Los resultados de un estudio explican la biología celular detrás del proceso y señalan los mecanismos para alargar la vida saludable
Los lisosomas (en amarillo) interactúan con el ER (en azul) reconfigurando la célulaEric DonahueEric Donahue
Juan Scaliter
larazon.es/21.02.2026 09:01
Envejecer es algo inevitable, pero ¿qué es exactamente el envejecimiento y por qué ocurre? Durante décadas, la ciencia lo describió como un desgaste inevitable, el resultado del paso del tiempo dañando células, tejidos y órganos. Sin embargo, los avances recientes están revelando que el envejecimiento no es simplemente una “oxidación” biológica, sino un proceso activo y dinámico en el que nuestras células reorganizan su estructura y su funcionamiento, con implicaciones directas para la longevidad y la salud en la vejez.
Una de las grandes dificultades para entender el envejecimiento es que no es un solo fenómeno aislado, sino un conjunto de cambios celulares y moleculares que van acumulándose a lo largo de la vida. Algunos de los mecanismos clásicos asociados al envejecimiento incluyen el acortamiento de los telómeros (las estructuras que protegen los extremos de los cromosomas, que se van reduciendo cada vez que una célula se divide), la acumulación de daño en ADN y proteínas, lo que reduce la eficiencia de los procesos celulares, y la disfunción mitocondrial, que impacta la producción de energía y contribuye a enfermedades relacionadas con la edad.
Aunque estos factores son bien conocidos, una nueva pieza del rompecabezas emerge desde el interior de la propia célula gracias a un estudio publicado en Nature Cell Biology por un equipo liderado de la Escuela de Medicina de la Universidad de Vanderbilt. Las células no son recipientes pasivos que simplemente se desgastan. Tienen estructuras internas organizadas que cambian conforme pasa el tiempo. Un ejemplo de ello es el retículo endoplásmico (ER), una red extensa de membranas encargada de funciones vitales como la síntesis de proteínas y la gestión de lípidos. El nuevo estudio descubrió que, durante el envejecimiento, las células realizan una remodelación activa del ER mediante mecanismos selectivos de degradación llamados ER-phagy.
El ER-phagy es una forma especializada de autofagia, el proceso que las células usan para reciclar componentes dañados o innecesarios. En lugar de degradar cualquier parte desordenadamente, ER-phagy identifica y elimina secciones específicas del retículo endoplásmico que ya no funcionan bien o que podrían ser perjudiciales si permanecen intactas.
El hallazgo clave del estudio es que este proceso no es simplemente un síntoma del envejecimiento, sino que forma parte activa del mismo. Los autores, liderados por Kris Burkewitz, observaron que el retículo endoplásmico “duro” (el que está más involucrado en la producción de proteínas) disminuye significativamente con la edad, mientras que las formas del ER asociadas a la gestión de lípidos se conservan más tiempo.
A esto hay que sumarle que bloquear el ER-phagy impide algunos de los beneficios de intervenciones que prolongan la vida en modelos animales, lo que sugiere un papel directo del ER-phagy en la determinación de la longevidad. Como explican los autores del estudio, “estos cambios en la arquitectura interna no son simplemente derrumbes, sino una adaptación activa del organismo a las demandas del envejecimiento”. En otras palabras: la célula no se queda quieta; intenta reorganizarse para sobrevivir y mantener su equilibrio funcional.
Este hallazgo ofrece un nuevo enfoque para comprender por qué las células envejecen y cómo ese proceso impacta la salud general de los organismos. Al identificar procesos activos (como el mencionado ER-phagy) que influyen en la longevidad, los científicos abren la puerta a posibles estrategias terapéuticas. Si podemos comprender qué desencadena el ER-phagy, o cómo modificarlo, podría ser posible mitigar aspectos del envejecimiento o incluso prevenir ciertas enfermedades relacionadas con la edad, como las neurodegenerativas o metabólicas.
Lo interesante es que este tipo de enfoque sustenta la idea de que el envejecimiento es una pérdida progresiva de regulación biológica, más que un simple deterioro inevitable. Cuanto más aprendamos sobre los mecanismos biológicos que lo impulsan, más cerca estaremos de intervenciones capaces de extender no solo la longevidad, sino los años saludables.
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