Una investigación de Stanford Medicine revela que los niños con dificultades matemáticas no fallan en el cálculo, sino en el control de errores y la traducción de cantidades a símbolos abstractos
El cerebro infantil procesa las cantidades de manera diferente cuando se presentan como objetos concretos o como símbolos abstractos. / IA/T21
Redacción T21
epe/Madrid/18 FEB 2026 11:17
Los niños que tienen dificultades con las matemáticas no resuelven los problemas peor que sus compañeros, sino de otra manera. Una investigación de Stanford Medicine revela que sus cerebros fallan no en el cálculo, sino en el control de errores y la traducción de cantidades a símbolos abstractos.
Un equipo de investigadores de Stanford Medicine ha identificado qué ocurre en el cerebro de los niños que tienen dificultades para aprender matemáticas, y los resultados apuntan a algo que va más allá de la simple lentitud o la falta de práctica. Según un estudio publicado en el Journal of Neuroscience, estos niños resuelven correctamente los problemas aritméticos, pero lo hacen de una manera distinta, utilizando redes cerebrales de forma menos eficiente que sus compañeros.
El trabajo, liderado por el doctor Vinod Menon, pidió a un grupo de alumnos de segundo y tercer grado que compararan dos cantidades y señalaran cuál de ellas era mayor. A unos se les mostraron grupos de puntos; a otros, números escritos en formato arábigo. A pesar de que los niños con dificultades matemáticas acertaban con la misma frecuencia que el resto, su forma de procesar la información resultaba claramente diferente cuando se trataba de manipular símbolos numéricos.
Modelos computacionales
Los investigadores utilizaron modelos computacionales para analizar aspectos como la cautela con la que los participantes enfrentaban cada problema y su capacidad para detectar errores y ajustar la estrategia en intentos posteriores. Mientras los niños realizaban estas tareas, sus cerebros fueron escaneados mediante resonancia magnética funcional, una técnica que permite observar la actividad cerebral en tiempo real detectando los cambios en el flujo sanguíneo que acompañan la actividad neuronal.
Descubrieron que los niños sin problemas de aprendizaje ralentizaban su ritmo cuando las comparaciones eran más difíciles —por ejemplo, al distinguir entre 6 y 7— y moderaban su velocidad de razonamiento después de cometer un error. Sin embargo, los niños con dificultades matemáticas no mostraban ese mismo patrón de ajuste cuando trabajaban con números escritos. Era como si su sistema de control interno no se activara para corregir el rumbo.
Regiones cerebrales
Los escáneres de resonancia magnética funcional revelaron qué estaba ocurriendo bajo el cráneo. En los niños con dificultades matemáticas, el giro frontal medio —una región que actúa como centro de control ejecutivo, similar a una torre de vigilancia que dirige la atención— mostraba menos actividad al manipular símbolos numéricos. Lo mismo ocurría en la corteza cingulada anterior, encargada de detectar errores y regular las decisiones. Estas áreas, fundamentales para el seguimiento del propio rendimiento, funcionaban con menor intensidad en los niños que luchaban con las matemáticas, lo que explicaría por qué no ajustaban su comportamiento después de los fallos.
Aún más revelador resultó el contraste entre formatos. Cuando los problemas se presentaban como grupos de puntos en lugar de números escritos, los niños con dificultades matemáticas sí mostraban mayor cautela tras cometer errores. Esto sugiere que su capacidad para representar cantidades no está necesariamente dañada; el problema aparece cuando deben traducir esas cantidades en símbolos abstractos y operar con ellos.
Procesos metacognitivos
Como explican los investigadores, muchos de estos niños pueden distinguir perfectamente entre cinco y diez puntos, pero se bloquean cuando el mismo concepto se expresa mediante los caracteres "5" y "10" .
La distinción es relevante porque hasta ahora muchas intervenciones educativas se han centrado exclusivamente en reforzar el sentido numérico básico. El estudio de Stanford indica que sería igualmente importante trabajar los procesos metacognitivos: enseñar a los niños a reconocer cuándo se equivocan, ajustar su estrategia y autorregular su atención. El doctor Menon subraya que detectar estas dificultades temprano es crucial, porque el fracaso acumulativo genera desmotivación y ansiedad, creando un efecto cascada que dificulta aún más el aprendizaje posterior.
Pensar con los números
El estudio incluyó a 87 niños, de los cuales 34 presentaban dificultades matemáticas significativas, definidas como puntuaciones en el cuartil inferior de una prueba estandarizada de fluidez numérica. Aunque algunos de estos casos corresponden a la discalculia estricta —una condición que afecta entre el 3% y el 7% de la población—, los criterios empleados fueron deliberadamente amplios para que los hallazgos resulten aplicables a cualquier niño que atraviesa problemas con las matemáticas, independientemente de la gravedad.
Lo que hace especialmente valioso este trabajo es que pone de relieve un aspecto frecuentemente ignorado del aprendizaje matemático: no basta con saber los números, hay que saber cómo pensar con ellos. La forma en que razonamos, analizamos nuestros errores y adaptamos nuestra conducta resulta tan determinante como el conocimiento propiamente dicho. Para los educadores, esto abre nuevas vías de intervención que van más allá de las matemáticas, aplicables a cualquier área que requiera resolución de problemas.
La investigación, financiada por los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos y la Fundación Nacional de Ciencias, añade una pieza más al rompecabezas de cómo aprende el cerebro humano. Y sugiere que, en lugar de insistir únicamente en la repetición de ejercicios aritméticos, quiza deberíamos enseñar a los niños a prestar atención a cómo piensan mientras los resuelven.
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Referencia
Latent neurocognitive mechanisms underlying quantity discrimination in children with and without mathematical learning disabilities. Hyesang Chang et al. Journal of Neuroscience 9 February 2026, e2385242025. DOI:https://doi.org/10.1523/JNEUROSCI.2385-24.2025
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