Científicos documentan por primera vez cómo desaparece una estrella masiva para convertirse en un agujero negro
Un equipo internacional de astrónomos ha logrado observar con un nivel de detalle sin precedentes la desaparición silenciosa de una estrella masiva que colapsó directamente para formar un agujero negro
Representación de un agujero negroShutterstock
David Cavero@davidcavero_
larazon.es/13.02.2026 16:50
El universo está lleno de procesos violentos y espectaculares, aunque algunos de los más importantes pueden ocurrir casi en silencio. Durante décadas, los científicos han estudiado cómo nacen y mueren las estrellas, descubriendo que su evolución marca la historia del cosmos. Sin embargo, todavía existen episodios poco comprendidos que desafían los modelos tradicionales y obligan a revisar teorías asentadas en la astrofísica moderna.
Uno de esos episodios ha sido documentado recientemente en una investigación publicada en la revista científica Science, que recoge la observación más completa hasta ahora de una estrella que desaparece sin producir la habitual explosión de supernova. El estudio describe cómo un astro masivo colapsó directamente sobre sí mismo hasta formar un agujero negro, un proceso que hasta ahora solo se había planteado como hipótesis teórica.
La desaparición silenciosa de una estrella gigante
La investigación, dirigida por científicos del Instituto Flatiron y respaldada por la Fundación Simons, analizó durante años la evolución de una estrella conocida como M31-2014-DS1, situada en la galaxia de Andrómeda, a unos 2,5 millones de años luz de la Tierra.
Tradicionalmente, cuando una estrella muy masiva agota su combustible nuclear, su núcleo colapsa y provoca una explosión de supernova extremadamente brillante. Estos eventos liberan enormes cantidades de energía y permiten detectar fácilmente la muerte estelar incluso desde grandes distancias. Sin embargo, los investigadores observaron que esta estrella siguió un camino distinto.
Los datos, obtenidos principalmente gracias a observaciones infrarrojas de la misión NEOWISE de la NASA, mostraron que el astro experimentó primero un aumento de brillo entre 2014 y 2016. Posteriormente, comenzó a atenuarse progresivamente hasta desaparecer casi por completo en el espectro visible. En la actualidad, solo puede detectarse un tenue resplandor en longitudes de onda infrarrojas.
Los científicos consideran que este fenómeno corresponde a lo que se denomina una “supernova fallida”. En estos casos, el núcleo de la estrella colapsa debido a la gravedad sin generar una onda de choque lo suficientemente potente como para expulsar sus capas externas. En lugar de producir una explosión espectacular, la materia cae hacia el interior y forma directamente un agujero negro.
El hallazgo constituye una prueba observacional sólida de que este proceso ocurre realmente en la naturaleza. Hasta ahora, los investigadores sospechaban que algunas estrellas simplemente desaparecían del firmamento sin dejar rastro visible, pero no existían registros detallados que permitieran reconstruir el proceso físico completo.
Uno de los elementos clave del estudio ha sido el seguimiento del brillo infrarrojo. Según los investigadores, cuando el núcleo de la estrella colapsa, las capas externas no caen de inmediato hacia el agujero negro. Parte del material permanece orbitando alrededor del objeto recién formado, generando polvo cósmico que emite radiación infrarroja detectable durante décadas. Este comportamiento está relacionado con la convección, un proceso provocado por las diferencias de temperatura dentro de la estrella. Estas corrientes internas hacen que el gas estelar se mueva de forma caótica, ralentizando la caída del material hacia el centro. Como resultado, la desaparición total del astro se produce de manera gradual en lugar de instantánea.
Más agujeros negros de lo que se pensaba
El estudio también plantea importantes implicaciones sobre la formación de agujeros negros en el universo. La estrella analizada tenía aproximadamente 13 veces la masa del Sol, una cifra inferior al límite tradicional que los modelos teóricos consideraban necesario para este tipo de colapsos directos.
Este dato sugiere que los agujeros negros podrían formarse a partir de un rango de masas estelares más amplio de lo previsto, lo que implicaría que su número en el universo podría ser mucho mayor de lo estimado hasta ahora. Además, la investigación ofrece nuevas pistas para entender por qué algunas estrellas explotan como supernovas mientras otras colapsan silenciosamente.
Los científicos destacan que este hallazgo representa solo el inicio de una nueva etapa en el estudio de la muerte estelar. Las observaciones futuras permitirán seguir analizando los restos del fenómeno durante décadas, ayudando a perfeccionar los modelos sobre la evolución de las estrellas masivas y el nacimiento de los agujeros negros.
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