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LULA TRAS LA VICTORIA: ESTE PAÍS NO ACEPTA SER PATIO TRASERO DE NADIE. EL RESULTADO ES DERROTA AL NEGACIONISMO Y LA MENTIRA

DOSSIER: 1 - 4
 

Cae la ultraderecha en Brasil | Lula destrozó a Bolsonaro en las urnas



GANO LULA Brasil venció Fascismo Bolsonaro PERDIÓ rabia Abelardista LLORATÓN en La Patria Milagro


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1. Lula tras su victoria electoral: "Este país no acepta ser el patio trasero de nadie"
"Vencimos la intromisión externa, a través de las plataformas digitales, y vamos a regularlas"
En su discurso de victoria, Lula da Silva afirmó que este país no acepta ser el patio trasero de nadie y calificó el resultado como la derrota del negacionismo y la mentira.

https://x.com/camarotedacpi/status/2114509917906219266?s=20

Diario Red / AL
26/10/26 | 9:32

Luiz Inácio Lula da Silva será presidente de Brasil por cuarta vez. Este domingo ha conseguido más de 64 millones de votos para vencer al ultraderechista, Flávio Bolsonaro, con 51.7% contra 48,2%. Se trata de las elecciones más reñidas de la historia del país con una remontada histórica de Lula, que en tres semanas consiguió sumar 10 millones de votos a su causa.

En su discurso de victoria, Lula da Silva afirmó que el resultado demuestra que Brasil "no acepta ser el patio trasero de nadie" y calificó el resultado como "la derrota del negacionismo y la mentira".

"Vencimos la intromisión externa, a través de las plataformas digitales, y vamos a regularlas", dijo Lula, tras criticar a las grandes empresas tecnológicas por intentar intervenir en el proceso electoral y sostuvo que la regulación de las plataformas digitales será necesaria en el futuro, defendiendo que los delitos en el entorno digital deben recibir el mismo tratamiento que los delitos en la vida real. Además, atacó directamente a su oponente al llamar a Flávio Bolsonaro el representante genuino del milicianismo.

“Voy a hacer un mejor mandato que el que ya hice. Voy a dedicar 24 horas al día para hacer de este país el país con el que sueñan las personas”, prometió.

Por su parte, Flávio Bolsonaro declaró que no reconocería su derrota frente a Lula da Silva y anunció que impugnaría el proceso electoral. El candidato del Partido Liberal argumentó que la decisión del ministro Cristiano Zanin, del Supremo Tribunal Federal, de prorrogar dos horas el horario de votación constituyó una intromisión en la justicia electoral.

Bolsonaro había solicitado previamente la extensión del horario en algunos municipios, pero la medida finalmente se aplicó a nivel nacional, lo que, según el candidato, generó una situación de inequidad que justifica su impugnación.

Uno de los primeros mandatarios en felicitar a Lula fue el presidente cubano Miguel Díaz-Canel, quien expresó su reconocimiento a través de su cuenta oficial de la red social X, minutos después de que se confirmara la victoria del mandatario de Brasil.

"Estimado hermano Lula, te felicito en nombre del gobierno y pueblo cubanos por esta victoria histórica que garantiza la continuidad del camino de paz, soberanía y justicia social emprendido por el pueblo brasileño bajo tu liderazgo (...) Puede Brasil contar con Cuba en la construcción de la unidad e integración de nuestra Patria Grande, latinoamericana y caribeña", escribió Díaz Canel.

La presidenta de México, Claudia Sheinbaum celebró el triunfo de Lula da Silva y destacó el papel del pueblo brasileño en la jornada electoral. “¡Viva la democracia, ganó el pueblo de Brasil! ¡Felicidades presidente Lula!”, escribió en su cuenta de X.Otros mandatarios de América Latina, incluidos los del llamado Escudo de las Américas, como Daniel Noboa, Santiago Peña, Rodrigo Paz y José Antonio Kast se sumaron a las felicitaciones.

Remontada histórica, Lula será presidente por cuarta ocasión

Con más de 4 millones de votos de diferencia, Lula da Silva se constituye presidente de Brasil por cuarta ocasión frente a Flávio Bolsonaro, el candidato de extrema derecha. La campaña de segunda vuelta le dio la victoria a Lula da Silva, quien recupera así el poder tras un proceso electoral marcado por la polarización y una participación determinante en los sectores populares.

