El fútbol no solo ha sido la parte de los burgueses aprovechándose del pueblo, sino, también los hinchas que saben que la tribuna es un espacio político
Revolución Obrera
mayo 23, 2026
El fútbol indudablemente es el deporte rey, es lo que un día Eduardo Galeano llamó «la única religión que no tiene ateos» y esto lo notamos al conocer las cifras de los millones de personas alrededor del globo que se reúnen para presenciar partidos decisivos, por ejemplo, según estimaciones de Radio y televisión de España la final de la Copa Mundial de la FIFA Qatar 2022 entre Argentina y Francia la vieron aproximadamente 1500 millones de personas, en comparación con el Super Bowl que tuvo una audiencia de 113 millones de personas.
Como otro dato de comparación, al día de hoy la ONU tiene 193 países miembros mientras que la FIFA tiene 211 miembros, esto muestra que hasta la organización que regula el fútbol tiene más afiliados que la misma organización política más grande del mundo.
El fútbol, al ser el deporte más popular, mucha gente lo sigue y entre ellos, los diferentes políticos y líderes mundiales, por ejemplo, si vemos el palco del Estadio Santiago Bernabeu allí se sientan dirigentes como Jose Maria Aznar (ex presidente de España), por lo que en su momento David Jiménez, ex director del periódico El Mundo, diría «en el Palco del Bernabéu se mueven los hilos del país». Ahora bien el tema es que no solo en España y el palco del Bernabéu pasa esto que también pasa en otros países, en otros palcos.
Eso ha hecho que durante muchos años los diferentes gobiernos y regímenes políticos utilicen el fútbol para legitimar sus intereses. Cuando hablamos del poder político y de la política en el fútbol podemos ir desde un simple partido, hasta el poder e intereses políticos que tiene la misma FIFA, esto, pasando por la utilización de resultados como propaganda a favor de un régimen y el empleo de estos para exaltar el patriotismo o la lucha ideológica. A esto se le pueden sumar los diferentes campeonatos que se haya organizado, uno que otro hecho de corrupción, el arreglo de resultados y las decisiones que se han tomado en los diferentes palcos.
No podemos olvidar las reuniones entre Donald Trump y el presidente de la FIFA, Gianni Infantino; cómo Estados Unidos, Qatar y otros países fueron nombrados sedes de los campeonatos sin importar su poca tradición futbolera o lo autoritario de sus gobiernos; o cómo, cuando empezó la guerra de Ucrania se suspendió a Rusia de las competiciones, pero no se ha suspendido a los genocidas sionistas de Israel de ningún torneo; cómo Estados Unidos pidió sacar a Irán del mundial y meter a Italia sin tener en cuenta el mérito deportivo.
Además, no se puede olvidar cómo varias personas tuvieron el poder político en un país y antes de ello fueron presidentes y dueños de un equipo de fútbol, o también los casos de futbolistas y personas que tuvieron alguna relación y se lanzaron a la política haciendo que, como mínimo, el fútbol se haya vuelto una plataforma para llegar hasta ese punto.
Cuando mencionamos una interferencia política en el fútbol o en el deporte en general a la gente se le podrían venir a la mente las Olimpiadas de Berlín de 1936 que para nadie es un secreto que Hitler las utilizó para legitimar y lavarle la cara a su régimen nazi. Pero esto no significa que no haya existido otro tipo de eventos: acá podríamos mencionar el Mundial de Italia del año 1934 el cual organizó Mussolini para exaltar el fascismo italiano. O por ejemplo, cuando en Colombia se mostró un partido por la televisión nacional que no generaba mucho interés para esconder la retoma militar del Palacio de Justicia a manos del Ejército Nacional que desapareció trabajadores y a otras personas inocentes. Con todo esto podemos ver cómo el fútbol y el deporte en general se utilizó para varias cosas, ya sea para esconder algo que esté pasando en ese momento o para lavarle la cara a ese gobierno.
Con todo esto, toma más sentido la frase del escritor y director de cine Paul Auster «El fútbol es un milagro que le permitió a Europa odiarse sin destruirse», además de la frase del entrenador británico William «Bill» Shankly que dijo «el fútbol no es cuestión de vida o muerte, es mucho más que eso». Acá se ve que el fútbol va más allá de ser un simple deporte en el que 22 personas corren tras de un balón.
Tampoco se puede olvidar el nivel económico que se mueve en un mundial, los dirigentes de los países han llegado a sobornar las directivas de la FIFA para poder llegar a ser sedes. No olvidar el famoso caso del «FIFA Gate», una extensa red de sobornos, fraude y lavado de dinero que involucró a altos funcionarios de esa Federación (como su presidente Joseph Blatter), confederaciones continentales (el presidente de la UEFA, Michel Platini) y empresas vinculadas al deporte. El fútbol ha sido utilizado para generar también ese adormecedor colectivo, el hecho de que por ejemplo en Colombia el Congreso ha llegado a aprobar leyes nocivas para el país en medio de partidos de la Selección o a ejecutar la represión contra los luchadores populares cuando el pueblo está distraído.
Pero tampoco se puede olvidar la resistencia que se ha generado en las tribunas populares, el fútbol no solo ha sido la parte de los burgueses aprovechándose del pueblo, sino, también los hinchas que saben que la tribuna es un espacio político. Es así como han existido hinchadas antifascistas como por ejemplo, los Bukaneros del Rayo Vallecano, la del St. Pauli en Alemania, la de Livorno en Italia, la de Argentinos Juniors en Argentina o la Red Guards de Independiente Santa Fe en Colombia, que se esfuerzan y salen al paso para generar conciencia política.
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