El mundo, y no sólo la región de Medio Oriente, viven horas difíciles
Todas las guerras, y más en la modernidad, son esquemas de suma negativa: todos los actores pierden y también, por sus inevitables repercusiones en un entorno globalizado, el mundo entero
Imagen Gemeni
José Murat
jornada.com.mx/13/04/2026
La guerra de Israel, apuntalada por Estados Unidos, contra Irán ya colapsó la economía de todos los puntos cardinales y el escenario de devastación total no ha desaparecido. Un frágil armisticio de dos semanas no es una solución estable y verdadera.
Después de que los principales actores, los que iniciaron los bombardeos, festinaban que la guerra duraría días o máximo dos semanas, la conflagración ya alcanzó un mes y medio, ya se regionalizó en los ataques a las instalaciones estratégicas y la población civil, y no se vislumbra una solución de fondo a corto plazo.
No hay siquiera respeto al armisticio. Al siguiente día de anunciado el alto temporal al fuego entre Irán y sus dos adversarios, Israel ya estaba bombardeando Líbano, con saldo preliminar de más de 200 muertos y más de mil heridos, según la Defensa Civil de este país históricamente lastimado. Combates y pérdidas de vidas humanas, además de destrucción de viviendas, escuelas y hospitales en todo Medio Oriente, seguirá habiendo mientras no se erija una solución estructural y sustentada.
Ya lo advertíamos en este mismo espacio de reflexión: Irán no es un país ordinario, convencional, es el heredero genuino del imperio persa, una civilización milenaria, hecha para la sobrevivencia y la resiliencia. La rendición unilateral no está en su código genético, en su identidad cultural e histórica. Por eso, a cada ataque responde con otro, en su propia estrategia de ataques focalizados, y en su propia capacidad de resistencia.
Es una guerra asimétrica, como dicen los expertos en logística militar, pues la capacidad bélica de un bando y de otro no son, ni de lejos, equivalentes. Pero el umbral de tolerancia al dolor y la resistencia a la adversidad es diferente, y aquí la civilización persa tiene la ventaja, no táctica, sino estratégica.
Pero no tiene por qué haber dolor, sufrimiento y destrucción en ninguna de las partes, ni en Irán ni en Israel ni en Estados Unidos. Para decirlo con más puntualidad: ya son más de 3 mil 600 fallecidos, incluidos altos mandos militares y políticos, la inmensa mayoría población civil indefensa. En infraestructura regional se han afectado gravemente instalaciones petroleras; las redes eléctricas, las que suministran agua potable y agua para las actividades productivas; acerías, y la cadena de producción de alimentos.
Los daños al patrimonio cultural, con los bombardeos indiscriminados, se han registrado hasta ahora en 131 edificios históricos, sobre todo en Irán, y especialmente sus ciudades emblemáticas Teherán e Isfahán. Muchos de esos edificios son patrimonio cultural de la humanidad, es decir, patrimonio que debiéramos defender todos los seres humanos.
El impacto ambiental ha sido también brutal, algo que no ha sido destacado por la mayoría de los medios y en general por los tomadores de decisiones. Los bombardeos a instalaciones presuntamente nucleares, a infraestructura petrolera y el bombardeo masivo a instalaciones estratégicas tendrán un daño ecológico mayor, que se hará más visible y más dañino con el paso de los años.
Tampoco tiene que sufrir la comunidad internacional, que ya resiente la elevación estratosférica del precio de los energéticos, por encima de 100 dólares por barril, los alimentos, los insumos estratégicos de las cadenas productivas y el encarecimiento de los fertilizantes, insumos tan necesarios para un campo productivo en todas partes.
Una comunidad mundial, sobre todo, amenazada por un jinete del apocalipsis que creíamos superado, la guerra nuclear de destrucción total, sin vencedores ni vencidos, pues cada vez hay armas más letales y cada vez hay menos disposición para el diálogo civilizado, un gran pacto mundial por la paz que proscriba para siempre el miedo a la devastación de la casa común de todos, el planeta Tierra, con su biósfera única e irrepetible, incompatible con cualquier plan b.
Un escenario de descomposición y ruptura de las alianzas históricas, que creíamos inquebrantables, como el rechazo de la OTAN a sumarse a la estrategia bélica de Estados Unidos en Irán, lo que ha puesto en el escenario la posibilidad de la ruptura de ese bloque que por décadas aglutinó al mundo capitalista, incluida la mayoría de los países europeos.
Un escenario donde sigue figurando la guerra de Rusia contra Ucrania, una conflagración que no cesa y que ya rebasó cuatro años en febrero pasado, cuando se creía que duraría semanas o a lo sumo unos meses. Un escenario que incluye el frágil armisticio en la guerra Israel-Hamas, en la franja de Gaza, para muchos expertos en geopolítica mundial un acuerdo interrumpido y violado la semana pasada con los bombardeos a Líbano.
En suma, el mundo, y no sólo la región de Medio Oriente, viven horas difíciles. Se precisa diálogo de altura, diplomacia de las partes y de los organismos internacionales para construir una solución de fondo a la guerra Israel-EU contra Irán y en todos los frentes abiertos y latentes. Un acuerdo mundial por la paz, para no tener más un planeta bajo amenaza.
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