FRANCIA
La nueva jornada de protestas contra el encarecimiento de la vida reunieron este sábado en Francia entre 410 mil y casi 800 mil personas, según las autoridades y los organizadores, respectivamente
Insurgente.org/
25/10/2026
En París, donde las autoridades cambiaron el recorrido a última hora, 250 mil participaron en la marcha, según la CGT.
El gobierno del presidente derechista Emmanuel Macron, estaba bajo presión para evitar nuevas escenas de disturbios y caos, como las registradas la semana pasada en los márgenes de las manifestaciones.
Este sábado, las autoridades prohibieron las marchas en algunas ciudades para evitar nuevos disturbios.
El movimiento de los chalecos amarillos, que sacudió el primer mandato de Macron en 2018 y 2019, ya anunció una nueva movilización dentro de siete días contra una «deriva autoritaria».
Los participantes en las manifestaciones exigen una mejor financiación escolar y oponerse al vertiginoso aumento del costo de vida, desafiando al gobierno del presidente Emmanuel Macron al tiempo que la policía disparaba gas lacrimógeno y cañones de agua cerca del final de la protesta.
La policía de París estimó la participación en 110.000, con manifestantes movilizándose pese a las restricciones que confinaron la marcha al extremo sureste de la ciudad, lejos del centro.
La policía utilizó gas lacrimógeno en varias ciudades, incluidas Lyon, Clermont-Ferrand y Estrasburgo, y cañones de agua en Niza y Nantes, reportaron medios franceses. En Marsella, los agentes dispararon gas lacrimógeno durante enfrentamientos con varias decenas de personas cerca del punto final de la marcha.
Las protestas ponen a prueba la autoridad de Macron en los últimos meses de su presidencia antes que los votantes elijan a su sucesor en mayo.
El ministro del Interior, Laurent Nuñez, había anunciado un despliegue nacional de hasta 70 mil policías, respaldados por helicópteros, vehículos blindados y cañones de agua.
Las autoridades habían confinado la marcha de París al extremo sureste de la ciudad, lejos del centro. Los sindicatos encabezaron la procesión, seguidos por manifestantes con impermeables que portaban banderas y pancartas hechas a mano.
Las movilizaciones comenzaron el mes pasado como una protesta por la falta de personal en una escuela secundaria al sureste de París y se han extendido a todo el país, atrayendo a estudiantes que exigen mejores escuelas y a trabajadores que buscan salarios y pensiones más altos.
Macron se reunió el viernes con representantes de estudiantes de secundaria. Ellos dijeron que había prometido reformar el sistema de admisión universitaria, pero pidieron que las protestas continúen hasta que se anuncien medidas concretas.
Soumaya Abed, una enfermera de 58 años que llevaba un chaleco rojo del sindicato CGT, dijo que había participado en protestas durante más de 30 años pero que nunca había visto una marcha comenzar en Porte d’Italie.
“Están usando lo que pasó la semana pasada como excusa para silenciar a los manifestantes”, sostuvo. “Pero eso no detendrá el movimiento. No impedirá que los estudiantes exijan mejores condiciones en las escuelas”.
En Marsella, la policía cifró la asistencia en 17 mil, y el sindicato CGT estimó la asistencia en 100 mil. En la ciudad suroccidental de Tolosa, 26 mil 500 personas se sumaron a las protestas, según las autoridades, las cuales habían prohibido concentraciones en ciudades incluidas Lyon, Niza y Montpellier.
Los sindicatos han criticado las prohibiciones, calificándolas de violaciones de la libertad de expresión protegida por la Constitución.
Los grupos estudiantiles quieren 250 mil plazas más en la educación superior y el fin de la selección a través de Parcoursup, el sistema nacional de admisión.
Su plan conjunto de 10 puntos también pide más profesores y reparaciones en escuelas y universidades.
También buscan ayuda con los costos cotidianos: 200 euros (224 dólares) adicionales al mes en becas estudiantiles y una congelación de alquileres en las residencias públicas para estudiantes.
El manifestante parisino Louis Ledoux–Xatard expresó frustración por la desigualdad. “Mirando a países como Estados Unidos, no queremos terminar como ellos, donde una parte de la población lo tiene todo y los demás no tienen nada”, declaró. “Nunca imaginé que estaría saliendo a la calle tanto antes de los treinta”.
(En base a La Jornada)
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