El mayor estudio realizado hasta ahora encuentra 1.260 variantes relacionadas
Un gigantesco estudio genético aborda una cuestión que nos acompaña desde hace siglos: cuánto de nuestra forma de ser procede de lo que heredamos y cuánto de nuestra propia historia
Recreación artística de la influencia del ADN en la personalidad humana. ChatGPT, César Noragueda
César Noragueda, Periodista especializado en cine, ciencia y pensamiento crítico.
muyinteresante.okdiario.com/3.09.2026 | 20:19
Dos personas llegan a una fiesta llena de desconocidos. Una tarda segundos en presentarse a medio salón; la otra busca primero una cara familiar. Reconocemos esas diferencias enseguida porque convivimos con ellas todos los días.
Lo que vas a descubrir en este artículo
Antes de buscar genes hay que explicar qué significa “personalidad”
Buscar la personalidad en el ADN no significa encontrar “el gen de ser extrovertido”
Entonces, aparecieron 1.260 variantes genéticas
Tus genes influyen, pero no llevan escrita tu biografía
Una de las pruebas más interesantes estaba dentro de las familias
El cerebro aparece, pero tampoco como esperábamos
Tu ADN tampoco puede decir cómo vas a comportarte mañana
Entonces, ¿nacemos con nuestra personalidad?
Referencias
De ahí nace una pregunta mucho más profunda: ¿por qué somos como somos? Experiencias, educación, cultura y relaciones van moldeándonos, pero también heredamos una combinación irrepetible de ADN. Averiguar cuánto aporta cada ingrediente lleva décadas ocupando a la ciencia.
Un nuevo paper publicado en Nature del Revived Genomics of Personality Consortium (ReGPC), un consorcio internacional dedicado a la genómica de la personalidad, ha llevado esa búsqueda a una escala extraordinaria. El equipo combinó 46 grupos de participantes procedentes de distintos estudio y examinó a entre 611.037 y 1,14 millones de ellos, dependiendo del rasgo analizado. Ese volumen permitió rastrear el genoma con una resolución inédita.
Lo obtenido no convierte nuestro carácter en un destino biológico; al contrario, obliga a imaginar su origen como un entramado bastante más complejo.
Antes de buscar genes hay que explicar qué significa “personalidad”
En psicología, la personalidad no equivale simplemente a ser simpático, tímido o tener “mucho carácter”. El término describe patrones relativamente estables en nuestra manera de pensar, sentir y comportarnos. Para estudiarlos, uno de los modelos más utilizados los resume en cinco grandes dimensiones conocidas como Big Five.
Son extraversión, relacionada con sociabilidad, energía y asertividad; amabilidad, que abarca compasión, respeto y confianza; responsabilidad, vinculada con organización y constancia; neuroticismo, asociado con tendencia a emociones negativas e inestabilidad; y apertura a la experiencia, donde entran curiosidad, imaginación y sensibilidad estética.
Conviene imaginarlas como cinco reguladores de una mesa de mezclas, no como cinco cajones, cada uno admite innumerables posiciones y nadie necesita pertenecer por completo a una categoría. El perfil surge de la combinación.
Las cinco grandes dimensiones de la personalidad son extraversión, amabilidad, responsabilidad, neuroticismo y apertura a la experiencia.
Esa imagen evita además un error crucial: si una característica humana varía gradualmente, buscar su base biológica no equivale a localizar un interruptor que la encienda o apague.
Buscar la personalidad en el ADN no significa encontrar “el gen de ser extrovertido”
Para rastrear esa base, los autores realizaron estudios de asociación del genoma completo, conocidos por las siglas GWAS. El nombre intimida más que la idea.
Imaginemos cientos de miles de ejemplares de un libro casi idéntico. Entre sus miles de millones de letras, existen pequeñas diferencias. Si además conocemos la puntuación de cada propietario en extraversión o responsabilidad, podemos comprobar si determinadas letras aparecen con algo más de frecuencia conforme cambia esa puntuación.
Si conocemos la puntuación de cada persona en las dimensiones de la personalidad, podemos comprobar si determinado ADN aparece con algo más de frecuencia conforme cambia esa puntuación.
El procedimiento hizo algo conceptualmente parecido con alrededor de diez millones de SNP por cada dimensión. Un SNP —pronunciado “snip”— es una posición del genoma donde una sola letra del ADN puede variar entre individuos. Después, rastrearon asociaciones estadísticas suficientemente sólidas para descartar razonablemente que hubieran surgido por azar.
Encontrar una asociación no implica que esa variante dicte una conducta ni que sea necesariamente su causa. Señala una relación estadística con la característica examinada. Entre millones de comparaciones, separar un vínculo auténtico del ruido exige muestras enormes y criterios rigurosos.
Entonces, aparecieron 1.260 variantes genéticas
El análisis identificó 1.260 posiciones principales del genoma, aproximadamente independientes entre sí, asociadas de forma significativa con alguna de las cinco grandes dimensiones de la personalidad. De ellos, 824 —un 65 por ciento— estaban en regiones que no se habían vinculado anteriormente con variaciones del rasgo correspondiente.

Recreación artística de la búsqueda de variantes genéticas asociadas con la personalidad. ChatGPT, César Noragueda.
El reparto tampoco fue uniforme: surgieron 706 hallazgos para neuroticismo, 258 para extraversión, 131 para responsabilidad, 126 para apertura y 39 para amabilidad. Las cantidades no indican que una dimensión sea “más genética”: también dependen del tamaño muestral y de cómo se mide.
Pero la cifra espectacular de 1.260 puede ocultar el dato verdaderamente revelador: la repercusión individual de cada señal es diminuta. Para una variante principal típica relacionada con la extraversión, el efecto era insignificante. Si una persona se encontrara exactamente en la mitad de la población en este rasgo —el percentil 50—, una copia del alelo asociado la desplazaría estadísticamente apenas hasta el percentil 50,35. Es decir, solo 0,35 puntos percentiles.
Es decir, ningún hallazgo convierte a alguien en el alma de una fiesta. Estamos contemplando una lluvia de empujoncitos minúsculos, no órdenes escritas en el genoma.
Tus genes influyen, pero no llevan escrita tu biografía
¿Cuánto explican entonces esas diferencias heredadas? En las estimaciones poblacionales principales, las variantes comunes capturadas por los estudios de asociación del genoma daban cuenta de entre el 4,8 y el 9,3 por ciento de la variación observada según la dimensión. Otros modelos producen cifras superiores; considerando rasgos y procedimientos, el artículo recoge valores que alcanzan el 16,2 por ciento.
De ahí no se desprende que “el resto sea ambiente”. La heredabilidad describe diferencias dentro de una población bajo determinadas condiciones, no reparte a un individuo en porciones genéticas y ambientales.
Podemos imaginar una receta elaborada con una cantidad enorme de pizcas. Cada una altera poquísimo el resultado y ninguna determina por sí sola el sabor final. Además, la cocina importa: desarrollo, familia, amistades, educación, cultura, acontecimientos y circunstancias se entrelazan con las predisposiciones biológicas.
Una receta elaborada con una cantidad enorme de pizcas: cada una altera poquísimo el resultado y ninguna lo determina por sí sola; y desarrollo, familia, amistades, educación, cultura, acontecimientos y circunstancias se entrelazan con las predisposiciones biológicas.
Estudios con gemelos y familias han obtenido estimaciones globales de heredabilidad del 40 al 60 por ciento, pues captan componentes que estos estudios de asociación del genoma no abarcan por completo. Los investigadores recalcan que todos los métodos encuentran una influencia sustancial del entorno.
La oposición “genes contra ambiente” empieza así a plantear una falsa disyuntiva.
Una de las pruebas más interesantes estaba dentro de las familias
Quedaba un problema. Si cierta variante parece ligada a la responsabilidad, ¿refleja un efecto transmitido biológicamente o características del hogar, ascendencia poblacional u otros factores compartidos?
Recreación artística de la comparación genética entre gemelos para estudiar la personalidad. ChatGPT, César Noragueda.Para reducir esa confusión, se compararon miembros de una misma familia. Entre otros datos, se utilizaron 2.956 familias del Registro Neerlandés de Gemelos (Netherlands Twin Register) y 4.751 del Estudio sobre el Desarrollo Temprano de los Gemelos (Twins Early Development Study).
Los investigadores cotejaron agemelos dicigóticos, que comparten de media alrededor de la mitad de sus variantes genéticas. Las diferencias entre sus índices poligénicos —puntuaciones que resumen el efecto combinado de numerosas variantes— predijeron los respectivos rasgos con una magnitud muy semejante a la obtenida en las estimaciones poblacionales.
Otra comprobación utilizó datos de 34.506 conjuntos de padres e hijos recopilados por la compañía islandesa deCODE Genetics. La comparación permitió separar el efecto del ADN que los hijos habían heredado directamente de sus padres de otras influencias compartidas por las familias. Al hacerlo, los investigadores comprobaron que esos efectos genéticos directos conservaban el 96,2 por ciento de la capacidad que tenían los índices poligénicos para predecir diferencias de personalidad al comparar individuos de toda la población.
La relación detectada entre esos índices genéticos y los rasgos de personalidad apenas se reducía al controlar las posibles distorsiones del entorno y otras características compartidas dentro de las familias.
Eso no quiere decir que los genes expliquen ese porcentaje de nuestra personalidad. Significa algo mucho más concreto: que la relación detectada entre esos índices genéticos y los rasgos de personalidad apenas se reducía al controlar las posibles distorsiones derivadas del entorno y de otras características compartidas dentro de las familias.
El cerebro aparece, pero tampoco como esperábamos
Al indagar qué mecanismos podían esconderse detrás de los hallazgos, los científicos encontraron otra pista esclarecedora. Para cuatro dimensiones —todas salvo amabilidad—, las asociaciones estaban enriquecidas en genes expresados en la corteza prefrontal, una región cerebral implicada en numerosas funciones complejas.
Sin embargo, el mapa no conduce a una explicación sencilla. Algunas teorías han otorgado especial protagonismo a sistemas relacionados con dopamina para apertura y extraversión, o serotonina para responsabilidad, neuroticismo y amabilidad. Las nuevas comprobaciones ofrecieron poco respaldo a esa división.
Ni el tamaño de los efectos ni su significación situaron a esos neurotransmisores entre los tipos neuronales más enriquecidos. Eso no vuelve irrelevantes a serotonina o dopamina; muestra que reducir dimensiones psicológicas a una sustancia resulta demasiado simple.
El panorama que emerge recuerda menos a cinco circuitos independientes que a sistemas moleculares y celulares solapados cuya participación todavía habrá que desentrañar.
Tu ADN tampoco puede decir cómo vas a comportarte mañana
Con tantas asociaciones, surge una tentación inevitable: ¿podríamos secuenciar a alguien y anticipar cómo será? La investigación aporta una advertencia particularmente útil para frenar fantasías deterministas.
Recreación artística de los numerosos y diminutos efectos genéticos que influyen en la personalidad. ChatGPT, César Noragueda.Se construyeron índices poligénicos, puntuaciones que reúnen el efecto estadístico de numerosas variantes. Estos consiguieron predecir modestamente los cinco rasgos en cinco cohortes independientes con genomas similares a los europeos. También obtuvieron algunas predicciones significativas para extraversión, neuroticismo y apertura en participantes con ascendencia genética semejante a poblaciones africanas, aunque la precisión disminuye cuando cambia la ascendencia respecto a las muestras empleadas para construir el índice.
El artículo lo advierte explícitamente: esas puntuaciones no permiten anticipar el comportamiento futuro de un individuo.
Una tendencia estadística entre cientos de miles de personas no funciona como una bola de cristal personal. Tampoco conviene universalizar conclusiones obtenidas predominantemente en poblaciones occidentales. Harán falta antecedentes ancestrales y culturales más diversos para comprobar qué vínculos se mantienen.
Una tendencia estadística entre cientos de miles de personas no funciona como una bola de cristal personal.
Entonces, ¿nacemos con nuestra personalidad?
La contestación más fiel es menos rotunda y más interesante. No llegamos al mundo con nuestro carácter escrito por completo, pero tampoco como una página biológicamente en blanco. Heredamos un abanico de pequeñas propensiones que se despliegan dentro de una vida concreta.
La escala impresiona: más allá de las 1.260 variantes genéticas que superaron el estricto umbral estadístico, el estudio estima unas 16.180 variantes comunes independientemente asociadas, en promedio, con cada dimensión. La arquitectura resulta extraordinariamente repartida.
Volvamos a la fiesta. No existe una letra del ADN que condene a alguien a recorrer el salón presentándose a desconocidos ni otra que empuje a su acompañante hacia un rincón. Intervienen incontables influencias diminutas, además de todo lo vivido.
No llegamos al mundo con nuestro carácter escrito por completo, pero tampoco como una página biológicamente en blanco: heredamos un abanico de pequeñas propensiones que se despliegan durante la vida.
Ahí reside el cambio de perspectiva. Podemos detectar la huella biológica de algo tan íntimo como nuestro modo habitual de pensar, sentir y actuar sin convertirla en destino. Cuanto más detallado se vuelve ese mapa, menos recuerda paradójicamente a un guion: aparece como una inmensa colección de posibilidades sobre la que cada biografía escribe una historia distinta.
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Referencias
Ted Schwaba, Margaret Clapp Sullivan, Wonuola Akingbuwa et al. "Robust inference and correlates from genetic associations with personality". Nature, 2 de septiembre de 2026. DOI: 10.1038/s41586-026-10992-9.
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Fuente:
