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CONTRASENTIDOS DEL TECNO-FEUDALISMO

¿Ayuda la comparación con los señores feudales a comprender el poder digital o desvía la atención de sus bases económicas?


CLAUDIO KATZ
Canarias-semanal.org/Martes, 27 de Octubre de 2026

¿Han convertido las plataformas a sus usuarios en siervos de una nueva nobleza digital? El economista Claudio Katz cuestiona la tesis del tecnofeudalismo y explica por qué el poder tecnológico sigue asentado en el trabajo asalariado, la competencia y la búsqueda de ganancias.

Tecno-feudalismo es la denominación más reciente, difundida y sorprendente del capitalismo digital o de plataformas. La principal diferencia con los dos términos más utilizados y pertinentes para caracterizar el modelo actual es el desconocimiento de su carácter capitalista. En lugar de añadir algún concepto o calificativo para describir la gravitación de la dimensión informática, el nuevo enfoque opta por complementar ese rasgo (tecno) con una noción frontalmente antitética al capitalismo (feudalismo).

LA ANALOGÍA CON EL MEDIOEVO

Esa asombrosa caracterización estima que el poder corriente de los capitalistas ha quedado sustituido por el control que ejerce un puñado de firmas digitales sobre toda la actividad económica. Postula que al manejar el principal recurso del modelo actual (los datos), esas compañías obtienen enormes rentas de todo el resto. Usufructúan de la provisión gratuita de la información por parte de los usuarios, explotan a los trabajadores del sector avanzado y someten a los capitalistas ajenos a la elite informática. Todos tributan a los billonarios del mundo digital.

Este enfoque considera que el dominio de ese puñado de firmas se consuma a través de su poder monopólico. Las firmas que manejan las plataformas obtienen suculentas rentas por procesar y monetizar los datos que utiliza la economía. Han desarrollado, además, algoritmos para anticipar y moldear los comportamientos de todos los integrantes de la sociedad.

La principal conclusión de este diagnóstico es la autodestrucción del capitalismo. Plantea que ese sistema provocó su propio suicidio al reemplazar la ganancia por la renta, el mercado por la manipulación de las plataformas, la competencia por el monopolio y la dominación de la clase capitalista por la preeminencia de los nuevos acaudalados digitales.

Esa mirada estima que el fin del capitalismo fue iniciado con la captura de Internet y las plataformas por parámetros semejantes al feudalismo. Entiende que, para acceder a esos nodos las empresas abonan un tributo y han quedado convertidas en vasallos de los “propietarios de la nube”.

Considera que los restantes actores de la vida económica están igualmente sometidos a una condición comparable a los siervos del Medioevo[2]. Postula que todos los excedentes se han transformado en rentas capturadas por la nueva nobleza de la informática. Afirma que los mandantes digitales dominan como los antiguos señores, recaudando pagos en un sistema que dejó atrás al capitalismo[3].

Este enfoque también destaca que la nobleza tecno-feudal apresó al sistema político, subordinando todo el ciclo económico a ese control[4]. Observan en la IA una aceleración de esas tendencias y entienden que la burbuja financiera no amenaza el dominio de la nueva clase nubalista[5].

EVIDENCIAS DE CAPITALISMO

No cabe duda que en la actualidad rige otro esquema de acumulación, con otro modelo, otra lógica y otras empresas en el epicentro del sistema. La tecnología digital alteró ese funcionamiento y se transformó en un nuevo conector de todas las operaciones económicas. Por esa razón, el liderazgo que en épocas anteriores exhibían las firmas petroleras, siderúrgicas o automotrices ha quedado sustituido por las empresas de la informática.

Frente a esa evidencia, numerosos autores han optado por el uso de términos -como capitalismo digital, capitalismo plataforma, capitalismo informacional- que resaltan esa mutación. Recurren a variados conceptos para subrayar su complementación del capitalismo. Incluso los teóricos que más distancia pusieron con ese cimiento a fin de resaltar la presencia de una “Sociedad de la Información”, nunca olvidaron, ni omitieron ese pilar[6].

Las razones de esa atención a la centralidad del capitalismo saltan a la vista: el modelo actual cumple, ratifica y consolida los cimientos de ese sistema. Opera en torno al trabajo asalariado, se desenvuelve con grandes inversiones y se asienta en la competencia entre empresas que buscan maximizar las ganancias. Todas cumplen con los requisitos del capitalismo[7].

Resulta imposible indagar la especificidad del modelo actual si se ignora, objeta o rechaza esas evidencias. La tesis tecno-feudal se zambulle en un insólito universo, porque a diferencia de otros estudiosos del esquema en curso desconoce ese elemental punto de partida.

Ciertamente el capitalismo digital altera el funcionamiento tradicional del sistema e introduce nuevas contradicciones. Una de esas tensiones es la contraposición entre la creciente socialización y mercantilización de la información. Pero al igual que cualquier otro desequilibrio, ese desajuste expande contradicciones del capitalismo sin anular la continuada permanencia de ese sistema.

A lo largo de varios siglos, el capitalismo nunca quedó anulado por sus propias disrupciones o turbulencias y tampoco la digitalización actual modifica ese patrón. Tan solo introduce una mayor escala de los desequilibrios que corroen al sistema.

La IA acrecienta la financiarización con burbujas descontroladas, pero inscriptas en la típica secuencia de estallidos bancarios o bursátiles que caracterizan al capitalismo. Lo mismo ocurre con las peligrosas operaciones de alta autonomía, que recuerdan las convulsiones ambientales o bélicas presentes en la trayectoria del capitalismo. Esa dinámica persiste sin ninguna regresión a un pasado feudal, que desconocía esas tensiones.

En el Medioevo no regía ningún atisbo de competencia entre empresas para aumentar la productividad, las ventas y las ganancias. A lo sumo, las firmas comerciales que bordeaban a ese régimen se expandían con los lucros resultantes de comprar barato y vender caro. La compulsión a incrementar la productividad introduciendo cambios tecnológicos surgió con la Revolución Industrial y quedó instalada como la norma central e invariable del capitalismo.

Las mega firmas digitales están sujetas como todos sus pares de otros ámbitos a la misma exigencia. Están forzadas a un enloquecido ritmo de innovación por la presión de la competencia y por el barómetro de la ganancia, que somete el gerenciamiento de las firmas a los indicadores bursátiles. El comportamiento de esas cotizaciones define el ritmo, la estrategia y las decisiones de todas las empresas, porque es el sismógrafo de la ganancia. Los gigantes de la tecnología son empresas particularmente atadas a esa tiranía.

Por dónde se lo vea, la economía digital opera en Occidente al compás del capitalismo, con mayor transparencia que en ningún otro momento de la historia reciente. Desconocer esa evidencia postulando que comandan el regreso a la era feudal, atenta contra cualquier posibilidad de comprender lo que está sucediendo.

El vértigo que domina la conducta de esas firmas es el indicador más visible de su carácter capitalista. Esos ritmos eran desconocidos en etapas históricas precedentes, porque las temporalidades de la sociedad estaban sujetas al letargo agrario o a la discordancia de las guerras.

El capitalismo introdujo la velocidad contemporánea, acelerando todos los ritmos de la producción bajo el látigo del trípode competencia-productividad-ganancia. Las firmas tecnológicas están sujetas a esa compulsión y su liderazgo en gran medida obedece a la aceleración que introducen en los ciclos de rotación del capital, para inducir mayores incrementos del beneficio[8].

La impronta categóricamente capitalista de estas compañías se verifica, además, en el tipo de crisis que están suscitando. Ese desequilibrio reúne todas las características de la sobreinversión, es decir de un excedente de capitales agolpado en cierto sector por las expectativas de mayores ganancias que en el resto de la economía.

Las inéditas cifras de fondos capturadas por las firmas tecnológicas de Wall Street, no guardan ninguna relación con el rendimiento que prometen. Por esa razón, se espera algún temblor financiero de gran escala, antes que IA exhiba efectivamente su impacto en la producción.

Esa sobreinversión es sinónimo de capitalismo. No existe ningún otro rasgo que sintetice con mayor contundencia las características del sistema actual. Ese desequilibrio ilustra cómo funciona, se corroe y estalla periódicamente el capitalismo. Con solo observar, registrar y constatar este dato alcanza y sobra para reconocer la presencia dominante de ese sistema en la economía digital.

Ni siquiera se necesita precisar si esa sobreinversión se gestó primordialmente en la esfera del consumo, la producción, la ganancia o las finanzas. Esa indagación es tan solo complementaria del reconocimiento elemental de su carácter capitalista. Como los teóricos del tecno-feudalismo no perciben este punto de partida, toda su construcción está corroída por un gran despiste.

OMISIÓN DE LA PLUSGANANCIA

La creencia que el tecno-feudalismo ha sustituido al capitalismo se fundamenta en un supuesto de reemplazo de la ganancia por la renta. Los teóricos de esa sustitución postulan que el cimiento del beneficio (asentado en la plusvalía) ha quedado suplido por el provecho que imponen los “dueños de la nube” al resto de la sociedad.

Describen cómo esos propietarios condicionan los comportamientos de todos los compradores, induciendo deseos, vendiendo los productos derivados de esa predilección y extrayendo rentas del circuito de esa compra. La analogía con el feudalismo surge de los parecidos que observan en esa tributación con los señores de la tierra del Medioevo[9].

