Puede que estos humanos inventaran la escritura 40.000 años antes que los egipcios y sumerios
Un nuevo estudio sugiere haber descubierto un nuevo sistema de escritura decenas de miles de años anterior a las más antiguas que conocemos
La figurilla de mamut de la cueva Vogelherd, de aproximadamente 40.000 años de antigüedad, presenta múltiples secuencias de cruces y puntos en su superficie.Universität Tübingen / Hildegard JensenEurekalert
Ignacio Crespo
larazon.es/Madrid/23.02.2026 21:00
¿Cuándo surgió la escritura? Si estás pensando en los jeroglíficos egipcios o en el cuneiforme sumerio dirás que ocurrió hace unos 5000 años y pico. Aquellas expresiones no estaban tan desarrolladas como las que más adelante usarían para escribir el poema de Gilgamesh o los textos de las pirámides, pero eran formas de escritura. Si este ha sido tu flujo de pensamientos, felicidades, porque (salvando las distancias) es la respuesta que darían la mayoría de los académicos. Pero “la mayoría” no son “todos” y, precisamente, se acaba de publicar una investigación que rema a contracorriente. Expertos de la Universidad de Saarland y el Museo de Prehistoria e Historia Temprana de Berlín sugieren que la escritura podría haber surgido un poco antes. Para ser exactos: entre 29.000 y 41.000 años antes de lo que pensábamos.
No estamos hablando de un par de milenios de diferencia. La afirmación es contundente y, de aceptarse, supondría una gran sacudida para el estudio de los sistemas de escritura. Habrá que esperar para saber qué acogida tiene entre los expertos, pero por lo pronto ha sido publicada en la revista científica PNAS. Por supuesto, esto no es garantía de nada, pero significa que ha recibido el visto bueno de, al menos, dos profesionales del mismo campo, pero no implicados en este estudio. No es, por lo tanto, una afirmación vacía. Sus razones tienen para retrotraerse 29 milenios y, de hecho, esa razón es computacional.
Hace 45.000 años
Los investigadores de este estudio no estaban buscando sacudir la historia de los sistemas de escritura, pero se preguntaban cuánta información podrían contener las extrañas muescas de algunos objetos de hace entre 34.000 y 45.000 años. A priori podríamos pensar que la respuesta era: nada. No hablamos de textos cargados de garabatos ininteligibles, sino de herramientas y figuras con alguna que otra muesca en su superficie. Pequeñas representaciones con forma humana o animal encontradas en las Cuevas del Jura de Suabia, en Alemania. Entre ellas se encuentra un hombre león, un diminuto mamut y una pieza a la que llaman “el adorante”. Ahora bien, si nos fijamos un poco más en los brazos del hombre león, en el cuerpo del mamut o en la superficie elefantina del adorante, empezaremos a notar algo particular. Las muescas no parecen totalmente casuales.
Esas marcas que portan están espaciadas siguiendo lo que parecen patrones, algunas se intersecan formando cruces y poco a poco, empezamos a intuir regularidades. ¿Es posible que fueran sistemas de comunicación realmente antiguos? No cabe esperar que en ellas estuviera codificado un cantar de gesta o la tabla periódica, pero podemos imaginar un sistema de escritura más rudimentario y pragmático. Eso es lo que se preguntaron el lingüista Christian Bentz y la arqueóloga Ewa Dutkiewicz. Tenían unos 260 objetos que, entre ellos, sumaban más de 3.000 signos geométricos: líneas, puntos, cruces… Ante ellos se presentaba una tarea agotadora que solo un ordenador podría acelerar.

La figurilla Adorante de la cueva Geißenklösterle, de aproximadamente 38.000 años de antigüedad, consiste en una pequeña placa de marfil que lleva una figura antropomorfa y múltiples secuencias de muescas y puntos. La aplicación de estas marcas sugiere un sistema de notación, especialmente en las filas de puntos en la parte posterior de la placa.Landesmuseum Württemberg / Hendrik ZwietaschEurekalert
De ordenadores y muescas
De lo que no había ordenador que les librara era del tedioso proceso de digitalizado. Una a una, los investigadores tuvieron que registrar las secuencias de signos en una base de datos. Una vez hecho, aplicaron métodos computacionales que ya se usan en investigaciones de lingüística cuantitativa. Utilizaron algoritmos para clasificar las marcas y calcularon la entropía de las secuencias. Esto es, simplificándolo mucho: de cuántas formas podemos reordenar todos los signos de un grupo sin que cambie demasiado el patrón. Por ejemplo: en la sucesión “AAAA” puedo hacer todos los cambios que quiera sin que cambie gran cosa. En la sucesión “MAMA”, porque tenemos “MMAA”, “MAAM”, “AMMA”, “AMAM” y “AAMM”, que son diferentes. Y, como ya sospecharás, cuantas más formas haya de reordenar un conjunto de elementos sin que cambien sus características, menos información podremos codificar en ella.
Una vez calculada la densidad de información, los investigadores decidieron compararla con la que podíamos encontrar en formas de escritura protocuneiformes, de hace unos 5000 años. Según reconocen, el resultado les sorprendió incluso a ellos mismos: los signos de estos objetos del 45.000 antes de cristo podrían contener una densidad de información equivalente a la del protocuneiforme. De hecho, estaban más cerca entre sí de lo que está la densidad de información del protocuneiforme de la de nuestros sistemas de escritura modernos, y eso que le separan 40.000 años menos de nosotros que de las figuras de Jura de Suabia. No obstante, cabe señalar un detalle crucial: “podrían contener”.
La entropía no nos dice cuánta información ha puesto alguien en un sistema. Nos dice, en todo caso, cuántas formas tenemos de desordenarlo si es que acaso queremos desordenarlo para transmitir un mensaje. El resultado es, sin duda, llamativo, pero no confirma que estas muescas fueran un sistema de escritura. Lo hacen posible, puede que incluso probable, pero no seguro. Habrá que esperar a ver qué opina el resto de la comunidad de un artículo que, desde luego, no pasará desapercibido.
QUE NO TE LA CUELEN: Aunque el estudio no pueda confirmar que estas muescas formaban parte de algún sistema de escritura, eso se debe en parte a las limitaciones propias de la disciplina. En estos casos no es tan importante perseguir confirmaciones indiscutibles como encontrar explicaciones razonables y relativamente sencillas que nos ayuden a dar sentido a los restos que han llegado hasta nosotros. Ocurre algo similar con los estudios que buscan representaciones de operaciones matemáticas en las figuras prehistóricas o las pinturas rupestres. En estos casos, es crucial que las explicaciones sean compatibles con los hechos, por supuesto, pero también que no postulen complejidades innecesarias. En igualdad de condiciones habremos de apostar por la hipótesis más sencilla y, en este caso, una afirmación como que “hace 45.000 años ya había un sistema de escritura” tendrá que enfrentarse a la crítica de los expertos.
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REFERENCIAS (MLA):
Bentz, Christian, and Ewa Dutkiewicz, et al. "Signs on Stone Age Objects: Precursor to Written Language Dates Back 40,000 Years." Proceedings of the National Academy of Sciences, vol. 122, no. 8, 23 Feb. 2026, doi:10.1073/pnas.2520385123.
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Fuente:
