Un spray nasal experimental desarrollado en la Universidad de Stanford protegió a ratones frente a virus de Covid-19, bacterias hospitalarias y alergias comunes durante meses
Nelson Hernández
cambio16.com/27/02/2026
En la Universidad de Stanford, un grupo de científicos ha encendido una expectativa inédita en inmunología respiratoria. Un spray nasal experimental protegió a ratones frente a virus, bacterias hospitalarias y alérgenos. La investigación abre un nuevo mapa preventivo para las vías respiratorias y la salud colectiva, con implicaciones profundas para la medicina del futuro.
Los resultados describen una reducción significativa de la carga viral pulmonar asociada a coronavirus, incluido el SARS-CoV-2. Además, la protección se mantuvo durante varios meses, un periodo que cubre una temporada completa de infecciones respiratorias. Esa duración genera interés en autoridades sanitarias que buscan herramientas más duraderas y versátiles.
La formulación no se limita a virus. La exposición a bacterias relacionadas con infecciones nosocomiales, como Staphylococcus aureus y Acinetobacter baumannii, también terminó con una diferencia notable entre animales vacunados y no vacunados. Por lo tanto, el spray nasal se perfila como protección transversal frente a amenazas respiratorias que hoy se atienden mediante intervenciones separadas.
El ensayo incluyó además un reto con alérgenos frecuentes. Proteínas de ácaros del polvo doméstico, asociadas con crisis asmáticas, provocaron cuadros leves en los ratones inmunizados, mientras que el grupo de control mostró inflamación intensa y acumulación de moco en vías respiratorias. Esa combinación de efectos abre posibilidades en el manejo de asma alérgica y rinitis.

El siguiente paso para comprobar la eficacia del spray nasal contra virus y alergias será un ensayo clínico de fase I con personas / redalergiayasma.org
La novedad más llamativa surge del cambio de lógica inmunológica. Las vacunas tradicionales se apoyan en un antígeno específico, mientras que la formulación de Stanford imita señales de comunicación entre células inmunitarias. El objetivo central ya no es un patógeno concreto, sino el estado general de preparación defensiva en pulmones y mucosas nasales, durante meses.
Un antiguo sueño respiratorio toma forma
La idea de una vacuna universal circula desde hace décadas como referencia casi mítica entre inmunólogos. El objetivo ha sido lograr una protección amplia contra patógenos respiratorios muy distintos, sin depender de actualizaciones anuales. Sin embargo, los desarrollos continuaron limitados a familias concretas de virus, como influenza o coronavirus estacionales.

En el laboratorio, el spray nasal experimental protegió durante varios meses a ratones frente a virus, bacterias hospitalarias y alergias / lobosnews.com
La vacunación moderna se consolidó sobre un principio eficaz: un fragmento reconocible de un patógeno se presenta al sistema inmunitario con el fin de generar memoria adaptativa. Luego, cuando aparece el virus real, el organismo responde con rapidez. Ese esquema salvó millones de vidas, aunque muestra debilidades frente a mutaciones aceleradas y variantes imprevistas.
Cada temporada de gripe ilustra esa fragilidad con claridad. La composición de las vacunas se ajusta según las variantes predominantes, porque los antígenos de superficie cambian de forma constante. La pandemia de Covid-19 reforzó la lección con sucesivas variantes.
El grupo liderado por Bali Pulendran decidió abordar el problema desde otra dirección. La propuesta intenta fortalecer un estado de vigilancia general en los pulmones, en lugar de perseguir cada nuevo rostro viral.
Dos defensas que rara vez trabajaron juntas

