Un estudio identifica a ACC1 como un regulador esencial de las células ILC2 y muestra que su pérdida altera la función mitocondrial y favorece la inflamación del tejido adiposo
ANDREA RIVERO GARCíA
Gacetamédica.com/24 SEP 2026
La obesidad no solo modifica el metabolismo de los adipocitos. También altera profundamente el funcionamiento de las células inmunitarias que residen en el tejido adiposo y contribuyen a mantener su equilibrio metabólico. Un estudio realizado por investigadores de la Universidad de Bonn y publicado en la revista Cell Metabolism ha identificado un mecanismo que conecta ambos procesos: la enzima acetil-CoA carboxilasa 1 (ACC1) resulta esencial para mantener la función de las células linfoides innatas de tipo 2 (ILC2), implicadas en la regulación de la homeostasis del tejido adiposo.
Los resultados muestran que una dieta rica en grasas incrementa la disponibilidad y oxidación de ácidos grasos en las ILC2 del tejido adiposo y reduce la actividad de ACC1. Esta alteración afecta al metabolismo energético de estas células, deteriora su mantenimiento y función y termina favoreciendo la hipertrofia y la inflamación del tejido adiposo.
El trabajo aporta una nueva explicación sobre uno de los mecanismos implicados en la denominada metainflamación, la inflamación crónica de bajo grado asociada a la obesidad y relacionada con la aparición de alteraciones metabólicas como la resistencia a la insulina y la diabetes.
ACC1, nexo entre metabolismo y función inmunitaria
Las ILC2 son un tipo de célula inmunitaria presente en el tejido adiposo que participa en el mantenimiento de su equilibrio. Entre otras funciones, contribuyen a regular la respuesta inflamatoria y las interacciones con otras poblaciones celulares, como los eosinófilos y las células T reguladoras.
El estudio señala que la ACC1 desempeña un papel que va más allá de su función conocida en el metabolismo de los ácidos grasos. Los investigadores observaron que esta enzima contribuye al funcionamiento del ciclo del citrato y al mantenimiento del equilibrio entre las formas oxidada y reducida del dinucleótido de nicotinamida y adenina, NAD+/NADH, un sistema fundamental para el metabolismo energético celular.
En condiciones de obesidad inducida por una dieta rica en grasas, las ILC2 aumentan la utilización de ácidos grasos como fuente de energía. Esta adaptación metabólica termina asociándose con una reducción de la actividad de ACC1 y con un deterioro de la función mitocondrial. Los investigadores observaron una disminución tanto de la masa mitocondrial como del potencial de membrana de estas células.
El resultado es una alteración de la diferenciación y el mantenimiento de las ILC2. En el tejido adiposo disminuye la presencia de ILC2 maduras capaces de producir citocinas, mientras aumentan sus células progenitoras.
La pérdida de ACC1 reproduce alteraciones asociadas a la obesidad
Para estudiar directamente el papel de la enzima, los investigadores eliminaron ACC1 específicamente en las ILC2 de los ratones. La alteración reprodujo varios de los cambios observados durante la obesidad. La pérdida de ACC1 afectó a la inmunidad de tipo 2 asociada a estas células y se relacionó con una alteración del reclutamiento de eosinófilos, una reducción de las células T reguladoras y un aumento de la infiltración de células NK en el tejido adiposo.
Estos cambios favorecieron un entorno más inflamatorio y alteraron la función metabólica del tejido adiposo. Los animales presentaron un aumento de la lipogénesis y una hipertrofia de los adipocitos. Además, los ratones con deficiencia de ACC1 en las ILC2 desarrollaron hiperglucemia e intolerancia a la glucosa después de solo dos semanas de exposición a una dieta rica en grasas.
Los resultados sugieren, por tanto, que el deterioro metabólico de las ILC2 no sería únicamente una consecuencia secundaria de la obesidad, sino que podría contribuir activamente a la pérdida de homeostasis del tejido adiposo.
El ribósido de nicotinamida recupera la función de las ILC2 en el modelo experimental
Uno de los resultados destacados del trabajo fue la utilización de ribósido de nicotinamida, un precursor de NAD+, para tratar de revertir las alteraciones metabólicas provocadas por la pérdida de ACC1.
La suplementación permitió recuperar el equilibrio de NAD+/NADH y restauró la función de las ILC2 y la homeostasis del tejido adiposo en el modelo experimental. Este resultado apunta a que las alteraciones del metabolismo energético de las células inmunitarias podrían ser un elemento relevante en la evolución de la inflamación asociada a la obesidad.
No obstante, los resultados corresponden a modelos experimentales en ratones y no demuestran que la suplementación con ribósido de nicotinamida sea un tratamiento eficaz para la obesidad o la diabetes en humanos.
El trabajo plantea además una cuestión relevante para el desarrollo de tratamientos metabólicos. La ACC es una diana terapéutica estudiada en enfermedades relacionadas con la obesidad y el metabolismo, pero los autores señalan que la inhibición de esta vía puede tener efectos sobre las células inmunitarias además de sobre las células metabólicas que constituyen el objetivo directo del tratamiento. Según los investigadores, este posible efecto podría ayudar a explicar por qué determinadas estrategias dirigidas a la ACC han mostrado efectos adversos o una eficacia limitada en estudios previos.
La conclusión que plantean es que las intervenciones dirigidas al metabolismo del tejido adiposo deberían considerar también las necesidades metabólicas de las células inmunitarias que lo habitan. En este sentido, la interacción entre metabolismo e inmunidad podría convertirse en una pieza relevante para comprender la progresión de la obesidad y sus complicaciones metabólicas.
El estudio también deja abiertas varias cuestiones. Los investigadores reconocen que no todos los efectos observados tras la pérdida de ACC1 tienen necesariamente un origen directo en las ILC2. Parte de los cambios podrían ser consecuencia de las alteraciones que experimenta el propio tejido adiposo y de la exposición prolongada de las células a concentraciones elevadas de ácidos grasos libres. Por ello, será necesario determinar con mayor precisión cómo la regulación de ACC1, el transporte de citrato y el equilibrio NAD+/NADH interactúan para controlar el metabolismo de las ILC2. Estos mecanismos podrían proporcionar nuevas claves sobre la relación entre inflamación, metabolismo celular y enfermedad metabólica asociada a la obesidad.
ANDREA RIVERO GARCíA
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