Para impacientes
El escenario bélico que EEUU está montando frente a Irán ofrece a China la posibilidad de hacer un ensayo real de guerra sin entrar directamente en guerra con el Imperio
Augusto Zamora, ex embajador nicaragüense
observatoriocrisis.com/27 febrero, 2026
Nos toca, en estos tiempos de incertidumbres, vivir entre densas humaredas e insoportables parloteos. Los llamados medios de comunicación masiva han hecho proliferar, no como hongos, sino como bacterias, una multiplicidad de analistas, geopolitolólogos, predictólogos y demás proctólogos, que no cesan de hacer pronósticos y horrorísticas sin fondo ni sentido, pero que llenan a sus videntes de confusión, barullo y desconciertos -que son sinónimos-, sin aportar otra cosa más que eso: humo y ruido.
En estos tiempos de metástasis intelectual se hace prudente tomarse las cosas con calma y con café para no seguir emborronando la mente (cuenta nos damos que, esta matina, tenemos al léxico en situación insurreccional).
Desde la Casa Blanca y de Boxeo ¿está programada una velada pugilística? salen ditirambos sobre negociaciones de paz en Ucrania y con Irán, al tiempo que el decadente imperio reparte armas y distribuye flotas por las zonas más explosivas del planeta.
Una “contradictio in terminis”, para decirlo en latín, o bien un oxímoron, para decirlo en griego, es decir, situaciones en las que los términos se contradicen a sí mismos. La una es una locución latina que significa «contradicción en los términos», refiriéndose a una expresión, argumento o situación que se autocontradice, queriendo unir conceptos que se excluyentes unos a otros. Es sinónimo de oxímoron, que es decir una cosa y la contraria. Pues eso mismo es la política de EEUU, para no enredarse. Dicen una cosa y hacen otra y, siendo bíblicos, por sus hechos debemos guiarnos.
De impacientes y monstruos: El oxímoron de la política exterior de EE. UU
EEUU dice querer la paz en Ucrania, pero la paz como la entiende EEUU, es decir, que los firmantes suscriban lo que le interesa a EEUU y poco más. Que Ucrania entregue el Donbás a Rusia le da igual a EEUU. No es territorio gringo. Lo relevante es lo que tendría que ceder Rusia para lograr el pedazo de tierra.
La OTAN puede aceptar la cesión si Rusia, a cambio, acepta el rearme de Ucrania y su reconversión en un monstruo militar que pueda, en su momento, devolver el golpe y causar estragos en Rusia. Militarmente, el Donbás no tiene mayor relevancia.
La tienen las costas del mar Negro y el territorio ucraniano, pues allí podría la OTAN construir un Frankenstein militar en el vientre blando de Rusia. También habría tiempo para el rearme general de la Europa atlantista, de forma que, sumando A+B, tendríamos la situación que más conviene a EEUU. Ucrania sobrevive como territorio antirruso, la OTAN se arma hasta los dientes contra Rusia y se prepara el bloqueo marítimo de Rusia cerrando el mar Negro y el Báltico, amén de crear candados a la salida rusa del Ártico al Atlántico. Y no le den más vueltas.
A Irán se le pide lo que Irán daría si se quiere suicidar: renunciar a su programa nuclear y a todos los misiles con un alcance superior a los 300 kilómetros. Eso es lo que sueña conseguir el gobierno genocida de Israel y que EEUU, títere del sionismo, le está pidiendo a Irán. El gobierno iraní, por supuesto, no aceptará el suicidio asistido que propone Washington.
Todo este meneo de negociaciones no tiene otro propósito que ganar tiempo. EEUU para acumular el máximo de recursos aeronavales. Irán, para esperar que llegue todo el material militar que están enviando al país Rusia y China, al parecer con bastante prisa. Irán, al tiempo, acelera los preparativos para resistir de la mejor manera posible el bombardeo yanqui/israelí. ¿Qué pasará? Nadie lo sabe, pero, por si las moscas, en Irán están todos atrincherados. Una sorpresa como la del pasado año no se dará. Y, si hay guerra, podríamos todos tener que volver a burros y bicicletas.
Protagonista silente es China, que parece ver los toros de largo, pero no, que en Beijing hace mucho tiempo dejaron el chupete político. EEUU está en una carrera militar acelerada y, casi, supersónica, armando a Taiwán. Crearon un comando unificado Taiwán/USA para atacar centros neurálgicos en la república popular, además de mantener una especie de puente aéreo transportando toda clase de armas al portaaviones que es Taiwán.
La estrategia militar de EEUU pasa por fortalecer los tres anillos de islas con los que está rodeando a China, de forma que China -como Rusia- sea forzada a quedarse encerrada en su territorio, mientras EEUU y sus aliados mantienen el dominio del océano mundial.
No hay aquí exageración ninguna. Está en los documentos oficiales del Pentágono desde 2017 -primer mandato de Trump- y no han variado la letra, aunque sí la musiquita, para engañar a los tantos bobos que hay. Lo explicamos, desde 2022, en De Ucrania al Mar de la China. Ninguna novedad, por tanto. No estamos antes procesos reales de paz, sino en los prolegómenos de la gran guerra que viene.
Esos son los planes de EEUU. Toca ver los de las otras partes, que esto es un baile de salón, con parejas y disparejas.
Rusia, obviamente, le sigue el juego a Trump porque es lo inteligente. Mientras tanto, sigue impertérrita en su estrategia de guerra de desgaste, ocupando pueblo tras pueblo, con costos mínimos para Rusia y horrendos para los ukronazis, aunque los plumíferos accidentales se fuercen en decir lo contrario.
El régimen pelele de Kiev tiene cada día menos soldados, menos armas, menos recursos y menos dinero a su disposición. La Europa atlantista no está mejor. Se les inflaman glándulas y campanillas haciendo gesticulaciones amenazantes y graznando como cuervos afónicos, pero, detrás, no tienen nada sustancioso.
Deudas crecientes, economías menguantes, desigualdades galopantes, pueblos envejecidos y natalidad negativa. No son datos que inviten a irse de fiestas, menos si las fiestas son bélicas y contra la primera potencia nuclear del mundo. Aún así, británicos y franceses hablan de enviar tropas a Ucrania. Rusia ha dicho que, si tal hacen, serán un objetivo militar preciado. Se admiten apuestas.
Algunas cosas del despliegue de EEUU frente a Irán son de comedia gruesa. Según recoge la revista Military Watch, “El superportaaviones de la Armada estadounidense, el USS Gerald Ford, sufre desbordamientos de aguas residuales durante su despliegue contra Irán”. “Según informes, la mayoría de los aproximadamente 600 baños del USS Gerald Ford han dejado de funcionar ocasionalmente, obligando a los marineros a esperar hasta 45 minutos o más para que funcionen.
Según el Navy Times, el superportaaviones recibió un promedio de una llamada de mantenimiento relacionada con las aguas residuales al día durante su despliegue en 2025. Los registros internos muestran cientos de fallos en el sistema de alcantarillado del USS Gerald Ford en períodos cortos, incluyendo un informe interno de 205 averías en cuatro días durante 2025, lo que obligó al portaaviones a solicitar asistencia externa decenas de veces desde 2023 para intentar mantener el sistema en buen estado.
En ocasiones, ha sido necesario el uso de una descarga ácida especializada, con un coste aproximado de 400.000 dólares por uso, para eliminar la acumulación de residuos, y solo puede realizarse en puerto, no en alta mar”. Vaya por Mahoma. Por mal diseño, el súper portaaviones está inundado de mierda.
Sigue diciendo Military Watch: “Según se informa, la necesidad de que los marineros y técnicos trabajen largas jornadas para gestionar el problema ha contribuido a la baja moral, agravando la desmoralización ya causada por la significativa prolongación del despliegue del superportaaviones, que superó con creces su duración habitual.
Oficiales de la Armada estadounidense afirman que los problemas con los sanitarios no han comprometido la capacidad de la misión, pero sí representan un grave problema para la calidad de vida”. Miren ustedes, construir la mayor plataforma marina del mundo para que los marineros dediquen el grueso de su tiempo a deshacerse de sus propias heces. Suerte que no era una nave espacial.
Copro-guasas aparte, China lleva tiempo publicando fotos y coordenadas de las bases, los barcos y el armamento desplegado por EEUU contra Irán. China le está diciendo a los de la Casa Blanca que los tienen controlados y que esa vital información militar está siendo compartida con Irán. Además, tiene navegando en el golfo de Omán a su buque espía más sofisticado y completo; un buque que puede monitorear, ubicar, dar seguimiento e informar de todo a Irán.
Desde los movimientos previos a un ataque al despegue de aviones y disparo de misiles. Esto es todo, menos baladí. De darse, Irán estaría informado al segundo de los movimientos de las fuerzas aeronavales de EEUU, de forma que tendría tiempo de preparar la recepción.
Nada de esto tuvo Irán en la miniguerra de misiles de junio de 2025 con Israel, pese a lo cual dio un duro castigo a los sionistas, al punto de hacerles pedir cacao. Ahora, si Irán llegara a gozar del apoyo chino (y ruso, no lo duden), en caso de agresión, Irán puede dar algunas sorpresas. Y puede que, por eso mismo, en EEUU, los generales tienen serias reservas con ir a esa guerra. Y puede que, por ese agujero de miedo, se busque alguna salida de acomodo para Trump y así taparle las vergüenzas (si acaso le queda alguna intacta).
Más relevante es lo siguiente. Mutatis mutandis, el escenario de conflicto EEUU/Irán es similar al escenario de conflicto que se presenta en el Mar de la China. Una potencia aeronaval, EEUU, apoyándose en base militares de países aliados, ataca a un país desde el mar y desde las bases aliadas. Cámbiese Jordania por Filipinas; Arabia Saudita por Japón; Bahréin por Corea del Sur y quedará más clara la similitud.
De esa forma, el escenario bélico que EEUU está montando frente a Irán ofrece a China la posibilidad de hacer un ensayo real de guerra y de medir sus armamentos con los de EEUU sin entrar directamente en guerra con EEUU.
Eso explicaría el despliegue del buque espía y el espionaje satelital sobre las bases estadounidenses en la región arábigo-persa. Para China, mejor imposible. De ahí, también, la celeridad con la que Beijing está entregando armamento chino a Irán. Y de por qué Rusia está haciendo lo mismo, aunque, quizás, por otro motivo: devolverle el ‘favor’ que EEUU le viene haciendo usando Ucrania.
Hemos dicho, desde tiempo ha, que, en estos presentes, no hay conflictos aislados. Que todos son sistemas de vasos comunicantes, aunque sus geografías estén lejos unas de las otras. EEUU ha sido y es (no sabemos si lo seguirá siendo) sobre todo una potencia aeronaval.
Su condición de Estado-isla en un continente-isla no le permite ser otra cosa. Si, como en ese juego de mesa de Hundir el barco, Irán/China/Rusia le hunden o averían seriamente a EEUU un portaaviones y algunos barcos y le derriban aviones, ya podremos anticipar resultados de lo que sería una guerra entre China y EEUU por el control de Asia/Pacífico.
Este panorama lo examinamos, en el lejano 2018, en el libro Réquiem polifónico por Occidente, donde hablábamos de la desventaja de Vulcano armatoste (EEUU) frente a los Hermes misilísticos (Rusia y China). En otras palabras, para no retrasar el café, de la desventaja de los buques de guerra frente al poder de los misiles.
Para dar un ejemplo, ese portaaviones de mierda -literal-, el Gerald KK Ford, tardó doce años en construirse (2005-2017) y cinco años más en ser declarado operativo (2022). ¿Saben cuántos misiles pueden construirse en un año o, mejor o peor aún, en cinco años?
El Gerald KK Ford costó 13.300 millones de dólares. Hagan cálculos sobre el número de misiles que pueden construirse con esa cantidad. No hay cifras oficiales de lo que cuesta un misil hipersónico Oreshnik ruso, pero fuentes occidentales lo cifran en 10 millones de dólares. Aceptemos la cifra. Con 100 millones se construyen diez Oreshnik, con mil millones se construyen cien Oreshnik. Bastaría uno de ellos para convertir en arrecife submarino al Gerald KK Ford. Finito.
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