Ninguna red de oleoductos puede reemplazar la ruta marítima natural en términos de capacidad y rentabilidad
Equipo editorial
l'AntiDiplomatico/ 27/07/2026
Según Hussein Askary, de The Cradle , la idea de sortear el estrecho de Ormuz mediante una red de oleoductos alternativos es una ilusión geopolítica y económica. El cierre de la ruta marítima ha impulsado a Washington y a varios gobiernos regionales a promover proyectos de oleoductos terrestres, tanto antiguos como nuevos. Sin embargo, según Askary, la geografía, los costes de construcción y los mercados de destino hacen que la ruta natural del Ormuz sea simplemente insustituible.
El principal problema de estas alternativas radica en la dirección de los flujos comerciales. Aproximadamente el 80% del petróleo y el 83% del gas natural licuado que transita por el estrecho de Ormuz se destinan a los mercados asiáticos, en particular a China, India, Japón y Corea del Sur. Según Hussein Askary, de The Cradle, construir infraestructuras multimillonarias para transportar crudo hacia el oeste, solo para luego tener que desviarlo por mar hacia Asia, representa una ineficiencia comercial sin sentido.
Incluso un análisis de oleoductos individuales revela limitaciones insuperables. El oleoducto Kirkuk-Baniyas, que conecta Irak y Siria, requeriría años de construcción e inversiones de hasta ocho mil millones de dólares para garantizar una capacidad limitada. El oleoducto Irak-Turquía hasta Ceyhan permanece bloqueado por las continuas disputas políticas y contractuales entre Bagdad, Erbil y Ankara. La infraestructura del IPSA, entre Irak y Arabia Saudita, está estancada desde la década de 1990 y enfrenta enormes obstáculos diplomáticos, mientras que el proyecto Basora-Aqaba desviaría el petróleo iraquí a otras zonas inestables cerca del Mar Rojo, lo que supondría una carga para el presupuesto de Bagdad.
Los sistemas de desvío operados por Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos hacia Yanbu y Fujairah ofrecen una capacidad de desviación mínima en comparación con los veinte millones de barriles diarios que normalmente transitan por el estrecho. Además, según Hussein Askary de The Cradle, estas infraestructuras no ofrecen ninguna solución para países como Kuwait o Qatar y siguen expuestas al alcance de drones y misiles regionales. Incluso más allá del Golfo, el tráfico marítimo seguiría encontrándose con el punto crítico de Bab al-Mandab.
Considerar el cierre del estrecho como un simple problema de transporte es un error conceptual. Ninguna red de oleoductos puede reemplazar la ruta marítima natural en términos de capacidad y rentabilidad. La única solución real para garantizar el suministro de energía a Asia sigue siendo un acuerdo diplomático de seguridad que mantenga abierto el Golfo Pérsico.
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