Un estudio detecta cambios en la actividad de regiones cerebrales relacionadas con la memoria. El hallazgo aporta pistas sobre cómo la alimentación puede influir en el envejecimiento cerebral
Tostados, con su piel y sin sal, así deben consumirse los cacahuetes. Dreamstime
Juan Scaliter
Larazón.es/02.11.2026 11:47
La memoria no depende únicamente de las conexiones entre neuronas. También necesita que el cerebro reciba suficiente sangre, disponga de energía y responda adecuadamente a las señales químicas que regulan su actividad. Una de ellas es la insulina, una hormona que solemos asociar con el control del azúcar en sangre, pero que también desempeña funciones importantes en el sistema nervioso. Un estudio publicado en Food & Function apunta ahora a que un alimento tan cotidiano como los cacahuetes podría influir en la manera en que determinadas regiones cerebrales responden a esta hormona.
El estudio, realizado por científicos del Centro Médico de la Universidad de Maastricht, en Países Bajos, encontró cambios en la respuesta cerebral a la insulina después de que un grupo de adultos mayores incorporara cacahuetes tostados con piel y sin sal a su alimentación diaria durante 16 semanas. El efecto se localizó en una región del hemisferio derecho que, según la identificación anatómica empleada por los autores, comprende principalmente áreas relacionadas con procesos de memoria, entre ellas partes del hipocampo y del giro parahipocampal.
En el ensayo participaron 31 personas sanas, con una edad media de 67 años. Los voluntarios consumieron 60 gramos diarios de cacahuetes durante 16 semanas y, en otro periodo de igual duración, siguieron una dieta sin cacahuetes. Ambas fases estuvieron separadas por un intervalo de ocho semanas. El diseño cruzado permitió comparar los resultados de cada participante consigo mismo. Para estudiar la respuesta a la insulina, los científicos administraron la hormona por vía nasal y midieron los cambios en el flujo sanguíneo cerebral mediante resonancia magnética con etiquetado de espín arterial (ASL-MRI). Esta técnica permite observar cómo circula la sangre por distintas regiones del cerebro sin recurrir a un contraste convencional.
El análisis identificó una zona del hemisferio derecho en la que la respuesta del flujo sanguíneo a la insulina fue menor después del periodo de consumo de cacahuetes que durante la fase de control. La diferencia fue de 5,4 mililitros por cada 100 gramos de tejido y minuto. La región se asoció principalmente con el giro lingual, el hipocampo y el giro parahipocampal. Los autores, liderados por Peter J. Joris, interpretan este cambio como potencialmente beneficioso para la respuesta cerebral a la insulina, aunque el resultado no demuestra por sí solo una mejora de la memoria.
¿Por qué importa esta hormona? Además de facilitar que las células utilicen la glucosa, la insulina actúa como una molécula de señalización en el sistema nervioso. Participa en procesos relacionados con la supervivencia neuronal y la comunicación entre neuronas. La alteración de estas señales se estudia en relación con el envejecimiento cognitivo y enfermedades como el alzhéimer. Sin embargo, este ensayo no evaluó pacientes con esta enfermedad ni permite afirmar que comer cacahuetes reduzca el riesgo de desarrollarla.
El resultado se suma a otro análisis publicado en 2025 también por el equipo de Joris y procedente de la misma intervención. En aquel estudio, los científicos observaron que el consumo diario de cacahuetes había aumentado el flujo sanguíneo cerebral global un 3,6% y el de la materia gris un 4,5%. También registraron una mejora del 5,8% en una prueba de memoria verbal, concretamente en el recuerdo diferido. No encontraron beneficios significativos en las pruebas de función ejecutiva ni en las de velocidad psicomotora.
El equipo de Joris cree que el efecto no depende de un único componente. Los cacahuetes contienen grasas insaturadas, fibra, vitaminas, minerales y compuestos bioactivos. También aportan proteínas vegetales y L-arginina, un aminoácido que el organismo utiliza para producir óxido nítrico, una molécula que interviene en la regulación de los vasos sanguíneos y se ha relacionado con procesos de aprendizaje y memoria. No todos los parámetros estudiados cambiaron. Los autores no observaron modificaciones significativas en la grasa acumulada en el hígado ni en los marcadores sanguíneos relacionados con el control de la glucosa, el metabolismo de los lípidos o la inflamación de bajo grado.
Los resultados son interesantes, pero deben interpretarse con cautela. Participaron solo 31 personas sanas, todas de edad avanzada, y la intervención duró cuatro meses. Además, los dos artículos analizan distintos aspectos de un mismo ensayo, no dos experimentos independientes. A eso hay que sumarle que la investigación recibió financiación de The Peanut Institute Foundation; según la nota de los autores, la entidad no intervino en el diseño, la realización ni el análisis del estudio.
Por ahora, los cacahuetes no pueden presentarse como un escudo contra el alzhéimer ni como un tratamiento para mejorar la memoria. Pero estos resultados añaden una pista a una cuestión cada vez más estudiada: cómo la alimentación puede influir en el funcionamiento del cerebro. A veces, las claves del envejecimiento saludable también se encuentran en alimentos tan sencillos como un puñado de frutos secos.
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