Es necesario que De la Espriella se vacune contra el síndrome de Adán, que lo puede llevar a creer que la vida comienza con él
No. Hay que construir sobre lo construido. Igualmente, cuidarse de que la narrativa que desea imponer sobre el gobierno Petro, como el peor y más corrupto de la historia, no lo obligue a desechar lo que esa administración hizo por el Pacífico
Imagen E.O con Nano Banana 2
Guillermo Pérez Flórez
demócratas.co/agosto 16, 2026
La tierra ha hablado. O mejor, ha rugido. Y lo ha hecho con fuerza, con más potencia que todos los jaguares y tigres del planeta juntos: con una magnitud de 7.4. Su mensaje tiene una claridad que es imposible no entender. Hace apenas unos pocos días el presidente Abelardo de la Espriella afirmaba que había llegado la hora de mirar hacia el Caribe, pero ahora la tierra, con una autoridad perentoria y sin usar adjetivos, le recuerda que el Pacífico existe, un hecho que, gústele o no, puso de manifiesto el gobierno anterior.
El terremoto le ha modificado parcialmente la agenda al nuevo gobierno. Tendrá que mirar no solo a Barranquilla, como es su deseo, sino hacia Quibdó, Buenaventura y Tumaco. La geología pone al descubierto, una vez más, con una claridad dolorosa, su abandono, y el hecho cierto de que Colombia ha sido construida de espaldas a sus dos mares. En honor a la verdad, asimismo ha sido construida de espaldas a la Amazonía y a la Orinoquía. Pero bueno, hablemos hoy del Pacífico, tal y como nos lo manda la geología.
El terremoto es un evento sísmico, pero la tragedia que allí se sufre no es producto suyo, como podría pensarse. Es, sobre todo, la consecuencia de una estructura social que durante décadas ha normalizado que unas vidas valgan menos que otras. La presencia estatal ha sido intermitente, para no decir que nula. La infraestructura sanitaria es precaria, la conectividad mínima y la institucionalidad local opera con recursos insuficientes, y en muchas oportunidades, a merced de la delincuencia organizada. Así, la zona es altamente vulnerable a eventos climáticos y geológicos, que cuando ocurren son llamados “desastres naturales”, un eufemismo engañoso que permite eludir responsabilidades políticas.
El abandono histórico
Si bien Chocó no es el departamento más afectado con el terremoto, merece recordarse que es el que mayores vulnerabilidades y problemas acumulados presenta. Enfrenta esta emergencia con carreteras que se desmoronan, hospitales con insuficiente capacidad, viviendas construidas sin criterios de riesgo y con deficitaria infraestructura de saneamiento básico.
Según el DANE (2023), entre el 68% y el 72% de la población chocoana sufre pobreza monetaria; entre el 70% y el 80% tiene necesidades básicas insatisfechas. Es una realidad que causa estragos en el presente y compromete seriamente el futuro. Solo el 22% de los hogares tiene acueducto, y alcantarillado apenas el 16,02%. A pesar de que el Plan Departamental de Aguas (PDA) reportó avances parciales la cobertura sigue siendo la más baja del país. Un problema de salud pública. Trece de los treinta municipios no están conectados a la red eléctrica nacional, y funcionan con motobombas, según fuentes oficiales. A pesar de ser el único departamento colombiano que tiene costas en dos océanos, a pesar de sus abundantes recursos mineros, y a pesar de su rica biodiversidad, Chocó representa muy poco para la economía nacional. Su PIB equivale a menos del 0.4% del PIB nacional. Podría desaparecer del mapa y Colombia apenas se enteraría.
Al país le ha importado muy poco el Chocó, ni siquiera a Antioquia, su opulento vecino. De allí varias empresas antioqueñas han sacado miles de onzas de oro y a costa de la salud de sus habitantes. Un estudio de la Universidad de Cartagena, realizado hace ya más de una década, afirmaba que buena parte de la población de Río Quito, cerca de Quibdó, estaba contaminada con mercurio. La minería ilegal en ese municipio es una actividad controlada por grupos ilegales armados y mafias transnacionales. Su oro se extrae y luego sale en helicóptero. Alguna vez le escuché decir a un chocoano que su tierra tiene salidas a los dos mares, y que, sin embargo, “generaciones enteras han nacido, crecido y muerto sin conocer ninguna de las dos costas con las que bordea el departamento, porque no hay vías para llegar a ellas”.
El abandono del Pacífico todo, además de histórico, es dolorosamente racializado. No se puede entender la precariedad actual de Chocó sin reconocer que, junto con una parte del Cauca, del Valle y de Nariño, de mayorías afro-indígenas, han sido víctimas de un modelo de desarrollo que los relegó a la periferia, haciéndolos un territorio prescindible.
Evitar el síndrome de Adán
La reconstrucción de las zonas afectadas por el terremoto nos mostrará hasta dónde llega el compromiso del nuevo Gobierno con la descentralización, y qué tanto cree realmente en ella. Lo primero es desear que ojalá no incurra en los errores cometidos en San Andrés y Providencia, donde la promesa de una recuperación rápida tras la catástrofe vivida con el paso de Huracán Iota terminó convertida en un proceso paquidérmico y lleno de improvisaciones.
También es necesario que De la Espriella se vacune contra el síndrome de Adán, que lo puede llevar a creer que la vida comienza con él. No. Hay que construir sobre lo construido. Igualmente, cuidarse de que la narrativa que desea imponer sobre el gobierno Petro, como el peor y más corrupto de la historia, no lo obligue a desechar lo que esa administración hizo por el Pacífico. El punto de partida debería ser el CONPES 4185 – Política de Desarrollo Integral del Pacífico, aprobado en marzo pasado. Es una hoja de ruta de mediano y largo plazo, que puede beneficiar 179 municipios, con una inversión de más de $12.3 billones de pesos.
Es curioso, y hasta patético, que sea la geología —y no la geopolítica— la que fuerce al nuevo gobierno a mirar hacia el Pacífico. El terremoto lo obliga ahora a fijarse en esa costa y no solo en la otra. Sería una equivocación imperdonable que, por prejuicio político, se desechara lo hecho por su predecesor.
La tierra ha hablado. Está por verse si el Gobierno está dispuesto a escuchar. El Pacífico colombiano tiene recursos y potencialidades de sobra para salir adelante. No hay que valorarlo solo desde lo que le falta y como un menor de edad que no sabe qué le conviene. Demanda acompañamiento cercano del poder central, sí, pero sobre todo necesita transferencia de competencias y recursos. En otras palabras, hacer efectiva la descentralización de la que habla el presidente De la Espriella. Hasta aquí el plano interno. Pero existe otro aspecto para mencionar y desarrollar en el futuro, que no quiero dejar de mencionar.
¡Quién iba a pensarlo!, la geología es un actor político con capacidad de alterar no solo la agenda interna, como ya lo vimos, sino también la externa. De la Espriella, amigo de la doctrina de Marco Fidel Suárez (1918-1921), “Respice polum”, como principio de política exterior que establecía que la brújula internacional de Colombia era Estados Unidos, ahora se ve impelido por la fuerza de los hechos, a mirar hacia el Pacífico, el nuevo centro del mundo. Nathaniel Morris, nominado como nuevo embajador de Washington en Bogotá, dijo el pasado 5 de agosto en una audiencia en el Senado de EE. UU., que Colombia tendría que escoger con quién quiere hacer negocios, si con ellos o con China. La advertencia del nuevo virrey es clara. Y no le deja mayor margen de maniobra a De la Espriella. Es deseable que también en este campo, prevalezca el sentido pragmático. La sabiduría popular ha probado que no es bueno poner todos los huevos en una sola canasta. Además, la obediencia ciega puede ser una pésima consejera. Ya veremos cómo evolucionan las cosas.
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