Juventudes en la escena política mundial
Foto Roberto García Ortiz / Archivo
Mario Patrón
Jornada.com.mx/29 de octubre de 2026
Uno de los lugares comunes de las conversaciones entre los adultos es que las juventudes de nuestra época son apáticas, enajenadas de lo público e indiferentes ante las grandes contradicciones sociales que caracterizan nuestra realidad histórica. Expuestas a innumerables estímulos digitales mayoritariamente orientados a activar sus decisiones de consumo, es cierto que las juventudes actuales guardan características generacionales distintas de las de otros momentos de la historia. Sin embargo, esa caracterización parece no hacer justicia al talante de las juventudes de hoy, la reciente coyuntura global nos demuestra que están dispuestos a reivindicar un papel protagónico en la escena política.
Este mes, las juventudes han tomado las calles en prácticamente todas las regiones del mundo. Comenzando por Europa, se han movilizado en Francia, Portugal, Italia y Grecia en protesta por las deficiencias gubernamentales y en especial por las reducciones presupuestales a la educación pública. En Madrid se manifestaron en favor del acceso universal a la vivienda; en Albania contra un megaproyecto turístico y en Serbia contra la corrupción del gobierno. En todas las movilizaciones estuvieron presentes otras inconformidades como el encarecimiento de la vida, la turistificación y la falta de legitimidad democrática de los gobiernos. Destaca el caso de Serbia, donde las marchas fueron pieza clave para la derrota electoral del oficialismo que permitirá la alternancia política.
Argentina también fue recientemente escenario de movilizaciones estudiantiles por los recortes presupuestarios a la educación; en Chile las juventudes igualmente salieron a las calles para conmemorar el estallido social de 2019 y en Brasil fueron un actor importante en la contienda electoral que provocó la derrota de la ultraderecha. Asimismo, Indonesia, Tailandia, India e Israel han sido epicentro de protestas de diversa índole por motivos electorales, ambientales y políticos. En nuestro país, desde luego no podemos olvidar las marchas recientes en Guadalajara por el derecho al agua, en las que la participación de las juventudes y estudiantes fue clave.
Este recuento de casos alrededor del mundo parece hacer insostenible la caracterización de apatía que se ha atribuído a las juventudes actuales y nos invita a analizar sus expectativas y preocupaciones. De ese modo podremos dar su justo valor a herramientas impulsadas que se han traducido en formatos nuevos de activismo digital y la creación de contenido político en favor de los derechos humanos o de la responsabilidad medioambiental y que han contribuido a la construcción de conciencia colectiva. Es cierto, sin embargo, que el activismo digital no puede sustituir la imprescindible labor política de poner el cuerpo en las manifestaciones callejeras y en la construcción y consolidación de redes comunitarias en los barrios, calles y vecindades.
De cualquier modo, lo que las recientes manifestaciones demuestran es que las juventudes no son ajenas a lo público. Sus condiciones particulares de transición hacia una vida en autonomía las enfrentan con las contradicciones sociales y económicas del sistema global que las mantiene en condiciones de vida cada vez más precarizada y con menores expectativas de futuros promisorios. Esto, además, en un marco generalizado de incertidumbre frente a la crisis de cambio climático, los conflictos geopolíticos internacionales, los precarios equilibrios macroeconómicos y las violencias.
Ante este contexto global, en los meses recientes las juventudes no sólo han puesto en entredicho su supuesta pasividad política, sino que han demostrado tener un poder movilizador de gran magnitud. En tiempos donde las democracias y sus instituciones se encuentran en crisis de legitimidad, y los nuevos conservadurismos han sido bien recibidos entre sectores jóvenes, las manifestaciones recientes nos recuerdan que las juventudes son diversas en identidad e intereses, pero capaces de comprometerse con la justicia, la democracia, el cuidado de la casa común y la exigibilidad de los derechos humanos. El reto será que estas expresiones de inconformidad política y exigencia social puedan ser sostenidas y traducidas en agendas sustantivas de fortalecimiento democrático.
Las juventudes son un pilar imprescindible para nuestras democracias y han sido actores clave en la exigibilidad y materialización de los derechos humanos a lo largo de nuestra historia. Las recientes expresiones de su capacidad movilizadora son síntoma de su hartazgo con un sistema político y económico que les ha fallado, pero también son signo de creatividad y esperanza para sociedades a las que les han erosionado sus expectativas de futuro. Por fortuna, las juventudes nos recuerdan que el guion no está escrito, que hay un futuro por disputar y construir.
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Sirva esta coyuntura para conmemorar el 38 aniversario del Centro de Derechos Humanos Miguel Agustín Pro Juárez, cuyo arduo trabajo en favor de la verdad y la justicia en México no puede explicarse sin el compromiso de tantas y tantos jóvenes que han colaborado en sus filas en estas casi cuatro décadas de historia.
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