Pero lo que capturan las grandes empresas tecnológicas del resto de la economía no es un gravamen impuesto por la fuerza, sino un excedente surgido del propio circuito de inversión, producción, consumo, ganancia, acumulación y reinversión que rige bajo el capitalismo.

Los ganadores del capitalismo digital no imponen rentas forzosas a las firmas excluidas del nicho dominante, sino que absorben las plus-ganancias que embolsan de sectores marginados del control de ese excedente. Ese remanente es una plusvalía extraordinaria y no una renta, porque se nutre del trabajo realizado y no remunerado a los asalariados en que se cimenta el capitalismo.

La plusvalía no es capturada en forma individual por los dueños de cada empresa, sino que alimenta un circuito general de reproducción del capital, que redistribuye esa masa de valor entre todos los capitalistas participantes de la acumulación.

Los sectores patronales que obtienen privilegios de ese reparto, acrecientan sus beneficios capturando una tajada mayor de la plusvalía total. Aprovechan las ventajas transitorias que logran por su manejo de un recurso escaso, por sus mayores soportes financieros, por su dominio de un monopolio comercial o por el control de una innovación tecnológica que todos sus rivales necesitan y demandan[10].

Las cambiantes modalidades que asume esa plus-ganancia han sido muy debatidas en la economía marxista. Son beneficios empresariales superiores, que emergen de condiciones específicas de la producción (firmas que operan con una productividad superior a la media), o de alguna ventaja en el manejo de la oferta o la demanda. Esas ganancias no conforman nunca rentas ajenas al capitalismo. Son beneficios mayores derivados de la competencia que rige en ese sistema[11].

La modalidad de plusvalía extraordinaria que impera bajo el capitalismo digital constituye una variante de la clásica plus-ganancia tecnológica, que capturan las empresas innovadoras. No es un invento, ni una novedad de era informática. Recrea lo ocurrido en el pasado con todas revoluciones tecnológicas y por esa razón, el lugar en el podio del ranking capitalista que actualmente ocupan las firmas digitales, estuvo en el pasado en manos de compañías ferroviarias, siderúrgicas, químicas o automotrices. En cada período histórico del capitalismo, alguna rama obtuvo ganancias por encima de la media, siempre derivadas de su transitoria captura de la plusvalía extraordinaria.

Este tipo de plus-ganancia es visto con gran frecuencia como un sinónimo de la renta tecnológica. Esa denominación corriente es válida, si se recuerda que su origen proviene de un mecanismo capitalista de captura de los excedentes. Ese concepto no tiene nada que ver con el feudalismo. Obedece a una superioridad tecnológica que permite el control de las patentes exhibido por Apple, Microsoft, Amazon o Facebook o el protagonismo que ejercen en toda la cadena de valor[12].

Con ese poderío canibalizan a los competidores y afianzan la elite de los billonarios. La renta digital en la que se asienta ese poder, no tiene ningún parentesco con la renta agraria que imponían los nobles a sus vasallos de manera compulsiva, en el mundo agrario de la era feudal.

OTRO TIPO DE RENTAS

El término renta es también utilizado para destacar cómo las firmas digitales obtienen lucros con las ventas de publicidad. Esa comercialización es una fuente de mucho dinero para firmas como Google o Facebook.

Pero ese ingreso supone el mismo tipo de renta comercial que predomina entre otros gigantes de la intermediación. Es un servicio de publicidad que ha desarrollado el sistema para potenciar las ventas y supone un gasto creciente en todos los procesos de circulación del capital.

Esa renta comercial constituye una detracción de la plusvalía generada en proceso productivo, que el sistema recicla para consumar la realización del valor de las mercancías. La renta comercial resultante de esa necesidad es tan capitalista como la tecnológica, porque constituye un procedimiento insoslayable para el funcionamiento del sistema. No son rentas ajenas o contrapuestas al capitalismo, sino dispositivos intrínsecos que recrean a ese sistema.

Incluso los monopolios naturales -que surgen del control sobre un recurso escaso y generan rentas agrarias, mineras o energéticas- están integrados a la reproducción capitalista, a través de los mecanismos financieros, comerciales o productivos que los conectan con los epicentros del sistema[13]. La renta que obtienen los jeques de petróleo, los dueños de latifundios o los propietarios de minas auríferas es tan poco feudal, como la manejada por Google, Apple o Amazon. Esa variable tiene contenidos disímiles en cada régimen social y se amolda bajo el capitalismo a la dinámica de este sistema[14]

PEAJE, COERCIÓN Y RAPIÑA

Los teóricos del tecno-feudalismo observan al circuito actual de plataformas, como un entramado de islotes manejado por billonarios digitales. Consideran que ese control se ejerce por medio del pago de peajes, a todos los que circulan por esas instancias en operaciones de compra y venta de productos.

Afirman que ese gravamen se asemeja al impuesto de carretera, que los estudiosos del feudalismo denominaron “tasas señoriales”. Señalan que, emulando a los antiguos señores feudales, las corporaciones de la informática cobran diezmos digitales a los productores y usuarios que interactúan en los ecosistemas cerrados de la nube[15].

También en esta versión atenuada del enfoque tecno-feudal se estima que las plataformas han sustituido a los mercados y por esa razón, destaca la preeminencia de un despótico tributo divorciado de las normas que rigen al capitalismo.

Pero la analogía de clientes con campesinos, plataformas con castillos y empresas con caballeros, simplemente olvida que el mundo actual no está regido por las normas de coerción extraeconómica, que sustentaban las rentas del feudalismo. El capitalismo incluye otra variedad de rentas, amalgamadas a su funcionamiento en torno a la competencia por ganancias surgidas la explotación.

La plusvalía es el epicentro de todos procesos de producción, acumulación, circulación y reproducción del capital, que incluyen también rentas tecnológicas, comerciales, agrarias o financieras. Esas variables están integradas al sistema como rentas capitalistas y no feudales. No determinan la dinámica del curso económico, sino que operan como derivados, apéndices o complementos de un circuito centrado en la explotación de los trabajadores y la competencia entre los capitalistas.

La versión leve de la tesis tecno-feudal también argumenta que la creciente captura del poder político por parte de los billonarios digitales, asemeja al mundo actual con la era medieval. Destaca la presencia de la misma disolución de fronteras que separan a la economía y la política. Por eso estima que los dueños de la nube dominan por medio de la fuerza que les brinda su control del Estado[16].

Pero no es la primera vez que el sector más dinámico y poderoso de los acaudalados acrecienta su manejo de las palancas estatales. Ese predomino se registró muchas veces y nunca simplificó las relaciones entre las capitalistas y las burocracias que manejan los Estados. Las incontables mediaciones que organizan el funcionamiento de la sociedad contemporánea, no desaparecen por ese predomino de millonarios del acero, magnates de la construcción, acaudalados de la banca o billonarios de la informática.

Las clases capitalistas nunca han dominado ejerciendo el poder despótico que tenían sus antecesores de la era feudal. Actúan en un sistema que exige numerosas instancias de gestión política. Esas mediaciones operan en forma complementaria o autónoma del poder económico directo. No es lo mismo gobernar arbitrando entre numerosos sectores de la burguesía, amplios segmentos de las clases medias y poderosos contingentes de los trabajadores, que reinar en la simplificada sociedad de campesinos y terratenientes del mundo feudal.

El supuesto de regresión feudal se asienta también en cierta analogía del estancamiento que signó el declive del Medioevo, con la decadencia de la sociedad actual. Pero es evidente el abismo que separa el letargo de esa era, con el incontrolado dinamismo del siglo XXI. Todo el debate sobre el “fin del mundo” que augura la Inteligencia Artificial retrata un desmanejo, que se ubica en las antípodas del mero estancamiento[17].

Las modalidades de depredación contemporánea ilustran la madurez, el agotamiento o el declive del capitalismo actual, pero no su reemplazo por un régimen precedente. El capitalismo digital no entraña ninguna sustitución de relaciones mercantiles por conexiones neotributarias, impulsoras del saqueo y el robo. Las rapiñas actuales se inscriben en la lógica capitalista de la “acumulación por desposesión”, es decir en procesos estrechamente conectados con las propias necesidades de la dinámica capitalista[18].

Algunos autores observan semejanzas de la ganancia digital con el peaje feudal, en el manejo que tienen los grupos dominantes de todo el circuito económico. Esa supremacía es también asociada con la financiarización por la presencia de una ganancia derivada de la mera intermediación parasitaria.

Pero también aquí olvidan que bajo el capitalismo la renta bancaria no es una mera punición prescindible y apropiada por inútiles aprovechadores. Cumple un papel insoslayable para la continuidad de la acumulación, mediante los préstamos que mantienen ininterrumpidos los procesos de reproducción. Desenvuelve una actividad indispensable para movilizar el crédito, organizar la producción y generar derechos sobre la plusvalía futura[19]. La tesis tecno-feudal impide reconocer esas funciones y comprender su conexión con el capitalismo digital de nuestro tiempo.

CONTRADICCIONES DE OTRA ÍNDOLE

Otra mirada de la tesis tecno-feudal considera que la competencia clásica ha quedado reemplazada por la mera coordinación de actividades entre los dueños de las plataformas. Entiende que ese manejo ha desembocado en la captura del valor existente, más que en la creación de nuevos productos con el consiguiente estancamiento de la economía[20]. Afirma que ese curso instauró la preeminencia del saqueo en un universo de “gleba digital” gobernado por la simple depredación[21].

Pero ese retrato de feudos digitales carcomidos por la regresión económica no se condice con la euforia de inversión que impera en el sector y tampoco con el nuevo pico de la revolución tecnológica que introduce la IA.

Esa última efervescencia anticipa un próximo desastre financiero por la burbuja bursátil, un dramático agravamiento de la desigualdad, una mayor sangría bélica por el uso militar de la informática y quizás impensables tragedias por el descontrol de los robots. La causa de esos terribles efectos es el capitalismo que no puede regular, ni contener las consecuencias de su funcionamiento competitivo, en su enceguecida búsqueda de lucros y en su insaciable apetito de plusvalía.

El estancamiento, la depredación y el saqueo constituyen a lo sumo eslabones parciales y complementarios del motor del sistema, que es la presión por mayores ganancias resultantes de la explotación en que se asienta el capitalismo. Resulta imposible comprender (y combatir) la lógica de este proceso, si se supone que el sustento capitalista de ese proceso ha sido sustituido por antiguas normas de renta y vasallaje.

Es cierto que Estados Unidos es una economía en declive, que padece estancamiento o baja productividad y recurre a la guerra para sostener su primacía. Pero esa decadencia justamente obedece a que concentra como ninguna otra economía, todas las contradicciones del capitalismo. Está afectada por la exacerbación de esos desequilibrios. No sufre la ausencia de innovaciones del pasado feudal, sino el mal opuesto: la incapacidad para aplicar las transformaciones tecnológicas que genera en su propia esfera productiva.

Es un desequilibrio completamente antagónico al imperante durante el letargo del Medioevo. Efectivamente recurre a la depredación en gran escala de los países que somete, pero esta sujeción neocolonial está alimentada por una necesidad de competencia que estaba ausente en la era del vasallaje.

Los despiadados motores de la expansión que introdujo el capitalismo en su nacimiento, no se han apagado en el siglo XXI. Al contrario, operan con mayor ferocidad que en esa época, porque la presión competitiva, la masa de productos excedentes, la retracción del consumo y el declive porcentual de la tasa de ganancia son mayores que en el pasado. Lo que exacerba todas las turbulencias actuales es ese acrecentamiento de pesares generados por el capitalismo y no la fantasiosa autoeliminación de ese sistema.

La hipótesis de un mero estancamiento como explicación de la crisis contemporánea fue postulada con gran insistencia durante la década pasada por los teóricos del "capitalismo rentista". Afirmaban que la ausencia de inversiones genuinas y la consiguiente hipertrofia de actividades en la esfera financiera, concentraba todos los desequilibrios del sistema en el sector bancario. Estimaban que esa traslación multiplicaba el parasitismo, la improductividad y la ausencia de innovación en todos los segmentos de la economía real[22].

Esa mirada percibió la financiarización que desembocó en la gran crisis de las hipotecas en el 2008, pero fue acertadamente objetada por los autores que criticaron su representación fantasmal de los problemas del capitalismo. Cuestionaron especialmente su desconocimiento de las determinaciones productivas de esos desequilibrios, en contradicciones de la acumulación, la inversión, la ganancia y el consumo[23].

La pertinencia de estos planteos ha salido a flote en el período actual de capitalismo digital. Este modelo solo puede entenderse reconociendo los pilares productivos del sistema, que han dado lugar a una revolución tecnológica impulsada por la competencia entre empresas que disputan beneficios, ventas, ganancias y mercados.

La mirada del capitalismo como un régimen rentista impide registrar esa dinámica. Salta a la vista que, si la Inteligencia Artificial ha cobrado tanta centralidad es porque el capitalismo no ha quedado reducido al mero parasitismo de las ruletas financieras.

Pero mientras que en la década pasada los debates sobre el estancamiento tenían cierto sentido por su identificación con la financiarización, en la actualidad han perdido esa consistencia frente a la preeminencia del capitalismo digital.

Se puede acusar a los banqueros de parásitos, pero no es muy sensato extender esa imputación a los gestores de la IA. Existen un divorcio con los procesos productivos por parte de los ejecutivos de Black Rock, pero no entre los artífices de las tecnologías digitales.

La falta de inversiones genuinas que rodea al mundo de las finanzas, no se extiende al universo de las redes y la informática. La tesis tecno-feudal intenta extrapolar las críticas a la financiarización a otro período, sin registrar que el capitalismo de plataformas está afectado por contradicciones de otra índole.