Desde el anuncio de los resultados, miles de personas comenzaron a festejar en las calles de distintas ciudades del país, con banderas del Partido de los Trabajadores, consignas a favor de la democracia y muestras de apoyo al mandatario electo, mientras se espera que en las próximas horas se conozcan los resultados definitivos y el pronunciamiento oficial del Tribunal Superior Electoral.

https://resultados.tse.jus.br/oficial/app/index.html#/eleicao/6258/uf/br/cargo/1/vis/nominal/resultados

Se extiende el horario de votación

Las autoridades de Brasil autorizaron la extensión de la apertura de los centros de votación en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales por dos horas más en todo el país. La orden fue dictada por Cristiano Zanin, del Supremo Tribunal Federal, quien autorizó la extensión del horario hasta las 19:00 hora local. Previo a este anuncio, las campañas de ambos candidatos, Luiz Inácio Lula da Silva y Flávio Bolsonaro, habían solicitado que se prorrogara el cierre de urnas dos horas más en varias ciudades del gigante sudamericano.

Orden de arresto a aliado de Bolsonaro por retención de transporte público

Pablo Souza, secretario municipal de Movilidad de Salvador de Bahía y aliado de Flávio Bolsonaro, fue objeto de una orden de arresto por parte de la Justicia Electoral tras la retención de autobuses durante la votación.

El Tribunal Regional Electoral de Bahía actuó después de que se denunciara que decenas de vehículos permanecían estacionados en las cocheras en pleno horario electoral, lo que dificultó el desplazamiento de los electores hacia sus centros de votación.

La decisión también fijó una multa de un millón de reales por hora en caso de no restablecerse el servicio, y se apoyó en una inspección judicial que constató la reducción de la flota y en la tesis del Supremo Tribunal Federal según la cual la falta de transporte gratuito y con frecuencia de día útil configura una forma de censura electoral.

La Prefectura de Salvador negó haber reducido la flota y atribuyó el problema a la colocación de propaganda política en los vehículos por parte de sindicalistas, aunque el municipio está gobernado por Bruno Reis, también aliado de Flávio Bolsonaro.

Balance del Tribunal Superior Electoral

En una conferencia de prensa, el presidente del Tribunal Superior Electoral de Brasil, Kassio Nunes Marques, declaró que los resultados finales esperan conocerse 4 horas después del cierre de urnas, a las 21hrs de centro de Brasil.

Asimismo, declaró que la institución reconoce el trabajo de todas las autoridades que están llevando a cabo el proceso electoral y subrayó que las personas que no votaron en la primera vuelta pueden hacerlo en la segunda vuelta, en un llamado a reducir la abstención registrada en la primera ronda.

Nunes Marques también resaltó que se han producido dificultades en el transporte de las personas para llegar a las urnas.

Elecciones

Cerca de 160 millones de brasileños y brasileñas acuden este domingo a las urnas para elegir al presidente que gobernará el país durante los próximos cuatro años. La segunda vuelta enfrenta al mandatario Luiz Inácio Lula da Silva, quien busca un cuarto mandato, y al senador ultraderechista Flávio Bolsonaro, hijo del expresidente Jair Bolsonaro, condenado a 27 años de prisión por intento de Golpe de Estado. Los colegios electorales abrieron a las 8.00 hora local y permanecerán abiertos hasta las 17.00.

Las encuestas difundidas el sábado por Datafolha y Quaest otorgan al candidato del Partido Liberal un 51% de los votos válidos frente al 49% del aspirante del Partido de los Trabajadores, dentro del margen de error de dos puntos. Algo que podría significar un empate técnico. En la primera vuelta del 4 de octubre, Bolsonaro se impuso con el 47,03% de los sufragios frente al 45,16% de Lula, un resultado que el propio presidente calificó de inesperado.

Los primeros votos

Lula acudió a votar en horas de la mañana en São Bernardo do Campo, estado de São Paulo, acompañado por su esposa, Rosângela da Silva; el vicepresidente Geraldo Alckmin; y las exministras Marina Silva y Simone Tebet. "Estoy acá por el pueblo brasileño", declaró. "El pueblo salió a la calle a defender sus logros, y clama por democracia". Sobre su adversario, fue tajante: "Jamás imaginé que iba a disputar una elección con alguien sin moral, que miente, se lo educó para mentir. Sé que los brasileños no van a votar a un parapolicial"

🇧🇷🗳 Lula recuerda haber participado en la creación del grupo de los BRICS 🗣 "Creamos el grupo de los BRICS y participo cada año en reuniones con las personas más importantes del planeta Tierra", indicó el mandatario brasileño, Luiz Inacio Lula da Silva, durante una Mostrar más
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🇧🇷🗳 Lula despliega la bandera de Brasil y comparte sus emociones sobre la movilización en la segunda vuelta El presidente Luiz Inacio Lula da Silva comunicó que la movilización de sus simpatizantes en la recta final de la campaña fue "inexplicable" desde el punto de vista
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Flávio Bolsonaro depositó su voto a las 8.20 en Río de Janeiro, en una jornada gris y lluviosa, acompañado por su esposa. Ante los medios, el senador afirmó que "llegó la hora del cambio" porque "Brasil no aguanta más". Añadió que "la vida de todos empeoró" . Cerró su intervención con un llamado a la participación: "Pido que, llueva o haga sol, salgan de casa para votar".

🚨AGORA: Flávio Bolsonaro fala com a imprensa na saída de seu local de votação: - "Chegou a hora da mudança de verdade. O Brasil não aguenta mais 4 anos do jeito que está... FAÇA CHUVA OU FAÇA SOL, BORA SAIR DE CASA PRA VOTAR QUE O BRASIL VAI MUDAR!!" #Eleições2026
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Incidentes y contexto

La jornada electoral llega precedida por un episodio de violencia. La concejala del PT Iara Pimentel fue agredida la noche del sábado durante una caravana de apoyo a Lula en Minas Gerais. Un grupo de manifestantes con camisetas de la selección brasileña lanzó botellas de vidrio y ladrillos contra el camión que encabezaba la movilización. Pimentel recibió un golpe en el rostro, perdió el conocimiento y fue trasladada a un hospital, donde permanece bajo observación. Dirigentes del partido denunciaron los hechos y exigieron una investigación.


URGENTE: Vejam o momento que terroristas pró-Flávio Bolsonaro mataram a vereadora Iara Pimentel (PT-Monter Claros) em Minas essa noite. Eles jogaram pedras e tijolos na cabeça da parlamentar durante um ato de campanha.
Los lectores añadieron contexto
A notícia de que uma vereadora do PT morreu após levar uma pedrada é FALSA. A vereadora Iara Pimentel (PT), de Montes Claros (MG), foi atingida no rosto por um tijolo durante uma carreata, mas sobreviveu. cartacapital.com.br/politica/verea… www1.folha.uol.com.br/poder/2026/10/…
La información de contexto la escriben las personas que usan X y aparece cuando otras personas la califican como útil. Obtener más información.
73,9 mil
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Abstención electoral

El voto es obligatorio en Brasil para los ciudadanos de entre 18 y 69 años, pero en la primera vuelta la abstención alcanzó el 21% del electorado, unos 33 millones de personas. El sistema de urnas electrónicas permite un escrutinio veloz: se prevé que los resultados preliminares comiencen a conocerse poco después del cierre de los colegios.

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Fuente:

2. Lula da Silva, el hombre que hizo historia y se convirtió por cuarta vez en presidente

Actualidad-rt.com
26 oct 2026 00:12 GMT

El mandatario acumula seis décadas de lucha social, que le han hecho acreedor de un legado político indiscutible.

RT / Imagen creada por inteligencia artificial

A los 80 años, Luiz Inácio Lula da Silva ha vuelto a hacer historia y se ha convertido por cuarta vez en presidente de Brasil, el país más grande de América Latina.

Lula obtuvo en la victoria en una jornada que estuvo cargada de tensión durante el conteo y divulgación de los resultados. El actual mandatario comenzó con ventaja sobre su contendiente Flávio Bolsonaro, pero durante un rato de la publicación de las cifras, este le sacó ventaja; volviéndose a revertir los números posteriormente.

Así, de acuerdo con los resultados del Tribunal Superior Electoral de Brasil (TSE), con el 100 % de secciones electorales totalizadas, Lula alcanzó el 51,79 % (64.256.232 votos); mientras que Bolsonaro consiguió el 48,21 % (59.826.041 sufragios).

Con estos resultados, Lula consiguió revertir la escena que había dejado la primera vuelta, celebrada el pasado 4 de octubre. En esa ocasión, el mandatario, respaldado por el Partido de los Trabajadores (PT), alcanzó el 45,16 % de los votos (53.879.538); quedando detrás del aspirante del Partido Liberal (PL), que consiguió el 47,03 % de los sufragios (56.104.503).

Además, Lula rompió la llamada 'maldición de la primera vuelta', una tendencia que se mantenía desde 1989, con el retorno de la democracia en Brasil. Desde entonces, ningún candidato que había quedado en segundo lugar en la primera ronda había conseguido revertir el resultado en el balotaje.

De Caetés a sindicalista

Nacido en Caetés, entonces distrito de Garanhuns, una pequeña ciudad del estado de Pernambuco, en el noreste brasileño, vivió una infancia llena de privaciones materiales; luego, en busca de mejores oportunidades, la familia, conformada por su madre y siete hermanos, recaló en Sao Paulo, donde trabajó como limpiabotas y en otras labores igualmente precarias. Tenía solo 12 años, pero desde los ocho ya había renunciado a su infancia para ayudar con el sustento en casa.

En esa urbe, considerada la mayor de Brasil e impelido por la necesidad económica, Lula ingresó a los 14 años a una fábrica de tornillos. Abandonó la escuela, pero optó por una formación técnica que le permitiría conseguir un trabajo en la industria metalúrgica. En 1964, un accidente laboral hizo que perdiera el dedo meñique de su mano izquierda.

Lula en su época como dirigente sindical y político incipiente.Antonio RIBEIRO / Gamma-Rapho / Gettyimages.ru

A finales de esa década, mientras su país estaba gobernado por una dictadura militar, comenzó a implicarse de más en más en la actividad sindical y a luchar por la defensa de los derechos de los trabajadores.

En 1975 había ascendido a puestos de dirigencia sindical, a través del voto de los afiliados y empezó a destacar por su oposición abierta al régimen, con acciones que incluyeron la organización de huelgas masivas, duramente reprimidas por los militares. Cinco años más tarde fundó el Partido de los Trabajadores (PT), una organización abiertamente de izquierda, que proclamaba sin tapujos el socialismo.

El camino al poder

Con el regreso a la democracia, tanto Lula como el PT acumularon un amplio respaldo popular. Eso les permitió obtener bancas en el Congreso y ganar alcaldías de ciudades importantes, pero no bastó para que el obrero metalúrgico devenido en líder político nacional se alzara con la primera magistratura del gigante suramericano. Perdió tres veces: una contra Fernando Collor de Mello (1989) y dos contra Fernando Henrique Cardoso (1994 y 1998).

La racha de derrotas se rompió en 2002, cuando ganó su primera presidencia. En ese lapso implementaría un conjunto de programas sociales destinados a combatir la pobreza y la desigualdad, que acompañó con un fuerte respaldo a la industria local, el alineamiento geopolítico con otros líderes de izquierda que por entonces gobernaban en América Latina y el reposicionamiento del país en el concierto internacional. Esas directrices de gobierno le garantizaron su primera reelección en 2006.

Impedido constitucionalmente para presentarse a un tercer mandato, le cedió el testigo a su exjefa de gabinete, Dilma Rousseff, quien obtuvo la victoria electoral y se encargó de continuar el proyecto político iniciado por Lula.

A mediados de la década de 2010, el PT se enfrentó al megaescándalo de corrupción Odebrecht, que derivó en el encarcelamiento de Lula, demostrado luego como el producto de un proceso judicial amañado. Volvió a la primera línea de la política y en 2022 se impuso al presidente ultraderechista y candidato a la reelección Jair Bolsonaro.

Su tercer mandato estuvo caracterizado por el choque con el bolsonarismo —que intentó un golpe de Estado a inicios de 2023— y por confrontaciones políticas y económicas con EE.UU. Lula no se arredró y le plantó cara a las dos situaciones: de un lado, la Justicia procesó y condenó a Bolsonaro por golpismo; de otro, también salió al frente a las amenazas y acciones agresivas de Washington —que incluyeron la imposición de aranceles a la mayor parte de los productos brasileños— con un discurso abiertamente soberanista, foco principal de la campaña, que junto a los innegables logros sociales de su gestión, le garantizaron ahora su cuarta estancia en el Palacio de Planalto.

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Fuente:

3. Una victoria electoral con profunda proyección geopolítica: Lula derrota al bolsonarismo, al trumpismo y al algoritmo de Silicon Valley

Cronicon.net
RESUMEN AGENCIAS /26 octubre, 2026 

‘Lulazo’: el presidente brasileño y líder histórico del Partido de los Trabajadores (PT) Luiz Lula da Silva concretó una épica remontada y será mandatario por cuarta vez. El triunfo sobre la ultraderecha apoyada por Trump tendrá un fuerte impacto en el equilibrio regional.

Bocanada de aire fresco en el Cono Sur: El Brasil progresista movilizado y comprometido con el proceso democrático pone en pausa a la reacción neofascista y abre una ventana de ilusión.

La victoria electoral de Luiz Inácio Lula da Silva el pasado domingo 25 de octubre marca un punto de inflexión continental. Al asegurar su cuarto mandato presidencial, el líder histórico del Partido de los Trabajadores (PT) no solo frena el avance de la ultraderecha en la región, sino que asesta una derrota estratégica a una constelación de poderes fácticos globales y regionales.

Tras una primera vuelta reñida, Lula protagonizó un salto cuantitativo histórico al sumar más de 10 millones de votos adicionales en el balotaje, superando los pronósticos de unas encuestas que sistemáticamente lo subestimaron —lo que evidencia también una crisis metodológica y de sesgo en las consultoras tradicionales—.


Una década de asedio, no un accidente

La victoria hay que leerla contra su punto de partida. Entre 2013 y 2018 Brasil vivió un desmantelamiento por etapas: las jornadas de junio de 2013, el juicio político a Dilma Rousseff en 2016, la operación Lava Jato y el encarcelamiento de Lula, y en 2018 el triunfo de Jair Bolsonaro. Ese ciclo no fue un fenómeno aislado: fue el aterrizaje local de una marea global que también había producido el Brexit y el trumpismo. La diferencia es que Brasil la sufrió desde dentro de una democracia que acababa de ser gobernada por la izquierda durante trece años.

Por eso 2026 tiene un valor de bisagra histórica. En 2022 Lula ya había vuelto y ganado; en 2023 el asalto del 8 de enero mostró hasta dónde estaba dispuesta a llegar la ultraderecha. Con Bolsonaro inhabilitado por el Tribunal Superior Electoral y luego procesado por el intento de golpe, el bolsonarismo llegó al balotaje huérfano y dinástico, encarnado en su hijo Flávio.

Lula repitió el gesto: derrotó al hijo como había derrotado al padre. Eso no es anécdota, es continuidad de un mismo adversario y de una misma apuesta: que la familia, la marca y el aparato mediático-algorítmico bastaban para gobernar sin el carisma original.


El imperialismo no es omnipotente

La primera lección es geopolítica y vieja como la Doctrina Monroe. Durante dos siglos, Washington trató a América Latina como patio trasero: intervenciones, golpes, la criminal Operación Cóndor, presión financiera. El regreso de Trump en 2025 reactivó esa gramática —aranceles, alineamiento forzado, hostigamiento diplomático— y Brasil, con 210 millones de habitantes, la mayor economía de la región, con peso específico en el G20 y en los BRICS, era el trofeo que valía la pena. La apuesta era clara: si caía Brasil, caía el eje.

Y no cayó. La derrota de la apuesta trumpista demuestra que la presión externa es poderosa pero no determinante: se estrella contra estructuras internas —la red de protección social, los lazos del PT con el Nordeste, la memoria de un ciclo de movilidad social— que ningún arancel puede reemplazar. Hay un eco histórico aquí: en 2002, Lula ya había ganado contra el empuje del ALCA y el «riesgo mercado». Veinte años después, la receta imperial se actualizó, y volvió a fracasar.


La tecno-oligarquía de Silicon Valley y su apuesta perdida

El segundo frente fue el digital, y ahí el análisis se vuelve más novedoso. No fue solo Trump. Fue una constelación: Peter Thiel —cofundador de PayPal y Palantir, temprano inversor de Facebook—, y la propia compañía estadounidense Meta, cuyo giro hacia la derecha convirtió a la empresa en infraestructura electoral. En Brasil esto tiene nombre y fecha: desde 2018, WhatsApp y las plataformas funcionaron como el sistema nervioso de la campaña bolsonarista. La política dejó de disputarse en la calle y en la televisión para disputarse en el feed, en las plataformas y ecosistemas digitales.

Esas son las «redes cloacales más que sociales» del diagnóstico: un ecosistema donde el algoritmo amplifica el agravio, la xenofobia y el racismo, y donde una tecno-oligarquía concentrada cree poder comprar resultados electorales. La lección de 2026 es que el algoritmo amplifica, pero no decide. Amplifica hasta el techo que le pone la realidad material: el bolsillo, el plato de comida, el derecho extendido. Y ese techo lo fijó la política de carne y hueso.


La aritmética de la avalancha

La remontada se explica por números concretos. Entre la primera vuelta y el balotaje, Lula sumó más de diez millones de votos: una avalancha, no un ajuste fino. Y se explica por geografía. El oficialismo arrasó en el Nordeste, su fortaleza histórica, pero también volteó Minas Gerais, el segundo estado más poblado del país, con más de veintiún millones de habitantes, donde Bolsonaro había cerrado campaña y le había ganado en el primer turno.

Minas Gerais es el estado bisagra por excelencia; ganarlo es ganar la síntesis del país. A eso hay que sumarle la batalla cultural que el PT libró entre las dos vueltas: recuperar la iniciativa en el terreno de las ideas, de los símbolos y de la narrativa, en lugar de solo defenderse. Fue una victoria de izquierda y, simétricamente, una derrota contundente de la extrema derecha.


El descrédito de las encuestas y sus consultores

Un efecto colateral de la remontada fue demoledor: la credibilidad de los sondeos. Las encuestas mayoritariamente ubicaron a Lula por debajo, y aun así ganó con más luz que la estimada.

Detrás de esos números hay una metodología con sesgo estructural —subestimar al votante pobre, informal y del interior— y, sobre todo, hay consultores que no midieron el país: lo indujeron.

La política convertida en profecía autocumplida. 2026 dejó a esa industria con la factura por pagar.


El efecto dominó regional

El triunfo del PT es, para los vecinos, una ventana. No revierte nada por sí solo, pero baja el ímpetu de las usinas reaccionarias. El presidente argentino Javier Milei deberá desandar el camino del agravio: su motosierra empezó a quedarse sin filo, y el recorte al presupuesto social —esa idea de un Estado destruido desde adentro, que su amigo Bolsonaro quiso emular— quedó expuesto como un ajuste antes que como una política de derechos.

En Colombia, la apuesta de Abelardo de la Espriella pierde aire; en El Salvador, el modelo de Nayib Bukele deja de ser la única vitrina posible; y en Washington, Donald Trump y su secretario de Estado, Marco Rubio, ven frustrada su apuesta por recolonizar políticamente la región.


La cuestión social por encima del ajuste

El fondo del asunto es de doctrina. La derecha gobernó con una premisa: la prioridad es el ajuste fiscal, y los derechos sociales son un costo. Lula gobernó con la inversa: lo que atiende a las necesidades de la gente es la extensión de los derechos a todos.

Cuarto mandato de una trayectoria excepcional —tornero, sindicalista, fundador del PT, preso, presidente—, Lula ganó porque supo leer que la movilización tenía que ser transversal, no ceñida a un sector social. Esa amplitud, y no un aparato, fue la que produjo los diez millones de votos.


Un país partido en dos, y la tarea de reunificarlo

Nada de esto borra la fractura. Brasil salió dividido en dos mitades casi iguales, y el bolsonarismo no murió: quedó en pausa, con un piso electoral enorme. Ahí está el límite de la victoria y también su tarea. Solo Lula, por legitimidad y por biografía, tiene la capacidad de reunificar un país así. La pregunta abierta es la sucesión: su cuarto mandato es un dique, no una garantía de continuidad.

En clave histórica, el 25 de octubre de 2026 hace dos cosas a la vez. Hacia afuera, demuestra que ni el imperialismo ni la tecno-oligarquía algorítmica son omnipotentes: que una sociedad movilizada puede derrotar a una alianza que reúne a un presidente estadounidense, a una corporación de Silicon Valley y a un fondo de capital de riesgo. Hacia adentro, le da a la izquierda latinoamericana un respiro y un modelo: menos épica de redes, más calle, más derechos, más transversalidad.

Pero conviene no confundir pausa con reversión. Las fuerzas estructurales que produjeron la ola —desigualdad, algoritmos, capital concentrado— siguen intactas. Brasil detuvo a la extrema derecha y le bajó los decibeles a su crueldad, su racismo y su xenofobia. Lo hizo con votos, no con decreto. Esa es su fuerza y, también, su fragilidad.


Derrota del clan Bolsonaro

El relevo familiar en la candidatura de la ultraderecha (esta vez encabezada por Flávio Bolsonaro tras la inhabilitación o salida de su padre) fracasó frente a la maquinaria y la experiencia de un líder capaz de articular alianzas transversales.

Si bien el Nordeste mantuvo su histórico bastión progresista, la victoria cobró dimensión nacional al imponerse en estados claves y disputados como Minas Gerais (el segundo estado más poblado del país), revirtiendo el revés de la primera vuelta.

El triunfo fue posible gracias a la articulación de los sectores populares, los movimientos sociales y ciudadanos de a pie que desbordaron las estructuras partidarias tradicionales.


Contra el algoritmo y la crueldad

Durante el breve lapso de campaña de segunda vuelta Lula logró superar el ciclo marcado por la política de las «redes cloacales» y el discurso del odio. El PT dio una batalla cultural y electoral eficaz para contraponer la crueldad manifiesta, el racismo, la xenofobia y la violencia pugnaz de la ultraderecha con una agenda centrada en la extensión de derechos sociales por encima del dogma puramente fiscalista.

La victoria de Lula actúa como una bocanada de aire fresco y un freno geopolítico al ímpetu reaccionario internacional. Este triunfo del PT y de las fuerzas progresistas brasileñas constituye un golpe directo a la línea de flotación de figuras y operadores de la nueva derecha hemisférica.

El triunfo brasileño demuestra los límites de la injerencia externa. Específicamente, exhibe la derrota de la tecno-oligarquía de Silicon Valley —con corporaciones como Meta y figuras del calibre de Peter Thiel—, así como del trumpismo explícito, que volcaron recursos e influencia sin lograr doblegar la voluntad soberana del pueblo brasileño.


Derechos sociales vs. ajuste ciego

En el plano económico, la victoria reivindica un modelo que prioriza la cohesión social y el bienestar de las mayorías frente al modelo de destrucción del Estado desde adentro, la «motosierra» de recortes drásticos al gasto social y las políticas de desregulación extrema ensayadas en países vecinos y emuladas por el bolsonarismo.

Históricamente, Brasil se consolida una vez más como el dique de contención geopolítico de América del Sur. Al poner en pausa a la extrema derecha, el gigante suramericano redefine el mapa político del Cono Sur, demostrando que los retrocesos democráticos y autoritarios de la región no son irreversibles y que la tradición progresista brasileña mantiene raíces profundas en la memoria colectiva de su clase trabajadora y los sectores marginados.

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Fuente:

4. Las claves de la victoria de Lula
Brasil: Las multitudes que promovieron una elección histórica
Los comicios en Brasil estuvieron marcados por movilizaciones masivas de votantes y enfrentamientos simbólicos entre seguidores de Lula y de Bolsonaro, incluyendo caravanas y viajes en barcazas en el norte y nordeste del país.

Gustavo Veiga
Página12.com.ar/25 de octubre de 2026 - 22:01

Brasil elecciones Simpatizantes de Lula da Silva se concentraron afuera de donde votó el presidente. AFP. AFP

Desde San Pablo

La historia de estas elecciones quedará marcada por sus grandes movilizaciones. Por las multitudes de a pie que movieron Lula, el Partido de los Trabajadores y sus aliados. Y por las motociatas –como se dice en portugués– donde los apoyadores de Flávio Bolsonaro lo acompañaron en motos, a imagen y semejanza del ritual que había popularizado su padre y expresidente durante la pandemia. Unas y otras expresiones definen cómo se salió a la búsqueda de votos. Con un dato de color adicional: en el norte y nordeste del país, miles de votantes del líder del PT se trasladaron en barcazas por ríos caudalosos y entre calles anegadas como nunca se había visto en el pasado. Iban a votar en masa. Una síntesis de lo que estaba en juego, porque los aparatos partidarios fueron superados por gente que brotaba desde todos lados y por su cuenta. El pueblo se ponía en camino a una ilusión. Y el propio Lula pidió que se prorrogara dos horas más la votación por problemas en el transporte público.

Esta ciudad amaneció tormentosa, pegajosa, difícil para transitar y hasta con árboles caídos. Otras más se inundaron en todo el estado de San Pablo, como en Jundiaí, donde hubo dos muertos. La avenida Paulista se plagó de bocinazos por los conductores apurados que iban a votar o alguno que festejaba con orgullo su identificación electoral. Atrás habían quedado los ecos de la que fue, acaso, la mayor manifestación en la historia democrática de Brasil. La que rodeó a Lula en un acto de masas que nos transportó a postales de épocas pretéritas, muy politizadas, donde la calle marcaba el pulso de un país y una votación. Pero también de una esperanza.

Ramón García Fernández, un argentino que reside en San Pablo hace cincuenta años, economista de una universidad del ABC paulista, comentó: “Es la mayor que recuerdo desde que vivo acá”. En la Paulista dialogamos con César Alves, otro docente de nivel superior, petista, que vivió en Perú y fue profesor invitado de la Universidad Nacional del Sur en Bahía Blanca.

Especialista en inteligencia artificial y preocupado por su uso, comentó: “En Brasil hay una modalidad de comportamiento en términos de IA que yo investigo. Todos los años llegan a la Facultad estudiantes que tienen su psiquis colonizada por los algoritmos que reprimen, que te dejan sin esperanza, y me pregunto: ¿cómo es posible que no tengamos ningún tipo de reglamentación sobre ellos?” Una alusión a la incidencia notable de las redes sociales en la vida política. Un terreno donde la extrema derecha se enseñoreaba y hoy ya no domina como antes. El canal de WhatsApp del “Exército do Lula” es el mejor ejemplo. Pasó de 53 mil seguidores a casi 11 millones en menos de un mes.

Pedido de fiscales

Frente al MASP, el Museo de Arte de San Pablo, el más importante del hemisferio sur, Glauco, fiscal y militante del PT, buscaba voluntarios para supervisar la elección. Comentó que su temor era “el asedio electoral y también al boca de urna, como decimos en Brasil”. Una campaña que es hecha para inducir al votante a que elija a Flávio Bolsonaro y la fiscalización persigue cohibir ese tipo de práctica. Ya hubo denuncias sobre eso en la primera vuelta”.

En la esquina de la tradicional avenida y Pamplona, Aline, una mujer de unos 50 años, con la remera roja del PT y stickers de Lula, le explicó a este enviado: “Soy nordestina, de Pernambuco como Lula, y gracias a él pude estudiar y desenvolverme bien en la vida. No podemos volver a lo peor de Brasil con Bolsonaro”.

Una pareja de jóvenes mostraba un cartel con pequeñas fotos de desaparecidos durante la dictadura brasileña. Sobre ellas, un título decía: “Quien se duerme en democracia, se despierta en dictadura”. Sobresalía una imagen en tamaño más grande de una estudiante universitaria, Maria Augusta Thomaz (1947-1973), asesinada por el régimen militar a los 26 años. Era de Leme, la misma ciudad que ellos, ubicada a 190 kilómetros de San Pablo.
Denuncias por falta de transporte

Las redes sociales se transformaron también en un vehículo para arengar, estimular o reconocer en su vocación democrática a miles de brasileños que fueron a las urnas. Un video originado en Bahía mostró cómo se abría un portón a las 8 de la mañana y decenas de nordestinos ingresaban corriendo a votar, documento en mano y con la otra formando la “ele” como señal de apoyo a Lula.

Pero también se vieron gestos antisemitas, imputables como delito racial según las leyes brasileñas. En el Colegio de San Ignacio, en Río de Janeiro, una joven ingresó a votar mientras hacía el saludo nazi, con una remera de Brasil y la gorra del movimiento MAGA que suele utilizar Donald Trump. Fue repudiada y solo detuvo la marcha para preguntarle a alguien que la filmaba si era comunista. La persona aludida se escucha cómo le responde: “Soy judío”. Y la mujer sigue su camino.

En 2022, después de la derrota en las presidenciales de Jair Bolsonaro con Lula, hubo cientos de bolsonaristas que repitieron el gesto nazi a la puerta de un cuartel. Fue en el 14.º Regimiento de Caballería Mecanizada en San Miguel del Oeste, en el estado de Santa Catarina.

Estas manifestaciones, aisladas pero que marcan un perfil del votante de extrema derecha, convivieron en las redes con denuncias como la de Thiago Ávila, el militante de Derechos Humanos. Referente de la flotilla Global Sumud, declaró que gobernadores e intendentes en determinados estados brasileños, compañías aéreas y de buses, entorpecieron el transporte de los partidarios de Lula.

En flagrancia, Pablo Souza, el secretario de Movilidad de la ciudad de Salvador, la capital de Bahía –gobernada por el partido União, de derecha–, fue denunciado y se pidió su detención por reducir la capacidad de transporte en un 50 por ciento. No fue casualidad. Esos buses transportarían a muchos electores del PT y aparecieron curiosamente identificados con stickers del partido de Lula, según la intendencia.

gveiga@pagina12.com.ar

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