Una supuesta baja capacidad cognitiva pesaría casi tanto como una enfermedad cardiaca al elegir un embrión, según un estudio
Una puntuación poligénica puede comparar probabilidades estadísticas entre embriones, pero no predecir con certeza la inteligencia ni el comportamiento de una futura persona. / IA/T21
EDUARDO MARTÍNEZ DE LA FE/T21
levante.emv.com/ Madrid01 SEPT 2026
La selección de embriones ha dejado de ser un asunto limitado a la prevención de enfermedades hereditarias graves. La expansión de las pruebas genéticas preimplantacionales y de los llamados polygenic scores (estimaciones estadísticas elaboradas a partir de miles de variantes del ADN) ha abierto la posibilidad de comparar embriones antes de una fecundación in vitro no sólo por su riesgo de enfermedad (la diabetes y las cardiopatías), sino también por rasgos como la estatura, el sexo, la apariencia (el color de los ojos) o incluso la inteligencia.
Lo que no se sabe todavía es hasta dónde estarían dispuestos a llegar los futuros padres ante ese abanico de posibilidades para su futuro hijo. Un estudio publicado en Nature Human Behaviour anticipa una pista: cuando las personas reciben información genética sobre varios embriones y deben escoger uno, un riesgo elevado de bajo rendimiento cognitivo puede influir casi tanto como la predisposición a una cardiopatía.
Los investigadores plantearon a los encuestados dos embriones hipotéticos, con probabilidades genéticas diferentes y la obligación de decidir cuál implantar. Participaron 1.467 adultos de Estados Unidos y 623 de China, con muestras configuradas para aproximarse a la distribución demográfica de ambos países.
Del rechazo teórico a la decisión real
Los participantes evaluaron cuatro características: riesgo de enfermedad cardiaca, discapacidad visual, baja capacidad cognitiva y conducta antisocial. Las dos primeras fueron presentadas como condiciones médicas; las otras, como rasgos no médicos.
En Estados Unidos, el 61,4% manifestó que se sometería a una prueba poligénica para conocer la probabilidad de los dos rasgos no médicos. La proporción fue algo mayor (66,7%) cuando se trataba de condiciones médicas. Sin embargo, si un embrión tenía una probabilidad significativamente superior a la media de presentar baja capacidad cognitiva o conducta antisocial, la probabilidad de ser elegido descendía 34,1 puntos porcentuales frente a otro con riesgo promedio.
Rasgos no médicos
Este resultado se reprodujo también en China e incluso con más intensidad: la caída en la probabilidad de elegir un embrión con riesgo superior a la media de esos rasgos fue de 41,1 puntos porcentuales. Los autores observaron además que, en ambos países, los encuestados evitaban estos rasgos no médicos al menos tanto como las condiciones médicas incluidas en el experimento.
La conclusión: la separación jurídica y moral entre “salud” y “rasgos no médicos” pierde nitidez cuando la información genética se convierte en una decisión concreta sobre un futuro hijo. Según los autores, la mera disponibilidad de esa información puede condicionar la elección, incluso cuando los padres no la hayan solicitado inicialmente.

En la fecundación in vitro (FIV), se crean numerosos embriones, pero generalmente solo uno se implanta en el útero de la futura madre. Muchas clínicas de FIV y empresas comerciales ofrecen pruebas genéticas antes de la implantación para que los padres puedan seleccionar el embrión "mejor". / Έλενα Kontogianni Κοντογιάννη en Pixabay.
El límite científico
Los autores también recuerdan una dificultad añadida: la inteligencia depende de miles de variantes genéticas, pero también del entorno familiar, la educación, la nutrición, la salud y las experiencias sociales. Todo eso sin contar otros factores que la ciencia aún no conoce bien. Eso significa que la selección poligénica de embriones no permite predecir la inteligencia de un futuro niño: solo aporta un cruce estadístico entre miles de pequeñas marcas del ADN y los datos recabados en grandes grupos de adultos.
Este procedimiento lo que hace es extraer unas pocas células en el laboratorio de fecundación in vitro para buscar variantes dispersas. El resultado coloca al embrión unos puntos por encima o por debajo del promedio teórico de una gráfica. Eso es todo.
¿Puerta abierta a la eugenesia?
El estudio no demuestra tampoco que los participantes actuarían del mismo modo en un tratamiento de fertilidad real, ya que los escenarios del experimento fueron meramente hipotéticos: aplicaban diferencias uniformes de cinco puntos porcentuales en las probabilidades y obligaban a escoger entre dos embriones. Los registros de comportamientos no se habían obtenido en clínicas reales.
Pero el sustrato de todo esto ya está planteado: “si bien estas técnicas permiten a los futuros padres mejorar las perspectivas de salud de sus hijos, también abren la posibilidad de seleccionar embriones en función de características que van más allá de la salud, como la inteligencia u otros rasgos no médicos, lo que aumenta el riesgo de que se repitan las prácticas eugenésicas históricas”, advierten los investigadores en su artículo.
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Referencia
Public perceptions of polygenic testing and embryo selection for non-medical traits. Edmond Awad et al. Nature Human Behaviour (2026). DOI:https://doi.org/10.1038/s41562-026-02562-w
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Fuente:
