 un texto sobre el Terrorismo de Estado que trata de repasar la historia del terrorismo de Estado en la Argentina, desde sus comienzos y hasta el 2001 (es un texto de circulación gratuita, publicado en internet, y sin embargo se ofrece a la venta, increíble pero real el proceso de mercantilización de la palabra y el pensamiento).

La trama del desarrollo terrorista estatal se asocia a la promoción de legislación antiterrorista en casi todos los países de la región y en los últimos años. Es una presión desde la política exterior de EEUU y de los organismos internacionales, que asocian la demanda antiterrorista al combate al lavado de dinero o al narcotráfico, cuando el capitalismo contemporáneo está indisolublemente asociado al crimen, al contrabando, la especulación, el tráfico de drogas, armas o personas. Los paraísos fiscales existen en variados territorios, incluso en EEUU y aún con altisonantes declaraciones, por ejemplo del G20, nada concreto se avanza en su eliminación.

Texto tomado de: http://www.rebelion.org/

viernes, 23 de enero de 2015

MARXISMO Y SUBJETIVIDAD, JEAN PAUL SARTRE

Jean-Paul Sartre: Marxismo y subjetividad 

New left review


Transcripción de la conferencia pronunciada por Sartre en 1961 en el Istituto Gramsci de Roma, inédita anteriormente en castellano. Una sostenida réplica filosófica a Historia y conciencia de clase de Lukács y una defensa de un concepto de subjetividad como proceso, vivamente ilustrado en situaciones concretas.

“… El problema que nos ocupa es el de la subjetividad en el marco de la filosofía marxista, tratándose precisamente de ver si, a partir de los principios y verdades que constituyen el marxismo, la subjetividad existe, presenta algún interés o es simplemente un conjunto de hechos que se pueden mantener fuera de un gran estudio dialéctico del desarrollo humano. Me gustaría mostrarles cómo, a partir de Lukács, por ejemplo, una mala interpretación de ciertos textos marxistas ambiguos puede dar lugar a lo que yo llamaría una «dialéctica idealista» que deja de lado al sujeto, y lo peligrosa que es esa posición para el desarrollo mismo de los conocimientos marxistas. Tengamos presente, no obstante, que no vamos a hablar en principio del sujeto y del objeto, sino más bien de la objetividad, o de la objetivación, y de la subjetividad, o de la subjetivación.

(…)Si se considera superficialmente la filosofía marxista, se la podría tildar de panobjetivista, en la medida en que el dialéctico marxista no se interesa, al parecer, en principio, más que por la realidad objetiva y, de hecho, ciertos textos muy profundos de Marx pueden ser mal interpretados, como por ejemplo este tan conocido de La sagrada familia: «No se trata de lo que este o aquel proletario, o incluso el proletariado entero momentáneamente, se imagine momentáneamente como meta. De lo que se trata es de lo que es y lo que estará obligado históricamente a hacer en conformidad con ese ser»1 . Parece aquí que lo subjetivo se sitúa del lado de la representación y que de por sí no tiene ningún interés, ya que la realidad profunda es el proceso mismo que convierte al proletariado en agente de la destrucción de la burguesía y que le obliga a ser realmente ese agente; esto es, objetivamente y en los hechos; en otros textos Marx y Engels pueden ir aún más lejos dando a entender que lo subjetivo no tiene ni siquiera la importancia de una representación que pertenecería al sujeto o grupo de individuos, puesto que desaparecen completamente en tanto tal. Recuérdese el texto de El capital que señala que la forma acabada de las relaciones económicas tal como se muestran en su superficie, en su existencia real, y, por lo tanto, también en la representación mediante la que los portadores y agentes de sus relaciones tratan de hacerse una idea clara de ellas, es muy diferente y, de hecho, contraria a su forma interna, esencial pero escondida, y al concepto que les corresponde naturalmente en el plano de la realidad económica tal como él la describe …”

miércoles, 22 de octubre de 2014

LA CRISIS DEL CAPITALISMO QUE TOCA AHORA, DAVID HARVEY

David Harvey: La crisis del capitalismo que toca ahora – Prólogo al libro “Diecisiete contradicciones y el fin del capitalismo”

David Harvey


Las crisis son esenciales para la reproducción del capitalismo y en ellas sus desequilibrios son confrontados, remodelados y reorganizados para crear una nueva versión de su núcleo dinámico.

Mucho es lo que se derriba y se deshecha para hacer sitio a lo nuevo. Los espacios que fueron productivos se convierten en eriales industriales, las viejas fábricas se derriban o se reconvierten para nuevos usos, los barrios obreros se gentrifican. En otros lugares, las pequeñas granjas y las explotaciones campesinas son desplazadas por la agricultura industrial a gran escala o por nuevas e impolutas fábricas. Los parques empresariales, los laboratorios de I+D y los centros de distribución y almacenaje al por mayor se extienden por todas partes mezclándose con las urbanizaciones periféricas conectadas por autopistas con enlaces en forma de trébol. Los centros metropolitanos compiten por la altura y el glamur de sus torres de oficinas y de sus edificios culturales icónicos, los megacentros comerciales proliferan a discreción tanto en la ciudad como en los barrios periféricos, algunos incluso con aeropuerto incorporado por el que pasan sin cesar hordas de turistas y ejecutivos en un mundo ineluctablemente cosmopolita. Los campos de golf y las urbanizaciones cerradas, que comenzaron en Estados Unidos, pueden verse ahora en China, Chile e India, en marcado contraste con los extensos asentamientos ocupados ilegalmente y autoconstruidos por sus moradores oficialmente denominados slums [áreas urbanas hiperdegradadas], favelas o barrios pobres.

Pero lo más llamativo de las crisis no es tanto la trasformación total de los espacios físicos, sino los cambios espectaculares que se producen en los modos de pensamiento y de comprensión, en las instituciones y en las ideologías dominantes, en las alianzas y en los procesos políticos, en las subjetividades políticas, en las tecnologías y las formas organizativas, en las relaciones sociales, en las costumbres y los gustos culturales que conforman la vida cotidiana. Las crisis sacuden hasta la médula nuestras concepciones mentales y nuestra posición en el mundo. Y todos nosotros, participantes inquietos y habitantes de este mundo nuevo que emerge, tenemos que adaptarnos al nuevo estado de cosas mediante la coerción o el consentimiento, aunque añadamos nuestro granito de arena al estado calamitoso del mundo a causa de lo que hacemos y de cómo pensamos y nos comportamos. En medio de una crisis es difícil prever dónde puede estar la salida. Las crisis no son acontecimientos sencillos. Aunque tengan sus detonantes evidentes, los cambios tectónicos que representan tardan muchos años en materializarse. La crisis arrastrada durante tanto tiempo que comenzó con el desplome de la bolsa de 1929, no se resolvió definitivamente hasta la década de 1950, después de que el mundo pasara por la Depresión de la década de 1930 y la guerra global de la de 1940.

De igual manera, la crisis de la que advirtió la turbulencia en los mercados de divisas internacionales en los últimos años de la década de 1960 y los acontecimientos de 1968 en las calles de muchas ciudades (de París y Chicago a Ciudad de México y Bangkok) no se solucionó hasta mediados de la década de 1980, después de haber pasado, a principios de la de 1970, por el colapso del sistema monetario internacional establecido en 1944 en Bretton Woods, por una década turbulenta de luchas laborales (la de 1970) y por el ascenso y la consolidación de las políticas del neoliberalismo bajo la égida de Reagan, Thatcher, Khol, Pinochet y finalmente Deng en China. A posteriori no es difícil detectar numerosas señales que preceden a los problemas mucho antes de que la crisis explote ante nuestros ojos y se haga pública. Por ejemplo, las crecientes desigualdades en términos de riqueza monetaria y de renta de la década de 1920 y la burbuja de los activos del mercado inmobiliario, que explotó en 1928 en Estados Unidos, presagiaban el colapso de 1929. De hecho, la forma de salir de una crisis contiene en sí misma las raíces de la siguiente crisis. La financiarización global propulsada por el hiperendeudamiento y cada vez menos regulada, que comenzó en la década de 1980 para solucionar los conflictos con los movimientos obreros, tuvo como resultado, al facilitar la movilidad y la dispersión geográficas, la caída del banco de inversiones Lehman Brothers el 15 de septiembre de 2008.

En el momento que escribo han pasado más de cinco años desde aquel acontecimiento que desencadenó los colapsos financieros en cascada posteriores. Si el pasado sirve de algo, sería necio esperar ahora indicaciones claras sobre qué aspecto tendría un capitalismo revitalizado (si es que tal cosa es posible), pero ya deberíamos contar con diagnósticos concurrentes sobre lo que está mal y con una proliferación de propuestas para enmendar las cosas. Lo que sorprende es la penuria de teorías o estrategias políticas nuevas. A grandes rasgos, el mundo está polarizado entre la continuación, como en Europa y Estados Unidos, si no la profundización, de los remedios neoliberales monetaristas y basados en las políticas del lado de la oferta, que enfatizan la austeridad como la medicina adecuada para curar nuestros males; y la recuperación de alguna versión, normalmente aguada, de una expansión keynesiana de la demanda financiada mediante el endeudamiento, como en China, que ignora la importancia que atribuía Keynes a la redistribución de la renta a las clases bajas como uno de los componentes clave de sus políticas públicas. Sea cual sea la estrategia política que se siga, el resultado favorece al club de los multimillonarios que constituye ahora una plutocracia cada vez más poderosa tanto a escala nacional como en el mundo entero (caso de Rupert Murdoch). En todas partes, los ricos se están haciendo cada vez más ricos a toda velocidad. Los cien multimillonarios más ricos del mundo (de China, Rusia, India, México e Indonesia, tanto como de los centros tradicionales de riqueza de América del Norte y Europa) añadieron 240 millardos de dólares a sus arcas solo en 2012 (suficiente, calcula Oxfam, para terminar con la pobreza mundial de un día para otro). En comparación, en el mejor de los casos, el bienestar de las masas se estanca, o más probablemente se degrada de manera acelerada o incluso catastrófica (como en Grecia y España).

Presentación del Libro
http://www.lahaine.org/

domingo, 19 de octubre de 2014

LA BOMBA, DE HOWARD ZINN

La bomba que cae sin rozarnos el alma: Reseña del libro de Howard Zinn “La bomba”

Santiago Alba Rico
Rebelión

Howard Zinn “La bomba”, publicado por la editorial Hiru, Hondarribia 2014. Traducción de Beatriz Morales Bastos


“… En este libro que la editorial Hiru tiene ahora el acierto de publicar se recogen dos pequeños ensayos o denuncias del añorado historiador estadounidense Howard Zinn, autor de la imprescindible La otra historia de los EEUU, libro de imperativa lectura para tener y aspirar a una vida normal. El primero, escrito en 1995 tras una visita a Japón en coincidencia con el 50 aniversario del bombardeo atómico, se ocupa obviamente de las bombas de Hiroshima y Nagasaki, combinando la evocación minuciosa de sus pavorosos efectos con la denuncia de la decisión misma de Truman, completamente injustificada incluso desde el punto de vista de la propia guerra y destinada al mismo tiempo a intimidar a los soviéticos, como primer gesto de la guerra fría, y a probar el poder destructivo de las nuevas bombas…”

Hace cien años, cuando Italia y España probaban por primera vez el poder letal de la nueva arma en las colonias, los bombardeos aéreos producían una mezcla de terror y de escándalo (¡pájaros que cagan muerte!), hasta el punto de que la convención de La Haya de 1927 los prohibió sin ninguna clase de oposición. Hoy una tormenta y hasta una gaviota causan más estupefacción. Mientras escribo estas líneas aviones tripulados y no tripulados arrojan bombas sobre Somalia, Yemen, Siria, Iraq, el kurdistán turco, Afganistán, Gaza, Ucrania, en una rutina aceptada por todos con una naturalidad que contrasta con la sobrehumanidad del procedimiento. El bombardeo desde el aire, en efecto, al contrario que la ferocidad cara a cara, introduce de entrada una desigualdad, una desproporción ontológica entre el agresor y su víctima que ignora incluso la existencia de los cuerpos. Esta desproporción suspende de hecho todos los principios del derecho, pues la ejecución es siempre sumaria y sin previas diligencias, y además impide la representación emocional de los daños. Excluye de la humanidad al mismo tiempo a la víctima, que es desde el principio sólo el residuo de una operación decidida sobre un mapa, y excluye de la humanidad también al agresor, que desde su olímpica, purísima altura es incapaz de imaginar los efectos de su acción. El bombardeo aéreo, digámoslo así, es incompatible con el derecho y con la antropología humana y, cada vez que cae una bomba desde el aire, se interrumpe el proceso de la evolución y se establece en el mundo un orden ante-civilizado y post-humano.

Como sabemos el colofón no superado de este modelo, paradigma y tentación siempre presentes, fueron las dos bombas atómicas que el gobierno de los EEUU encabezado por Truman dejó caer en agosto de 1945, cuando ya habían vencido la guerra, sobre las ciudades japonesas de Hiroshima y Nagasaki, donde en pocos minutos murieron respectivamente 140.000 y 70.000 personas. Aparte la factualidad tecnológica, que impone sus “progresos” al margen de la política, la naturalización del bombardeo tiene que ver paradójicamente con los conocidos Juicios de Nuremberg (1945-1946), en los que los aliados, muy firmes con los crímenes del nazismo, fueron muy tolerantes con los suyos propios, entre los cuales se incluían, por ejemplo, los bombardeos de Dresde o Tokio y, desde luego, el uso del armamento nuclear contra las ciudades japonesas. Desde entonces los campos de concentración están prohibidos, los bombardeos aéreos no. El acta fundacional del derecho internacional (y de la propia ONU) tras la segunda guerra mundial entraña esta paradoja: prohibición de la guerra, aceptación natural del lanzamiento de bombas desde aviones y drones. Los aviones vuelan tan alto que ninguna norma terrestre les atañe.
.

En este libro que la editorial Hiru tiene ahora el acierto de publicar se recogen dos pequeños ensayos o denuncias del añorado historiador estadounidense Howard Zinn, autor de la imprescindible La otra historia de los EEUU, libro de imperativa lectura para tener y aspirar a una vida normal. El primero, escrito en 1995 tras una visita a Japón en coincidencia con el 50 aniversario del bombardeo atómico, se ocupa obviamente de las bombas de Hiroshima y Nagasaki, combinando la evocación minuciosa de sus pavorosos efectos con la denuncia de la decisión misma de Truman, completamente injustificada incluso desde el punto de vista de la propia guerra y destinada al mismo tiempo a intimidar a los soviéticos, como primer gesto de la guerra fría, y a probar el poder destructivo de las nuevas bombas. Zinn habla como historiador, pero también como piloto de bombardeo durante la segunda guerra mundial, entusiasta defensor de la causa de la democracia que descubrió de pronto la hipocresía y la criminalidad de su gobierno y la fragilidad moral de sus motivos y sus acciones. Y que advierte, por eso, contra los peligros de las “buenas causas”: “Pero es precisamente esta situación (en la que el enemigo es indiscutiblemente malo)”, escribe, “la que provoca una rectitud peligrosa no solo para el enemigo sino para nosotros mismos, para innumerables personas inocentes y para las generaciones futuras. Podíamos juzgar al enemigo con cierta claridad, pero no a nosotros mismos. De haberlo hecho podríamos haber observado algunos hechos que enturbiaran la valoración simplista de que, como ellos eran indudablemente malos, nosotros éramos indudablemente buenos”. Entre otras cosas -recuerda Zinn- la política oficial de los EEUU, mientras entraba en guerra con Hitler, era también ferozmente racista. La Europa colonial, y la norteamérica xenófoba, no eran buenas, por mucho que el nazismo fuera objetivamente malo. Aún más, la dinámica misma de la guerra, y la consecución de la victoria, acabaron por borrar todas las diferencias morales entre los contendientes, y ello a costa, como siempre, de los civiles. “Ya no se distinguía a Hitler, Mussolini, Tojo y a sus generales”, escribe Zinn, “de los civiles alemanes o de los niños japoneses. El general de las fuerzas aéreas estadounidenses Curtis LeMay (el mismo que afirmó durante la Guerra de Vietnam: “Los bombardearemos hasta hacerlos retroceder a la Edad de Piedra”) afirmó: “No existe eso que se denomina civil inocente”.

El segundo ensayo o denuncia (escrito en los años sesenta) tiene un interés particular, pues narra un episodio de la segunda guerra mundial poco conocido en el que el propio Zinn intervino directamente: la doble destrucción de la pequeña ciudad francesa de Royan, junto a Burdeos, en enero y abril de 1945. Fue de hecho su participación en esta última operación la que, años después, en 1966, llevó al historiador a regresar al lugar de los hechos e investigar lo ocurrido. Completamente gratuita -resultado de una convergencia de factores todos ellos injustificables desde un punto de vista militar- esta doble operación sirvió, entre otras cosas, para probar por primera vez el napalm (llamado entonces “gasolina gelatinosa”). Cuando Zinn se acerca a las razones del bombardeo, que causó la muerte de cientos de civiles franceses, descubre una constelación articulada de una banalidad maravillosa, irresistible e ignominiosa: “En la destrucción de Royan se puede ver esa infinita cadena de causas, esa infinita dispersión de responsabilidad que puede dar un trabajo infinito a la erudición histórica y a la especulación sociológica, y provocar una parálisis de la voluntad infinitamente placentera. ¡Qué complejidad de motivos! En el Mando Supremo Aliado, el simple impulso de la guerra, la fuerza de compromisos y preparativos anteriores, la necesidad de completar el círculo, de acumular la mayor cantidad de victorias. En el ejército local, las ambiciones, mezquinas y grandes, el tirón de la gloria, la ardiente necesidad entre soldados de todo rango de participar en una gran campaña común. Por parte de las fuerzas aéreas estadounidenses, las ganas de probar una arma recién creada (Paul Métadier escribió: “En efecto, por encima de todo la operación se caracterizó por arrojar las nuevas bombas incendiarias que les acababa de suministrar la Fuerza Aérea. Según las memorables palabras de un general: ‘¡Eran maravillosas!’”). Y entre todos los participantes, de alto y bajo rango, franceses y estadounidenses, el motivo más poderoso de todos: la costumbre de la obediencia, la enseñanza universal de todas las culturas, no salirse de la línea, no pensar siquiera en lo que no se ha ordenado pensar, el motivo negativo de no tener ni una razón para interceder ni voluntad de hacerlo”. Esa es la conclusión que a Howard Zinn le interesa subrayar, la de que en realidad los actos de destrucción más abominables de la historia no tienen que ver con presuntos “fines superiores” discutibles o con intereses grandes y mezquinos (y menos con locas maldades belicosas) sino con inercias tecnológicas, pasiones inmediatas y pasividades rutinarias.

La bomba banal, la bomba que cae como un fruto maduro, la bomba aceptada, fácil, hermosa, la bomba luminosa, la bomba eterna que, una vez inventada, nadie parece capaz de devolver a su huevo, esa bomba -la de Hiroshima y la de Royan- sigue sembrando de cuerpos superfluos (cadáveres que ya lo eran antes de nacer) las tierras del mundo; sobre todo, claro, las tierras del mundo no occidental. ¿No se puede evitar? ¿No podemos al menos espantarnos? Conviene no olvidar las palabras con las que Howard Zinn, el gran historiador de los pueblos, cierra el primer ensayo que aquí reseñamos: “Podemos rechazar la creencia de que las vidas de los demás son menos valiosas que las vidas de los estadounidenses, que un niño japonés, un niño iraquí o un niño afgano es menos valioso que un niño estadounidense. Podemos negarnos a aceptar la idea, que es una justificación universal de la guerra, de que los medios de la violencia masiva son aceptables para “buenos fines” porque, aunque seamos lentos en aprender, ahora deberíamos saber que siempre es seguro el horror de los medios y la bondad del fin siempre es insegura”. Ahora deberíamos saberlo. Si no lo sabemos es porque no estamos cumpliendo con nuestro deber.

http://www.rebelion.org/

jueves, 16 de octubre de 2014

CIEN AÑOS DE IMPUNIDAD DEL MAGNICIDIO DE RAFAEL URIBE URIBE

100 años de impunidad

Magnicidio de Rafael Uribe Uribe

por Jorge Consuegra


¿Debimos esperar cien años para saber una extraña verdad sobre el asesinato de Rafael Uribe Uribe? Es absurdo, insólito, pero así ha sido. Si bien es cierto que desde el mismo momento del asesinato, el 15 de octubre de 1914 la sabiduría popular conocía quién estaba detrás del complot, y hubo la denuncia pública de estos maquinadores, como lo hizo el valiente periodista Marco Tulio Anzola Samper, la historia nacional se ha encargado de silenciar este terrible hecho. Ha sido demasiado densa la cortina de humo que tejida en torno al primer magnicidio que hubo en el siglo XX, el del general Uribe Uribe. Un magnicidio, que debido a la impunidad que sobrevino, dio paso a muchos más en el resto del siglo.

En esta borrasca formidable, la nueva novela de Philip Potdevin, pone fin a cien años de mutismo e impunidad. A veces es necesario llegar a la verdad histórica a través de la verdad literaria. La historia colombiana deberá ser revisada a partir de obras como ésta.

Esta novela se presenta en Bogotá este miércoles 15 de octubre, en el Centro de Memoria, Paz y Reconciliación, a las 6 p.m. Carrera 19B No. 24-86. El comentario del libro estará a cargo del escritor manizaleño Octavio Escobar Giraldo.

1. ¿Cómo nació la idea para escribir En esta borrasca formidable?

Por los años 2004-2005 estaba cursando una maestría en Historia en la Universidad Javeriana, y al escoger un tema para la tesis de grado encontré uno que me llamó la atención poderosamente. En 1920 se dio en Bogotá un resonado debate entre intelectuales y científicos de la época. De una parte, estaban dos médicos conservadores y de extrema derecha, Miguel Jiménez López y Luis López de Mesa, ambos convencidos de que la raza colombiana estaba degenerada, y para demostrarlo recogieron una cantidad de estadísticas sobre la salud física, mental y hasta espiritual de los colombianos. El objetivo de aventurar semejante hipótesis no era otro que el de presentar un proyecto de ley en el congreso, del cual Jiménez López era senador, para que el gobierno impulsara la inmigración europea. Es decir, lo que pretendían era blanquear la raza a través de las tesis eugenésicas que hacía cincuenta años habían sido acogidas en el sur del continente. A esta tesis se opusieron intelectuales y médicos liberales como Lucas Caballero, Jorge Bejarano, Calixto Torres y Simon Araujo, todos hombres de gran prestigio en la época. Para estos, la solución no estaba en la inmigración masiva de europeos blancos sino en la higienización y educación de nuestros pueblos, en erradicar el vicio del chichismo y en dotar a las ciudades de agua potable y de sistemas de alcantarillado y de salud pública. Mi proyecto de tesis quedó en algún momento en suspenso y después de unos meses de quietud, este evolucionó en la idea de hacer una novela, dado el tema tan insólito (pero a la vez tan serio) que rodeó el debate.

2. ¿Qué te impulsó a construir esta "borrasca".

Ya con la idea de hacer una novela que partiera del hecho cierto del debate, había que dotarla de un universo narrativo, de personajes de novela y que se saliera del ámbito puramente histórico. Apareció entonces un personaje maravilloso, que se llama isidoro Amorocho, un joven deforme, descaderado y giboso que llega a la capital con una erudición y un conocimiento que deja perplejos a todos, en especial a los intelectuales. Isidoro, que se ha formado en un seminario antioqueño, de Santa Rosa de Osos, viene a retar a la academia bogotana en su propio terreno: el conocimiento universal. Pero el hecho de que su cuerpo sea deforme, degenerado, pone en grave riesgo la tesis de los médicos conservadores que defienden la hipótesis de una raza degenerada. Surge un complot entonces contra el propio Isidoro y en él se involucran las más altas esferas de la sociedad de la época, tanto las jerarquías eclesiásticas como las gubernamentales. De ese punto surgió el vínculo con la otra línea narrativa de la novela: la del atentado contra en general Uribe Uribe. En una serie de conversaciones que tuve con un gran amigo, uno de los más reputados historiadores y periodistas de la actualidad, él me puso sobre la pista de quiénes eran los verdaderos autores intelectuales del asesinato de Uribe Uribe. Apareció así una maravillosa oportunidad para incorporar en la novela este trascendental episodio histórico y develar, de una vez por todas, el misterio que ha rodeado su asesinato en los últimos cien años.

3. ¿Debimos esperar cien años para saber una extraña verdad sobre el asesinato de Uribe Uribe?

Es absurdo, insólito, pero así ha sido. Si bien es cierto que desde el mismo momento del asesinato, el 15 de octubre de 1914 la sabiduría popular conocía quién estaba detrás del complot, y hubo la denuncia publica de estos maquinadores, en especial a través del libro Quienes fueron: los verdaderos asesinos del General Uribe Uribe, del periodista Marco Tulio Anzola Samper, que devela casi en su integridad la patraña del complot, (libro publicado en 1917 y que hoy día está disponible para el publico en la Biblioteca Virtual el Banco de la República), la historia nacional se ha encargado de silenciar este terrible hecho. Ha sido demasiada densa la cortina de humo que se ha tejido en torno al primer magnicidio que hubo en el siglo XX, el del general Uribe Uribe. Un magnicidio, que dada su impunidad dio paso a muchos más en el resto del siglo.

4. ¿Galarza y Carvajal fueron apenas instrumentos de los autores intelectuales que, como siempre, quedaron en la oscuridad?

Si, Galarza Y Carvajal no eran más que dos sicarios pagados y mantenidos a cuerpo de rey dentro del Panóptico para comprar su silencio hasta el final de sus días. En la novela se parte de la investigación hecha por Anzola Samper y luego se avanza por otros medios para revelar todos los personajes que estaban detrás de Galarfza y Carvajal: entre ellos, el director de la Policia Nacional, el general Salomón Correal, el general conservador Pedro León Acosta, quien también estuvo involucrado en el atentado de Barro Colorado contra el general Rafael Reyes y su hija en 1906, los jesuitas e incluso más allá, más arriba, hasta llegar al vértice del complot, la persona más influyente y poderosa de la hegemonía conservadora, enemigo personal de Uribe Uribe y quien era la única persona en el país que podía echar a andar el complot.

5. El asesinato ocurrió en plena hegemonia conservadora. ¿Algo tuvieron que ver esos años aciagos del respectivo partido?

Si, por supuesto. La hegemonía conservadora y su gran aliado, la Iglesia Católica. Los conservadores habían llegado al poder durante la Regeneración de Nuñez, después de haber sido vencidos durante los gobiernos liberales de 1850 a 1880 bajo el liderazgo de grandes liberales como Tomás Cipriano de Mosquera, Aquileo Parra y Manuel Muriilo Toro. Al llegar Nuñez al poder y "voltearse" para el lado conservador, produce dos acontecimientos significativos: la entrega del poder a los conservadores y la restitución a la Iglesia todas la prebendas que había perdido entre los años 1850 y 1880, época en que las comunidades religiosas habían sido expropiadas y expulsadas del país. Para la década iniciada en 1910, ya la República Conservadora llevaba casi 30 años en el poder y los conservadores y los curas, junto con las comunidades eclesiásticas, no tenían la menor intención de aflojar ese dominio. Los liberales habían sido derrotados en la Guerra de los Mil Días, y habían sido apaciguados desde entonces con dádivas diplomáticas y pequeñas cuotas burocráticas en el gobierno. Entre los líderes liberales sólo había uno que tenía el carácter, el liderazgo, la capacidad y la decisión de restituir al Partido Liberal al poder y este era Rafael Uribe Uribe. En él convergían una serie de condiciones muy peculiares: masón, socialista, anticlerical, pro-sindicalista, y de avanzadas ideas liberales. Cada una de estas condiciones era de por si una amenaza suficiente tanto para el conservatismo como para la Iglesía, en especial para esta última que tenía el gran temor de ver llegar a Uribe Uribe al poder y ser víctima de nuevo de los hechos ocurridos en el pasado que ponían en peligro su permanencia en el país, la defensa de sus instituciones, así como sus bienes y privilegios. Por ello, Uribe Uribe era un enemigo a muerte de la hegemonía conservadora-católica. Había que hacerlo un lado, pero de manera definitiva.

6. ¿Qué razones esgrimieron los asesinos para acabar con la vida del caudillo?

Galarza y Carvajal se mantuvieron fieles a un móvil único. Dijeron que ellos eran liberales (lo cual era falso, en realidad eran agentes del gobierno conservador desde la época de la Guerra de los Mil Días y que Uribe Uribe se las había "volteado", con la elección de José Vicente Concha a mediados de 1914, y que ahora Uribe Uribe, en el gobierno, tenía una gran influencia en el Ministerio de Obras, y era quien había dado la orden de no dar trabajo a los liberales que no fuera de su facción, llamada "el bloque"; y que por tal motivo los dos, Galarza y Carvajal había perdido sus contratos con el ministerio para realizar obras de carpintería; y que por esa razón lo habían matado pues estaban pasando hambre.

7. ¿Qué fue lo más complicado en el proceso de investigación de la "borrasca"?

Todo trabajo de investigación histórica es un desafío. El trabajo de archivo hace al historiador y al novelista humilde, pues se ve enfrentado a múltiples fuentes, primarias y secundarias y debe encontrar, no sólo lo dicho, lo oculto y lo olvidado, sino lo no dicho, lo que ha sido ignorado, tergiversado o soslayado a propósito o con una segunda intención. Por eso el historiador inglés Hobsbawm afirma una verdad de a puño: "La historia no es lo preservado por la memoria popular, sino lo que ha sido seleccionado, escrito, trazado, popularizado e institucionalizado por aquellos que tienen finalmente la función de hacerlo." En mi doble función de historiador y novelista llegué a muchos callejones sin salida, en donde sencillamente no existen las fuentes primarias para llegar a la verdad con la claridad y la trasparencia que uno quisiera. Por ello, entonces debí cruzar hipótesis, ir más atrás en la historia de los hechos y entender las raíces y las causas de los odios y los temores que han acompañado a nuestra nación durante su historia, para entender de qué manera los líderes actuaron y cuáles fueron sus móviles y propósitos. Otra parte difícil, pero no por ello menos amena, fue el proceso de documentación de la vida y detalles de la Bogotá de 1920: los sitios de encuentro como los cafés, los clubes, los salones de los hoteles, los personajes que poblaban las tertulias, el trazado de la ciudad en esa época, los sistemas de transporte; todo fue un largo proceso de documentación que permitió situar la novela en un espacio y en un tiempo verosímil y muy exacto a la vez.

8. ¿Qué tiempo invertiste en la recopilación de datos, la redacción, revisión y finalmente la publicación?

Nueve años, desde el 2005 hasta unas pocas semanas antes de la publicación, en este mes de octubre del 2014, cuando se conmemora el centenario del asesinato del general Uribe Uribe.

9. La "borrasca" trata de decirle a la Historia que duró cien años en una cotinua equivocación?

Sí, exactamente. La borrasca esa esa tempestad de hechos, en los que nos hemos visto envueltos los colombianos desde hace mucho tiempo y que nosotros, por estar metidos en medio de ella, podemos perder la perspectiva de qué es lo que en realidad ha estado sucediendo, quiénes son los verdaderos protagonistas y autores de muchos hechos que suelen quedar apenas en la superficie. O si no, pregunto: de todos los magnicidios que ocurrieron en el siglo veinte, y del cual el de Uribe Uribe fue el primero, cuántos han sido esclarecidos de manera total y completa? ¿Gaitán, Galán, Pizarro, Pardo Leal, Jaramillo Ossa, Gómez Hurtado...? ¡Ninguno!

10. ¿Este es un libro únicamente para historiadores o para todos los colombianos que continúan con los de seguir conociendo la verdad de la historia?

No, no es un libro para historiadores Es un libro para el lector común, para el lector de novelas que le gustan las historias vertiginosas, las historias con muchos personajes, para el lector que en realidad no le interesa saber cuál es la delgada línea entre ficción e historia, sino que quiere saber qué va a pasar en el siguiente capítulo, que le interesa la historia contada, narrada, como una estructura de suspenso, de tensión, de intriga, de curiosidad, de buena factura creativa y literaria. Por supuesto que el lector con conocimientos de la historia se verá seducido, seguramente, con la precisión histórica; y, a este siempre le quedará flotando la duda de en qué momento el narrador hace uso de su prerrogativa creativa para traspasar esa, repito, delgada linea entre ficción y realidad. Lo que no debe quedar duda, es que la novela, pone los puntos sobre las íes del secreto mejor guardado de la historia nacional de los últimos cien años: el autor intelectual del complot contra Uribe Uribe.

11. ¿Estás preparando un libro similiar para no perder la memoria tan frágil que tenemos?

Si, ya está en cocina otro libro, sobre otros hechos históricos de nuestro país. Esta vez, unos acontecimientos sucedidos en Cali en 1932. Un crimen pasional que sacudió los estamentos de la sociedad vallecaucana y que luego tuvo un juicio de trascendencia nacional, pues el defensor del acusado, no era otro que Jorge Eliécer Gaitán, uno de los más famosos penalistas de lá época y que gracias a sus habilidades como abogado y orador logró sacar a su defendido libre de toda imputación.

Con mucho gusto.

Philip

http://www.desdeabajo.info/colombia/item/25049-100-anos-de-impunidad.html

 
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