Científicos chinos han descubierto un proceso que podría contribuir a reducir las emisiones de carbono de la aviación y, al mismo tiempo, abordar la gigantesca crisis de los residuos plásticos
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Mariela León
cambio16.com/12/06/2026
Volar depende de combustibles fósiles altamente contaminantes. Y aunque son muchas las alternativas que están en marchas para descarbonizar el sector aeronático, la aviación sigue aportando cerca del 2,5% de las emisiones globales de CO2, al generar unas 900 millones de toneladas al año. Otro componte tan tóxico como el plástico, podría ser la solución a esos dos componentes perjudiciales. Investigadores han creado combustibles para aviones a partir de desechos plásticos.
Científicos chinos han descubierto un proceso que podría contribuir a reducir las emisiones de carbono de la aviación y, al mismo tiempo, abordar la gigantesca crisis de los residuos plásticos. Y, además, han aportado un avance en el campo de la química verde y la ingeniería de materiales al desarrollar un método innovador para convertir estos desechos plásticos en combustible de alta calidad para aviones.
Dimensionar la importancia de este hallazgo implica comprender la naturaleza del plástico y las limitaciones de los intentos previos de reciclaje. La gran mayoría de los plásticos de un solo uso, como las botellas y los envases, están compuestos por polímeros de polietileno y polipropileno. Estas moléculas están formadas por cadenas de carbono e hidrógeno extremadamente largas y estables, diseñadas precisamente para no romperse con facilidad.

Tradicionalmente, los procesos de reciclaje químico, como la pirólisis, requerían temperaturas extremadamente elevadas. A menudo superiores a los 500°C, lo que implicaba un gasto energético descomunal y daba como resultado una mezcla caótica de gases, aceites pesados y ceras de poco valor comercial. El logro de los científicos radica en haber descifrado cómo ‘cortar’ estas cadenas poliméricas de manera quirúrgica y a temperaturas mucho más bajas. Un proceso conocido como hidrocracking catalítico selectivo.
Un combustible sostenible para aviones
Los investigadores han buscado puentes que conecten ambos problemas: combustible de aviones y desechos de plásticos para transformarlos en una solución conjunta. El análisis preliminar del equipo muestra que el combustible a base de plásticos reduciría las emisiones de dióxido de carbono en un 73% en comparación con el combustible para aviones derivado del petróleo.
La clave de este estudio se encuentra en el diseño de un catalizador innovador. Los catalizadores son sustancias que aceleran las reacciones químicas sin consumirse en el proceso. Y en este caso específico, el equipo asiático logró combinar metales nobles con soportes estructurados a escala nanométrica, reseña la revista Nature Energy.

Este nuevo catalizador actúa como unas tijeras moleculares de alta precisión. Al introducir los plásticos desmenuzados en el reactor junto con el catalizador y una fuente de hidrógeno, el sistema es capaz de romper los enlaces de carbono en puntos específicos. Lo asombroso de este método es su selectividad. En lugar de fragmentar el plástico en moléculas demasiado pequeñas (como el gas metano) o dejar pedazos demasiado grandes (como el asfalto), la reacción se detiene casi perfectamente cuando las cadenas de carbono alcanzan una longitud de entre 9 y 16 átomos. Esta es, precisamente, la longitud molecular exacta de los hidrocarburos que componen el queroseno de aviación.
Las implicaciones ambientales son transformadoras. Por un lado, la aviación comercial es responsable de aproximadamente el 2,5% de las emisiones globales de dióxido de carbono. A diferencia de los automóviles, que pueden migrar hacia baterías eléctricas, los aviones comerciales de larga distancia necesitan la densidad energética que solo los combustibles líquidos pueden proporcionar.
Una solución para plásticos y combustible
El queroseno obtenido a partir de plástico se perfila como un Combustible de Aviación Sostenible (SAF, por sus siglas en inglés) de «remplazo directo», lo que significa que puede mezclarse con el combustible tradicional. O usar un 100% de él sin necesidad de modificar los motores de los aviones actuales ni la infraestructura de los aeropuertos. Además, al utilizar carbono que ya existe en la superficie terrestre en forma de residuo, se evita la extracción de nuevo petróleo del subsuelo, cerrando el ciclo del carbono y reduciendo la huella de gases de efecto invernadero del sector aeronáutico.
Y por otro lado, este proceso ataca de frente a la crisis global de la contaminación por plásticos. Millones de toneladas de polietileno terminan cada año en vertederos, ríos y océanos, fragmentándose en microplásticos que amenazan la biodiversidad y la salud humana.

Al otorgar un valor económico tan alto al diseño plástico —convertido ahora en el precursor de un combustible de alto valor— se incentiva la recolección y el reciclaje a escala masiva. Lo que antes era un dolor de cabeza logístico y ambiental para los gobiernos locales podría transformarse en la «materia prima» de una nueva industria energética. La economía lineal de «tomar, hacer, desechar» se ve reemplazada por una economía circular genuina, donde el fin de vida de un producto es el nacimiento de la energía que moverá al mundo.
A pesar del optimismo justificado, el camino hacia la implementación comercial a gran escala aún presenta desafíos importantes que la comunidad científica y la industria deben resolver.
Del laboratorio a escala industrial
Uno de los obstáculos es la pureza de la materia prima. En un laboratorio, los científicos trabajan con plásticos limpios y controlados, pero en el mundo real, los desechos urbanos vienen mezclados con etiquetas, tintas, restos de comida. Así como otros tipos de polímeros que contienen cloro o azufre, elementos que pueden envenenar y desactivar el catalizador.
El desarrollo de tecnologías de pretratamiento y clasificación eficientes será crucial. Asimismo, el proceso requiere hidrógeno, un elemento que debe ser producido de manera limpia -mediante electrólisis del agua con energías renovables- para que el equilibrio ecológico final del combustible sea verdaderamente positivo y neutro en carbono.
Airbus avanza en la aviación con hidrógenoQueda el reto del escalado industrial: pasar de los reactores de unos pocos gramos en el laboratorio a refinerías capaces de producir miles de barriles diarios. Exigiendo inversiones multimillonarias y políticas públicas de apoyo. Por los momentos existen otros avances en materia de combustibles para el sector aeronáutico.
Están los biocombustibles (Bio-SAF) que se fabrican a partir de materia orgánica y se pueden mezclar con el fósil convencional en motores actuales. Están:
HEFA (Ésteres y ácidos grasos hidroprocesados). Es el más utilizado actualmente. Utiliza aceites vegetales, grasas animales y residuos de aceite de cocina usados. Fischer-Tropsch (FT). Convierte biomasa (residuos agrícolas, forestales o municipales) en un gas de síntesis que luego se transforma en combustible líquido apto para aviones.
HFS-SIP (Azúcares fermentados hidroprocesados). Se obtiene mediante la fermentación de azúcares derivados de cultivos como la caña de azúcar o el maíz.
Están también los combustibles de aviación elaborados a partir de hidrógeno verde. Como el Power-to-Liquid (PtL). Se fabrica combinando hidrógeno (extraído con energía 100% renovable) y dióxido de carbono capturado de la atmósfera o de procesos industriales. Son químicamente casi idénticos al jet fuel tradicional y ofrecen una huella de carbono casi nula.
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