Entre Groenlandia, Ucrania y el rearme pactado en la OTAN, Europa enfrenta un desgaste geopolítico que diseñó tras 1945 y que hoy ya no controla
Por: David González M.
revistaraya.com/23 Febrero 2026
RAYA aborda un cambio histórico en el orden internacional, con las perspectivas del jurista y escritor británico Philippe Sands y de la diputada Zarah Sultana, figura clave del nuevo New Left Party de Inglaterra.
“He dado algunas conferencias sobre esto en las últimas semanas: el derecho internacional continuará. El derecho internacional es el único lenguaje que todos tenemos en común”, dice a RAYA Philippe Sands, un londinense que ha participado en casos emblemáticos, como el que terminó con la condena al dictador chileno Pinochet ante tribunales de la Corte Penal Internacional y el Tribunal Europeo de Derechos Humanos.
Sands, además, intervino en casos como la invasión estadounidense a Irak y los genocidios en Yugoslavia y Ruanda. «El derecho internacional no desaparecerá. La pregunta es: ¿cuáles serán las nuevas reglas?», explica ante la pregunta de qué pasó con las instituciones internacionales ante las amenazas de Trump a Groenlandia, la guerra en Ucrania o el genocidio en Gaza.
En sus libros galardonados, como Calle Londres 38, que expone las relaciones del nazismo y el régimen de Pinochet, ha insistido en mostrar la necesidad de un derecho que articule garantías entre todas las naciones. Un discurso que hoy se empieza a tensionar desde Europa: con la tragedia en Gaza y las presiones de Washington sobre Groenlandia —territorio colonial de Dinamarca, entre el Atlántico y el Ártico—.
“Es un momento terrible, pero no es la primera vez que estamos aquí. Vuelva al mundo de los años 30. El mundo estaba en un estado de colapso y desastre”, explica el británico, y recuerda que, luego de Hitler, el mundo decía el mismo discurso, pero tuvo que reunirse y pactar nuevas reglas.
Algo que América Latina ha venido pidiendo desde hace décadas, tras la invasión de Estados Unidos a Panamá o la complicidad con la imposición de dictaduras durante el Plan Cóndor en los setenta y ochenta. Incluso con operaciones y amenazas recurrentes de intervención, sanciones y tutelaje sobre gobiernos que Washington considera adversarios, Europa poco respondió ante esos golpes, que también se han visto en Asia Occidental o son constantes en el norte de África o más al sur.
“Acabo de llegar de un juicio de tres semanas en La Haya sobre presuntas acusaciones de genocidio en Myanmar en relación con la comunidad rohinyá. Yo era el abogado de Gambia, argumentamos ante un panel de 15 jueces internacionales que Myanmar había violado la Convención para la Prevención y la Sanción del Delito de Genocidio. Esto es derecho internacional en acción. La Haya no va a desaparecer”, explica el jurista.
Ya en la última cumbre de los BRICS, ante las tensiones mundiales y las amenazas de ruptura del orden internacional, el presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, pidió un nuevo sistema de gobernanza global, crítica a la que se sumaron varios mandatarios latinoamericanos, entre ellos el presidente Gustavo Petro.
Sands va en esa línea: «El orden jurídico e institucional creado en 1945 reflejaba las estructuras de poder de 1945. Eso ha cambiado. Han surgido nuevos países y hay países que no son tan poderosos como lo eran en 1945», responde, y pone como ejemplo la llegada a la mesa protagónica de países como India, Brasil y Sudáfrica. «Estos son países que tienen mucho más peso internacional hoy».
«Tal como sucede en el orden jurídico interno. Es lo mismo. Cuando hay un cambio de estructura a nivel interno, las reglas cambian. Y es lo mismo a nivel internacional», explica a RAYA.
Zarah Sultana, una figura de la nueva izquierda europea que no ha tenido dudas en llamar genocidio a lo sucedido en Gaza, fue incluso más allá: «Creo que Europa se ha dado cuenta de que el imperialismo estadounidense eventualmente alcanzará las fronteras europeas si no es desafiado».
Sus críticas también apuntaron a la política exterior europea y pusieron como ejemplo a Gran Bretaña: «Han sido cómplices de lo que ha sucedido en América Latina, ya sea negándose a condenar hechos graves en la región, como el secuestro del presidente Maduro, ya sea no cuestionando la doctrina Monroe de Donald Trump, ya sea continuando vendiendo armas a regímenes autocráticos».
Y dice que un nuevo orden mundial debe partir de la conciencia crítica de lo que hoy es Europa, donde hay gobiernos más interesados en lucrarse de «las economías de la muerte antes que apoyar movimientos progresistas, partidos políticos soberanos o sindicatos de todo el mundo», argumenta. Para ella era cuestión de tiempo que el imperialismo estadounidense rebasara las fronteras de Europa. «Ahora sí los líderes europeos están alzando la voz».
Aunque todavía tímidamente. Y a veces como réplica en voz baja de los discursos desesperados de sus aliados tradicionales. Así ocurrió con las palabras del primer ministro canadiense en el pasado Foro Económico Mundial de Davos. Desde allí, el conservador advirtió a sus socios: «Las potencias medias deben actuar juntas porque, si no estamos en la mesa, estamos en el menú».
