Descubren que un fármaco antiobesidad, más allá de ayudar a bajar peso, es capaz de mejorar el metabolismo
El medicamento aprobado para tratar la obesidad y la diabetes de tipo 2 estimula un tipo de grasa especializada en «quemar» calorías
En la obesidad intervienen más factores que la mala alimentación o el sedentarismoDREAMSTIMELA RAZÓN
María Bariego
larazon.es/Madrid/24.02.2026
Mejorar el metabolismo es crucial para regular la velocidad con la que el cuerpo quema calorías, produce energía y gestiona nutrientes. Un metabolismo eficiente facilita mantener un peso saludable y aumenta los niveles de energía. Pero si perder peso es difícil, mejorar el metabolismo no se queda precisamente atrás.
Pues bien, un estudio elaborado en ratones liderado por Marion Peyrou, investigadora Ramón y Cajal de la Facultad de Biología y el Instituto de Biomedicina de la Universidad de Barcelona (IBUB), el Instituto de Investigación Sant Joan de Déu (IRSJD) y el Ciber de Fisiopatología de la Obesidad y Nutrición (CiberOBN), ha descubierto que un fármaco utilizado para ayudar a bajar de peso también mejora el metabolismo.
El medicamento en cuestión es la tirzepatida, un fármaco aprobado para tratar la obesidad y la diabetes de tipo 2 y que en los últimos años ha revolucionado el tratamiento de la obesidad y otras patologías como la diabetes.
Activa el tejido adiposo marrón
A pesar de su éxito clínico, todavía no se sabe con precisión cómo actúa a escala molecular y celular. Un estudio con ratones muestra que el fármaco tiene un impacto directo en la mejora del metabolismo gracias a la activación del tejido adiposo marrón, un tipo de grasa especializada en el gasto energético.
Según los investigadores, estos resultados ayudan a comprender mejor los mecanismos de acción de la tirzepatida y abren nuevas vías para desarrollar tratamientos más integrales contra la obesidad y otras enfermedades metabólicas.
La tirzepatida (nombre genérico del fármaco Mounjaro) es un producto aprobado para el control de peso en adultos con obesidad, o sobrepeso con comorbilidades, y también para el tratamiento de la diabetes mellitus de tipo 2 mal controlada.
A diferencia de otros fármacos antiobesidad, actúa simultáneamente sobre los receptores de dos factores hormonales: el GIP y el GLP-1. Esta doble acción conduce a una significativa pérdida de peso corporal, principalmente a través de la reducción de la ingesta de alimentos.
Para entender mejor cómo actúa la tirzepatida, los investigadores han realizado un análisis exhaustivo de los efectos del fármaco en diferentes depósitos de tejido adiposo utilizando un modelo experimental de ratón, ya que este tipo de análisis no es viable en humanos. En primer lugar, han tratado ratones obesos -alimentados con una dieta rica en grasas- con tirzepatida.
Los resultados se compararon con los de un grupo de ratones que no habían recibido el medicamento, pero que habían consumido exactamente la misma cantidad de alimento. Esta comparación ha permitido separar los efectos propios del fármaco de los derivados únicamente de la reducción de la ingesta de alimentos.
Los resultados del análisis muestran que la tirzepatida activa el tejido adiposo marrón, es decir, estimula un tipo de grasa especializada en «quemar» calorías procedentes de los alimentos, a diferencia del tejido adiposo blanco, que principalmente almacena grasa y es el que se acumula en la obesidad.
«Esta activación se asocia con una mayor capacidad de quemar energía metabólica y con la producción de batocinas por parte del tejido adiposo marrón, moléculas beneficiosas para el metabolismo», explica Marion Peyrou en un comunicado de la Universidad de Barcelona.
Este hallazgo es relevante porque indica que la tirzepatida tiene efectos metabólicos más allá del adelgazamiento que provoca a consecuencia de reducir el apetito y, por tanto, la ingesta alimentaria.
«Este medicamento no solo disminuye el peso corporal, sino que también tiene efectos beneficiosos en el metabolismo. El tejido adiposo marrón activo “quema” glucosa y grasas dentro del organismo, lo que contribuiría a su efecto positivo no solo en la reducción del peso corporal, sino también en la disminución de los niveles de glucosa y grasas en sangre, y mejoraría el metabolismo», destaca la investigadora.
Hacia un tratamiento más integral de la obesidad
La activación del tejido adiposo marrón ha sido durante años una estrategia prometedora para combatir la obesidad y otras alteraciones metabólicas, pero hasta ahora los intentos farmacológicos habían fracasado, a menudo debido a efectos secundarios adversos, especialmente a nivel cardíaco.
«La tirzepatida, aunque activa el tejido adiposo marrón, no presenta estos efectos negativos; por el contrario, muestra beneficios cardiovasculares. Si nuestros hallazgos se confirman en humanos, se reforzaría la importancia de desarrollar estrategias terapéuticas que no solo reduzcan la ingesta de alimentos, sino que también incrementen el gasto energético y la activación de la grasa marrón», explica la investigadora.
Este planteamiento consolida la idea de que los tratamientos contra la obesidad son más eficaces cuando actúan simultáneamente sobre distintos mecanismos fisiológicos, ofreciendo así una aproximación más integral. «Esto podría contribuir a mejorar el control del sobrepeso y a reducir alteraciones asociadas, como la diabetes de tipo 2 y otros trastornos metabólicos», añade.
Al mismo tiempo, comprender de forma más precisa los mecanismos de acción de la tirzepatida también podría contribuir a refinar la forma en que se prescriben este tipo de fármacos en el futuro. «Identificar qué perfiles de pacientes podrían obtener un mayor beneficio, por ejemplo aquellos con un gasto energético más comprometido, abriría la puerta a una medicina más personalizada, basada no solo en el control del apetito o del peso, sino también en el estado metabólico global», subraya.
Sin embargo, los investigadores destacan que todavía se necesitan más estudios para poder extrapolar los resultados de esta investigación a los humanos. «Al tratarse de un estudio realizado con ratones, hay que ser cautelosos, ya que puede haber diferencias importantes entre especies en la regulación del metabolismo, la distribución del tejido adiposo y la respuesta a los fármacos. Por eso, todavía se necesita más evidencia clínica de la acción de estos fármacos sobre la grasa en los humanos», concluye Peyrou.
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