/ @SEICAP
El organismo cuenta con dos grandes sistemas inmunitarios que operan con tiempos y estrategias distintos. La inmunidad innata actúa en minutos y utiliza células generalistas, como macrófagos y neutrófilos, capaces de reconocer patrones de peligro comunes. La inmunidad adaptativa, en cambio, tarda días, pero crea anticuerpos y células T altamente específicas para cada amenaza potencial.
Durante décadas, la mayor parte de las vacunas priorizó la rama adaptativa. La memoria inmunológica prolongada, asociada a anticuerpos y células T, ofreció una herramienta muy eficaz contra enfermedades concretas como sarampión, poliomielitis o hepatitis viral. Sin embargo, ese enfoque dejó menos explorada la capacidad de la inmunidad innata para proporcionar un escudo amplio y rápido.
Investigaciones recientes comenzaron a matizar esa visión clásica. Algunos estudios sobre BCG mostraron que la inmunidad innata puede mantenerse activa más tiempo de lo supuesto, al menos en determinadas condiciones experimentales. Esa activación prolongada se asoció con señales procedentes de células T ubicadas en pulmones, que enviaron estímulos de refuerzo hacia las células innatas del tejido respiratorio.
La formulación de Stanford toma esa observación como base de diseño. El objetivo consiste en recrear un circuito en el cual células T residentes en pulmones mantienen encendida la alerta innata durante semanas o meses. La clave aparece en la combinación de señales moleculares que activan receptores sensibles a patógenos en las células defensivas, sin necesidad de infección real.
Esa colaboración más estrecha entre inmunidad innata y adaptativa supone un cambio relevante en la manera de entender las vacunas respiratorias. El cuerpo ya no depende solo de la memoria frente a un antígeno concreto. La respuesta innata sostenida reduce la ventana de tiempo favorable a la replicación viral y limita la progresión de la enfermedad desde las primeras fases de exposición.
De los laboratorios a la vida diaria y a las decisiones colectivas
Si la estrategia se confirma en seres humanos, el impacto sobre la prevención respiratoria podría ser profundo. Una vacuna intranasal con protección amplia permitiría reorganizar campañas estacionales. Una o dos aplicaciones en otoño cubrirían un periodo de circulación intensa de virus, como gripe, coronavirus, virus respiratorio sincitial y otros agentes habituales.
La protección frente a bacterias hospitalarias añade una dimensión especialmente relevante. Infecciones por Staphylococcus aureus o Acinetobacter baumannii representan un problema grave en unidades de cuidados intensivos. Una reducción del riesgo en pacientes vulnerables implicaría menos estancias prolongadas, menor consumo de antibióticos y alivio notable para sistemas sanitarios sometidos a presiones crecientes en todo el mundo.

/ redalergiayasma.org
El efecto sobre alergias respiratorias también abre una puerta significativa para millones de personas. Crisis asmáticas relacionadas con ácaros del polvo y otros alérgenos deterioran la calidad de vida diaria y generan costos elevados. Una vacuna que atenúe reacciones de tipo Th2 y mantenga vías respiratorias más despejadas reduciría visitas a urgencias y uso de medicación de rescate.
En paralelo, el mercado de sprays nasales ya experimenta innovaciones orientadas a la prevención. Productos como Taffix intentan crear barreras físicas mediante polvos que acidifican la mucosa nasal. Otros aerosoles con xilitol exploran propiedades antivirales y antiinflamatorias para modular la microbiota nasal y aliviar cuadros de rinitis crónica en distintos grupos de pacientes particularmente sensibles.
Existen también sprays con funciones de captura mecánica, como formulaciones PCANS tipo Profi. Esos productos generan una capa de gel que atrapa gérmenes antes de que alcancen el epitelio nasal. Además, algunos estudios con azelastina, un antihistamínico nasal, mostraron reducciones de infecciones por SARS-CoV-2 en ensayos clínicos controlados, aunque con objetivos más acotados y específicos.
La prudencia científica ocupa un lugar central en el debate sobre la vacuna intranasal universal. Resultados en ratones no se extrapolan de forma automática a humanos. Ensayos de fase I evaluarán seguridad y tolerabilidad. Fases posteriores medirán eficacia real, duración de la protección, dosis óptimas y posibles efectos adversos en diferentes perfiles de población.
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