La vacuna recombinante frente al herpes zóster se asocia con un menor riesgo cardiovascular a siete años
Un estudio publicado en Nature Medicine apunta a una posible asociación entre la vacunación recombinante frente al herpes zóster y una menor carga de eventos cardiovasculares en adultos de 60 años o más
Por Ana Sánchez Caja
Gacetamedica.com/27 agosto 2026
Un estudio publicado en Nature Medicine apunta a una posible asociación entre la vacunación recombinante frente al herpes zóster y una menor carga de eventos cardiovasculares en adultos de 60 años o más. Los autores señalan, no obstante, que los resultados deben confirmarse mediante ensayos clínicos y estudios mecanísticos antes de establecer un efecto cardioprotector de la vacuna.
La investigación, liderada por Fabiana Corsi-Zuelli y Maxime Taquet, utilizó un experimento natural derivado del rápido cambio en EEUU de la vacuna viva atenuada frente al herpes zóster a la vacuna recombinante, producido a partir de octubre de 2017. Este diseño permitió comparar a personas que habían decidido vacunarse, pero que recibieron predominantemente un tipo de vacuna u otro en función del periodo en el que fueron inmunizadas, con el objetivo de reducir el sesgo del «vacunado sano» presente en estudios que comparan directamente personas vacunadas y no vacunadas.
En concreto, los investigadores analizaron dos cohortes de adultos de 60 años o más que recibieron su primera vacuna frente al herpes zóster entre abril y septiembre de 2017 o en el mismo periodo de 2018. Tras el emparejamiento mediante puntuación de propensión, cada grupo quedó formado por 36.460 personas. El 98,6% de quienes fueron vacunados en 2017 recibió la vacuna viva, mientras que el 93,5% de los vacunados en 2018 recibió la vacuna recombinante.
El objetivo cardiovascular principal fue un resultado combinado de cardiopatía isquémica, insuficiencia cardiaca e ictus isquémico. Durante los siete años posteriores a la vacunación, quienes recibieron predominantemente la vacuna recombinante presentaron una reducción del 9% en la carga de estos eventos respecto al grupo vacunado predominantemente con la vacuna viva. Los autores lo describen como un 9% más de tiempo vivido sin diagnóstico del evento cardiovascular.
El análisis de los componentes individuales mostró una reducción del 10% en la carga de cardiopatía isquémica y del 12% en la de insuficiencia cardiaca, en ambos sexos. En el caso del ictus isquémico, la asociación alcanzó significación estadística en los hombres, con una reducción del 12%. También se observó una reducción del 7% en la carga de fibrilación auricular.
Por el contrario, no se observaron asociaciones significativas con miocarditis, enfermedad arterial periférica, ictus hemorrágico o accidente isquémico transitorio. Por su parte, la asociación con el infarto agudo de miocardio con elevación del segmento ST fue de magnitud similar a la observada para la cardiopatía isquémica y la insuficiencia cardiaca, aunque no alcanzó significación estadística.
El efecto se atenúa con el tiempo
Los autores observaron que la asociación entre la vacuna recombinante y la menor carga cardiovascular era más evidente durante la primera mitad del seguimiento y se atenuaba posteriormente. La asociación protectora frente a cardiopatía isquémica e insuficiencia cardiaca estaba presente durante los primeros 3,5 años, mientras que en la segunda mitad del seguimiento dejó de alcanzar significación estadística.
El estudio también incluyó distintos análisis de sensibilidad. Los resultados se mantuvieron al tener en cuenta la muerte como riesgo competitivo, al limitar el seguimiento al periodo anterior a la pandemia de COVID-19 y al utilizar diferentes ventanas temporales para la identificación de las características basales. Además, no se observaron diferencias entre las cohortes en el uso de atención sanitaria preventiva antes de la vacunación y el resultado cardiovascular combinado tampoco mostró diferencias durante el año previo a la inmunización.
Aunque el diseño empleado pretende reducir algunos de los sesgos de los estudios observacionales convencionales, los investigadores subrayan que no permite establecer por sí mismo una relación causal. Entre las limitaciones señalan el uso de diagnósticos registrados en historias clínicas electrónicas, la ausencia de determinados factores socioeconómicos y la información limitada sobre factores relacionados con el estilo de vida, como tabaquismo, dieta o consumo de alcohol. Por ello, no pueden descartarse por completo factores de confusión no medidos.
Además, el estudio no evaluó el efecto de múltiples dosis y no comparó directamente la vacuna recombinante con la ausencia de vacunación. En su lugar, utilizó la vacuna viva como comparador, bajo la premisa de que esta no presenta una asociación con los resultados cardiovasculares, apoyándose en un experimento natural previo.
Los autores apuntan que los mecanismos biológicos que podrían explicar la asociación todavía deben aclararse. Una de las hipótesis planteadas es que la vacuna recombinante pueda inducir cambios inmunitarios y endoteliales potencialmente cardioprotectores. En particular, señalan el posible papel del adyuvante AS01, que puede provocar una reprogramación epigenética y funcional sostenida de los monocitos, incluida una reducción de las respuestas de interleucina 6 (IL-6). Se trata, sin embargo, de una posible explicación que requiere investigación experimental.
En este sentido, los investigadores concluyen que la vacunación recombinante frente al herpes zóster se asocia con una reducción de los eventos cardiovasculares respecto a la vacuna viva atenuada, pero subrayan que estos resultados deben confirmarse mediante ensayos clínicos y estudios mecanísticos para determinar si existe realmente un efecto cardioprotector.
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