El pueblo estadunidense necesita un cambio que comienza a darse, no de la mano de congresistas o líderes políticos, sino de la misma población
Imagen: https://www.youtube.com/watch?v=9SHJLd_taR8
Juan Becerra Acosta
jornada.com.mx 21/01/2026
Estados Unidos está al borde de una recesión causada por las políticas de Donald Trump. Esa es la preocupación cada vez más generalizada de académicos, burócratas, empresarios, militares y hasta republicanos en un país en el que lo que parecía un chiste, una broma, se convirtió en su presidente, no sólo en una, sino en dos ocasiones.
La realidad es que de continuar por el mismo camino trazado por Trump, Estados Unidos enfrenta algo mucho peor que sólo una recesión, como aquella de la década de 1930 cuando, como ahora, se rompió el orden monetario.
Aranceles, deuda excesiva, violación a derechos humanos y una actitud al menos pueril por parte de Donald Trump, se suman a graves problemas anteriores a su administración –que prometió resolver y sólo los ha empeorado– a lo que se añade, por si fuera poco, el embate que lleva a cabo contra sus socios y aliados alrededor del mundo en una conducta propia del abusador preparatoriano de cualquier película palomera de los 80.
Fuera máscaras. Atrás queda con Trump el histórico y tristemente célebre eufemismo imperialista de “ayuda humanitaria” para referirse a una invasión. De Venezuela le importa sólo el petróleo, no la intención de presentarse como un defensor de la democracia y los derechos humanos, algo que ni siquiera nombró en su mensaje tras la incursión militar con la que secuestró a Nicolás Maduro e impuso, en clara colusión con un sector del chavismo encabezado por Delcy Rodríguez, un gobierno a modo, casi un protectorado, que rápidamente le entregó 50 millones de barriles de crudo.
Lo que sucede con Groenlandia rebasa la línea de lo absurdo, es tragicómico. Ni al más fantasioso guionista palomero se le hubiera ocurrido la trama de un conflicto entre Estados Unidos y Europa a causa de las intenciones yanquis de apoderarse de la isla territorio danés autónomo, alimentada por el berrinche infantil de Trump por no ser galardonado con el Premio Nobel, y con él el posterior reclamo a gobiernos que no otorgan ese premio ni forman parte de la academia que decide a quiénes se entregará.
Fiel a la tradición expansionista estadunidense y a los métodos para lograrla, como lo son la intervención e injerencia y con ello las guerras, tanto con el enfrentamiento militar visible como con las llamadas guerras silenciosas que desestabilizan sin el enfrentamiento militar observable, Donald Trump tiene los ojos más puestos fuera de sus fronteras que adentro de ellas, a pesar del desastre que al interior de su territorio se vive.
Al igual que las fuerzas policiales y paramilitares nazis como la Gestapo, la Kripo, la Policía del Orden, las SS (Schutzstaffel) que deshumanizaron y devaluaron a grupos enteros con base en una ideología racista y ultranacionalista para torturar y asesinar al menos a 6 millones de personas durante la primera mitad del siglo XX, hoy en Estados Unidos patrullas, al amparo del gobierno federal, llevan a cabo cacerías humanas bajo los mismos principios e intención: la erradicación cultural de un grupo, o varios, que consideran ajenos a su falsa percepción de superioridad. Estas patrullas tienen como víctimas no sólo a personas migrantes, también a estadunidenses blancos como Renee Nicole Good, cuyo asesinato a manos de agentes del ICE en Mineápolis, Minesota, despertó de un letargo de al menos 60 años a la mayoría de la población estadunidense que hoy se inconforma y manifiesta.
Resurgen la Panteras Negras después de haber sido pulverizadas por Nixon, gobiernos estatales, como el de Virginia, rompen colaboración con entidades federales. Gobernadores se enfrentan al gobierno de Donald Trump, mientras empresarios, banqueros y autoridades de todos los niveles responden a los embates de un presidente con ínfulas de emperador que busca a través del cargo resolver los múltiples complejos, traumas e inseguridades que su dinero no ha podido subsanar.
Estados Unidos es víctima de sí mismo y sus ciudadanos, del patrón de vida que se les ha impuesto para funcionar en una sociedad de consumo en la que el crédito es el motor de todo.
Nacen endeudados y viven para endeudarse más y obtener todo bien material que les represente lo que su propia sociedad determina como indicativo del éxito y la trascendencia. Un imperio tan voraz termina irremediablemente devorándose a sí mismo, como sucede hoy.
El pueblo estadunidense necesita un cambio que comienza a darse, no de la mano de congresistas o líderes políticos, sino de la misma población que es, y ha sido, motor de las transformaciones profundas siempre impulsadas por la presión de la sociedad en contra de las estructuras de poder.
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