Si tiendes a la distracción, un nuevo hallazgo del cerebro parece haber encontrado al culpable y es algo que te ayudó a sobrevivir en el pasado
Sergio Parra
Periodista científico/muyinteresante.okdiario.com/26.02.2026
Vivimos convencidos de que la atención es un haz de luz continuo, un foco que dirigimos a voluntad hacia lo que consideramos importante. Sin embargo, bajo la superficie de esa aparente estabilidad, el cerebro late con una cadencia secreta. Como si obedeciera a un metrónomo biológico, alterna momentos de concentración intensa con breves ventanas de vulnerabilidad. En esos resquicios, un destello periférico, una notificación luminosa o un leve movimiento pueden arrebatarnos el hilo de lo que hacemos.
Un estudio reciente sugiere que nuestra atención no es fija, sino rítmica y oscilante, cambiando entre siete y diez veces por segundo. Este patrón, lejos de ser un fallo, podría haber sido esencial para la supervivencia de nuestros antepasados. Pero en un mundo saturado de estímulos digitales, esa misma virtud evolutiva podría convertirse en una puerta abierta a la distracción constante.
El compás oculto del cerebro
La investigación, publicada en PLOS Biology, fue liderada por Zach V. Redding e Ian Fiebelkorn en la Universidad de Rochester. Sus hallazgos apuntan a que la atención fluctúa de manera periódica, alternando entre estados de mayor y menor susceptibilidad a estímulos irrelevantes.
Para explorar este fenómeno, los científicos registraron la actividad cerebral de 40 participantes mediante electroencefalografía (EEG). Mientras los voluntarios fijaban la vista en un tenue cuadrado gris en el centro de una pantalla, puntos de colores actuaban como distractores. El diseño experimental excluía cualquier movimiento ocular, de modo que las variaciones detectadas respondieran únicamente a procesos internos.
Los resultados revelaron patrones rítmicos en las ondas cerebrales: aproximadamente entre siete y diez ciclos por segundo, lo que equivale a una frecuencia en el rango theta-alfa. En ciertos momentos del ciclo, los participantes detectaban mejor el objetivo; en otros, su rendimiento disminuía y la distracción ganaba terreno. Esta alternancia sugiere que el cerebro no mantiene un estado atencional uniforme, sino que oscila entre modos de procesamiento.
Lejos de ser anecdótico, este hallazgo apunta a una arquitectura funcional profunda: la mente no es un vigilante inmóvil, sino un centinela que mira y remira el entorno en pulsos regulares.
Una ventaja ancestral en un mundo moderno
Desde una perspectiva evolutiva, este mecanismo tiene pleno sentido. Para nuestros antepasados, concentrarse exclusivamente en una tarea (como recolectar alimento) podía resultar letal si un depredador se acercaba sigilosamente. La alternancia rítmica entre foco y exploración habría permitido mantener la atención principal sin perder del todo la vigilancia periférica.
En palabras de los autores, este vaivén neuronal habría sido una herramienta de supervivencia. Las ventanas periódicas de cambio atencional facilitaban detectar amenazas inesperadas: un crujido en la maleza, una sombra en movimiento, un rugido distante. La mente debía dividirse sin fragmentarse.
Sin embargo, el entorno contemporáneo dista mucho de la sabana ancestral. Hoy estamos rodeados de pantallas, alertas sonoras y notificaciones visuales diseñadas para capturar nuestra mirada. En este contexto, las mismas ventanas rítmicas que antaño nos protegían pueden volverse en nuestra contra. Cada vibración del teléfono coincide potencialmente con un momento en que el cerebro está predispuesto a desplazar el foco hacia lo nuevo.
Así, la distracción no sería solo una cuestión de falta de disciplina, sino también de sincronización biológica. La tecnología moderna podría estar explotando (sin proponérselo) el compás natural de nuestra atención.
¿Claves para entender el TDAH?
El estudio abre además una vía sugerente hacia la comprensión de trastornos como el TDAH. Si el cerebro típico alterna con cierta regularidad entre estados de concentración y apertura al cambio, ¿qué ocurre cuando ese ritmo se altera?
Crédito: Sergio Parra / ChatGPTLos investigadores plantean la hipótesis de que en personas con TDAH podría existir una menor frecuencia o una desregulación de estas oscilaciones, lo que afectaría a la flexibilidad cognitiva. Una alternancia menos eficiente entre estados podría traducirse en dificultades para mantener el foco o, por el contrario, en episodios de hiperconcentración.
Aunque esta interpretación requiere investigaciones adicionales, sugiere que la distracción no es simplemente un déficit, sino una manifestación de la dinámica temporal del cerebro. Comprender estos ritmos podría conducir, en el futuro, al desarrollo de intervenciones que armonicen la actividad neuronal, ya sea mediante entrenamiento cognitivo, estimulación cerebral o estrategias ambientales más ajustadas.
Lo fascinante es que la atención no sería una cualidad estática, sino una danza oscilatoria. Cada segundo contiene múltiples microciclos en los que decidimos (sin saberlo) qué merece ser atendido y qué puede esperar.
Al final, la imagen que aparece es casi poética: el cerebro como un péndulo diminuto que oscila incansablemente, repartiendo su energía entre el aquí y el allá. No somos víctimas de una mente caprichosa, sino habitantes de un sistema biológico afinado por millones de años de evolución.
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Referencias
Redding, Zach V., et al. “Frequency-Specific Attentional Mechanisms Phasically Modulate the Influence of Distractors on Task Performance.” PLOS Biology 24, no. 1 (2026): e3003664. https://doi.org/10.1371/journal.pbio.3003664.
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