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¿REALMENTE TE PERTENECEN TUS DECISIONES?

 Un nuevo estudio cerebral plantea grandes interrogantes
Los escáneres cerebrales revelan que las decisiones libres y forzadas se basan en el mismo proceso de acumulación de evidencia. Las decisiones pueden parecer espontáneas, pero el cerebro comienza a prepararlas antes de que nos demos cuenta conscientemente

 Crédito: Shutterstock

Lauren Claire Fong y Daniel Feuerriegel, Universidad de Melbourne/26 de mayo de 2026

Un nuevo estudio revela que el cerebro puede procesar decisiones voluntarias y forzadas utilizando mecanismos neuronales sorprendentemente similares.

Imagínate haciendo cola en una panadería, intentando decidir entre una rosquilla y una tarta. Tras pensarlo un rato, te decides por la rosquilla.

Pero cuando finalmente llegas al mostrador, las rosquillas ya no están, solo quedan las tartas. Sin otra opción, compras una tarta.

A primera vista, estas decisiones parecen fundamentalmente diferentes. Una se guía por las preferencias personales, mientras que la otra simplemente responde a lo que está disponible. Sin embargo, una nueva investigación publicada en Imaging Neuroscience sugiere que el cerebro puede procesar ambos tipos de decisiones de maneras sorprendentemente similares.

Decisiones libres frente a decisiones forzadas

Cuando tomamos decisiones libres, reconocemos que existen múltiples opciones, las sopesamos y nos comprometemos con una basándonos en algo interno: nuestras preferencias, valores y objetivos.

Las decisiones forzadas son diferentes. Solo hay un resultado posible, y nuestro trabajo consiste simplemente en identificar la opción y tomarla.

Dado que las decisiones libres están tan estrechamente ligadas a nuestra identidad, los neurocientíficos han asumido durante mucho tiempo que dependen de procesos cerebrales diferentes a los de las decisiones forzadas. Algunos estudios de neuroimagen respaldan esta teoría, al mostrar distintos patrones de actividad neuronal distribuidos por todo el cerebro.

Sin embargo, saber en qué parte del cerebro se producen las decisiones libres nos dice poco sobre cómo se forman, y si este proceso es diferente al de las decisiones forzadas.

Cómo el cerebro acumula evidencia

Décadas de investigación han demostrado que, para tomar decisiones, nuestro cerebro va recopilando gradualmente pruebas para cada opción a lo largo del tiempo.

Imagínelo como un juez evaluando los hechos de un caso. Una vez que se han acumulado suficientes pruebas a favor de una de las partes, se llega a un veredicto. En algunos tipos de decisiones, esto sucede muy rápidamente (en cuestión de cientos de milisegundos), lo que da la sensación de que la decisión simplemente se nos ocurrió de repente.

Mediante la medición de la actividad eléctrica cerebral, los investigadores han identificado una señal cerebral que refleja esta acumulación de información durante decisiones sencillas, como juzgar si un semáforo está en rojo o en verde.

Al igual que una barra de carga que va aumentando hasta el 100%, la señal sube gradualmente hasta un nivel determinado antes de que se tome una decisión. Debido a que la actividad de las neuronas en el cerebro es irregular, este proceso de toma de decisiones también se produce de forma irregular: en lugar de ascender de manera constante hacia una opción, la señal fluctúa entre las alternativas.

Por qué nuestras decisiones no siempre son coherentes

Esto explica en parte por qué no siempre somos coherentes con nuestras elecciones: incluso cuando nuestras preferencias son estables, algunos días nos decantaremos por la tarta y otros, por el donut.

Esta señal se ha identificado en decisiones forzadas con una respuesta correcta clara. Pero ¿qué ocurre con las elecciones abiertas, determinadas no solo por lo que tenemos delante, sino también por factores internos como las preferencias o los objetivos personales?

Para responder a esta pregunta, registramos la actividad cerebral de los participantes mientras elegían entre conjuntos de globos de colores. Podían ver dos globos de colores diferentes para elegir libremente o un solo globo, que debían seleccionar obligatoriamente.

Pulsaron un botón en el momento en que tomaron su decisión, y nosotros registramos cómo se desarrolló la actividad cerebral en los momentos previos a ese instante.

Actividad cerebral antes de tomar una decisión

Tanto en las decisiones libres como en las forzadas, la actividad cerebral se desarrolló de forma muy similar. Como una barra de carga, ascendía progresivamente hasta alcanzar el mismo nivel máximo justo antes de tomar una decisión. Cuando las personas decidían rápidamente, la señal aumentaba con mayor rapidez. Cuando tardaban más, el aumento era más lento.

Eso es exactamente lo que cabría esperar si el cerebro estuviera analizando y sopesando la evidencia a lo largo del tiempo, en lugar de simplemente reaccionar a una decisión en el último momento.

A partir de este hallazgo, se podría suponer que el cerebro toma decisiones libres y forzadas de la misma manera, lo que sugiere que la toma de decisiones en el cerebro puede ser más automática de lo que parece.

Esto recuerda a los famosos experimentos del neurocientífico Benjamin Libet en la década de 1980. Él y sus colegas descubrieron que la actividad cerebral comienza a aumentar incluso antes de que las personas sean conscientes de su intención de actuar, lo que sugiere que el cerebro ya ha comenzado a decidir antes de que la persona se dé cuenta conscientemente de que ha tomado una decisión.

¿Qué significa esto para el libre albedrío?

Si bien el proceso puede ser automático, la información que el cerebro recopila es muy diferente. La evidencia que evalúa proviene exclusivamente de quién eres: tus preferencias, tus metas y tus experiencias. Dos personas pueden pasar por el mismo proceso neuronal y llegar a la misma conclusión, pero por razones completamente distintas.

En lugar de preguntarnos si nuestras decisiones son realmente libres, quizás la pregunta más pertinente sea qué significa realmente que una decisión sea propia. Y la próxima vez que te encuentres haciendo fila en la panadería, recuerda que tu cerebro ya ha estado recopilando información para decidirte por ese dulce, y que esa decisión se toma más rápido de lo que crees.

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Referencia: 

«Rastreo de las trayectorias neuronales de la acumulación de evidencia y los procesos de preparación motora durante las decisiones voluntarias», por Lauren C. Fong, Paul M. Garrett, Philip L. Smith, Robert Hester, Stefan Bode y Daniel Feuerriegel, 30 de marzo de 2026. Imaging Neuroscience.

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Adaptado de un artículo publicado originalmente en The Conversation .

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Fuente:

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