Estados Unidos ha logrado externalizar los flujos migratorios que se dirigían a su territorio al haber cerrado su frontera por medio de medidas discursivas, disuasivas, persecutorias y atrabiliarias
Foto Afp/Archivo
Jorge Durand
jornada.com.mx/09 de agosto de 2026
Por mucho tiempo se habló y constató sobre la externalización de las fronteras. Una medida que permite a los países ricos trasladar el control migratorio a otros países, por medio de acuerdos monetarios, presiones diplomáticas, chantajes comerciales.
España, Italia y otros países de la Unión Europea, por ejemplo, negocian con diversos países africanos para que apoyen en el control de la población migrante, que se dirige a sus costas, para que se combata a los traficantes y tratantes, sea en el Mediterráneo o en Atlántico, con los países que tradicionalmente envían migrantes hacia las Islas Canarias.
En el caso mexicano, es una tradición realizar el trabajo sucio ¡gratis!, para impedir, dificultar, encarecer, detener y absorber a los migrantes que se dirigen hacia el país vecino.
Pero si la frontera de Estados Unidos está cerrada, totalmente, como pude constatar con datos estadísticos de México y Estados Unidos en una entrega anterior, tenemos que admitir que, en este caso, ya no se puede hablar de externalización de la frontera. Estados Unidos controla su frontera, no necesita de otros.
En realidad, se está dando un fenómeno nuevo, de externalización de los flujos migratorios actuales, que antes se dirigían a Estados Unidos. Por decirlo en sencillo, las causas que generaban esos flujos en los casos como Cuba, Venezuela, Haití y Nicaragua no han desaparecido y siguen ocurriendo, pero ahora los flujos se redistribuyen entre países latinoamericanos vecinos, que tienen mayor solvencia económica, requieren de mano de obra, tienen una legislación favorable, que tradicionalmente han acogido a migrantes y existen redes sociales maduras.
El caso de Cuba es paradigmático. Por más de medio siglo, los cubanos fueron privilegiados en cuanto a la política de asilo de Estados Unidos. Cuando los estadunidenses se hartaron de que los balseros llegaran a sus costas, se negoció que llegaran con los “pies secos”, es decir, por México. Curiosamente, cuando se cierra la puerta de Miami para las drogas y luego para la migración, todo recala en México.
Los cubanos ya no son bien recibidos en Estados Unidos, y el asunto va más allá, incluso los que tienen trámites de asilo y visas de residencia se han visto seriamente afectados. El idilio cubano-estadunidense ya no es como antes y no todos quieren ir a celebrar al café Versalles, en la calle 8, para que luego te deporten.
Pero se viene lo peor: el bloqueo actual, de estrangulamiento económico y petrolero, ha dejado en situación de marasmo a la economía cubana. Pero en el caso de la isla, como en el de Venezuela, cualquier solución que se dé a la intervención política o militar por parte de Estados Unidos va a generar flujos migratorios que ya no van a ir a parar al imperio, y tampoco se va a dar, a corto o mediano plazo, el retorno de sus emigrantes a sus países de origen.
La crisis económica y política de Venezuela no sólo fue culpa de la ineptitud de Nicolás Maduro, de la corrupción de los militares y del proyecto en sí. Lo que hundió hasta el fondo a Venezuela fueron las sanciones, amenazas y restricciones impuestas por Estados Unidos. Y eso provocó una explosión migratoria nunca antes vista en América y tiene como uno de sus responsables directos a Estados Unidos.
Pero de los 8 millones de emigrantes venezolanos, Estados Unidos sólo recibió a una mínima parte, a 1.2 millones, mientras Colombia aceptó a 2.8 millones, Perú acogió a 1.5, Brasil a 750 mil, Chile a 669 mil, Ecuador a 440 mil, México a 100 mil y en cifras menores a Uruguay, Argentina y Costa Rica.
La crisis de Haití tiene explicaciones históricas y presentes en sus propias limitaciones e incapacidades, además de desastres naturales y sociales, pero la espiral de caída hacia el deterioro absoluto hay que atribuirlo a la intervención de Estados Unidos y Francia, en el derrocamiento del presidente, electo democráticamente, Jean-Bertrand Aristide, y de ahí todas sus secuelas. Y fue Latinoamérica la que recibió los mayores flujos de migrantes haitianos, especialmente República Dominicana, Brasil y Chile, México.
Otra forma de externalizar los flujos es de deportar migrantes a terceros países que no son su lugar de origen. Una medida totalmente arbitraria que cuenta con la anuencia de países débiles, que son chantajeados o le deben favores al imperio.
Las guerras imperiales solían tener, como contrapartida, la llegada de migrantes de los países afectados, como fue el caso de Japón, Corea, Filipinas, Vietnam, etcétera. Pero ahora, el imperio se las ha amañado para revertir estos procesos y externalizar los flujos hacia otros países.
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