Según una teoría, el tiempo no es una propiedad fundamental de la naturaleza. Por tanto, dependería solo de cómo lo percibimos
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Rubén Badillo
Colaborador de National Geographic España
nationalgeographic.com.es/30 de Enero de 2026
Nuestra percepción del paso del tiempo podría no ser real, sino solo un espejismo derivado de las complejas leyes de la mecánica cuántica. Es decir, no se trataría de una propiedad fundamental de la naturaleza. Esto, que puede parecer un planteamiento propio de un libro o una película de ciencia ficción, podría ser así. Por ejemplo, si se demostrase que el universo es en realidad un sistema estático donde la cronología emerge únicamente mediante el entrelazamiento cuántico entre diferentes partículas.
Esta atrevida propuesta sugiere que, si pudiéramos observar el cosmos desde una posición externa, parecería un bloque inmutable y totalmente congelado donde el futuro y el pasado coexisten. Solo al dividir este sistema surge la ilusión de cambio, tal como explica el mecanismo Page-Wootters, un modelo que utiliza las correlaciones entre sistemas para generar una sensación de progresión lineal. De hecho, ya existen experimentos que han descubierto que la medición del tiempo no es un acto neutro, sino que requiere de un intercambio de energía que genera un aumento inevitable de la entropía del sistema.
Relojes y entropía
La física Natalia Ares, de la Universidad de Oxford, cuenta en New Scientist que este fenómeno es uno de los mayores enigmas científicos actuales, pues ninguna rama de la física logra explicarlo de forma satisfactoria. También hace hincapié en que, mientras la Relatividad General de Albert Einstein deforma el tiempo, la teoría cuántica casi lo ignora por completo.
Pero es posible ahondar en esta cuestión y complicarla aún más. Así lo hace Marcus Huber, de la Universidad Técnica de Viena y colaborador de Natalia Ares. ¿Cómo? Pues sosteniendo que un reloj es cualquier entidad capaz de generar un suceso irreversible que pueda ser registrado.
Esta irreversibilidad sería el factor que marca la dirección de la historia, vinculando la flecha del tiempo con el calor y el desorden que se producen de forma constante en el mundo físico. En el marco de este universo atemporal, el tiempo actuaría de forma similar a los números de página de un libro: están ahí para dar orden a la trama, pero no fluyen. La conexión entre el observador y el reloj, garantizada por el entrelazamiento cuántico, es lo que permite que la materia parezca evolucionar en una secuencia lógica de acontecimientos ordenados.
Agujeros negros
Una de las vertientes más innovadoras de esta hipótesis propone que los agujeros negros podrían funcionar como los cronómetros definitivos del universo, debido a sus propiedades únicas. De hecho, hay quienes argumentan que estos objetos son capaces de entrelazarse con el exterior sin verse alterados por el ruido ambiental circundante.
Yendo un paso más allá, la investigadora Paola Verruchi, del National Research Council de Italia, defiende que estas estructuras espaciales cumplen con todos los requisitos para ser el motor del tiempo universal. “Son relojes perfectos”, asegura al respecto. De todo esto se desprende que la propia existencia humana y nuestra interacción con la realidad serían las que terminan de construir la experiencia temporal que percibimos cada día.
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