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LA IZQUIERDA Y LA RUPTURA DE LA FORTALEZA DIGITAL DEL CAPITALISMO

La izquierda no puede permanecer a la defensiva; debe convertirse en un actor clave en la reconfiguración del futuro de la tecnología para integrarla en su proyecto liberador
Un verdadero enfrentamiento exige que «asaltemos la fortaleza digital» del capitalismo, lo que implica adentrarnos en el corazón mismo del proceso técnico y comprender la lógica de los algoritmos para desmantelarlos y reconstruirlos con una orientación liberadora

Fotograma de Blade Runner de Ridley Scott (1982). Warner Bros.

Rezgar Akrawi
Counterpunch.org/

La lucha por la liberación socialista en el siglo XXI no puede librarse con las armas del siglo pasado. En una era donde los algoritmos dominan, donde la influencia de la inteligencia artificial sobre los medios, la cultura, la educación y el trabajo sigue expandiéndose, y donde las políticas y estrategias económicas se formulan sobre la base de macrodatos y análisis algorítmicos, la izquierda se enfrenta a una cuestión existencial: ¿cómo pueden los movimientos que aún se organizan según la lógica tradicional hacer frente a un capitalismo digital que ha alcanzado un nivel de desarrollo tecnológico sin precedentes?

Este texto no es simplemente un llamado a desarrollar herramientas; es un llamado a transformar la conciencia organizacional e intelectual hacia una comprensión profunda de la naturaleza de la batalla digital. La brecha en cuestión no es simplemente una brecha en el "dominio técnico"; es una brecha en la comprensión de que el espacio digital se ha convertido en un campo de batalla de clases en el que el capitalismo domina, programa y subyuga, mientras que la izquierda sufre una presencia disminuida y la ausencia de una visión digital clara. Cerrar esta brecha ya no es un lujo; es una condición para la supervivencia de la propia izquierda, ya que la batalla actual se libra tanto en algoritmos y redes como en el terreno.

La lucha por la tecnología no es una batalla contra la ciencia, sino contra el monopolio que las potencias dominantes ejercen sobre ella para aumentar sus beneficios. La inteligencia artificial no debe considerarse una amenaza en sí misma, sino un campo de batalla cuyas características están determinadas por el equilibrio de fuerzas sociales, políticas y económicas. En los últimos años se ha observado una aceleración sin precedentes en la concentración del poder digital en manos de un número limitado de corporaciones gigantes que controlan la infraestructura de la inteligencia artificial, la computación en la nube y los datos globales, lo que les otorga una influencia económica, política y cultural que, en ocasiones, supera la de numerosos Estados.

La tecnología como medio del capitalismo para superar sus crisis

Ante las crisis, el capitalismo recurre a la reproducción mediante herramientas científicas avanzadas que le permiten superar los desafíos sin tocar su esencia explotadora. En la crisis de 2008, la tecnología y los métodos científicos se utilizaron para rescatar el sistema financiero, trasladando el costo de las pérdidas a las clases trabajadoras. Durante la pandemia de COVID-19 de 2020, el capitalismo logró superar la crisis reforzando la automatización, la inteligencia artificial y el teletrabajo, lo que garantizó la continuidad de la producción a través de nuevos mecanismos que redujeron la dependencia del trabajo humano e incrementaron las ganancias corporativas, a costa de condiciones laborales precarias para millones de personas.

Con el auge generalizado de la inteligencia artificial desde 2023, el capitalismo ha entrado en una nueva fase de reestructuración del mercado laboral. La dependencia de la automatización y los sistemas inteligentes se ha extendido a numerosos sectores, y han surgido crecientes preocupaciones sobre el futuro de millones de empleos, incluso mientras las empresas tecnológicas obtienen enormes beneficios gracias a su monopolio sobre la nueva infraestructura digital y del conocimiento.

Estas políticas demuestran cómo el capitalismo se beneficia de la ciencia como herramienta para estructurar el sistema y asegurar su continuidad. En ocasiones, incluso adopta ciertas ideas socialistas, como la intervención estatal, como medidas temporales para garantizar la estabilidad, para luego renunciar a esos logros una vez superada la crisis y reproducir la explotación mediante mecanismos más sofisticados.

La flexibilidad científica y la revolución digital como una lucha de clases moderna

Ante estos desafíos, la izquierda debe recurrir al progreso científico reformulando su discurso y sus herramientas desde una perspectiva científica. Esto requiere utilizar herramientas modernas para analizar los problemas sociales y desarrollar un discurso realista, junto con mecanismos organizativos flexibles capaces de atraer a los jóvenes que han crecido en un mundo dominado por la tecnología. Invertir en herramientas científicas no significa identificarse con los valores capitalistas; es una estrategia para ponerlas al servicio de la justicia social y reducir la desigualdad de clases, como un paso hacia la construcción de un sistema socialista más humano.

Si las revoluciones industriales anteriores transformaron las ecuaciones de producción mediante la máquina y el vapor, luego la electricidad y después la informática, la fase actual, basada en la inteligencia artificial, el big data y las plataformas digitales, está remodelando la producción, el trabajo, el conocimiento y la comunicación humana de una manera más profunda y de mayor alcance. En esta era, los datos, los algoritmos y los sistemas de inteligencia artificial se han convertido en herramientas fundamentales para reproducir la dominación de formas relativamente invisibles, influyendo en la opinión pública, dirigiendo el comportamiento individual y colectivo y controlando el acceso al conocimiento y la información.

Sin embargo, la mayoría de las organizaciones de izquierda siguen estando digitalmente atrasadas, lo que las coloca en una posición de debilidad. Este retraso refleja la incapacidad de comprender que el desarrollo digital se ha convertido en una condición existencial para la lucha socialista. La falta de herramientas digitales y de conocimiento modernas sitúa a la izquierda en una confrontación desigual con un sistema capitalista que controla las plataformas globales, los datos y la infraestructura informática y de inteligencia artificial; herramientas que le otorgan una capacidad sin precedentes para moldear la conciencia e influir en el comportamiento social y político.

Recuperando la iniciativa

Si bien la izquierda está perdiendo una de las batallas por tratar la tecnología como una herramienta secundaria, la guerra aún no ha terminado. La victoria exige traducir la visión en programas de acción concretos basados ​​en el uso consciente de la tecnología. La izquierda no puede permanecer a la defensiva; debe convertirse en un actor clave en la reconfiguración del futuro de la tecnología para integrarla en su proyecto liberador.

Aun así, la tecnología no sustituye la organización humana consciente. El verdadero poder reside en las personas organizadas, capaces de aprovechar estos medios para alcanzar sus objetivos. La inteligencia artificial es una herramienta eficaz para la movilización, la organización y el análisis, pero jamás reemplazará la solidaridad y el trabajo de base, que siguen siendo el principal motor del cambio.

Hacia alternativas digitales de izquierda: Rompiendo la fortaleza y liberando las herramientas

Como izquierda, históricamente hemos logrado ofrecer alternativas en los ámbitos de la economía, la justicia y la política; sin embargo, hoy nos enfrentamos a un desafío crucial: aún no hemos desarrollado una visión digital alternativa e integral capaz de romper el dominio tecnológico del capitalismo. La lección dialéctica más importante que debemos asimilar es que la tecnología no es una «herramienta neutral» que cae del cielo, sino un campo de batalla de clases por excelencia. El problema fundamental no reside en la esencia de la inteligencia artificial o la automatización, sino en las «relaciones de propiedad» que las rigen, es decir, en el monopolio que las grandes corporaciones ejercen sobre estas herramientas para profundizar el conflicto de clases, vigilar a las masas y estandarizar la conciencia humana al servicio de la acumulación de ganancias.

En este sentido, ya no basta con que la izquierda adopte una postura de «crítica» o «espectadora», pues debe proponer mecanismos nuevos y audaces para el uso de la tecnología dentro de marcos democráticos, participativos y transparentes. Necesitamos una «inteligencia artificial popular» que opere bajo supervisión social y se desarrolle a través de cooperativas digitales, con el objetivo de distribuir la riqueza y organizar la producción al servicio de las necesidades humanas genuinas, en lugar de los caprichos del mercado y el fortalecimiento de la dominación y el militarismo. También necesitamos modelos de código abierto, plataformas digitales progresistas e iniciativas tecnológicas cooperativas que no estén sujetas a la lógica del monopolio comercial y que permitan a las comunidades y a las masas participar en la gestión del conocimiento y los datos, así como en el desarrollo de nuevas tecnologías.

Un verdadero enfrentamiento exige que «asaltemos la fortaleza digital» del capitalismo, lo que implica adentrarnos en el corazón mismo del proceso técnico y comprender la lógica de los algoritmos para desmantelarlos y reconstruirlos con una orientación liberadora. Limitarse a permanecer frente a las murallas de esta tecnología y clamar condenando su explotación no cambiará nada en la realidad y dejará a la izquierda aislada en guetos intelectuales obsoletos.

Estamos llamados a apropiarnos de las herramientas de nuestra época, pues así como Marx y Engels transformaron las ciencias económicas y filosóficas de su tiempo, de instrumentos que justificaban el orden existente a un arma teórica y práctica en manos de la clase trabajadora, la izquierda hoy está llamada a ser una fuerza activa y programática en este ámbito. Debemos pasar de la posición de «usuario pasivo», sujeto a las condiciones de las plataformas capitalistas, a la de «productor alternativo», que propone una tecnología comunitaria, abierta y liberada.

La lucha por la inteligencia artificial ya no se limita al futuro de la tecnología; atañe al futuro del trabajo, la democracia, la cultura y la justicia social. Sin una presencia activa de la izquierda en este ámbito, el capitalismo digital seguirá determinando el rumbo del desarrollo tecnológico en función de sus propios intereses y continuará controlando el desarrollo de la mente humana y el futuro de la humanidad.

La verdadera fuerza de la izquierda reside en su capacidad para integrar la organización humana de base con el dominio digital, de modo que el espacio digital se convierta en un escenario de apoyo y eficacia, no en un sustituto de la lucha, sino en un ala sobre la que pueda elevarse hacia un futuro socialista más humano y justo.

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Este artículo fue producido por Globetrotter, originalmente publicado el 26 de junio de 2026

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Rezgar Akrawi es un escritor e investigador de izquierdas centrado en la tecnología, la IA, la revolución digital y el desarrollo del pensamiento y la práctica de la izquierda contemporánea en respuesta a estas transformaciones. Trabaja como experto en desarrollo de sistemas y gobierno electrónico, y es teórico del concepto de «izquierda electrónica».

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