El riego por goteo subterráneo ahorra hasta un 50% de agua y reduce emisiones de metano un 80% en cultivos como maíz
Esa tecnología fortalece la agricultura frente al cambio climático con mayor resiliencia y productividad
Nelson Hernández
cambio16.com/20/02/2026
Sequías prolongadas agotan embalses en países del Mediterráneo, en el suroeste de Estados Unidos y en otras regiones del mundo, donde la demanda agrícola consume el 70% del agua dulce disponible. Agricultores enfrentan dilemas diarios porque cada gota cuenta en un mundo con precipitaciones 20% más irregulares desde 2000.
Una forma de contrarrestar la situación es mediante el riego por goteo subterráneo, consiste en colocar tuberías a 25-40 cm bajo tierra para liberar agua en la zona radicular. Así crea un bulbo húmedo preciso que evita desperdicios superficiales. Por ejemplo, en olivares de Andalucía ahorra 30% más agua que sistemas tradicionales.
Además, esta técnica integra fertirriego para dosificar nutrientes con exactitud milimétrica. De modo que las raíces absorben el 90% del fertilizante aplicado, en contraste con el 50% que se pierde en riegos por inundación.

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Su adopción crece porque gobiernos subsidian hasta el 40% de la inversión inicial en España e Israel. Así los productores recuperan costos en tres campañas gracias a menores facturas de agua y energía.
Por otro lado, satélites y apps móviles monitorean humedad en tiempo real. Por eso los agricultores ajustan riegos con datos satelitales que predicen sequías con 85% de precisión, según la FAO.
Cómo funciona el riego por goteo subterráneo
El riego por goteo subterráneo (RGS o SDI, por sus siglas en inglés) consiste en cintas o tuberías de goteo enterradas entre 20 y 40 centímetros de profundidad, alineadas con las hileras de cultivo, que emiten agua a muy bajo caudal y crean un “bulbo húmedo” alrededor de las raíces.
La planta deja de recibir agua desde la superficie y pasa a beber “desde abajo”: el suelo superior permanece casi seco mientras el agua y los nutrientes se concentran donde la raíz los aprovecha mejor. Por eso disminuyen las pérdidas por evaporación y se reduce casi a cero la escorrentía que arrastra suelo y fertilizantes.

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En la práctica, el agricultor ya no ve surcos inundados ni aspersores en funcionamiento. Observa, en cambio, cultivos con humedad más estable, menos barro, menos malas hierbas y una instalación protegida frente al sol, al vandalismo y a los daños de la maquinaria.
La profundidad de instalación varía según el tipo de suelo y el cultivo. Guías técnicas distinguen rangos superficiales (hasta 10 centímetros), medios (10-25 centímetros) y profundos (25-40 centímetros), estos últimos habituales en cultivos extensivos como maíz, caña de azúcar, alfalfa o algodón.
Además, se utilizan goteros autocompensados, a menudo con mecanismos antirraíz, y sistemas de filtración de alta calidad que buscan evitar obturaciones por partículas, sales o intrusión radicular. De este modo, la red enterrada trabaja durante años con caudales estables y riegos frecuentes de baja dosis.
En los sistemas más avanzados, el riego se gestiona con sondas de humedad, sensores de planta y estaciones meteorológicas conectadas a plataformas de monitoreo. De este modo, los agricultores ajustan el aporte de agua y fertilizantes casi en tiempo real, a fin de responder a las necesidades reales del cultivo.
Ahorro de agua, energía y fertilizantes
Cuando se habla de eficiencia, los datos importan tanto como las percepciones. Ensayos en cítricos en la Comunidad Valenciana compararon goteo superficial y goteo enterrado y observaron un ahorro medio del 23% de agua sin pérdida de producción ni calidad de fruta; en los tratamientos más eficientes el ahorro se acercó al 28%.

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Metanálisis y revisiones científicas recientes sitúan el potencial de ahorro del goteo subterráneo entre el 25% y el 50% frente a métodos superficiales clásicos, según el cultivo, el suelo y el manejo. En arroz con riego subterráneo tipo “sheet-pipe”, el volumen de riego se redujo entre un 37,5% y un 50,5% respecto al arroz encharcado, y la eficiencia del uso del agua aumentó hasta un 70%, aunque con ligeras caídas de rendimiento cuando se forzó demasiado el ahorro.
En cultivos como el almendro en seto, informes técnicos destacan ahorros de agua de hasta un 15% incluso frente al goteo superficial, además de una reducción de la pérdida por evaporación cercana al 15% en climas muy cálidos. En alfalfa y maíz, trabajos de universidades estadounidenses apuntan a recortes de alrededor de un 25% del agua total desviada cuando se adopta SDI frente a sistemas tradicionales.
La eficiencia no se limita al agua. El RGS permite aplicar fertilizantes de forma localizada mediante fertirriego y reduce entre un 10% y un 30% el uso de abonos frente a sistemas por aspersión, al tiempo que disminuye la contaminación de suelos y acuíferos por nitratos gracias a una dosificación más ajustada y menos lixiviación.
Por otro lado, muchos sistemas subterráneos operan a presiones menores que los aspersores o pivotes, lo que reduce el consumo eléctrico en bombeo. Manuales técnicos citan menores costes energéticos y, en algunos casos, ahorros en la factura de riego gracias a la combinación de menor caudal total y presiones de trabajo más bajas.
En conjunto, la promesa es clara: con el mismo volumen de agua que se emplea para regar una hectárea por surcos, en zonas como Traslasierra (Argentina) se puede llegar a regar hasta tres veces más superficie con goteo subterráneo, siempre que el diseño y el manejo acompañen.
Respuesta al cambio climático y al estrés hídrico

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El riego por goteo subterráneo se ha convertido en una herramienta estratégica para enfrentar el estrés hídrico agravado por el cambio climático. Al llevar el agua directamente a la zona radicular, minimiza las pérdidas por evaporación superficial y escorrentía, algo fundamental durante periodos de sequía extrema y olas de calor prolongadas.
En cultivos leñosos de regadíos mediterráneos, estudios han observado suelos con mejor estructura, mayor contenido de materia orgánica estable y sistemas radiculares más profundos, características que hacen a las plantas más resistentes a episodios de déficit hídrico. Asimismo, el RGS permite combinar riegos muy ajustados con sensores de suelo y planta para mantener la humedad en rangos óptimos sin derroches.
La tecnología también muestra resultados prometedores en suelos con salinidad elevada. Ensayos con algarrobo en zonas con precipitaciones anuales de apenas 200 milímetros revelan que el RGS ayuda a minimizar los efectos negativos de aguas de riego con alta conductividad eléctrica y a mantener producciones más estables.
En cuanto a la productividad, un metanálisis que integró 984 comparaciones de cultivos, hortalizas y frutales encontró incrementos medios de entre un 4% y un 7% en la productividad por unidad de agua aplicada cuando se utilizó riego subterráneo frente al goteo superficial. En papa, experiencias en Traslasierra estiman aumentos de rendimiento del 20% al 30% en lotes con goteo subterráneo respecto a métodos tradicionales, con alrededor de 33 toneladas por hectárea en parcelas de referencia.
El impacto se extiende a cultivos como el almendro en seto, donde se han documentado incrementos de producción de hasta un 10% anual usando la misma dotación de agua por hectárea, gracias a un mayor volumen de raíces activas y a un bulbo húmedo más amplio en la proyección de la copa.
En definitiva, el RGS no solo permite que los cultivos “sobrevivan” a la falta de agua. También mejora la estabilidad de la cosecha y reduce el riesgo financiero asociado a campañas cada vez más inciertas, siempre que exista un horizonte de explotación de medio y largo plazo que justifique la inversión.
Suelos más sanos, menos erosión y reducción de emisiones
Una de las ventajas menos visibles, pero más relevantes, del riego subterráneo es su efecto sobre el suelo. Al evitar láminas de agua en superficie, se reduce la escorrentía y, por lo tanto, la erosión que arrastra la capa fértil y los nutrientes. Ensayos en tomate y otros cultivos muestran que la superficie se mantiene más estable, sin costras ni compactación excesiva, lo que mejora la infiltración cuando llueve.
Además, al permanecer la capa superior relativamente seca, germinan menos malas hierbas. De este modo, disminuye la competencia por agua y nutrientes, se reduce el uso de herbicidas y se facilita el manejo de cubiertas vegetales en sistemas de agricultura más ecológica. En tomates de California, el goteo subterráneo se ha utilizado incluso como herramienta directa de manejo de malezas.
En términos de emisiones, los datos más recientes son contundentes. Un ensayo de campo en maíz, con líneas de goteo enterradas a 30 centímetros, observó que el riego subterráneo redujo las emisiones acumuladas de metano en torno a un 80% y las de dióxido de carbono en aproximadamente un 40% respecto al goteo superficial, manteniendo la producción.
En conjunto, menos evaporación, menos escorrentía, menos erosión y menos emisiones componen un paquete ambiental que encaja con la necesidad de producir alimentos con una huella climática cada vez menor, tal como exige la agenda global de sostenibilidad.
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