Durante décadas, una de las grandes preguntas de la biología evolutiva ha sido cómo surgieron las células complejas a partir de formas de vida más simples
Guillermo Sebastià
larazon.es/20.02.2026 18:35
Un equipo de la Universidad de Texas en Austin ha inferido, genoma a genoma, rasgos metabólicos y posibles hábitats de unas arqueas emparentadas con el linaje que acabaría dando lugar a plantas, animales y hongos. La sorpresa: las más próximas a los eucariotas parecen vivir en entornos donde el oxígeno está presente.
Durante décadas, una de las grandes preguntas de la biología evolutiva ha sido cómo surgieron las células complejas a partir de formas de vida más simples. Una de las hipótesis más aceptadas sostiene que todo empezó con una alianza íntima entre dos microbios: una arquea (del grupo Asgard) y una bacteria que, con el tiempo, se convirtió en la mitocondria, la 'central energética' celular.
El problema era el escenario. Muchos trabajos situaban a esos ancestros en ambientes pobres en oxígeno, similares a los fondos marinos profundos donde se han encontrado numerosas arqueas Asgard actuales. Sin embargo, una nueva investigación liderada por el biólogo marino Brett Baker y su equipo apunta en otra dirección: los parientes más cercanos de los eucariotas se asocian con sedimentos costeros y zonas marinas de oxígeno variable, y presentan rutas metabólicas compatibles con el uso de oxígeno.
Un árbol genealógico microbiano más completo
La clave del avance es un esfuerzo masivo de secuenciación y análisis genómico a partir de sedimentos marinos. El equipo reunió cientos de genomas reconstruidos a partir de ADN ambiental (los llamados metagenome-assembled genomes), ampliando de forma notable el catálogo disponible de Asgard y, en particular, de un grupo denominado Heimdallarchaeia, que varias líneas de evidencia sitúan muy cerca de la rama que desemboca en los eucariotas.
Según el estudio, este incremento del muestreo permite perfilar mejor dónde viven estas arqueas, con qué otras comunidades microbianas conviven y qué herramientas bioquímicas conservan. En ese inventario aparecen componentes de cadenas respiratorias y enzimas asociadas a procesos que implican oxígeno, algo que cuestiona un escenario de anoxia estricta.
En la práctica, el trabajo sugiere que el origen de la vida compleja pudo estar ligado a entornos más dinámicos de lo que se pensaba: ecosistemas someros donde el oxígeno sube y baja, y donde diferentes microorganismos compiten y cooperan a escalas minúsculas, pero decisivas.
Qué cambia con este hallazgo
El hallazgo no desmonta la idea de la simbiosis que dio lugar a la mitocondria; más bien, ajusta el contexto ecológico y energético en el que esa alianza pudo resultar ventajosa.
Si el antepasado arqueano del que procedemos ya tenía cierta familiaridad con el oxígeno, el salto hacia una célula con mitocondrias adquiere otro sentido. La disponibilidad de oxígeno habría sido un factor que pudo empujar la innovación biológica.
El propio equipo plantea un modelo actualizado en el que la respiración aerobia y la producción de hidrógeno podrían haber coexistido en ese ancestro compartido, dibujando un panorama de metabolismo mixto en un planeta que, por entonces, estaba lejos de ser uniformemente oxigenado.
Como suele ocurrir en ciencia, el estudio no cierra la discusión. Los genomas reconstruidos permiten formular hipótesis más concretas, pero aún queda el reto de observar directamente cómo se comportan estas arqueas en su entorno, cómo interactúan con bacterias vecinas y qué condiciones exactas favorecen relaciones simbióticas duraderas.
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