Ya en la cumbre de la OTAN en junio de 2025, Trump había logrado torcer el brazo de sus aliados históricos tras pedir mayores inversiones en armas, lo que obligaba a elevar el gasto militar nacional europeo en la ruta hacia el 5 % del PIB para 2035, según los textos oficiales de la Alianza. Los acuerdos, ampliamente difundidos, llevaban a los países europeos a comprar armamento estadounidense por un valor de 600.000 millones de euros.
Entonces, Mark Rutte, secretario general de la OTAN, dijo que los europeos gastarían cuatro veces más que Estados Unidos en la compra de armas. Para países como España, esa exigencia y ese salto al 5% representan una transformación estructural de la economía nacional en detrimento del gasto social que hoy mantiene la infraestructura de sus Estados de bienestar.
Pero la fragilidad de la soberanía europea no solo se evidencia en la compra de armas, sino en la de energía. Tras la invasión de Rusia a Ucrania y el sabotaje del Nord Stream, que llevaba gas barato de Moscú a Berlín, Europa terminó comprando a las empresas estadounidenses y pagando hasta cuatro veces más por el gas natural licuado.
Estos signos, en un orden internacional resquebrajado, empiezan a plantear necesidades de cambio en las instituciones internacionales de manera urgente. Sultana insiste en reorganizar las fuerzas políticas europeas: «Es importante para aquellos de nosotros que estamos involucrados en la política condenar el imperialismo en todas sus formas, pero también construir y organizar movimientos de apoyo y poner el internacionalismo en el corazón del trabajo que hacemos».
“Nuestras vidas están profundamente conectadas y tenemos que mostrar solidaridad con la gente de Colombia, Venezuela, Cuba y México, porque si gobiernos como el de Estados Unidos se salen con la suya, entonces, ya saben, le podría pasar a cualquiera”, agrega.
Y dice que le preocupa que Europa, impulsada por Donald Trump, avance en una carrera desbocada y belicista sobre la que ya hay suficientes ejemplos históricos en el siglo XX de cómo pueden terminar. «La agenda de rearme, la militarización que está ocurriendo en toda Europa, la conscripción forzada de jóvenes; existe esta agenda de guerra interminable, en lugar de satisfacer las necesidades básicas de nuestras poblaciones, asegurando que haya vivienda, asegurando que haya comida, asegurando que haya educación».
¿Qué puede Europa aprender de América Latina para reconstruir el Derecho Internacional Humanitario?
El nuevo pesimismo europeo está marcado especialmente por la derrota en Ucrania. Aunque las bajas han sido altas en los dos bandos, tanto en el ruso como en el ucraniano, Moscú ocupa el 20% del territorio de uno de los países más grandes de Europa. Para Sultana, esa guerra y las amenazas de Trump sobre Groenlandia marcan un hito de refundación europea urgente.
“Hay ciudadanías, políticos y gobiernos que se están organizando. Recientemente fui a París para una conferencia antibélica con políticos, organizadores y activistas de toda Europa y de todo el mundo, que están comprometidos con esa visión, reconociendo que no tenemos otra opción. La elección es entre socialismo o barbarie y tenemos que elegir el socialismo cada vez”, explica como el único camino posible que ve para su región.
Mientras, Sands cuenta que el nuevo orden mundial podría aprender de causas que históricamente han sido impulsadas por naciones del Sur Global. Esas nuevas reglas pueden aprovechar la incursión de países que fueron víctimas de la colonización y el extractivismo, para incluir nuevos temas que son recurrentes en las demandas latinoamericanas.
«Sobre la descolonización, escribí un libro, “La última colonia”, que trata sobre la última colonia británica en África, y está sucediendo. El derecho internacional reconoce que el colonialismo no es permisible. Y, sin embargo, la disputa por recursos y zonas de influencia reaparece bajo otras formas de dominio. Lo vemos ahora con Estados Unidos en Venezuela, tratando de controlar los recursos. Así que esto sucederá ahora durante algunos meses, quizás incluso un año o dos años, pero cambiará. No va a ser permisible a largo plazo porque es una forma diferente de dominio colonial, pero es una forma de colonialismo. Y no sobrevivirá», explica.
También habla de un derecho internacional que regule los crímenes contra el planeta. Algo que, por ejemplo, existe en Ecuador desde su Constitución, donde los ríos son considerados vida y tienen derechos. «Hay un nuevo libro maravilloso de un escritor inglés Robert Macfarlane que se llama ¿Está vivo un río? Y cuenta la historia de un río en Ecuador que tiene derechos. Este es un cambio de conciencia que está teniendo lugar y lo que la ley puede hacer es ayudar a cambiar la conciencia. Pero lleva tiempo», concluye.
Mientras, advierte que América Latina, como Europa, sufre el peligro de la atomización. «Veo cada vez más los paralelismos entre Europa y América del Sur. América del Sur es un continente muy dividido. Y esa división hace que sea menos capaz de enfrentarse a las grandes potencias. A medida que Europa se fragmenta en países individuales, su capacidad para responder a aranceles o al uso de la fuerza es más limitada».
Y concluye demandando la unidad de regiones que deberían ser constituyentes de las nuevas reglas del ordenamiento internacional. «Usted sabe, hay una expresión en inglés: "Divide y vencerás". Y creo que el único futuro real para Europa es mantenerse unida. Y creo que eso es lo mismo con América del Sur. Y creo que las lecciones de la administración Trump podrían ser muy positivas, porque lo que no te mata te hace más fuerte».
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