DOSSIER:
1. El encarecimiento de la vida, la pérdida de poder adquisitivo y el deterioro de los servicios públicos están acercando a sectores que hasta ahora se movilizaban por separado
El movimiento estudiantil ha sido uno de los principales motores de las protestas de las últimas semanas
Redacción Kaosenlared
La jornada del 17 de octubre reúne protestas en decenas de ciudades francesas contra la subida de los precios, el ajuste presupuestario y el deterioro de los servicios públicos. La Policía responde con gases lacrimógenos, cargas y detenciones.
Francia vive este sábado 17 de octubre una jornada de movilización que reúne a estudiantes de secundaria, universitarios, trabajadores, sindicalistas y participantes del movimiento de los Chalecos Amarillos. Las protestas, extendidas por ciudades como París, Marsella, Lyon, Toulouse, Burdeos y Rennes, tienen un eje común: el rechazo al encarecimiento de la vida y a los recortes impulsados por el Gobierno de Sébastien Lecornu.
La convocatoria conecta reivindicaciones que hasta ahora se habían expresado en distintos sectores. Por un lado, el movimiento estudiantil lleva semanas protestando contra el deterioro de la educación pública y la represión policial. Por otro, trabajadores y trabajadoras denuncian la pérdida de poder adquisitivo, el aumento del coste de los combustibles y las amenazas sobre los servicios públicos. A estas demandas se suman los Chalecos Amarillos, protagonistas de las movilizaciones de 2018 y 2019.
Una protesta contra la inflación y el ajuste
El aumento de los precios de la energía, los carburantes y los alimentos está en el centro de la indignación social. Para amplios sectores de la población, llenar el depósito del coche o afrontar los gastos cotidianos se ha convertido en una carga cada vez más difícil de asumir.
La movilización también apunta contra el proyecto presupuestario del Gobierno, que contempla un ajuste de alrededor de 54.000 millones de euros. Las medidas previstas amenazan con agravar el deterioro de los servicios públicos y las condiciones laborales, en un contexto marcado por la falta de personal y la pérdida de poder adquisitivo de los empleados públicos.
La protesta del 17 de octubre surgió de una convocatoria difundida en redes sociales y fue sumando apoyos de colectivos estudiantiles, organizaciones sindicales y representantes de los Chalecos Amarillos. Bajo el lema «Amarillos y jóvenes, nuestras luchas se encuentran», la jornada ha buscado reunir el malestar de distintos sectores sociales en una movilización común.
La participación sindical, sin embargo, no es homogénea. Mientras organizaciones como Solidaires y sectores de la CGT respaldan acciones de protesta, persisten diferencias sobre cómo dar continuidad a la movilización y coordinar las reivindicaciones.
.
La juventud, en primera línea
El movimiento estudiantil ha sido uno de los principales motores de las protestas de las últimas semanas. Las movilizaciones comenzaron en institutos de los barrios populares de la periferia de París y se extendieron después a otros puntos del país.
Los estudiantes denuncian la falta de recursos educativos, el empeoramiento de sus condiciones de estudio y la exclusión de amplios sectores juveniles de las oportunidades de formación. También cuestionan la violencia policial contra quienes participan en las protestas.
La respuesta de las autoridades ha contribuido a aumentar la tensión. En jornadas anteriores se registraron cargas policiales, detenciones y uso de gases lacrimógenos contra estudiantes. Las denuncias por lesiones a jóvenes durante las intervenciones policiales han alimentado la indignación y ampliado el alcance de las reivindicaciones.
Este sábado, las columnas estudiantiles han confluido con trabajadores y otros colectivos en distintos puntos del país. En París, estudiantes de secundaria, universitarios y trabajadores ferroviarios se han dirigido hacia la plaza de la República, uno de los principales puntos de encuentro de la jornada.
.
Cargas policiales y detenciones en varias ciudades
La movilización se ha desarrollado bajo un amplio despliegue policial. En París, la Policía ha utilizado gases lacrimógenos para dispersar concentraciones, mientras que en ciudades como Lyon, Grenoble y Rennes también se han registrado intervenciones de las fuerzas antidisturbios.
Las restricciones a algunos recorridos y los dispositivos policiales no han impedido que numerosos manifestantes continúen concentrándose. En Marsella, además, se ha informado de la entrada de manifestantes en el ayuntamiento durante las protestas.
Las cifras de detenciones han aumentado a lo largo del día. Según datos difundidos por el Ministerio del Interior francés, a primera hora de la tarde se habían practicado al menos 272 detenciones en el conjunto del país, mientras manifestantes y organizaciones participantes cuestionan la provocación y la represión policial.
.
El reto de convertir el malestar en una movilización sostenida
La principal incógnita es si la jornada permitirá consolidar una respuesta común frente a las políticas del Gobierno. La confluencia entre estudiantes, trabajadores y Chalecos Amarillos supone una oportunidad para conectar reivindicaciones relacionadas con los salarios, la educación, los servicios públicos y el coste de la vida.
Más de 300 sindicalistas habían llamado previamente a apoyar las protestas juveniles y a evitar que los estudiantes afrontaran en solitario la respuesta de las autoridades. El llamamiento refleja la preocupación de sectores del movimiento sindical por la necesidad de coordinar las luchas y superar las convocatorias aisladas.
La movilización también se produce en un contexto de creciente tensión política, con el debate presupuestario abierto y las elecciones presidenciales previstas para 2027 en el horizonte.
La jornada del 17 de octubre muestra que el malestar social en Francia va más allá de una reivindicación concreta. El encarecimiento de la vida, la pérdida de poder adquisitivo y el deterioro de los servicios públicos están acercando a sectores que hasta ahora se movilizaban por separado. El alcance de esa convergencia dependerá de su capacidad para mantener la organización y dar continuidad a las protestas en los próximos días.
.
_______________
Fuente:
2. FRANCIA ARDE CONTRA MACRON: DETENIDAS 1.200 PERSONAS EN UNAS PROTESTAS MASIVAS
El Gobierno estima que participaron en las protestas unas 550.000 personas, que desembocaron en el incendio del Ayuntamiento de Limoges, mientras que los de Marsella y Lille también sufrieron daños
Protestas en París, este sábado.Hans Lucas / AFP
Publico.es
EFE/París-18/10/2026
Francia vivió este sábado una jornada de protestas masivas en todo el país convocadas en redes sociales por un colectivo muy dispar que degeneró en destrozos y saqueos de edificios públicos y comercios. El Gobierno y la ultraderecha responsabilizó a la “extrema izquierda” de lo sucedido.
La jornada de disturbios dejó varias imágenes impactantes, entre ellas el Ayuntamiento de Limoges (centro) en llamas, pero no fue el único consistorio asaltado, ya que los de Marsella (sur) y Lille (noroeste) también sufrieron daños al irrumpir grupos de manifestantes en su interior tras forzar las puertas.
En una comparecencia ante la prensa poco antes de la medianoche del sábado durante una salida para manifestar su apoyo a las fuerzas del orden, Lecornu indicó que su ministro de Justicia, Gerald Darmanin, ha dado instrucciones a los fiscales para que pidan prisión provisional para los detenidos.
Las manifestaciones que se desarrollaron por todo el país con una larga lista de reivindicaciones fueron convocadas por un variado conglomerado de colectivos. Los estudiantes y miembros de los chalecos amarillos reunieron a 550.000 personas, según el Gobierno y hasta más de 800.000, según los organizadores.
La asistencia masiva (fueron 110.000 sólo en París, de acuerdo con el Ministerio del Interior), superó muy ampliamente las expectativas del Ejecutivo, que en vísperas de esta jornada había indicado que serían como mucho 150.000 en todo el país.
Ataques a edificios públicos y mobiliario urbano
En las protestas se registraron numerosos episodios de ataques a edificios públicos, a los que hay que añadir importantes daños al mobiliario urbano de muchas ciudades.
“Está prácticamente destruido”, declaró el prefecto de Haute-Vienne, Maurice Barate, sobre el Ayuntamiento de Limoges. El incendio del edificio histórico del siglo XIX quedó finalmente controlado este domingo, mientras los bomberos trabajaban para extinguir los últimos focos, informó Barate.
También fue pasto de las llamas una oficina de turismo situada en el centro de Lyon (sureste) o la fachada de un edificio universitario en Ruán (noroeste), mientras que la residencia de la prefecta (delegada del Gobierno) de Burdeos (suroeste) fue asaltada.
El fuego estuvo muy presente también en París, donde grupos prendieron la mecha que quemó también comercios, mientras otros muchos fueron saqueados en varios barrios.
La manifestación programada se desarrolló sin grandes incidentes hasta su conclusión. Sin embargo, la Prefectura de Policía de París destacó que, en paralelo con la marcha, algunos de los participantes llevaron a cabo ataques. La situación pudo estabilizarse a partir de las 23.00 horas del sábado.
Hay “calles enteras” que han sido “sistemáticamente devastadas”, denunció el alcalde de París, el socialista Emmanuel Grégoire, que estimó que el saldo de los saqueos cometidos en la capital será “grave”, “de inmensa magnitud”, con “daños a los espacios públicos y los monumentos vandalizados y destrozados”.
1.800 detenidos y 500 policías heridos
La cifra provisional de detenidos la publicó este domingo en su cuenta de X el ministro del Interior, en un mensaje en el que subrayó que los actos los cometieron “varios miles de individuos de ultraizquierda decididos a atacar nuestros edificios públicos y nuestras fuerzas del orden”.
Además, a ellos se sumaron “delincuentes que vandalizaron y saquearon numerosos comercios en varias ciudades de Francia”, añadió Núñez. La líder de los ecologistas, Marine Tondelier, pidió este domingo la dimisión del ministro alegando que “está superado de forma manifiesta por la situación”.
El Gobierno justificó la prisión provisional a los detenidos porque los arrestados presentan “perfiles particularmente violentos y peligrosos”. Hasta las 08.00 horas de la mañana del domingo solo en el área metropolitana de París habían sido arrestadas 855 personas.
“No se puede permitir que una minoría destroce y que sean siempre los mismos los que pagan”, añadió después de haber hecho hincapié en que en París se habían intentado atacar “los centros de poder” como el palacio del Elíseo, Matignon, que es la residencia oficial del primer ministro, o la Asamblea Nacional.
“Es claramente una maniobra política que acepta la violencia”, añadió antes de subrayar que “no nos dejaremos intimidar”, añadió.
Los alcaldes de París, Marsella y Lyon, tres de las ciudades más afectadas por los destrozos, han solicitado una reunión con Lecornu a principios de la próxima semana, “dada la magnitud de los daños y la gravedad de la situación” relacionada con el vandalismo y los saqueos ocurridos este sábado.
“Exigimos un diagnóstico preciso que explique la cadena de acontecimientos que condujeron a esta situación. Esto no puede ni debe volver a ocurrir”, escribieron el socialista Emmanuel Grégoire (París), el independiente de izquierdas Benoît Payan (Marsella) y el ecologista Grégory Doucet (Lyon) en un comunicado conjunto.
Los tres cargos electos afirmaron que incluyen a todos los alcaldes de los municipios afectados en su iniciativa. El primer ministro va a presidir este domingo a partir de las 19.00 horas una célula interministerial de crisis dedicada a las consecuencias de los desbordamientos de las protestas.
Mélenchon, en el punto de mira
El ministro del Interior, Laurent Nuñez, señaló a “varios miles de alborotadores”, entre grupos de izquierda y “delincuentes oportunistas” como los autores de esos ataques.
El Gobierno se enzarzó en una polémica a través de las redes sociales con el líder de la izquierda y candidato a las presidenciales de la próxima primavera, Jean-Luc Mélenchon, que había dado su apoyo desde el primer momento a las protestas y participó en la manifestación de París.
Mélenchon, acusado desde la extrema derecha pero también desde el Ejecutivo como instigador de los destrozos, se desmarcó de los saqueos y pillajes y a su vez responsabilizó a la dirección de las fuerzas del orden de haber “abierto la puerta al caos” con una gestión “aberrante”.
Eso llevó al primer ministro, Sébastien Lecornu, y luego a Nuñez a reprocharle al candidato al Elíseo de La Francia Insumisa “una inversión peligrosa y cínica de las responsabilidades”.
La candidata de la extrema derecha a las presidenciales de 2027 (favorita de las encuestas), Marine Le Pen, denunció que Mélenchon y la izquierda habían tomado como “rehenes” las “reivindicaciones sociales legítimas” y, según su interpretación, al “legitimar la violencia” pretenden “precipitar el país en el caos”.
El presidente francés, Emmanuel Macron, en un tono más institucional se centró en subrayar el mensaje de que en Francia no hay “ningún lugar para la violencia” y que habrá castigo castigos para los autores de destrozos y saqueos.
Macron, al que le quedan en el poder seis meses que se aventuran agónicos, y que fue también objeto de muchas críticas en las protestas por parte de los manifestantes por sus políticas en los diez años de mandato, también quiso advertir que habrá “un frente unido frente a los que siembran el caos […] e impiden que aquellos que expresan pacíficamente sus reivindicaciones lo hagan”.
__________
Fuente:

