“El Capital en el Siglo XXI: Economía política de la crisis climática”
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La soberanía se ejerce cuando se protege a los migrantes, cuando se garantiza la salud, cuando se defiende la vida frente a la guerra y el despojo
México está en peligro, dijo Petro, pero también está en pie. Mientras haya quienes prioricen las vidas, el humanismo será la trinchera que el imperio no podrá derribar
Crédito : Cristian Leyva / Zuma Press / Europa Press
Diario-red.com
Editorial/03/09/26 |10:38
Palacio Nacional fue escenario de un encuentro que trasciende lo protocolario. La presidenta Claudia Sheinbaum recibió al expresidente colombiano Gustavo Petro en su primera gira internacional tras concluir su mandato. No era una visita de Estado, pero cargaba el peso simbólico de dos proyectos que han entendido que la política tiene un solo fin: la defensa de la vida.
Petro llegó a México para impartir una conferencia en la UNAM, pero su agenda se transformó en un acto de resistencia. Antes de su intervención, se reunió con Sheinbaum en privado. De ese diálogo surgió una reflexión que debería resonar en toda América Latina y que fue compartida en la conferencia: el humanismo como brújula frente a la maquinaria de muerte del imperio.
"México está en peligro", afirmó Petro desde la UNAM. No se refería a amenazas difusas, sino a un entramado concreto de injerencia extranjera en los procesos electorales. El exmandatario señaló que en los comicios de su país habrían intervenido algoritmos vinculados con software de escrutinio, en un sistema que describió como "tecnofascismo": una realidad política artificial cuyo centro está en Washington y cuya financiación proviene de Israel. No es paranoia: es el diagnóstico de quien vivió en carne propia la maquinaria del desprestigio.
Pero hay algo más profundo en su advertencia. El tecnofascismo no es solo una herramienta de control electoral: es una negación del humanismo. Es la reducción de los pueblos a datos, a algoritmos, a consumidores pasivos de narrativas fabricadas. Es el intento de vaciar la política de su contenido humano para convertirla en un espectáculo donde las vidas no importan. Frente a eso, la política humanista se alza como antídoto: una práctica que reconoce que cada decisión gubernamental debe medirse por su impacto en la vida concreta de las personas.
Sheinbaum y Petro coinciden en que la soberanía no es un fin en sí misma, es un medio para proteger vidas. La soberanía no se defiende por orgullo nacionalista, sino porque sin ella no hay posibilidad de garantizar la vida digna de millones de personas. Sheinbaum propuso a Petro participar en "coordinaciones intelectuales académicas" en México: una invitación que declinó por su decisión de permanecer en Colombia, pero que revela una voluntad de articulación que va más allá de la retórica. Sheinbaum no solo escucha: convoca desde una convicción humanista: el bienestar es un derecho, no un privilegio.
Este encuentro se inscribe en una ofensiva imperial sin precedentes. Trump buscando el control de nuestros territorios, Marco Rubio liderndo una persecución ideológica Pero el imperio no solo ataca gobiernos: ataca la idea misma de que las vidas humanas merecen ser priorizadas. Petro y Sheinbaum son testigos de una verdad incómoda: la derecha no gana por su fuerza, sino por nuestra incapacidad de defender lo conquistado. Pero la defensa no es solo institucional: es cultural, educativa, ética.
El humanismo que representan no es sentimentalismo vacío, es una práctica concreta: la política al servicio de las personas, no al revés. La soberanía se ejerce cuando se protege a los migrantes, cuando se garantiza la salud, cuando se defiende la vida frente a la guerra y el despojo. México está en peligro, dijo Petro, pero también está en pie. Mientras haya quienes prioricen las vidas, el humanismo será la trinchera que el imperio no podrá derribar. El encuentro entre Petro y Sheinbaum no fue una foto para las redes: fue la confirmación de que la lucha por la vida y contra la extinción continúa.
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