Con los estudios realizados hasta la fecha en cuanto al derrotero mercantil de la industria de hidrocarburos, la población de los países petroleros y de los que no lo son tienen mucho que reclamar
Foto Afp
Ruxi Mendieta
jornada.com.mx/04/10/2026
Quienes hayan diseñado los programas de estudio sobre los precios y sus vaivenes, sus rutas comerciales, y todo lo que es necesario para la venta equitativa de hidrocarburos se han quedado cortos desde hace muchos años. La disposición de esta fuente de energía finita e indispensable para cualquier país que la necesite tampoco ha sido equitativa.
Aunque las instituciones encargadas de observar y supuestamente monitorear el nivel de extracción de petróleo en el mundo no han cumplido del todo con las expectativas, tampoco han contado con la astucia de la piratería de antaño y de la actual, ni con su maquinaria técnicamente súperavanzada para apropiarse, sí o sí, del petróleo ajeno.
La Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) publica desde 1960, fecha de su fundación, su influyente Reporte mensual del mercado petrolero (MOMR), donde nos dan cuenta del comportamiento de la demanda, cambios en los precios y sus repercusiones en el crecimiento económico global, especialmente de los países miembros.
También informan acerca del control de cuotas o ajustes de las mismas. Algo muy importante es la línea política que marca la OPEP para influir globalmente en el nivel de extracción de los países miembros, y de aquellos que no lo son.
Otra institución importante para el mundo de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) es la Agencia Internacional de Energía (AIE) que también asesora, desde la década de 1960 a los países integrantes de la OCDE. Además de coincidir con los objetivos de la OPEP, la AIE publica sus influyentes reportes: el anual, Perspectivas mundiales del petróleo, y los mensuales, llamados Perspectiva energética mundial.
La asesoría, digamos, principal de la AIE es acerca del análisis sobre la demanda global y la capacidad de refinación de los países que la realizan, entre otros datos. Es una guía para que los países demandantes cuestionen cuánto necesitamos, cuánto podremos comprar, y qué precio nos van a imponer.
Finalmente, los gobiernos dependientes del petróleo deberán considerar la repercusión en la población general. Se supone que las políticas públicas estarían beneficiando a los pueblos más que a las empresas. ¿Considerarán instituciones asesoras y gobiernos las necesidades de la población, sea cual fuere el país consumidor?
Hace una década más o menos, analistas de la OPEP afirmaban que, a largo plazo, el petróleo aumentaría de precio aproximadamente a partir de la primera mitad del 2016. La afirmación surgió de la seguridad con la que esos y otros análisis afirmaban que la demanda disminuiría por el hecho de que una verdad universal era innegable: los pozos se estaban agotando y el bajo precio de ese momento no había permitido nuevos programas de extracción. Esto decían hace 10 años.
La OPEP supuestamente se enfocó en prevenir la extracción irresponsable, más que irracional, de los hidrocarburos. Recordemos que en 2014, incluso antes, la organización establecía las cuotas de producción con opiniones discrepantes entre sus miembros.
Por ejemplo, Irán no apoyaba el congelamiento de la extracción que proponía la OPEP. Es por eso que, en ese momento, Arabia Saudita buscó el apoyo de Rusia como, digámoslo así, el hermano mayor y el más influyente, para que no hubiera rechazo al congelamiento temporal de la extracción.
Desde entonces no sólo ese acuerdo específico OPEP-Rusia, se vislumbró como la gran amenaza y obstáculo prin cipal para Estados Unidos en su afán de acaparar el mercado mundial del petróleo. También otros países no miembros de la OPEP intentaron emular al gobierno estadunidense en su exigencia para evitar el congelamiento de las cuotas de extracción, y difundieron y presumieron de su alianza con los gringos. No cabe duda: siempre han existido los bufones.
Así es como la población mundial está en manos de las decisiones de sus gobiernos, sean países petroleros, o no. A veces congruentes, pero también temerarias, en eso de extraer y comercializar los recursos energéticos de acuerdo a como lo dicte el gobierno que se cree dueño del petróleo del mundo.
Total, que análisis surgen y se modifican o desaparecen, pero son pocos; más bien: ningún boletín, informe o registro toma en cuenta el aumento de la piratería de hidrocarburos. Hacen omisiones importantes acerca de los berrinches de los ocupantes de la Casa Blanca para que el petróleo suba, o baje, según la conveniencia del gobierno en turno, demócrata, o republicano.
Por lo tanto, no existe pronóstico que valga. Las guerras inventadas de los enemigos de la paz mueven el tablero energético a su antojo. Estamos esperando que la legislación mundial cambie y promueva y promulgue leyes que prohíban la venta y el consumo de los hidrocarburos robados, confiscados, o negociados a través de la represión arancelaria, o incluso la amenaza de utilizar la fuerza militar.
“Para Ximena Guzmán Cuevas y José Muñoz Vega, la justicia llegará”
mimaruxi@gmail.com
__________
Fuente:
