El aumento acelerado de la deuda y de su costo, como ocurre hoy en Estados Unidos tiende a acrecentar las fricciones entre los agentes económicos
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León Bendesky
jornada.com.mx/24 de agosto de 2026 00:06
El pasado 19 de agosto, la deuda pública de Estados Unidos superó 40 trillones de dólares, (según se mide allá; se trata de 40 billones 47 mil 470 millones 230 mil 213 dólares). Entre 2016 y 2026, esta deuda más que duplicó su valor. Tan sólo en el curso del año reciente, tuvo un aumento de 3 trillones de dólares. Al mismo tiempo, la tasa de los bonos del Tesoro a un plazo de 10 años se situó en 4.71 por ciento, el registro más alto desde 2007, y a un plazo de 30 años, en 5.26 por ciento, alcanzando su mayor nivel en 19 años. El gobierno necesita financiamiento de largo plazo para fondear el déficit.
Los inversionistas demandan un mayor rendimiento para prestar al gobierno a plazos largos. La expectativa de riesgo subió al crecer de modo rápido la deuda total y el déficit público. En un marco de impulso inflacionario, con un creciente gasto público y una potencial inestabilidad fiscal, se impuso un premio al riesgo.
En el entorno económico actual existe una fuerte demanda de recursos del sector privado, en especial de las empresas tecnológicas, lo que compite con la deuda cada vez mayor del gobierno federal y en un mercado de capitales que empuja las tasas para arriba.
Al respecto, el Banco de Pagos Internacionales (BIS, por sus siglas en inglés) señala que la probabilidad de una consolidación fiscal es casi cero y que no es un fenómeno exclusivamente estadunidense. Dicha consolidación es una política gubernamental enfilada a la reducción del déficit fiscal y a una más lenta acumulación de la deuda pública. Habrá, pues, que pagar un precio. Recuerda el BIS que los episodios históricos de manías en los mercados tienen rasgos similares: un avance tecnológico que atrae capital en exceso de lo que justifica su retorno comercial, eventualmente enfrenta una reversión de los flujos de inversión y provoca una recesión.
El riesgo y la confianza son dos nociones relacionadas; una decisión tomada bajo condiciones de incertidumbre y con la posibilidad de perder, tiene que ver con el riesgo como una exposición a resultados negativos que son posibles. La magnitud de la deuda pública y la competencia con otras inversiones, rentables unas y otras en suspenso asociado con la rentabilidad esperada, inciden negativamente en la confianza.
No debe perderse de vista la cuestión de la confianza como fundamento de una sociedad funcional. Tal condición está hoy en entredicho en muchas sociedades. Es un rasgo notorio del conflicto social. En el terreno de la economía y las finanzas, la confianza es clave para el funcionamiento del dinero y los mercados de deuda. Cuando se desata la desconfianza, se presentan situaciones de crisis: desplome del valor de los activos, corridas bancarias, restricción del crédito, fuga de capitales, desempleo y el tropiezo del proceso económico en general.
El aumento acelerado de la deuda y de su costo, como ocurre hoy en Estados Unidos tiende a acrecentar las fricciones entre los agentes económicos, sean privados o públicos, ésto da cuenta de la fuerte presión para conseguir recursos y fondear las crecientes demandas de gasto del gobierno federal.
Las tenencias de la deuda pública se dividen en dos categorías: 80 por ciento corresponde a agentes como la Reserva Federal, gobiernos extranjeros, gobiernos locales y estatales, fondos mutuales y de pensiones, bancos privados e inversionistas individuales. Otro 20 por ciento lo debe el gobierno a agencias federales, como el Seguro Social.
Aproximadamente una cuarta parte de la deuda la tienen inversionistas internacionales y gobiernos extranjeros, como es el caso de Japón, Reino Unido y China, siendo que estas inversiones se consideran como seguras y con alta liquidez, o sea que, cuando quiere venderse se encuentran suficientes compradores. Si esta situación se altera, la tasa de rendimiento exigida sube. La nueva condición de las expectativas de riesgo se reafirmó cuando ante el aumento de las tasas de hace unos días, el Tesoro intentó recomprar bonos de largo plazo para reducir la oferta y, así, provocar un alza del precio; cuando esto ocurre, baja el rendimiento, que es la tasa de interés. Tal operación no consiguió su objetivo.
La política fiscal impulsada por el gobierno es muy agresiva en materia de gestión presupuestal; se apoya en una fuerte expansión del déficit. Lo que no queda claro son las condiciones que generarían los recursos para cubrir las deudas. Las expectativas con respecto al impacto del déficit sobre la deuda pública definidas al inicio de este gobierno ya se han superado, como confirman los recientes datos al respecto.
El escenario fiscal y monetario se ha ido conformando en torno a las repercusiones de la política comercial y la fijación de tarifas y, por otro lado, por el impacto económico de la guerra en Irán y su efecto en el gasto público, así como en el alza de los precios del petróleo.
El pago de los intereses sobre la deuda pública en este año fiscal se estima en más de un trillón de dólares, a una tasa promedio del orden de 3.5 por ciento y lo convierte en uno de los principales rubros del gasto. El costo diario de los intereses es de alrededor de 3.3 mil millones de dólares. La relación de la deuda con el PIB es del orden de 123 por ciento.
Una cuestión relevante con respecto a la deuda pública es si constituye un creciente problema fiscal y financiero que requiere de un ajuste, o bien, deriva del poderío económico de Estados Unidos. Esto lleva al asunto del poder del dólar en la economía mundial y las condiciones de su hegemonía.
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