Se encerró en el baño, como si fuera una niña con miedo al coco. Tomó el celular y llamó con urgencia a su siquiatra, sin importar que fueran las dos de la mañana. “Piensa en lo que hubieran hecho tus padres en este caso y haz todo lo contrario”, le aconsejó. María Alicia, intentando controlar el miedo, abrió la puerta y fue en busca de su hija. Tenía 14 años y estaba embarazada.
Entre el 17 y el 22 por ciento de los bebés que nacen al año en Latinoamérica son de padres adolescentes, dice Samuel Santoyo, ginecólogo y coordinador en México del Centro Latinoamericano Salud y Mujer, Celsam. Más allá de las cifras, el drama representa para los jóvenes y sus familias un cambio de vida, pues generalmente abandonan el colegio o la universidad para hacer parte de una fuerza laboral poco calificada y, por lo tanto, con ingresos inferiores. Paola y su hijo, de alguna manera, tuvieron suerte. Hoy, con 24 años, ella está a punto de terminar una carrera profesional.
En el límite del plazo que María Alicia estableció para Enrique, el joven habló con sus padres, quienes, como en la mayoría de estos casos, asumieron los gatos y en general, la responsabilidad sobre el bebé. Aunque él reconoció a su hijo, enfrentó la situación mediado por el temor y el abandono.
Sin embargo, los padres asumen ese papel con miedo. Primero, porque aún hay generaciones a quienes jamás les hablaron del tema en casa y tampoco se atrevieron a preguntar. “No somos expertos”, dicen o “hablamos de sexo, pero con los hijos del vecino, no con los nuestros que sí tienen valores”. Dice el doctor Santoyo que los niños y jóvenes tienen hoy acceso a cantidades de información que los confunde o engaña y en el hogar es donde debe estar la confianza para encontrar certezas. “A veces queremos ser tan profundos en una información que quizás ellos no necesitan”, dice.
Los adolescentes sienten que sus padres viven en una doble moral, pues saben sobre el comienzo de su vida sexual, pero actúan como si no sucediera. De acuerdo con un estudio realizado por Celsam en el 2008 en cinco países de América Latina, cuando se les preguntó a los adolescentes con qué persona quisieran hablar sobre sexualidad, el primer lugar lo ocuparon los padres. “Los adolescentes quieren hablar con nosotros – dice Santoyo-, pero ponemos una barrera; en muchas familias está vetado, pues el primer obstáculo son los padres. En segundo lugar ponen a los maestros, porque forman parte en la transmisión de la información; en el tercer lugar están los médicos”.
Gabriel Montoya, siquiatra, sexólogo y docente de la Universidad de Antioquia, asegura que “usualmente, los jóvenes bien informados tienen una vivencia más sana y responsable de lo que hacen. Esto no significa necesariamente que tengan más actividad coital, lo que quiere decir es que tienen más criterios para decidir cuándo, en dónde y con quién tendrán el inicio de su exploración sexual. Los padres que escuchan a sus hijos logran trasmitir más fácilmente los valores de una sexualidad placentera y responsable”.
Sexo, desde la niñez
Por Juliana Rojas Hernández
Redactora ABC del bebé