PROLETARIOS Y SIERVOS DE LA NUBE

El principal cimiento de la tesis tecno feudal es su caracterización de la renta digital como un trabajo gratuito confiscado a los usuarios. Ese postulado ilustra las distancias que separan a ese enfoque de las teorías convencionales de la ganancia, que observan a ese lucro como una retribución a la inversión, una remuneración los emprendedores o un premio al riesgo y la abstención al consumo.

Al igual que el marxismo, la visión tecno-feudal sitúa la fuente del beneficio en la expropiación de un trabajo realizado y no pagado a sus gestores. Resalta que esa ganancia no proviene de los méritos del capitalista, sino de su aprovechamiento del trabajo ajeno.

Con ese fundamento estima que los “señores de la nube” lucran con la opresión de los “siervos digitales” que proveen datos a las plataformas, luego de sufrir la manipulación de atención, publicidad y compras que impone su continuada atadura a las pantallas. El individuo conectado en red es visto como un servidor atrapado y moldeado por el algoritmo, que produce las rentas apropiadas por la nobleza digital[24].

En ese vasallaje se asienta la analogía con el feudalismo que se apropiaba del trabajo gratuito de los campesinos[25]. Esa misma configuración se habría instaurado actualmente en el mundo de las redes, en la medida que todos teclean los datos confiscados por la nueva casta tecno-feudal.

Pero ninguno de esos usuarios está sujeto a las coacciones extraeconómicas que imperaban en el Medioevo. Desenvuelven su cotidiana conexión con las redes por compulsión, deseo, alienación o necesidad, pero en ningún caso por imposiciones forzosas. Y esa aparente independencia es una característica central de las relaciones mercantiles. Bajo la compulsión económica que impone el capitalismo, todos los agentes actúan con esa formal libertad.

Esa sustancial diferencia con la era coactiva del feudalismo define porque razón el usuario no es un siervo. No actúa en el ámbito de las rentas naturales, ni genera acciones determinadas por un mandato de explícito sometimiento a los dueños del poder económico[26].

DISTINCIONES BÁSICAS

La mirada tecno-feudal supone que todos los usuarios trabajan por el solo hecho de estar conectados, subiendo los datos que las empresas les sustraen. Pero esa confiscación -que constituye un indudable hurto- no es sinónimo de explotación. Implica adversidades e injusticias de todo tipo para un usuario manipulado, mercantilizado, alineado y engañado para operar a favor de otro sin ninguna retribución.

Pero ese desfalco no equivale a una explotación, si el usuario está consumiendo, descansando o jugando en las redes. El primer tipo de sujeción presupone una relación laboral, que no está invariablemente presente en cualquier conexión, ni tampoco en la propia condición del usuario[27]. Su aporte de muchos o pocos datos a las redes indica, en todo caso, una nueva modalidad de expropiación, pero no de explotación, ni de trabajo no remunerado.

Entre los “proletarios de las nubes” se verifican esos pesares, pero no en el bloque genérico de los usuarios. Por esa razón, hay que diferenciar qué tipo de actividad realiza cada individuo frente a la pantalla, para determinar si está trabajando (y generando plusvalía) o no[28].

Si está realizando cualquiera de las infinitas tareas laborales que actualmente se procesan en las redes, nutre la plusvalía que alimenta al capitalismo digital, pero si está consumiendo, conversando o usufructuando de su tiempo libre, no participa de esa generación de excedentes.

En ese último caso, actúa como un consumidor que aporta los datos expropiados por las mismas empresas, que posteriormente lo encadenan como cliente a través de la publicidad. No es lo mismo participar por zoom de una reunión laboral, que de un encuentro entre amigos y colocar situaciones tan contrapuestas en la misma bolsa de siervo de la red, impide comprender la lógica del capitalismo digital.

Dentro de Internet se desenvuelve actualmente una inmensa variedad de trabajos remunerados, no remunerados, reproductivos o directamente productivos. Es obviamente indispensable reclasificar esas actividades, en sintonía con los gigantescos cambios que ha registrado el capitalismo[29].

Pero ese reordenamiento exige reafirmar ciertas diferencias básicas de la economía política, que distinguen al productor del consumidor y al trabajador del comprador. Si esas condiciones cualitativamente diferenciadas del proceso de producción y circulación de mercancías son olvidadas, ya no hay brújula para indagar los secretos del capitalismo contemporáneo.

El usuario que ingresa datos y es inmediatamente atrapado por el algoritmo -que conoce sus preferencias para inducirlo a cierta compra- es cualitativamente distinto del asalariado, que cumple un trabajo asignado en la pantalla. El desconocimiento de esa diferencia impide captar la nueva complejidad que introducen las redes en la economía contemporánea.

Si se supone, por ejemplo, que el trabajo y el juego se mixturan en las redes en una combinación indiferenciada de obligaciones y placer[30], queda diluido lo que se necesita distinguir para comprender el capitalismo digital. La tesis de los siervos digitales extiende esas confusiones a su máxima expresión, porque perdió el orientador básico de cualquier diagnóstico de la actualidad, que es el simple registro de la preeminencia del capitalismo.

INUTILIDAD DE UN CONCEPTO

La tesis tecno-feudal falla en su principal propósito de explicar el nuevo escenario creado por el imperio de las redes. Fracasa en ese esclarecimiento, en su versión fuerte de autodestrucción del capitalismo, aunque aporte interesantes y acertadas evaluaciones de las contradicciones financieras y monetarias del trumpismo[31]. Esas contribuciones a los diagnósticos de la coyuntura están socavadas por desconocer cómo se insertan en la lógica general del capitalismo digital.

La versión débil del mismo enfoque también postula comparaciones con la era feudal, retomando alusiones de Marx a la concentración monopólica en grandes firmas (feudalismo industrial) o de Habermas a la retracción de los espacios comunes (refeudalización de la esfera pública)[32]. Plantea una visión más cauta del réquiem al capitalismo, pero introduce analogías con la era medieval que oscurecen la dinámica del capitalismo digital.

Ese enfoque subraya que el modelo actual no rejuvenece al sistema, sino que profundiza las características regresivas que introdujo el neoliberalismo y consolidó el escenario de crisis pos-2008[33]. Pero la tesis tecno-feudal obstruye el desarrollo de ese acertado diagnóstico.

Tampoco sirve el sugerido objetivo de polemizar con las teorías que enaltecen alguna variante del capitalismo frente a otras. Si se pretende subrayar que este sistema atraviesa por un estadio de significativo declive, generando sufrimientos mayúsculos a la población, corresponde simplemente analizar cuáles son los desequilibrios que potencian esa pesadilla, recordando que obedecen a este sistema y no a otro.

Finalmente, la correcta percepción que la ausencia de un esperado desemboque al socialismo agravó las calamidades del capitalismo, no requiere aditamentos adicionales que sugieran regresiones al Medioevo. Basta con denunciar las tragedias que provoca el capitalismo, para esclarecer las dramáticas consecuencias de su continuidad. Toda la mirada tecno feudal introduce mucho ruido, con el uso de un término tan llamativo como irrelevante. Ese concepto recrea los mismos problemas de otros desconocimientos del funcionamiento capitalista, que analizaremos en el próximo y ultimo texto.

11-10-2026

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RESUMEN

La identificación del escenario digital con el rentismo medieval ignora los incontables pilares capitalistas de ese esquema. Olvida que en el feudalismo no regía la competencia para aumentar la productividad, ni tampoco las crisis de sobreinversión.

Confunde las antiguas puniciones forzosas con la plus-ganancia que acaparan las firmas tecnológicas y desconoce la especificidad de las rentas contemporáneas. El capitalismo digital se sustenta en la plusvalía y no en peajes, rapiñas o coerciones. Las confiscaciones que sufren los usuarios no se equiparan con la servidumbre y difieren de la explotación laboral. La tesis tecno-feudal obstruye la comprensión del capitalismo digital.


[1]Economista, investigador del CONICET, profesor de la UBA.

[2] Varoufakis, Yanis (2024) Tecnofeudalismo. El sigiloso sucesor del capitalismo Madrid, Ediciones Deusto (p 6-8)

[3] Varoufakis, Yanis (2024). Los señores tecnofeudales son la nueva clase dominante, julio 7 https://tektonikos.website/yanis-varoufakis-los-senores-tecnofeudales-son-la-nueva-clase-dominante/

[4] Varoufakis, Yanis (2024). El auge del tecnofeudalismo, https://jacobinlat.com/2024/07/el-auge-del-tecnofeudalismo/

[5] Varoufakis, Yanis (2025). Lo que DeepSeek significa para el tecnofeudalismo y la Nueva Guerra Fría https://www.sinpermiso.info/textos/lo-que-deepseek-significa-para-el-tecnofeudalismo-y-la-nueva-guerra-fria

[6] Castells, M. (1997). La era de la información: economía, sociedad y cultura. Vol. 1: La sociedad red. Alianza Editorial.

[7] Roberts, Michael (2025). Economía y capitalismo "progresistas" https://www.sinpermiso.info/textos/economia-y-capitalismo-progresistas

[8] Crossa Niell, Mateo (2025) Tecnofeudalismo: una crítica

https://fisyp.org.ar/2025/07/21/tecnofeudalismo-una-critica-por-mateo-crossa-niell/

[9] Varoufakis, Yanis (2024). Los señores tecnofeudales son la nueva clase dominante, julio 7 https://tektonikos.website/yanis-varoufakis-los-senores-tecnofeudales-son-la-nueva-clase-dominante/

[10] Mandel, Ernest (1985). El capital: Cien años de controversias en torno a la obra de Karl Marx. Siglo Veintiuno Editores (p 175-183)

[11] Mandel, Ernest (1979). El capitalismo tardío. México: Ediciones Era (p 167-168, 244-246).

[12] Roberts, Michael (2025). Reseña de "Materialismo Histórico" 2025,

[13] Heller, Pablo (2026) Tecnofeudalismo: ¿Ha muerto el capitalismo?
https://revistaedm.com.ar/nota/tecnofeudalismo-ha-muerto-el-capitalismo

[14] Puello-Socarrás, José Francisco (2026). La insoportable levedad del “tecnofeudalismo”. https://www.jfpolitics.com/publicaciones/ensayos/la-insoportable-levedad-del-tecnofeudalismo-una-etiqueta-erratica-que-se-desvanece-en-el-aire

[15] Durand, Cedric (2022). Explorando las fronteras del capital. Respuesta a la Crítica de la razón tecno feudal New Left Review https://newleftreview.es/search?query%5Bauthor%5D=C%C3%A9dric+Durand

[16] Durand, Cedric (2025). El capitalismo demasiado tardío. Ernest Mandel en la era Trump, Vientosur nº 198 https://vientosur.info/el-capitalismo-demasiado-tardio-ernest-mandel-en-la-era-trump/

[17] Morozov, Evgeny (2023). No, no es tecnofeudalismo, sigue siendo capitalismo

[18] Díaz, Santiago (2026). La distopía regresiva de Yanis Varoufakis: el Tecnofeudalismo https://www.laizquierdadiario.com/La-distopia-regresiva-de-Yanis-Varoufakis-el-Tecnofeudalismo

[19] Lapavitsas, Costas; Morera, Carlos (2011). La crisis de la financiarización, México, UNAM, CLACSO, (p 13-31)

[20] Durand, Cedric (2022). Explorando las fronteras del capital. Respuesta a la Crítica de la razón tecnofeudal New Left Review https://newleftreview.es/search?query%5Bauthor%5D=C%C3%A9dric+Durand

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[22] Chesnais, Francois (2017). Las dimensiones financieras del impasse del capitalismo, 28-10-2017, http://www.iade.org.ar/

[23] Husson, Michel (2017). El capital financiero y sus límites, 27-02-2017, https://vientosur.info/spip.php?article12248

[24] Varoufakis, Yanis (2024). El auge del tecnofeudalismo, https://jacobinlat.com/2024/07/el-auge-del-tecnofeudalismo/

[25] Durand, Cedric (2022). Explorando las fronteras del capital. Respuesta a la Crítica de la razón tecnofeudal New Left Review https://newleftreview.es/search?query%5Bauthor%5D=C%C3%A9dric+Durand

[26] Morozov, Evgeny (2023). No, no es tecnofeudalismo, sigue siendo capitalismo
https://jacobinlat.com/2023/04/esto-sigue-siendo-capitalismo2/

[27] Vrousalis, Nicholas (2026). Capitalismo y Big Tech. Por una crítica de la hipótesis "tecnofeudal"https://www.sinpermiso.info/textos/capitalismo-y-big-tech-por-una-critica-de-la-hipotesis-tecnofeudal

[28] Carchedi, Guglielmo (2014). Old Wine, New Bottles and the Internet, Work Organisation, Labour and Globalisation, volume 8, number 1, 2014.

[29] Huws, Ursula Elin (2014). Valor. Trabalho no seculo XXI. Caderno CRH, Salvador, v. 27, n. 70, p. 13-30, Jan./Abr 2014

[30] Dyer-Whiteford, Nick (2004). Sobre la contestación al capitalismo cognitivo. Composición de clase de la industria de los videojuegos y de los juegos de ordenador. Riqueza, propiedad, libertad y renta en el capitalismo cognitivo, en VVAA Capitalismo cognitivo, propiedad intelectual y creación colectiva. Traficantes de sueños, abril de 2004 (p 49-62)

[31] Varoufakis, Yanis (2025). El plan maestro económico de Donald Trump, 19-2

[32] Durand, Cédric (2025) Desborde reaccionario del capitalismo: la hipótesis tecnofeudal Entrevista https://nuso.org/articulo/315-desborde-reaccionario-del-capitalismo-la-hipotesis-tecnofeudal/

[33] Durand, Cedric (2025). El capitalismo demasiado tardío. Ernest Mandel en la era Trump Vientosur nº 198 https://vientosur.info/el-capitalismo-demasiado-tardio-ernest-mandel-en-la-era-trump/

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