La exposición a pesticidas durante la infancia puede alterar silenciosamente uno de los hitos más importantes de la pubertad.
La exposición durante la infancia a ciertos productos químicos relacionados con los pesticidas puede alterar sutilmente el momento en que las niñas alcanzan la menarquia, y diferentes compuestos parecen retrasar la pubertad en direcciones opuestas. Crédito: Shutterstock
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Investigadores españoles descubrieron que la exposición a dos compuestos comunes derivados de pesticidas se asociaba con cambios en el momento de la menstruación. Uno de ellos se relacionó con una menarquia más temprana, mientras que el otro se relacionó con una menstruación más tardía. Estos hallazgos sugieren que las sustancias químicas capaces de alterar la actividad hormonal pueden afectar la pubertad de maneras diferentes y, en ocasiones, opuestas.
El estudio, publicado en Environmental Research , incluyó a 506 niñas que participaron en el estudio de cohorte de nacimiento colaborativo INMA (Infancia y Medio Ambiente). Investigadores de la Universidad de Granada y del Instituto de Investigación Biomédica ibs.granada realizaron el seguimiento de las participantes procedentes de Asturias, Guipúzcoa, Sabadell y Valencia.
Se recolectaron muestras de orina entre 2013 y 2016, cuando las niñas tenían entre 7 y 10 años. Los investigadores utilizaron estas muestras para buscar compuestos producidos durante el procesamiento de diversos pesticidas por parte del organismo. Posteriormente, realizaron un seguimiento de las niñas hasta los 14-16 años y registraron la fecha de la primera menstruación de cada participante.
Dos sustancias químicas, efectos opuestos.
El hallazgo más claro se relaciona con la etilenotiourea (ETU), un residuo asociado a los fungicidas de tipo ditiocarbamato. Las niñas con mayores concentraciones de ETU tendían a tener la menarquia (primera menstruación) a una edad más temprana.
El ETU puede interferir con la función tiroidea. Dado que las hormonas tiroideas ayudan a coordinar el crecimiento, el metabolismo y el desarrollo, los investigadores sospechan que esta alteración podría afectar las señales biológicas que controlan el inicio de la pubertad.
Se observó un patrón diferente para el TCPy, una sustancia que se forma cuando el cuerpo metaboliza el insecticida clorpirifós. Las niñas en quienes se detectó TCPy generalmente comenzaron a menstruar más tarde. Esta asociación fue particularmente notoria entre las participantes con sobrepeso u obesidad, lo que sugiere que la composición corporal puede influir en cómo la exposición a sustancias químicas afecta el desarrollo.
Cómo los disruptores endocrinos afectan el desarrollo
La pubertad depende de un intercambio de señales cuidadosamente coordinado entre el cerebro, los ovarios, la tiroides y otras partes del sistema endocrino. Los disruptores endocrinos pueden interferir con esta comunicación imitando las hormonas, bloqueándolas o alterando su producción y procesamiento. La exposición puede ser especialmente importante durante la infancia, cuando el sistema reproductivo aún se está desarrollando.
El momento de la primera menstruación es más que un hito del desarrollo. La menstruación precoz se ha asociado con dificultades emocionales y psicológicas durante la adolescencia, así como con un mayor riesgo de cánceres hormonodependientes, incluido el cáncer de mama, en la edad adulta. El retraso en la pubertad también puede indicar alteraciones en el desarrollo, aunque sus causas y consecuencias pueden variar considerablemente.
El clorpirifós y varios fungicidas ditiocarbamatos, como el mancozeb y el maneb, ya no están aprobados en la Unión Europea (UE) debido a la preocupación que suscitan por sus efectos en el desarrollo neurológico, la fertilidad y el medio ambiente. El clorpirifós también ha sido objeto de vigilancia internacional por considerarse un contaminante orgánico persistente. Sin embargo, la exposición puede continuar a través de residuos, contaminación ambiental, productos importados u otros plaguicidas que aún se utilizan.
En el marco de la estrategia «De la granja a la mesa» del Pacto Verde Europeo, la UE ha establecido objetivos no vinculantes para reducir tanto el uso como el riesgo de los plaguicidas químicos, así como el uso de plaguicidas más peligrosos, en un 50 % para 2030. Estudios como este pueden ayudar a identificar qué exposiciones merecen mayor atención a medida que los organismos reguladores trabajan para alcanzar dichos objetivos.
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Referencia:
“Edad de menarquia y exposición a pesticidas no persistentes en niñas españolas del proyecto INMA (medio ambiente e infancia)” por Carmen Freire, Alicia Olivas-Martinez, Francesca Castiello, Alba Jimeno-Romero, Sara López de Calle, Beatriz Suárez, Adonina Tardón, Marta M. Rodriguez-Suarez, Mònica Guxens, Martine Vrijheid, Andrea Beneito y Maria-Jose Lopez-Espinosa, 6 de abril de 2026, Investigación ambiental .
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Fuente:
