Sponsor

Recent

LAS GRANDES TECNOLÓGICAS: LA NUEVA CARA DE LA INDUSTRIA ARMAMENTÍSTICA

Cómo las grandes tecnológicas se convirtieron en la industria armamentística del siglo XXI
Las grandes tecnológicas son una infraestructura privada con una función pública y militar. En muchos casos, son la nueva cara de la industria armamentística.


Mario Sommella, doctor en comunicación italiano
observatoariocrisis.com/26 febrero, 2026

Durante años, se nos ha dicho que la tecnología es la frontera neutral del progreso: plataformas para la comunicación, nubes para el trabajo, algoritmos para simplificar la vida. Mientras tanto, casi en silencio, esas mismas infraestructuras se han convertido en el motor de una nueva economía de guerra. Hoy, la cuestión ya no es si las grandes tecnológicas colaboran con el ejército. La cuestión es reconocer que se han convertido en un componente estructural.

La guerra de nuestro tiempo ya no comienza solo en cuarteles, ministerios o acerías. Empieza en centros de datos, en contratos en la nube, en modelos de inteligencia artificial entrenados con una potencia computacional que ningún estado puede desarrollar por sí solo. Aquí es donde se produjo el verdadero punto de inflexión histórico: las grandes empresas tecnológicas, nacidas bajo el estandarte de la innovación civil, se han convertido en parte integral de la infraestructura militar actual.

Esto no es un contratiempo. Ni se trata simplemente de una desviación ética de un director ejecutivo. Es la culminación de una profunda transformación del capitalismo digital, que ha encontrado en la seguridad nacional, la guerra y la competencia geopolítica el nuevo motor de su expansión.

La transición se produjo de forma lenta, casi silenciosa. Primero, los servicios en la nube para las administraciones públicas. Luego, los contratos con agencias de inteligencia. Después, el análisis automático de imágenes. Finalmente, la IA se integró directamente en los sistemas operativos de guerra. En ese momento, la vieja retórica de Silicon Valley —creatividad, apertura, conexión, emancipación— seguía siendo solo una fachada. Mientras tanto, tras ella, se consolidaba una nueva arquitectura de poder.

La nueva alianza entre plataformas y aparatos militares

Los números ayudan a comprender la escala del fenómeno.

Estimaciones compiladas en Estados Unidos por grupos de investigación universitarios muestran que, entre 2018 y 2022, Amazon, Microsoft y Alphabet ya habían recibido decenas de miles de millones de dólares en contratos del Pentágono, el Departamento de Seguridad Nacional y las agencias de inteligencia. Esta cifra es enorme, pero incompleta por definición: una parte significativa del gasto permanece opaca, fragmentada o sin clasificar.

Aquí radica una primera cuestión política, a menudo ignorada en el debate público. Cuando los contratos que definen la relación entre las grandes tecnológicas y la guerra se vuelven prácticamente invisibles, la democracia pierde la capacidad de controlar lo que se decide en su nombre. La transparencia, teóricamente un valor fundacional de la modernidad liberal, se suspende precisamente en el momento en que el poder económico y el poder militar se fusionan.

El contrato de nube del Pentágono, adjudicado a importantes operadores estadounidenses, marcó un avance simbólico y sustancial. Ya no se trataba de una colaboración puntual, sino de la construcción de una red troncal digital común y estable, diseñada para respaldar las operaciones militares, la logística, la inteligencia, las comunicaciones y las funciones tácticas. La nube, de un servicio técnico, se convirtió en un arma sistémica.

Y cuando el Departamento de Defensa comenzó a expandir su alcance para incluir a los principales actores de la IA, incluidas empresas especializadas en modelos generativos y sistemas avanzados, la trayectoria se volvió completamente clara: el futuro de la guerra ahora reside en una cadena de suministro donde el software, la computación y los datos importan tanto, y en algunos casos más, que los medios tradicionales.

El fin de la inocencia tecnológica

Para comprender la importancia del cambio, debemos recordar dónde empezó todo. Durante años, Silicon Valley cultivó una imagen de sí mismo como un espacio posideológico, casi pospolítico. Innovación, eficiencia, conectividad global: una especie de religión civil de la tecnología. Incluso cuando surgieron problemas evidentes —vigilancia, monopolio, explotación de datos—, la narrativa dominante siguió siendo ambivalente: la tecnología se puede usar bien o mal, depende de los usuarios, depende de los gobiernos.

Esa narrativa se ha derrumbado. Hoy, las mismas empresas que controlan las comunicaciones diarias de miles de millones de personas —que alojan correos electrónicos, documentos, vídeos, conversaciones, sistemas corporativos y servicios públicos— también proporcionan infraestructura y potencia informática a los sistemas que libran la guerra.

El problema ya no es el mal uso de tecnología neutral. La cuestión es que la neutralidad ya no existe, porque el modelo de negocio y la geografía de los contratos apuntan en la misma dirección: una mayor integración con el poder estatal y la maquinaria militar.

La evidencia más contundente es el cambio en los códigos éticos. Tras las protestas internas contra el uso militar de la IA, algunas empresas formalizaron principios restrictivos. Parecía el comienzo de una barrera. En realidad, fue una tregua. Cuando la competencia global por la inteligencia artificial entró en su fase más intensa, esas barreras se eliminaron o reescribieron. El léxico cambió: ya no se trata de no hacer nada, sino de apoyar a los gobiernos democráticos, garantizar la seguridad y defender los valores. La guerra volvió a la carga, acompañada de una justificación moral.

Ésta es la característica más insidiosa de esta fase: la militarización no se presenta como brutalidad, sino como responsabilidad.

Proyecto Nimbus y la guerra como laboratorio tecnológico

El caso más ilustrativo, y también el más inquietante, sigue siendo el del Proyecto Nimbus, el acuerdo firmado por Google y Amazon con el estado israelí para servicios en la nube e inteligencia artificial. La suma por sí sola es considerable. Pero es sobre todo la calidad del contrato lo que revela la naturaleza de la nueva alianza.

Investigaciones periodísticas de los últimos años han demostrado que no se trataba de un simple contrato técnico, sino de una infraestructura estratégica asegurada por un marco contractual. Las cláusulas se diseñaron para garantizar la continuidad del servicio, limitar la posibilidad de suspensión, neutralizar posibles presiones externas y gestionar de forma opaca ciertas solicitudes de acceso o transferencia de datos. En otras palabras, el contrato se diseñó no solo para funcionar, sino también para resistir conflictos políticos y morales.

Este es el detalle que lo cambia todo. Las grandes tecnológicas ya no son solo proveedores de tecnología para la guerra. Se convierten en socios en la gobernanza de la guerra, hasta el punto de ayudar a diseñar mecanismos que hagan que esa cooperación sea más sólida, menos revocable y menos expuesta a la presión pública.

Durante la ofensiva de Gaza, el panorama se aclaró aún más. Declaraciones de funcionarios israelíes y reportajes de prensa indicaron el uso directo y significativo de servicios en la nube y capacidades de IA en operaciones. No a nivel administrativo abstracto, sino a nivel operativo. Cuando un aparato estatal en guerra proclama públicamente la eficacia de la computación en la nube en combate, la incertidumbre se reduce drásticamente.

En ese momento, la nube ya no es solo la nube. Es logística, toma de decisiones, velocidad, prioridades, integración de datos y mando. Es superioridad operativa. Es, en efecto, un componente de la maquinaria de guerra.

Palantir y la normalización de la segmentación algorítmica

Si Google y Amazon representan la cara dominante de la militarización digital, Palantir encarna su faceta más explícita, casi programática. Desde sus inicios, la compañía ha desarrollado una estrecha relación con los círculos de inteligencia estadounidenses. Su especialización en análisis de datos y fusión de información la ha convertido en un actor ideal para el nuevo paradigma: transformar grandes cantidades de datos heterogéneos en herramientas operativas para la toma de decisiones.

El problema aquí no es solo la vigilancia. Se trata de la selección de objetivos. Análisis predictivo, clasificación, generación de listas de objetivos, correlación de fuentes, señales e imágenes: todo esto crea una nueva forma de poder militar, aparentemente técnico, pero en realidad profundamente político. ¿Quién introduce un conjunto de datos? ¿Con qué criterios se asocia al riesgo? ¿Quién verifica el error? ¿Quién es responsable si un algoritmo acelera un proceso de toma de decisiones que termina con una bomba?

La respuesta habitual es siempre la misma: la responsabilidad sigue siendo humana. Pero en la práctica, cuando se automatizan los procesos y aumenta la presión operativa, el algoritmo deja de ser una simple ayuda. Se convierte en el ritmo mismo de la toma de decisiones. Y en la guerra, el ritmo es poder.

La puerta giratoria: cuando el Estado moldea el mercado que lo gobierna

Luego está una dimensión menos visible, pero crucial: la puerta giratoria entre las agencias gubernamentales, la industria tecnológica, los fondos de inversión y las startups de defensa. Exfuncionarios del Pentágono, exfuncionarios de seguridad nacional, consultores y cabilderos transitan por un ecosistema donde el capital riesgo y los clientes gubernamentales se retroalimentan.

Es la versión actualizada del antiguo complejo militar-industrial. Solo que hoy, el capital no solo fluye hacia la industria pesada o las empresas aeroespaciales. Fluye hacia startups de doble uso, sensores, sistemas autónomos, IA y plataformas de análisis. Y lo hace con la misma lógica de Silicon Valley: rápido crecimiento, escalabilidad, adquisiciones, integración y dominio.

El resultado es un mercado impulsado por la demanda pública de guerra, pero presentado como una frontera de innovación. Las empresas emergentes de defensa se presentan no como prótesis del poder estatal, sino como vanguardia tecnológica. Los fondos se presentan no como intermediarios en el rearme, sino como impulsores del progreso. Este lenguaje sirve para despolitizar lo que es profundamente político.

En este contexto, la reducción de los organismos independientes de evaluación y control de armas no es un detalle administrativo. Es una señal. Menos verificación, más velocidad. Menos escrutinio público, adopción más acelerada. Es la lógica del mercado aplicada a la guerra: el tiempo de comercialización aplicado a los sistemas de combate.

Resistencia interna y conflicto en el trabajo cognitivo

Sin embargo, dentro de este mecanismo, algo se resistió. Un sector de los trabajadores tecnológicos intentó detener el proceso. Primero con protestas contra Maven, luego con manifestaciones contra Nimbus y, finalmente, con declaraciones públicas de empleados, estudiantes y jóvenes ingenieros.

Los datos más importantes no son solo el número de firmas o renuncias. Es la trascendencia política de esas iniciativas. Por primera vez, un científico cognitivo altamente cualificado ha declarado abiertamente: no queremos que nuestro código forme parte de la guerra. No queremos que se ataque a los ingenieros, aunque nuestro contrato laboral no lo mencione así. No queremos que la innovación se utilice como excusa semántica para la militarización.

La respuesta de las empresas ha sido cada vez más dura. Despidos, sanciones, marginación de la disidencia, reformulaciones de políticas internas. El mensaje ha sido claro: la era en la que la disidencia técnica podía influir en las estrategias corporativas ha terminado. O al menos, se ha congelado.

Pero precisamente por esta razón, el conflicto se ha trasladado a una fase más profunda. Cuando estudiantes y jóvenes trabajadores declaran que no trabajarán en ciertas empresas mientras mantengan contratos de guerra, no solo están haciendo un gesto simbólico. Están atacando el recurso más valioso del sector: la mano de obra cualificada. Sigue siendo una forma frágil de oposición, pero es una de las pocas que realmente puede tener un impacto hoy en día.

Del complejo militar-industrial al complejo tecnoindustrial

La formulación de Eisenhower sobre el complejo militar-industrial sigue vigente, pero ya no es suficiente. Hoy en día, nos enfrentamos no solo a una alianza entre el Estado, la industria y el ejército. Nos enfrentamos a algo más amplio: un complejo tecnoindustrial que controla conjuntamente la infraestructura digital, la producción de datos, las redes de información, la inteligencia artificial y los suministros de seguridad.

Es una mutación cualitativa. El antiguo complejo militar-industrial producía armamento e influía en la política. El actual también crea las condiciones cognitivas dentro de las cuales se percibe, se debate y se filtra la política. Las mismas empresas que albergan información pública y privada son las que proporcionan herramientas al aparato bélico. La cadena de suministro de palabras y la cadena de suministro de fuerza comienzan a coincidir.

Esto cambia la relación entre los ciudadanos y el poder. Ya no somos simplemente contribuyentes que financian indirectamente el gasto militar. Somos usuarios permanentes de ecosistemas digitales que extraen valor de nuestra vida cotidiana y lo reinvierten, en parte, en el desarrollo de capacidades militares. Cada búsqueda, cada correo electrónico, cada interacción se convierte en una pequeña partícula de una economía política que puede desembocar en el ciclo de la guerra.

No es una metáfora. Es el modelo de acumulación del capitalismo de plataforma, que ha alcanzado su punto de fusión con la razón militar.

La guerra como nueva frontera del capitalismo digital

¿Por qué ocurrió ahora? Porque la inteligencia artificial ha transformado la estructura de costos y la naturaleza de la competencia. Entrenar modelos avanzados requiere potencia computacional y energía que solo unos pocos actores pueden permitirse. Las grandes tecnológicas tienen la infraestructura. Los gobiernos tienen el dinero y la urgencia estratégica. El encuentro era casi inevitable.

Los mercados civiles por sí solos ya no son suficientes para garantizar la rentabilidad que esperan los inversores. La defensa, en cambio, ofrece contratos plurianuales, financiación pública, una demanda creciente y una poderosa justificación política: la seguridad. En este contexto, la guerra deja de ser una anomalía del sistema. Se convierte en un componente funcional.

Por eso, la militarización de las grandes tecnológicas no puede interpretarse como una suma de episodios. No estamos presenciando colaboraciones individuales cuestionables. Estamos presenciando el nacimiento de una nueva constitución material del poder, en la que lo digital ya no es un sector económico independiente, sino el núcleo mismo de la soberanía armada.

Esto aplica a Estados Unidos, pero no solo a él. La carrera se está expandiendo a Israel, Europa y a una constelación de startups y fondos que ven en el sector de defensa una nueva oportunidad de crecimiento. Cuando el capital detecta una nueva fuente de ingresos, desarrolla rápidamente su propio lenguaje de legitimación. Hoy, ese lenguaje se llama innovación responsable, disuasión, defensa de la democracia y competencia estratégica. Pero bajo ese barniz léxico, subyace una simple verdad: la guerra vuelve a ser un gran negocio, y lo digital es su principal infraestructura.

Reconocer la cadena, para poder romperla

El problema, entonces, no es solo la indignación moral. Se trata de la gobernanza democrática de la tecnología. ¿Quién decide qué usos son legítimos? ¿Quién supervisa los contratos? ¿Quién protege a los trabajadores que disienten? ¿Quién garantiza la transparencia de los sistemas utilizados en la guerra? ¿Quién impide que el argumento de la seguridad nacional se convierta en la clave para eludir todos los límites?

Mientras estas preguntas permanezcan sin respuesta pública, la militarización de lo digital seguirá avanzando como norma administrativa.

Por eso, el primer paso es identificar con precisión el problema. Las grandes tecnológicas ya no son solo empresas innovadoras. Son un centro de poder estratégico. Son una infraestructura privada con una función pública y militar. En muchos casos, son la nueva cara de la industria armamentística.

El segundo paso es político: imponer transparencia radical, supervisión democrática, límites legales vinculantes, rendición de cuentas efectiva y protección de la disidencia interna. Sin esto, seguiremos viviendo en una contradicción devastadora: usar a diario herramientas que nos prometen conexión, mientras alimentamos un sistema que perfecciona la guerra.

El siglo XX tenía cadenas de montaje y fábricas de acero. Nuestro siglo tiene centros de datos, nubes militares, IA operativa y plataformas globales. La forma ha cambiado, pero la lógica de dominación ha cambiado mucho menos.

Por eso, el problema no solo concierne a especialistas, ingenieros o gobiernos. Nos concierne a todos. Porque cada vez que el poder económico logra transformar la vida cotidiana en materia prima para la guerra, la democracia pierde parte de su soberanía.

El código de la guerra ya está escrito. La verdadera pregunta ahora es si queremos seguir ejecutándolo en silencio o empezar a reescribirlo.

__________________
Fuentes esenciales

I. Estudios universitarios estadounidenses sobre la relación entre las grandes tecnológicas y el ejército (Universidad Brown, Universidad Estatal de San José, proyecto Costos de la Guerra)

II. Documentación pública del Departamento de Defensa de EE. UU. sobre contratos de nube militar

III. Investigaciones periodísticas internacionales sobre el Proyecto Nimbus (The Guardian, Washington Post, +972 Magazine, Local Call)

IV. Reuters y otros medios de comunicación internacionales cubren la integración de la IA generativa y la seguridad nacional, las protestas de los trabajadores tecnológicos y las revisiones de las políticas corporativas

__________
Fuente:

Entradas que pueden interesarte

Sin comentarios

LO MÁS VISTO

AUTORIZAN CON RESPALDO DE LA FDA PROBAR REJUVENECIMIENTO EN HUMANOS

Una empresa de Boston logra la autorización para probar el rejuvenecimiento en humanos Con el respaldo de la FDA, iniciará ensayos clínicos con reprogramación celular para tratar el glaucoma, buscando revertir el envejecimiento en los tejidos oculares El tratamiento ER-100 de Life Biosciences, que activa genes con doxiciclina, se probará en pacientes con glaucoma, con el objetivo de rejuvenecer las células y evitar tumores. / Tesfu Assefa/Mindplex Giulio Prisco (*) epe.es/Madrid /04 FEB 2026 Una empresa emergente de Boston ha obtenido la aprobación de la FDA para comenzar el primer ensayo clínico que utiliza reprogramación celular para tratar enfermedades oculares, con posibles implicaciones para revertir aspectos del envejecimiento. David Sinclair, profesor de Harvard que promueve maneras de prolongar la vida, cree que el envejecimiento tiene una explicación sencilla y es reversible. Los ensayos clínicos comenzarán pronto, según informa MIT Technology Review . El ensayo probará un tra...

UNAS PALABRAS... SOBRE EL REENCANTAMIENTO DEL MUNDO

Con motivo de la presentación de sus dos últimas producciónes: "UTOPIA Y AUTORITARISMO" y "SUPREMACISMO GRINGO", Emancipación reproduce "UNAS PALABRAS... SOBRE EL REENCANTAMIENTO DEL MUNDO" del connotado escritor tolimense Licenciado en Ciencias Sociales y Magister en Ciencias Políticas  JULIO CESAR CARRIÓN realizado  este pasado miercoles 28 de enero de 2026 en La Gaitana, café arte de Ibagué.  Julio Cesar Carrión, en el acto de homenaje y reconocimiento a su labor realizado por la Asamblea Departamental con la 'Medalla del Mérito Académico, Martín Pomala', mayo 15 de 2024. UNAS PALABRAS...  SOBRE EL REENCANTAMIENTO DEL MUNDO Jubilado y retirado de todo compromiso con los quehaceres laborales -tan tediosos como alienantes- y en gracia de mi sana desocupación, he incurrido en una serie de acciones referidas a los sueños y a las nostalgias. Por ello volví a ver unos capítulos de una comedia televisiva que concitó el interés general de la naciente, ...

EL ESCUADRÓN QUE NOS REPRIME, LESIONA Y MATA

El escuadrón de baja letalidad que nos asesina Jonathan Cardona Rojas  La represión del Estado toma múltiples formas y no todas ellas son evidentes ni conducen a la muerte, pero repercuten en las personas generando miedo y sumisión. Las manifestaciones pacíficas, pese a esto, han aumentado en los últimos años. La respuesta del gobierno a una sociedad que exige el cumplimiento de sus derechos ha sido la represión mediante censura, militarización y casi medio billón de pesos en presupuesto para el Esmad, un conjunto de escuadrones que, desde su fundación hace cerca de 20 años, ha asesinado al menos a 34 personas, herido a miles y aterrorizado a millones. El pasado jueves 21 de noviembre me encontraba en un sector aledaño a la calle Barranquilla, en Medellín, donde cientos de miles de marchantes descansaban y compartían pacíficamente, tras la primera movilización realizada en el marco del Paro Nacional. El ambiente era alegre y tranquilo hasta que, aproximadament...

IRÁN, CHINA Y RUSIA FIRMAN UN ACUERDO ESTRATÉGICO TRILATERAL

El nuevo pacto sirve de baluarte para Teherán y sus socios contra la presión militar unilateral estadounidense Al presentar un frente unido, los tres gobiernos pretenden obligar a Washington a negociar desde una posición restrictiva en lugar de dominante. Revista Midle-East Monitor observatoriocrisis.com/2 febrero, 2026  El 29 del pasado mes de enero tuvo lugar un acontecimiento importante: Irán, China y Rusia firmaron oficialmente un pacto estratégico integral, lo que marca un punto de inflexión decisivo en las relaciones internacionales del siglo XXI. Si bien el texto completo del acuerdo lo publican gradualmente los tres gobiernos, los medios públicos de Teherán, Pekín y Moscú han confirmado la firma y lo han descrito como la piedra angular de un nuevo orden internacional. El pacto se produce en medio de décadas de creciente cooperación entre estos tres países. Irán y Rusia firmaron previamente un acuerdo de Asociación Estratégica Integral de 20 años, diseñado para profundizar s...

ENTRADA DESTACADA

PETRO Y LAS MEDIDAS DE EMERGENCIA ECONÓMICA Y ECOLÓGICA PARA ATENDER A LAS VICTIMAS

PETRO Y LAS MEDIDAS DE EMERGENCIA ECONÓMICA Y ECOLÓGICA PARA ATENDER A LAS VICTIMAS

Presidente Petro aprueba decretos de Emergencia económica y ecológica para atender a las víctimas d…

Biblioteca Emancipación