El capitalismo en su fase imperialista es la fase de agonía, donde el sistema se vuelve «parásito» y «descompuesto»
El mundo atraviesa actualmente uno de sus periodos de mayor inestabilidad desde la Segunda Guerra Mundial, con más de 56 conflictos activos
Revolución Obrera
febrero 27, 2026
Para el leninismo, el imperialismo es la etapa monopolista y decadente del capitalismo, caracterizada por la concentración de la producción, el predominio de los monopolios y el capital financiero, la exportación de capitales, la formación de asociaciones internacionales monopolistas y el reparto territorial del mundo. El capitalismo en su fase imperialista es la fase de agonía, donde el sistema se vuelve «parásito» y «descompuesto». Su esencia es la dominación de una pequeña élite financiera sobre todo el planeta, cuyo interés es aumentar su cuota de ganancia obligando a cada bloque imperialista a acelerar el acabose de la naturaleza y de la misma humanidad haciendo inevitables nuevas guerras de rapiña, con el propósito de mantener o disputarse nuevas regiones del planeta entre las potencias o bloques imperialistas.
El mundo atraviesa actualmente uno de sus periodos de mayor inestabilidad desde la Segunda Guerra Mundial, con más de 56 conflictos activos. Las guerras se presentan en grandes zonas de tensión estratégica y numerosas crisis regionales. En Europa Oriental hay una guerra de desgaste entre Rusia contra Ucrania, esta última apoyada por la imperialista OTAN, ambos bandos usan ejércitos de mercenarios o de las semicolonias. En Asia Occidental el genocidio que comete Israel contra Palestina se recrudeció en 2023 y persiste con una frágil tregua marcada por acusaciones de incumplimiento y uso de armas termobáricas. Israel y EE. UU. establecieron nuevos frentes de guerra involucrando directamente a Hezbollah en el Líbano, milicias en Siria y Yemen, además de tensiones directas con Irán. A eso se suma la guerra civil en Yemen que causó cientos de miles de víctimas.
En África los diferentes países imperialistas se disputan el dominio de ese continente. En Sudán, desde abril de 2023 la guerra civil desplazó a millones de personas y provocó miles de muertes. En Sahel (Malí y Burkina Faso) una insurgencia militante en expansión convirtió a esta región en una de las más mortíferas para civiles. En la República Democrática del Congo persiste la violencia en el este del país, exacerbada por tensiones con Ruanda. En Asia, Myanmar vive una guerra civil tras el golpe de Estado de 2021. En Cachemira se enfrentan India y Pakistán por su control. Y a ello se suma la disputa por parte de China y Estados Unidos por la isla de Taiwán.
En América existen amenazas directas de Estados Unidos de anexarse Groenlandia, una isla enorme, casi un continente que pertenece a Dinamarca. La excusa es que Rusia y China amenazan con tomarse ese territorio y Dinamarca no está en capacidad de dar respuesta militar y proteger la isla, y de fondo, EE. UU. desea quedarse con las riquezas de Dinamarca como sus tierras raras (neodimio, disprosio) muy usadas en las mercancías tecnológicas; a ello se suman el petróleo, el gas, oro, zinc, uranio, diamantes, entre otros. El país norteamericano amenaza con invadir Canadá, México, Colombia y Cuba, sobre la que mantiene un criminal bloqueo.
En Venezuela hubo una agresión militar por parte del imperialismo gringo (secuestro de Nicolás Maduro y Cilia López, asesinato de decenas de militares y civiles). Esto va acorde a la política exterior adoptada por el gobierno de Donald Trump de revivir la «Doctrina Monroe» hoy «Donroe» (América para los capitalistas americanos). En general, se puede apreciar la pretensión del imperialismo estadounidense en hacerse nuevamente con el control del hemisferio occidental y de rechazar mediante la fuerza o medidas económicas como el aumento de aranceles, cualquier presencia de Rusia y China en el continente.
Para el imperialismo sus guerras de rapiña son inherentes al capitalismo monopolista y le sirven para volver a dividir el mundo entre las grandes potencias asegurando mercados, materias primas y territorios para la inversión de capital excedente. Su propósito es el saqueo, la opresión de países oprimidos y el aplastamiento del movimiento proletario. En resumen, es la lucha de «bandidos» por el dominio mundial.
Sin embargo, la agudización de las contradicciones generará levantamientos y guerras justas de liberación contra el imperialismo donde el eslabón de la cadena imperialista se puede romper, incluso, en el mismo corazón de la bestia imperialista, como en cierta medida se ha venido presentando en EE. UU., donde buena parte de las comunidades en varios estados se levantaron contra el terrorismo de Estado aplicado por el gobierno de Trump contra los migrantes y contra el mismo pueblo norteamericano por medio del ICE, lo que generó, incluso, resistencia armada.
La guerra imperialista pone al orden del día el estrecho vínculo de la época del imperialismo con la era de la revolución proletaria mundial, esto no implica la simpleza del análisis, ni la vulgarización del marxismo, por el contrario, obliga a resolver toda una serie de cuestiones, producto de la complejidad que presenta la doble vertiente del imperialismo, en cuanto es capitalismo parasitario, corrupto y agonizante, por un lado, y de otro, de época de transición del capitalismo al socialismo, de antesala latente hacia una forma social superior que abre la revolución social.
Los comunistas revolucionarios deben saber aprovechar ese sentimiento antiimperialista y conducirlo a posiciones revolucionarias internacionalistas, socialistas. Es necesario coordinar luchas más allá de las fronteras y organizar y concretar el apoyo material a los pueblos agredidos y a los movimientos antiimperialistas. Denunciamos ante los ojos de las masas el carácter entreguista, lacayo y servil de las clases dominantes y sus representantes políticos e intelectuales. Llamamos a unirnos con los antiimperialistas en la lucha contra los imperialistas. La lucha contra el imperialismo nos debe conducir, necesariamente, a la lucha por el Socialismo.
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