ARQUEOLOGÍA
Una obra hidráulica milenaria, la huella de una civilización prehispánica que domó el agua sin reyes ni caciques
Un estudio arqueológico en La Mojana, en el Caribe colombiano, revela que la ingeniería ancestral del pueblo zenú fue comunitaria, sostenible y capaz de enfrentar los extremos climáticos de inundación y sequía que hoy devastan la región
Los canales y campos elevados de La Mojana (Colombia) durante la temporada de lluvias. Cortesía del Museo del Oro, Banco de la República.SEBASTIÁN SCHRIMPFF
CONSTANZA CABRERA
elpaís.com/Madrid - 11 AGO 2026
La Mojana es un delta invertido, un laberinto de ríos que se desbordan y se repliegan a lo largo de once municipios colombianos. Una llanura anfibia donde el Magdalena, el Cauca y el San Jorge se encuentran para desembocar tierra adentro, mucho antes de tocar el mar. Es un territorio que vive entre dos pulsos, la inundación y la sequía. Pero también es el escenario donde, hace más de mil años, el pueblo indígena zenú construyó canales y camellones que transformaron la depresión momposina en un sistema hidráulico capaz de almacenar agua, elevar cultivos y acercar la pesca a las viviendas. Esa ingeniería visible hoy desde el aire como una estructura geométrica que emerge bajo los humedales permitió a una sociedad prehispánica convivir con el agua en vez de combatirla.
Esto es lo que plantea un nuevo estudio, publicado este martes en la revista Communications Sustainability que sugiere que estos trabajos fueron impulsados por las comunidades locales y ejecutados en un solo verano seco, sin necesidad de jerarquías centralizadas. Es en ese mismo paisaje, donde el Estado ha apostado por diques que se rompen y soluciones que no dialogan con el territorio, donde un equipo internacional de arqueólogos de la Universidad de Cambridge (Reino Unido), el Instituto Colombiano de Antropología e Historia (ICANH) y la Universidad de Santiago de Compostela (España) decidió mirar hacia atrás. “Trabajar con la naturaleza, en lugar de bloquearla, puede ser más eficiente, económico y armonioso con el medio ambiente”, comenta a EL PAÍS Marcos Martinón‑Torres, investigador del Departamento de Arqueología de Cambridge y coautor del estudio.
Arqueólogos del Instituto Colombiano de Antropología e Historia (ICANH) registran una sección excavada de una formación prehispánica de cresta de canal.ICANH
La afirmación de Martinón‑Torres no es retórica, la evidencia es tangible en el lugar. Mediante imágenes de satélite, los autores cartografiaron una superficie de 500 hectáreas —equivalente a cerca de 700 campos de fútbol— de estos sistemas agrícolas del municipio de San Marcos, en el departamento de Sucre. Así, localizaron 1.600 franjas de terreno elevado llamadas camellones y 63 plataformas habitacionales. A partir de esos datos hicieron una estimación conservadora de 1.600 habitantes y alrededor de 800 habrían constituido la fuerza de trabajo necesaria para levantar aquellas estructuras. La imagen que emerge no es la de un Estado poderoso dirigiendo obras monumentales, sino la de comunidades que, generación tras generación, moldearon el agua con paciencia y conocimiento íntimo de los suelos de arcilla pesada.
“Es posible tener complejidad y sofisticación tecnológica sin recurrir a estructuras coercitivas de arriba a abajo”, señala este experto. El estudio forma parte del proyecto Reserseaction, financiado por el Consejo Europeo de Investigación y coordinado por Martinón-Torres, que busca entender cómo sociedades sin Estado pudieron desarrollar tecnologías complejas. Los pueblos que construyeron estos sistemas hidráulicos fueron contemporáneos de los mayas y de otras sociedades de Mesoamérica y los Andes. Pero mientras algunas de aquellas sociedades terminarían organizadas alrededor de grandes centros de poder, los zenú parecen haber encontrado otra manera de hacer las cosas.
“Siempre tendemos a asumir que nosotros somos la culminación de la evolución política y esto demuestra que hay otras formas de organización igualmente viables”, dice. Hasta ahora, y apoyándose en hallazgos como la sofisticada orfebrería y la cerámica, se había interpretado que se trataba de cacicazgos jerárquicos en proceso de convertirse en estados. Los nuevos datos no encuentran la evidencia que obligaría a contar esa historia.
Los canales y campos elevados de La Mojana durante la temporada de lluvias. Cortesía del Museo del Oro, Banco de la RepúblicaSEBASTIÁN SCHRIMPFF
No hay evidencia, según Martinón-Torres, que obligue a asumir una planificación centralizada. Lo que hay son obras complejas cuya evidencia del uso de estos sistemas desaparece antes de la llegada de los españoles en el siglo XVI. El trabajo deja, además, una herramienta para seguir buscando. Los investigadores han puesto a disposición el código utilizado en el estudio desarrollado con software libre para que otros equipos científicos puedan aplicar la misma metodología.
Tecnología ancestral para un territorio en crisis
El dique de Caregato, un muro artificial ubicado a la izquierda del río Cauca, sufre múltiples roturas que han provocado desde 2021 pérdidas importantes para las comunidades locales. Al mismo tiempo, la región padece intensas sequías, pasando de una amenaza a otra. “Los responsables de las políticas públicas han mostrado interés por estos sistemas hidráulicos antiguos, pero hasta ahora carecían de datos suficientes”, asegura en un comunicado el doctor Fernando Montejo Gaitán, del ICANH.
En Córdoba, Sucre, una asociación de pescadores y agricultores lleva más de una década reconstruyendo camellones siguiendo el modelo prehispánico. El estudio menciona que ha recuperado prácticas zenú en un área de seis hectáreas, levantando camellones cada verano con el trabajo de unas treinta personas. Esta iniciativa beneficia hoy a entre 80 y 100 habitantes.
“El Estado puede ser necesario para aportar recursos”, dice Montejo, “pero no necesariamente para intervenir directamente”. La frase parece sencilla, pero en La Mojana, donde el agua lleva siglos haciendo lo que quiere, quizá no lo sea tanto.
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